Mayo 3, 2008 | Por roru-2 | Claves: abulia, desidia, materia, trampa, universo | # Enlace permanente |
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Cuando quise acordarme, había transcurrido doce horas inmerso en una inmovilidad absoluta. Otra vez la desidia, la abulia, esa propensión a no hacer nada, a dejarse discurrir, se habían convertido en mis invitados de lujo en el mirador, cuyo telescopio jamás contradecía. En tal instancia, el mundo y los hombres me parecían una estafa. Los días una vulgar repetición: delgadas capas de cebolla que me caían encima, enterrándome lenta e imperceptiblemente en la historia de la humanidad anónima que moriría sin el consuelo del recuerdo.
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La víspera había pensado en lo absurdo e innecesario que era yo para el planeta. Lo ensuciaba, lo cagaba rigurosamente, lo consumía. ¿Qué había hecho para mejorarlo? Muy poco. Toda mi vida fue un empecinado y presumido intento por comprender la materia, los infinitesimales ladrillos de los que está hecha. Y al final queda el vacío, la nada, el silencio terrible del universo reflejado en cada átomo y partícula a la que nos asomamos perplejos. No hay respuestas, sólo preguntas y misterios más complejos. Y una sensación de soledad sagrada, porque todos los hombres buscamos a dios de ésta y otras mil maneras.
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Debe haber una verdad para la que no estamos hechos. De ahí a que la existencia pudiese ser una trampa, un laberinto, un círculo en apariencia lineal que nos conduce a idénticas y seculares evoluciones. Pero mientras giramos, envejecemos, nos cubren las capas de la cebolla. Y nos tenemos que ir. Dejamos de ser. Se nos va el universo. Que es como decir adios a cada cosa, a cada ser y saber.
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Y ya he pasado doce horas aquí sentado, amargándome con esto. En fin. Tengo que hacer pis.
¿Se nos va el universo cuando dejamos de ser? Y todos los átomos y las partículas que nos conforman…¿dónde van?Por qué nos preocuparemos de nuestra muerte y no tanto de nuestra vida, no?
Un cariño. Existencialmente agradecida.
Marieta