De Escatologías y Graffitis.
La perversión de los hombres no tiene límites ni desperdicios. Algunos disfrutan con el dolor de los demás, con el sufrimiento aprendido en la cara del otro. Se regocijan en la pobreza que aún no tienen, en la enfermedad que todavía no vino. Yo, en cambio, satisfago esta necesidad promiscua del ser visitando los baños públicos de la ciudad con el fin de sacarle fotos a los graffitis de sus paredes.Graffitis, curiosos mensajes callejeros de dominio público, por lo general escritos en apuradas y breves caligrafías sobre las paredes de la ciudad; nos informan acerca de cosas, ideas, pensamientos e impresiones cuyo sentido se nos escapa si no conocemos su exacto simbolismo. Aunque también los hay de amor a una persona, de odio a un régimen político, de propaganda, de pruebas de aerosoles, de aversión a muros inmaculados. Y luego está el trabajo que el tiempo les imprime a todos ellos, un meta-graffiti, segundo texto cuyo pincel es la erosión que los embellece en el misterio de la disgregación y la entropía. Cuántas veces uno se pregunta, en la pausa de un semáforo, al contemplar azarosas paredes ciudadanas, qué cosa, qué mensaje, qué dibujo habrá sido alguna vez esa mancha agonizante, ese moretón sobre el cemento que aún intenta gritar, quizá ahogadamente, su sentido primigenio.
Sin embargo, como decía, el graffiti más interesante es aquel que se encuentra en los baños públicos, en el interior de las puertas y paredes de los retretes de Buenos Aires. Porque en ellos resalta la obsesión monotemática que los caracteriza, reuniéndolos en una suerte de escatológica filosofía. Su tópico es el sexo y su atributo fundamental es la replicación: el graffiti original suele ser contestado por otro posterior, o adjetivado, renegado o tachado. Normalmente, éstos se refieren a la inclinación y deseo sexuales de un individuo anónimo que, vaya a saber por qué misteriosas razones publicitarias, siente la necesidad de estamparlos en la pared. Creo que existe todo un mecanismo psicológico que se pone a funcionar en los baños públicos ni bien uno comienza a mover sus intestinos. No obstante, otras personas utilizan las mismas paredes para hacer cuentas, sumas, multiplicaciones; testimoniales numerologías en lápiz que son desdibujadas por los días y las esponjas presurosas del personal de limpieza. También los he visto en forma de logos, algunos fácilmente relacionables a equipos de fútbol, bandas de rock o marcas comerciales. Y todos ellos, casi siempre, heridos por la sobreescritura de un graffiti posterior que vuelve a poner al sexo como el estigma oficial de la humanidad.

Interesante para un resumen meridiano y general acerca del progreso humano en la plástica, la moral y la filosofía. ¿Opiniones? Gracias.
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