Yo Quiero Ser Sólo Afuera.. ¡Sólo Afuera!

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A falta de otra cosa, transcribo un mail del ingeniero Vidal:

“Roru. Te escribo porque no aguanto más. Va, en realidad te lo cuento a vos porque no tengo con quién compartirlo. Es increíble lo rodeado de boludos que está uno en el mundo. Gente que paga impuestos, se ríe, toma Coca Cola, mira Rial. Cuando yo era pibe pensaba que mi vida sería asombrosa como una película, o una serie de televisión: David Vincent, ¿te acordás?, el de Los Invasores: un héroe solitario que se hacía de amigos en cada pueblo luchando contra los alienígenas. Y a la final terminé siendo un tarado que se pasó la juventud viendo películas ajenas y haciéndose la propia en la cabeza. Mirá: hice todo lo que me dijeron. Estudié, me recibí, me casé, tuve hijos, me afilié a OSDE, pago un hipotético nicho en un cementerio privado de Pilar… y cuando llego a casa y me encuentro con el orto de Norma que tiene por cara, lo único que pretendo es pegarme un tiro en los huevos. Vos sabés que yo no tengo revólver. Es una fantasía: pegarme un tiro adelante de la arpía de mi señora. O volarle la cabeza antes, tipo Barreda, el dentista. En fin. Lo que quiero decir es que de todos los boludos que conozco, vos sos el menos boludo, o el casi boludo, el pseudo-boludo. Un tipo que aún puede escucharme porque también está loco y enfermo como yo.

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Pero vayamos al grano: ayer me rajé a tomar algo por ahí, solo, a la noche, porque Norma tenía uno de esos seminarios de administración de consorcios o no sé qué mierda por el estilo. Me fui a la placita Cortázar. A Malas Artes a escuchar jazz. Me senté a una mesa en un costado del pasillo, contra la pared, tranquila y desapercibida, vos viste cómo detesto que me mire la gente; me pedí una ginebrita. Y no habrían pasado ni quince minutos que se me sienta una mina al lado, tremenda, una morocha que no tendría 25 años, alta, estilizada, con un vestido negro ceñidísimo al cuerpo. ¡Y unos ojos! Te perdías en esos ojos, Roru. Entrabas por ahí a un universo azul, a una especie de placenta sagrada; era como un volver a la ingravidez del útero primigenio, ese lugar del cual no deberíamos haber salido nunca. Yo, claro, ¿qué podía decir? ¡Nada! Si soy un pelotudo con las mujeres. Entonces ella, con esa intuición felina o fémina o como cuernos sea me dice, a boca de jarro: “Estoy harta de todo. Sacame de acá”. A mi, imaginate, se me cayó el faso de la mano. Me terminé metiendo la lumbre por la boca. Un papelón. Pero ella no se rió. Al contrario, permaneció seria, inmutable, contemplándome como un súbdito a su rey. Disculpame la comparación; es grotesca, como yo, como todo. La cuestión fue que me agarró la mano y apenas tuve tiempo de tirar un billete sobre la mesa. Me llevó afuera, a la calle. “Vamos” agregó. Y yo fui. Total, tenía unos mangos. Si me lleva a un telo, pensé, dale que va. La verdad es que con esa ginebrita encima el mundo parecía un lugar más razonable. No sé. Cuando me quise acordar estábamos en un amueblado de la calle Armenia.
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Y acá empieza el problema, Roru. Y no te imaginés boludeces: no era travesti, no me quería afanar, ni extirpar el riñón. No. La mina se me sienta en la cama, ni bien entramos al cuarto. Y me dice: “Necesito hablar con alguien. No soporto que me toquen”. Yo, que me había acomodado en una especie de silloncito colorado muy horrible, me quedé, creo, en medio de una expresión que prentendía ser de curiosidad pero que, dadas las propiedades de mi cara, terminó en una mueca lamentable. “Lo que pasa” dijo “es que me da asco ser“. Entonces, súbitamente, se quitó un breve saquito de lana blanca y me enseñó otros dos nuevos cuerpos celestes: dos planetas, dos astros gigantescos de una geometría digna de la envidia de Euclides: dos tetas, Roru, inimaginables, asombrosas, extraordinarias. “Pero no, querida” atiné yo en un suspiro. “Si sos hermosísima”. “Sí. Pero por dentro, no”. “¿Cómo que no, por qué lo decís?; ¿Hiciste algo malo?” le pregunté.
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No sabría decirte en qué momento había empezado a sentirme mal, angustiado, receloso. Existe algo en la gente que no se entiende en la primera lectura. Viene más tarde, cuando repasamos el texto leído y advertimos un inusitado error de gramática, un acento omitido, cierta irresponsabilidad etimológica. Ahí me empecé a percatar de que la mina era rara, oscura. Y qué te digo cuando le ví la navaja que había sacado como un relámpago de una carterita. Se la puso a la altura del vientre. “Éste adentro“, me explicó, señalándoselo. “¿Qué sabés vos de lo que llevamos acá, bajo la piel, toda ésta porquería lechosa y tibia que se empecina en mantenernos con vida, indiferente de nuestra angustia y nuestra soledad; órganos satisfechos de sí mismos, embriagados de fluídos y líquidos que siguen adelante, siempre, perpetuándonos en el mundo, repugnantes y odoríferos, coordinados en el desesperado complot de la existencia?; ¿Qué harías conmigo si fueses consciente de lo que soy por dentro?” En tanto hablaba, movía la navaja a la altura del bajo vientre, dibujando la línea imaginaria de un corte horizontal. “¿Querés que te muestre cómo soy por dentro?; ¿Lamerías mi hígado con la misma pasión que a mis enormes pechos?”. La situación había sido tan imprevista, tan frenética e incoherente que yo apenas podía comprender. Ella exigía una respuesta. “¿Querés el hígado?” insistió. “No. Por favor.” balbuceé. ¿Qué más podía decir? Estaba aterrado. Tuve la impresión de que, vaya a saber uno cómo, iba a ofrendarme sus órganos internos, uno a uno, para que se los amase. Roru: ya no sé lo que escribo. Ni sé tampoco lo que le dije después. Porque en un momento me ví con la navaja en la mano. La ví encaramada sobre mis piernas, contoneándose, pidiéndome a gritos que lo haga, que la liberara de eso que la completaba por dentro. “Yo quiero ser sólo afuera. Sólo afuera repetía enajenada. A partir de aquí recuerdo muy poco claramente. Sólo su rostro acongojado, helado en una mueca de impresionante desamparo, locura y alienación. Después hubieron calles penumbrosas, sirenas en la noche, miedos indescifrables, esquinas inciertas. Hasta que algo, un onírico taxi supongo, me condujo hasta casa.
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Antes de subir a mi habitación, escuché la ácida voz de Norma preguntándome de dónde venía. “Del infierno”. Le dije. Y no recuerdo nada más”.

