Febrero 17, 2011 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
Febrero y el verano se pasean de la mano. Al menos en la latitud sur, el mes y la estaciòn se llevan muy bien y son sinònimos en si mismos con las particularidades que cada regiòn les confiere. Patagonia significa un corto verano y ninguna garantìa de que sea completo, todos los dias,todos los soles. Entonces queda la opciòn de hacerse un verano en los sentimientos; transitar una sensaciòn rescatandole a los pocos dias toda la luz posible para armar un ambiente de calor y luminosidad.
Es tan especial esto de habitar lugares muy diferentes en el planeta. Si se puede elegir es como cuando eramos chicos y nos llevaban a un parque de diversiones. Tantos juegos y tantas maravillas nos abrumaban y querìamos estar en todas partes a la vez. Asi mismo pasa con los sitios donde me gustarìa estar. Ahora es un lugar donde el verano se quedò a vivir y recorre la tierra durante ocho a diez meses en el año. Todo es caliente y a veces tan exagerado que hasta la piel toma una temperatura como de fiebre. Pero a mi me enseñaron un truco exepcional. Cuando se va a un parque de diversiones no hay que soltarse del dedo de quien nos està paseando, mostrandonos todas las maravillas. Es la clave para no perderse, para disfrutar cualquier clima,en cualquier regiòn.
No existe el lugar ideal ni la temperatura justa. Todo tiene su contra, pero si existe la mano de donde nos agarramos para no perdernos. A veces nos soltamos de ese dedo, y el pròximo cuadro de la pelìcula nos muestra llorando desconsoladamente buscando esa referencia y los juegos ya no nos interesan, se convirtieron en luces de angustia.
En el increìble proceso de evoluciòn humana quizàs nos perdimos o tal vez vamos muy bien. Estaba caminando por una chacra tratando de descubrir unos sonidos muy guturales que procedìan de los àrboles y aparecieron en las ramas: una banda como de diez monos en trànsito, comiendo frutas y saltando por su autopista de follaje. Algunos pequeñitos y los màs grandes guiando a los demàs y cuando me descubrieron se quedaron quietos y en silencio, para saber de mis intenciones. Para mi algo ùnico, porque todavìa puedo ver especies silvestres en total libertad haciendo sus vidas casi onvolucrados con los humanos, que habitamos el mismo barrio. Pensè en la teorìa que dice que venimos de ahì y me imaginè la situaciòn: saltando de rama en rama, buscando los frutos comestibles y sacando una familia adelante en busca de un destino de evoluciòn quizàs. Dicen que en algùn momento nos paramos sobre los dos pies, inventamos instrumentos, comenzamos a pensar, hicimos nidos de confort, hasta llegar a la poseciòn de un control remoto para mirar por el televisor la selva que abandonamos y que a veces no està tan lejos, apenas en el mismo barrio.
Nos dejaron en este increìble parque de diversiones y a mi me pasa que quiero estar en todos los juegos.
Me regalaron la inteligencia y los sentimientos pero mi mayor truco debe ser, siempre, no soltarme de la mano del que me està guiando.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
Diciembre 1, 2010 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
Las golondrinas aparecieron de entre las nubes de tormenta y comenzaron un juego que tenía que ver con besar el agua de un manantial en vuelo rasante y subir otra vez, sigzagueando. Nada serio el espejo de agua, apenas un pantano con plantas acuáticas y, eso si, un conventillo repleto de ranas, sapos, peces, ranacuajos y quien sabe que otras especies que a la noche tejen un concierto indefenido de notas silvestres y homogéneas. Lo que más me divierte son las luciérnagas, los bichitos de luz, que por una magia indescriptible compiten con cualquier tecnología de avanzada con sus intermitentes planeos en el marco azul de la noche.
Pareciera como que la naturaleza tiene como servicio no dejar que la cabeza piense, que se asombre en todo caso, porque permanentemente está organizando una función diferente, un show tras otro y con tanta originalidad que hay que estar muy despierto para seguir su ritmo, su presentación. Yo me paro en el medio y me hago las preguntas correspondientes, porque sin preguntas parece que no vale; si la pelota no pasa por la mente la jugada no es legítima. Una de mis preguntas es porquè me gusta tanto esta historia silvestre que a veces llega a ser salvaje?. Existe un mundo muy distanciado allí en el asfalto, en las situaciones que nos llegan por cable coaxil, en el espezo aire de monóxido de carbono y electricidad estática. Percibo la lluvia muy torrencial cayendo casi vertical contra las palmeras y me parecía que se reían, las palmeras, como unas minas jugando con sus cabellos al viento.
