Bariloche: La historia continua, NyC y /o versus foráneos
En Bariloche cada ves que llega la Fiesta nacional de la Nieve, se genera una polémica difícil de moderar. Están los que quieren que la fiesta siga siendo con las viejas costumbres, otros renovación total. También los que pretenden un mix. La fiesta pasada, transcurrió casi sin pena ni gloria, siendo sus realizadores una empresa privada de Neuquén, reavivo el fuego. Y aparecieron las distintas posturas apuntadas. Nuestro blog esta recogiendo las expresiones para que ustedes también participen, sean foráneos, N y C (Nacidos y criados) o simplemente turistas que quieren bien, a la Capital de los Lagos del Sur. Aquí varias reflexiones de un barilochense…
Hola,
Algo de historia barilochense, aunque a nadie le importe hoy.
…Y contada por un barilochense que la vivió.
En los años 1960 éramos muy pocos habitantes, algo así como 12.000 y sobraba espacio. Por ese entonces estábamos divididos en dos grupos mayoritarios: Los gringos y los Chatos de la zona. Los llamados “gringos” provenían casi todos de Europa y eran personas bastante sociables, a pesar de que ni por casualidad te invitaban a tomar el té; Muy trabajadores, emprendedores, fríos, duros como la gran siete. No les importaba las heladas ni lastimarse un dedito: simplemente seguían trabajando todos los días del año. Conocí a uno que debió estar muchos días en cama y para no desperdiciar su tiempo, se metió a su cama unos cuantos huevos de ganso, para incubarlos. Yo lo vi.
Después estábamos nosotros, los Chatos de la zona, los que trabajábamos a las órdenes de estos gringos tratando de cumplir con todas las tareas. La verdad es que aquel que se puso a aprender de estos gringos, le fué muy bien después porque a esa enseñanza la supo aplicar para su propio beneficio, recibiendo del mismo gringo consejos y asesoramiento, sin mezquindades. La palabra “vagancia” no era conocida.
Pero pasó el tiempo y por los años ´70 recibimos una oleada de familias provenientes de la gran Buenos Aires. Y luego otra. Y otra más. Y aún siguen llegando.
Lo extraño de todas estas familias que se radicaron en mi ciudad, es que ninguna de ellas se adaptó a nuestra forma de vida, a nuestra cultura, a nuestra honestidad, a nuestro diario trabajar, a nuestro respeto… Tanto los “Gringos” como los “Chatos” debimos adaptarnos nosotros a las leyes impuestas por estos nuevos vecinos. Fuimos nosotros quienes debimos implementar una nueva forma de vida, debiendo de olvidarnos todo lo inculcado en nuestra infancia.
Habíamos aprendido que a la escuela debíamos ir todos los días, porque era nuestra obligación, aunque nevara a más no poder. Si hoy llueve, suspenden las clases. A nuestras fiestas patrias íbamos todos a participar del desfile, pero hoy si hace frío se realiza en un salón cerrado y calefaccionado. En cada esquina la discusión era para que el otro pase primero, hoy debimos poner semáforos. Transitar la ruta a Llao-Llao era un paseo que disfrutábamos todos los días, y hoy es una pista de carreras. Cederle el asiento a una persona mayor en el servicio de transporte de pasajeros, era un signo de buena educación y todos queríamos demostrarlo. Muchos cambios.
¿Saben? Jugábamos a la pelota en una canchita cerca del mallín del kilómetro 12, allá en el fondo. “Gringos” y “Chatos” nos entremezclábamos a las patadas contra una pelota desinflada. Siempre se metían los perros a querer participar, y nunca faltaba algún vivo que entraba a la cancha con su caballo queriendo hacer un gol. Entre partido y partido nos reuníamos todos a beber agua de un pozo de vertiente, sí, al mismo tiempo: perros, caballos, y nosotros. Jamás estuve enfermo. Jamás falté a la escuela ni en el peor de los inviernos. No sé lo que es estar en cama por enfermedad, pero sí sé lo que es trabajar todos los días y ganar mi dinero honestamente.
Los gringos nos habían enseñado a trabajar y a cumplir siempre, y nos daban el ejemplo siendo ellos los primeros. Otros tiempos. Hoy, los Nacidos y Malcriados en Bariloche como yo, creemos que más del 70 % de los habitantes de nuestra ciudad son familias venidas de Buenos Aires. Son los que se metieron en la política de nuestra ciudad, en los puestos importantes. Son los encargados de administrar la salud, la educación, el transporte, las inmobiliarias, las comunicaciones… Son los guías de pesca y los guías de montaña, aunque nada sepan; son los que aprueban o no, son los culpables de los badenes que en mi barrio, de sólo unos doscientos cincuenta vecinos, debimos poner. A mis hijas (dos, hoy adultas), las crié con los mismos principios y valores que tuve yo, y entre tanta podredumbre se destacan claramente. Nunca faltaron a la escuela; Trabajan y siguen estudiando; Se bajan el cerro Catedral esquiando en remerita; No saben lo que es estar en cama enfermas;
Ceden su asiento en el colectivo; No son “mariconas” ni mal educadas; Una de ellas es muy querida en el coro de “Niños y Jóvenes Cantores de Bariloche”, y la otra en el “Club de Regatas de Bariloche”, entidades donde participan activamente. Como padre, me costó bastante educarlas a la vieja escuela, porque casi todo su entorno se regía por la vagancia y la falta de valores de aquellos vecinos nuevos, venidos todos de Buenos Aires. Qué triste cambio en mi ciudad ¿No?
Javier Barría (omilenantu@speedy.com.ar)
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Nuevamente un barilochense creyendose dueño de la verdad, pero bueno su corto alcance de la realidad se demuestra en sus palabras, que ignorante hay que ser para generalizar de esa manera. Que mente cerrada, por eso esta todo como esta… cada vez peor bariloche y los que gobiernan tan excelentemente son nada menos que los chatos de aca, si no vasta mas que mirarles la cara…