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Abril 15, 2008, 4:46 pm, Reportar este Comentario mar dijo

¡Qué historia! Sorprendente. Me encantó. Saludos.

Carlos Zuppa
Abril 15, 2008, 5:59 pm, Reportar este Comentario Carlos Zuppa dijo

Es tan buena la historia que merecería ser ficción! (de Bukowsky?).
Cuando la agarre el chapu Hannibal (el novio de Myriam) se acabó el cuento.

saludos

Abril 15, 2008, 6:06 pm, Reportar este Comentario roru-2 dijo

Hola Carlos! Sí, es tremenda. Este tipo sí que se las trae. Es todo un personaje. Habría que ver qué hacemos con él. Una cosa graciosa: sabías que la mujer de Vidal se llama Norma Iramosvky? No es extraordinadio? Jajaja, un abrazo.

Marieta
Abril 15, 2008, 7:02 pm, Reportar este Comentario Marieta dijo

Roru! ¿Qué pasa que ahora todo el mundo escribe bien?
Un saludo. Mag ni fi cat.
Marieta

Abril 15, 2008, 7:23 pm, Reportar este Comentario roru-2 dijo

Qué tal Marieta! Bueno, Vidal es cultísimo. ;-) Un cariño!

el-eternauta

Gente esto es para Uds:
HOLA ANDRES: estuve viendo tu pagina, y los comentarios que recibiste.Vuelvo a decirte infinitamente gracias. Esta noche preparo todo lo demás para comentarte. un gran abrazo. Hace extensivo mi abrazo para toda esa gente maravillosa que esta haciendo algo por Bruno.
Marisa, Mamá de Bruno.

Para que nos de aliento y anime a seguir con esto.
Gracias

astrid
Abril 15, 2008, 10:48 pm, Reportar este Comentario astrid dijo

jajaja no no llego ni a las 9 ni a las 10, no llego sencillamente nunca, pero seria que no debía llegar.
Gracias por leerme

gloriallopiz

guau!

levagrabich

¡Excelente Roru! Como siempre.
Agrego un pequeño comentario.¿Cómo uno puede reírse después de ver a “rial”, no? ¿Sabés lo que decía un cura para no calentarse viendo las tetas de las minas?” Adentro son sólo grasa, pura grasa, una porquería, bah”. Pero tu personaje puede quedarse tranquila, efectivamente, somos el afuera, como ella quiere. Vemos nuestro cuerpo como una superficie, por añadidura, una superficie que sólo podemos ver reflejada en otra superficie, el espejo. Es decir nuestra imagen nos viene de afuera. El espejo también puede ser los ojos que nos aman… o nos odian. Claro que cuando aparecen los órganos estamos en problemas. Es el caso de tu personaje, bordeando la locura o es porque estamos enfermos porque, como decía Cioran, “la salud es el silencio de los órganos”.