En algún momento me encontré ayudando en una actividad de milenios: la recolección. Los frutos del cocotero que caen de sus plantas cuando el reloj biológico del tiempo determina que ese es el momento. Miles de cocos para ser juntados hacía un destino de alimentos, aceite, jabón, perfumes. Encontré una gran pluma que podría ser de un águila tal vez y la inserté en mi sombrero y me sentí en aquello de cuando comenzamos: los ancestros recolectores, los primitivos dueños del planeta ganándose el pan simplemente juntando los frutos de la tierra. Entonces la lección es lo simple que podría ser todo. Las ambiciones reducidas a su mínima expresión cosechando el fruto más espectacular de la naturaleza…paz, tranquilidad.
A veces descubro lo complicado que somos fabricando cosas para vivir mejor y lo más insólito es que hay que hacerlo rápido, muy rápido. La naturaleza si que hace milagros. Puede desintegrar una montaña, deshacer una roca y convertirla en agua; puede fabricar y parar una tormenta para que apreciemos la calma. Y a mi me parece que lo hace con cariño, con generosidad. Porque la meta es uno mismo cuando aparece ese poco de cariño.
Sé que es muy deifícil deshacer todo lo estructurado, todo el andamiaje donde se mueven las ambiciones y las metas deformadas y mentirosas de la satisfaccción. Pero se puede leer en el libro de la naturalleza donde hay un índice, un prefacio, las fórmulas, una dedicatoria y la trama fantástica de una novela que comenzó hace siglos y cada vez se pone mejor…No esperen el final, no lo tiene. Permanentemente está inventando renglones para todos aquellos que quieren leer e interpretar. Caulquiera puede leer el libro de la vida, hasta los analfabetos, porque no sirve la mente, es el corazón de un primitivo habitante de hace siglos la herramienta perfecta para comprender y actuar.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
Octubre 9, 2010 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
Què chico que me veo. Un pequeño puntito parado sobre las piedritas de la playa y enfrente mio, el genio invencible que es el mar muestra su poderoso vaiven que parece que puede inundarlo todo y sin embargo tiene su lìmite, su espacio, sus tiempos. Las olas llegan y en un lapso determinado ocupan parte de la playa y en otro momento abandonan esa franja y me dejan a mi pensando con los interrogantes dignamente adquiridos. Se me hace que las tres cuartas partes de mi cerebro deben ser de preguntas, asi como ese mismo porcentaje es el agua del planeta.
Estoy recorriendo ciudades y aunque trato de no comparar, a veces filtro una que otra barbaridad. Mi lugar de las montañas està presente como una pelìcula y estos sitios por donde voy pasando parecen diferentes en su geografìa y entonces las incòmodas comparaciones suceden pese a todo. Pero la coherencia triunfa y me enfoco en mi negocio: el espìrtu de los pueblos y las miradas de su gente.
Rawson, Trelew, Madryn, Sierra Grande, San Antonio Oeste; cada uno de estos hogares podrìa protagonizar su propia pelìcula, su propia versiòn de lo que es la vida moderna sin borrar lo que pasò y teniendo en cuenta que el futuro està ahì a la vuelta. Leo los diarios locales y de alguna manera descubro la personalidad de estos habitantes: los hay pescadores, mineros; ciertos lugares son muy deportivos, practican de todo o por lo menos muestran una buena inclinaciòn hacìa cualquier ejercicio que pueda competir o recrear. Pero lo que me volò la cabeza fueron un par de noticias puntuales. Hablaba con el director de un diario de Trelew y me explicaba que sus pàginas son netamente de noticias y yo me encontrè con unas que me ancantaron. La informaciòn es sobre las mareas que producen la creciente y la bajante del ocèano. La gente de Rawson sabe a que hora se producen estos fenòmenos porque es uno de sus medios de vida y a su vez…¡el diario lo publica!.
En San Antonio Oeste, otra historia: la marea penetra e la ciudad por un brazo de mar al que se llama ria, si, en femenino. En un momento el hondo lecho de este lugar queda casi vacìo y en un tiempo puntual, cuando la marea sube, se llena de genialidad con gusto a sal.
Y esto lo publica el diario de la comarca, con la hora màs o menos exacta en que sucede. Y la gente de por aqui te dan la informaciòn y te demuestran que hay otras noticias importantìsimas aparte de los dramas y las tragedias.
