Federico Vidal.
Tío:
Ayer volviste a batir tu record por decimosexta vez: se te olvidó mi cumpleaños. Estoy acostumbrado. El día que nací, tampoco viniste a recibirme. Andabas con papá de gira, o algo así, en una convención de físicos, según me contaron. De todas formas ayer la pasé bien, quedate tranquilo, aunque se te importe un cuerno cómo la haya pasado. Jugué call of duty 2, multiusuario, todo el tiempo. Me gusta pegarle carabinazos a la gente en internet. De hecho, es lo único que más o menos me sale. ¿Sabés una cosa? Yo debería odiarte, igual que al pirado de papá, que pasa más tiempo con vos que con su único hijo. Pero, sin embargo, te quiero. Me acuerdo cosas lindas de vos, pocas, pero lindas. El día que me armaste el carrito de rulemanes, por ejemplo. Dijiste que tu abuelo te había hecho el mismo regalo. Y nos fuimos al parque Lezama. Yo tenía seis, siete años. Y me dijiste que como vos no tenías hijos y eras huérfano yo iba a ser como uno tuyo, porque querías a papá como a nadie en el mundo, que era una especie de hermano espiritual, me dijsite, mirá que no me olvido, entonces yo también iba a ser como tu hijo. ¿Vos te acordás de todo esto? Y pasó el tiempo y nada. Papá y vos no estaban nunca. Se iban a seminarios o a congresos. Y cuando los veíamos con mamá apenas nos daban bola, como si fuéramos canarios o perros. Mirá, el otro día, en terapia, no pude decirle al psiquiatra cuando había sido la última vez que alguien me había dicho te quiero. Yo sé que vos me querías, no olvido tus ojos cuando me mirabas, no soy idiota, pero también sé que nunca me lo dijiste. Nunca. Tus ojos hablaban y tu boca se arrepentía. O algo así. En cambio a papá lo admirabas, lo abrazabas, le festejabas todo. Era tu ídolo. Y es un pelotudo igual que vos. Disculpame. Me acuerdo que, en las fiestas de fin de año, se reían de la familia entera. Los despreciaban a todos, incluso a mis abuelos por parte de mamá, que eran buenísimos. Y ustedes dos se burlaban porque mi abuelo odiaba la matemática. Y entonces papá lo humillaba con toda esa perorata de que la ciencia era la verdadera poesía de los dioses y esas imbecilidades tan típicas de él (y tuyas, porque también lo apoyabas), al punto de hacer llorar a mi abuela, minutos antes del año nuevo.
- 26 Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


Roru!…pobre Fede, qué familia de mierda le vino en suerte!. Porque ¿sabés?, la familia es como un juego de naipes, como el compañerito de primer grado,como la galletita del paquete de surtidas : no se elige, te toca , es lo que hay, y hay que aprender a jugar el juego, a ganarse el espacio propio. Tarea dificilísma!…. Pobre , Fede, ni siquiera vos supiste darle lo que le faltaba…. Me conmovió hasta los huesos su carta: “tus ojos hablaban y tu boca se arrepentía”. No me imaginé que vos eras así, igual que Fernando…Pobre Fede. Recapacitá, Roru, tal vez vos todavíes estás a tiempo de darte cuenta de que lo más importante siempre son los afectos, los que eligimos , los que nos tocan.
Recapacitá, pero no dejes de escribir. Lo hacés de manera fantástica, en todo sentido!!
Un abrazo
Bet