Dos posibles terapias para la mina:
1. Pirarse con El Cuerpo sin Organos de Deleuze.
2. Pirarse con alguna psico-matemática lacaniana de la botella de Klein que no tiene ni adentro ni afuera.

saludos

betina-pascar

Desamparo, locura y alienación: las mejores definiciones para este relato que me atrapó desde el principio. Sabés? tengo sensaciones contradictorias respecto a Vidal. Lo primero que me sale es un “Que se joda” pero después me da pena…pobre infeliz. No la soporta a Norma y se fue a encontrar con esta trastornada…Infierno por todos lados!.
De todos modos, lo que más me quedé pensando es ¿qué quiso decirte con eso de que sos un pseudo boludo, un enfermo?. ¿En qué andas?.
Nos seguimos leyendo!
Beso
Be

María
Abril 16, 2008, 9:47 pm, Reportar este Comentario María dijo

Roru, como siempre, un placer leerte. Gracias por las visitas. Beso.

Abril 16, 2008, 9:55 pm, Reportar este Comentario roru-2 dijo

Hola Betina! Qué placer que me hayas visitado. Un honor de verdad. Admiro mucho tus textos. Estamos en contacto. Lo mismo para vos Rubén, compensando siempre mis ignorancias psicológicas. Me encantó tu reflexión sobre los cuerpos y las superficies. Y a vos Carlos, desde luego, que volviste para darle tu toque irónico al asunto, como cierre definitivo. La frutillita del postre. Un gran cariño amigos.

betina-pascar

Wow..el honor es mio!
Be

Roru
sobre la ironía:
si lo decís pensando que me c. … de risa de las cosas, no lo creería..
si lo decís en el sentido de los filósofos irónicos (aunque no merezca tanto), …gracias

Retorcer la vida por todos sus lados…. (Cioran)

abrazo

Abril 17, 2008, 1:49 pm, Reportar este Comentario roru-2 dijo

Por lo segundo, Carlos! Por lo segundo! Un abrazo.

Cuánta creatividad y talento. Es un placer leer tus relatos. Volveré, I promise ;)

Abril 21, 2008, 11:25 am, Reportar este Comentario roru-2 dijo

Gracias Alejandro! Un abrazo. Nos leemos.

mavi
Abril 28, 2008, 8:01 pm, Reportar este Comentario mavi dijo

sin palabras… lo lei un poco tarde pero me encantó…

Abril 28, 2008, 10:54 pm, Reportar este Comentario roru-2 dijo

Gracias Mavi. Un placer tenerte por aquí. Cariños.

GABRIELA R
Julio 1, 2008, 5:52 pm, Reportar este Comentario GABRIELA R dijo

Excelente, a medida que iba leyendo me atrapaba más la historia, sea verídica o no, estubo muy buena, y en la parte en la que el tipo habla de lo que le produce la mujer no pude contener las carcajadas, y como estoy en la oficina se me complicaba no reirme….y luego en la otra parte, ya al final imaginarme esa mujer tan desquiciada…fue fuerte.
Bess, q andes bien

Julio 1, 2008, 6:17 pm, Reportar este Comentario roru-2 dijo

¡Gracias Gabriela R! Me alegro que te haya gustado. Y que leas post antiguos también. Un beso. Pasá cuando quieras!

Julio 1, 2008, 10:35 pm, Reportar este Comentario vic84 dijo

yo creo que vidal es un poco cagón….no se lo digas así….pero porq no le dice a norma q no la quiere más??????????????
besos

Julio 2, 2008, 1:51 pm, Reportar este Comentario roru-2 dijo

Victoria! Vidal es un cóctel de sentimientos e intelectualidades contradictorias. Es un turro muchas veces. La mayoría. Pero al mismo tiempo -y esto es loquísimo- es uno de los seres más tiernos que conozco. Abrazo. Y gracias por pasar!!!

monicaiforte
Julio 2, 2008, 2:15 pm, Reportar este Comentario monicaiforte dijo

Realmente sos un genio. Me reí tanto con esta historia que ni te imaginás Porque yo me imagino la situación y a varios vidal que conozco metidos en ella. Quizás seas como Sábato, en cuanto al recorrido histórico digo, primero la física, después la literatura. Una pregunta que me persigue desde el principio… ¿por qué Barthleby… con h digo?. No te preocupes, Turkey no está y ya sabés que Nippers a esta hora está tranquilo. Un abrazo

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