Lo mio tiene que ver con algo que aprendì de mi lugar blanco de las montañas, a travès de vientos de nieve y susurros de bosque.
Quizàs exista la personalidad de cada ciudad, pero en definitiva confluimos en el mismo mar, con los tiempos de mareas, con el mismo espirtu y las mismas miradas. Los serers humanos construimos nuestros pueblos y la esperanza està latente en cada sitio, porque la naturaleza hizo la punta y demuestra cada dia que las mejores noticias provienen de accionar y su sabidurìa.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
Septiembre 30, 2010 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
Cuando se termina un dia no parece haber muchas dudas. Al menos por los lugares donde eligiò vivir la mayorìa de la raza humana. Un dia, inevitablemente, termina en sombras; la noche decreta que el lapso de tiempo en que impera la luz llega a su fin, se desvanece.Existen otras comarcas donde se hace màs difìcil. La Tierra del Fuego se anota en un almanaque original porque en el verano sus noches son tan cortas que parece que no existieran. La Antàrtida y los Polos se llevan los grandes premios de lo increìble, porque sus jornadas de seis meses de dìa y noche presentan todo un medio año para dormir o deambular. Con los meses es diferente. Setiembre se termina pero nos deja mucha màs luz que cuando comenzò; va al encuentro de un octubre como cuando hacemos un cambio de turno y le entregamos al que nos reemplaza un lugar iluminado, limpito y encima con flores en los floreros. Què bueno tener la suerte de asimilar estos cambios. Cuando las preocupaciones y los problemas nos dejan un resquicio para poder advertir la llegada de un tiempo, de una canciòn diferente, de una luz màs brillante. Yo se que es difìcil a veces, abstraerse de la oscura pelìcula mental que miramos cuando hay dificultades, pero hay un buen truco para evitar eso: una sana costumbre; un entrenamiento; una pràctica de mirar las soluciones y no siempre el enfoque en lo negativo. Y a mi me parece que se puede aplicar para todo lo que se pueda solucionar. Para los que estàn de turno en los poderes este dia-año es importante porque el año que viene, mañana apenas, puede traer su reemplazo o puede continuar con otras figuritas. Entonces podemos averiguar si terminan como un dìa màs, en sombras, o como setiembre, màs luminoso, con brotes y flores, con infinita esperanza.
A veces se nota el truco de siempre. Arreglar todo a ùltimo momento, realizar en meses lo que no se hizo en tres años y lo màs triste, la intenciòn, el propòsito, la meta es la reelecciòn, seguir en el poder, continuar con la novela. Bienvenidas las obras si se hacen, son mejoras que trascienden la intencionalidad, pero què bueno serìa una actitud de toda la vida; una gestiòn de tiempo completo, no para pemanecer en un sillòn, sino porque es lo que hay que hacer, lo que necesita el pueblo, lo que una sana vocaciòn nos empuja a realizar como forma de vida.
Què loco serìa si la naturaleza actuara como nosotros. Si un dìa dejara para la tarde un montòn de laburo que debiò llevar a cabo en la mañana. O setiembre tratando de hacer brotes, savia, flores en el ùltimo dia para evitar la bronca de octubre que viene llegando puntual, dispuesto a la tarea que le toca. Por suerte no es asi, o tal vez suceda, pero yo lo banco a setiembre, y le doy las gracias por su administraciòn.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
Septiembre 28, 2010 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
“La paz es el perfume de Dios”. Me lo dijo asi, determinante, con entera sabiduría. No tuve que darle muchas vueltas para tomar la oración y hacerla mía y se que la voy a tener presente por un tiempo muy cercano al para siempre. Y para comprobar que es verdad está el gran laboratorio de alrededor nuestro en los albores de la primavera, presentando de a poquito las señales de ese perfume. Un poco más al norte ya empezó; tímidamente, como pidiendo permiso, algunas especies muy originales primero muestran sus flores, brotan de color y perfumes y después desarrollan sus hojas y tendrán sus frutos y el milagro de su plenitud. Podría llenar páginas y páginas con las manifestaciones infinitas de la naturaleza, pero tengo que averiguar en qué andamos los seres humanos, como acompañamos los procedimientos de la creación.
Cosa seria, los humanos. Es como que siempre estamos fabricando algo. No importa si sirve o no sirve, pero lo hacemos. Es muy probable que la intención sea venderlo y es muy probable que nunca se nos va a ocurrir vender la primavera asi como viene, con sus exposiciones de perfección. Es al revés, creo, la naturaleza es la estrella, lo que fabricamos alrededor de Ella son los satélites que acompañan sus movimientos. Por aquí, es necesario intentar de hacer florecer el asfalto que tiene una terrible onda de invierno de conflicto armado.
Pero tal vez no sea necesario inventar nada; con solo tener cuidado por donde vamos pisando para no romper nada, ya estaríamos consiguiendo la mitad del lugar interesante para que millones de personas tengan ganas de seguir visitando este regalo. A veces teorizo de cómo nos metemos en problemas y en errores y porque actuamos de maneras algo irracionales. Y me doy cuenta por mi mismo que falta la tranquilidad para casi todo lo que hacemos. Los tipos que roban si lo piensan un poco se darían cuenta que es mucho más trabajo afanar que hacer una tarea honesta. Tambien implica riesgo, salud mental y un montón de virtudes con la que se convive en una sociedad. Con un poco de paz, de tranquilidad, de claridad y algun tipo de entendimiento , el apuro de no vivir se estrellaria con la coherencia de disfrutar verdaderamente de la vida. En las autopistas de las grandes ciudades la velocidad es homicida. Se rompen todas las reglas que existen para llegar rápido no se sabe a que y no existe un donde. A veces investigo para que el apuro y me contestan algunos que quieren estar muy pronto en su casa. Tambien investigo qué hacen en sus casas y no lo puedo creer. Miran en la televisión el programa del cabezón bufón del rey, o algun partido de fútbol y algunos hasta novelas. Poner el auto a 160 km/ph para esas importantísimas ceremonias me causa pavor. Aqui tambien sucede. Y tambien hay accidentes y malhumor y despropósitos con los semejantes y yo nunca vi a nadie ser felíz por sus programas favoritos. Yo mismo me doy cuenta que lo máximo que conseguí fué una inútil distracción justamente de la experiencia de vida que sucede imparable adentro mio. A veces investigo tambien en las altas esferas, en los individuos que inventan estrategias para llegar al poder, o hacerse notar, o acumular capital y tampoco los entiendo. No los veo felices, ni satisfechos, ni desbordantes de plenitud. Quizás sus metas sean servir al prójimo, pero el prójimo no está muy bien parado que digamos, entonces no me cierra cuál es el fin de su accionar. No existe ningún punto de partida si no se sabe bien a donde ir.
Qué bien que nos vendría un poco de perfume de paz. La primavera se acerca y un infinito sistema se puso a trabajar para dar sin pedir nada a cambio, una total estrategia para sentirse bien. Investiguemos tambien. Por ahí descubrimos la fórmula infalible para vivir de verdad, con el agradable perfume de Dios.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
| Por julio-ramirez | # Enlace permanente
A veces pasa. La coincidencia de la luna llena con la fecha que, segùn dice el almanaque, comienza la primavera. No tiene mucha importancia, dicen algunos, pero para mi es especial, como un montòn de coincidencias que se dan por ahì y que no influyen aparentemente en las tareas muchìsimas mas importantes que yo realizo todos los dias. Pero a veces chequeo la luna suspendida ahì en el espacio y me pregunto si es posible. Un globo como de plata flotando sin nada que lo sostenga, acompañando los movimientos caprichosos de un planeta en la que un milagro màs increìble aún, se manifiesta: la vida de seres humanos.
Cuando sea màs chico, voy a adornar mi cuarto copiando el mapa de una pequeña parte del universo. Se puede colgar la tierra, el sol, la luna y algunas estrellas con piolines casi invisibles, imitando el espacio. Entonces me voy a cordar màs seguido de la importancia que tienen las coincidencias. La màs notable de todas es que uno està presente hoy, con esta vida, en este planeta. Porque a veces uno da por sentado un serie de sucesos. Podrìamos estar tratando de sobrevivir en uno de esos mundos con atmòsferas de amonìaco, con sus rios de àcido sulfùrico, con sus vientos calentitos y radiactivos. Pero estamos aquì, en el lugar casi perfecto. Y a veces nuestras acciones no coinciden con lo que propone la naturaleza y los resultados son desastrosos. Al mirar como se comportan los ciclos, la claridad y el entendimiento nos pueden dar la pauta de que la naturaleza nos empuja insistentemente hacìa esa històrica trilogìa que no se puede evitar: salud, educaciòn, seguridad.
Recuerdo una època no muy lejana en que yo trabajaba de noche, muy de noche, y observaba a todos estos pibes que salìan de noche tambien a pedir monedas, a buscar alimentos en los tachos de basura o simplemente a vagar por las calles. Se me hace que siempre fuè de noche en esos tiempos, no recuerdo alguna de luna llena, por la situaciòn de oscuridad ahora entiendo. Pero estos chicos no estaban en sus casas, no estaban en las escuelas y ni pensar en algunos cuartos adornados con astros semejando el universo. La gente ayudaba a veces, como estos policias que patrullaban las calles y cuando podìan los hacian subir a sus autos y los llevaban a sus casas para por lo menos arañar un poco de contencion. Yo mismo algunas veces los distribuìa por los lugares que supuestamente deberìan ser sus hogares. En ese momento, estos chicos tendrìan desde cinco hasta diez y màs años, y nuestra claridad y entendimiento no hacìa posible contagiarlos de lo que sea que produciamos con esas virtudes. Ahora deben estar en los 15 o veinte años y el resultado se nota cada tanto, que fuè lo que los iluminò. Crecieron de noche y no estoy seguro si tuvieron su mediodia de sol. No coicidimos con lo que se nos pedìa aquellas veces, lo que la naturaleza nos pedìa para estos seres que ahora tienen otra edad, pero la misma salud, la misma educaciòn y la misma seguridad, ojalà que en un mìnimo porcentaje.
Yo a veces pienso que soy un iluso, porque creo en la luna. Pero un poco de luz prestada y algunas coincidencias de los astros me inspiran a tener un poco de buena voluntad y prestar atenciòn a la primavera de este planeta. Las flores del entendimiento estan en cada flor que aparesca como resultado de una coincidencia fantàstica: la vida y el mundo de los seres humanos.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
Septiembre 9, 2010 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
A veces es interesante alejarse un poco. Uno toma otra perspectiva y lo que se quiere ver adquiere otra imagen, otro contexto. Estoy en la mega ciudad, el lugar desde donde se manejan millones de destinos, economías, suertes, sueños y lo que sea que se pueda manejar. Y trato de enfocar a mi pueblo ahí, con sus fríos y su nieve cubriendo las montañas y su olor a bosque y sus sonidos de hielo quebrándose y es imposible…Todo lo que sucede en Buenos Aires tiende a apabullar cualquier olor, sonido, imagen y lo que sea que suceda. Es caos si se quiere, pero mi enfoque como siempre, trata de quedarse en lo que verdaderamente importa, el núcleo de este monstruo de creación y acciones de tiempo completo. Los seres humanos, que tratan de disimular que es lo mismo que se hace en todos lados: nada más vivir. Yo nací por estos lados y no me dejo engañar. Todo lo que busco son esas pequeñas historias que me hicieron muy feliz de alguna manera y no tienen mucho que ver con autopistas, luces y comportamientos de que uno es de una capital. Escucho el canto de los pájaros que me arrullaron en mi niñez, redescubro los árboles a los que conocí por sus nombres y extraigo de los seres humanos el imprescindible afecto que guardan celosamente y todo lo demás desaparece; se pierde en su propio caos porque los sentimientos pueden más que la enmarañada complejidad con que se armó todo este desierto de millones de personas. Me asombra tanto extremo. Podes ver en un mismo lugar los autos más caros del mundo y el tipo este que descaradamente y desafiando a los que lo insultan, galopa por el asfalto en su carro tirado por un caballo sucio y flaco, cargado con algún producto irreconocible.
Una brecha muy grande separa a las gentes de las torres de los barrios famosos a aquellos otros de lugares famosos también, pero con menos suerte en el reparto de oportunidades. Me pregunto en que fallamos, si en la educación, en la cultura, en la economía y me respondo que quizás en un porcentaje de cada cosa. Toda la formación de un ser humano descansa en el azar de un juego de perinola y a veces, a muchos le toca…nada. Es asombroso ver lugares de naturaleza muy similar a la Patagonia, porque un río es un río en cualquier parte y sin embargo la diferencia radica en como se lo trata al hermano rió. Pareciera como que no se entiende para que sirven las aguas. Históricamente eran para calmar la sed, para hacer vivir plantas, para navegar, para asearse deportivamente e higiénicamente. Pero el manual no decía nada de meterle alquitrán, deshechos cloacales, químicos, basura y más basura. Si sigo con esta crítica me va a llevar unas cuantas páginas de esta diario; entonces ensayo una gambeta pero a mi carrera con la pelota me frenan miles y miles de argumentos y no me dejan llegar al gol. Busqué los bares del tango, el empedrado de las esquinas donde paraban los malevos, la vecina que saludaba sonriente y te convidaba un cacho de pan con manteca y es inútil; todo se disfrazó como en el famoso corso a contramano. Lo único que puedo rescatar son las miradas. La gente sabe que la vida es mejor. Entonces cuando la mirada es de tristeza es que tienen sed; cuando los ojos muestran un poco de alegría es porque están distraídos; cuando el brillo es amenazante es porque tienen miedo.
Qué impresionante cuando te preguntan de donde sos y le contesto que vivo en las montañas, aunque también en una ciudad con todos los adelantos que eso implica. El brillo es diferente, como de sana envidia y ganas de recibir una caricia de aire fresco.
Creo que no le pifiamos ni en la cultura, ni en la economía, ni en la educación. Fallamos en los sentimientos. Una ciudad se arma porque no nos gusta estar solos. Se va formando para convivir con las reglas, con los derechos, obligaciones y con los beneficios que un montón de leyes y decretos tratan de arrimarnos, pero el motor de todo eso debe ser generado por los sentimientos. Podemos vivir en cuevas, en edificios lujosos y transitar por autopistas hacia el sol, pero la clave es sentir, y sentir bien.
Estuve mirando un tiempo desde el balcón de un décimo piso, buscando un horizonte que no aparecía porque todo estaba cubierto por hogares que se extendían hasta el infinito. Pero más allá de lo interminable, aparecía el lugar en donde vivo, este lugar que nos pertenece por ahora, y mi mirada es de esperanza. No debo confundir para qué son las aguas de estos ríos y lo que más importancia tiene para mí, es que calma la sed. Tengo que conectar estos ríos de las montañas con las aguas que fluyen en mi interior para calmar la sed de satisfacción, la sed de vivir plenamente, la sed de tener una mirada de alegría verdadera. Para no convertir mí pueblo en una ciudad de pobres corazones.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
Septiembre 1, 2010 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
Sorpresa blanca en los aires que nos envuelven. Agosto se despidió con las espectaculares nevadas que, según cuentan algunas personas, antes eran comunes, sucedían en todos los inviernos y en casi todos los lugares. La geografía del cerro más famoso de la Patagonia se convirtió en lo que miles de seres pretenden, esperan y valoran y a su alrededor las otras montañas le hacen el aguante para que la imagen quede perfecta.
Lo que viene, el septiembre de flores y nuevos pensamientos tiene asegurado una blanca reserva de atractivos e invitaciones a la contemplación. No estoy seguro si alcanza para algo parecido a la satisfacción, pero que de revoleos se pueden hacer a partir de un septiembre y de un milagro como la nieve. Se necesita comprender eso precisamente: tenemos un milagro aterrizando alrededor. Está bien el enfoque en la producción de divisas, pero hay que tener en cuenta que si no ayudamos, puede no suceder. Yo noté algo que hace tiempo intuía. La ciudad rechaza a la nieve. Pareciera que sus entornos están tan calientes que más que nada las precipitaciones se sucedieron en las montañas y le costó llegar a la ciudad. La cantidad de automóviles, la imprescindible calefacción y el cemento que reemplazó a bosques y naturaleza, arman un increíble paraguas o paranieves no tan ecológico, que si no es una gran tormenta, el fenómeno blanco se disuelve en un artificial efecto invernadero.
Los razonamientos son lógicos y valederos, lo que no se puede manejar son las ambiciones que nos llevan a derretir los preciosos copos.
Se siente una impotencia salvaje cuando se comprueba que en realidad son muy pocos los que se benefician con grandes botines a partir de la inexistencia de una saludable planificación. La gente del pueblo vive también, progresa en algunos aspectos y el incentivo del trabajo se hace presente aunque sea por un par de meses, pero habría que definir los costos de la movida. No es muy diferente al accionar con el oro y el cobre que se extraen de las entrañas de la tierra en Chile. Se hace un agujero de cientos de metros hacia la oscuridad y seres humanos que se internan en la montaña para escarbar la riqueza que tres o cuatro fulanos destinarán a sus deseos de superficie.
No soy el único en preguntarme cómo fueron a parar a las manos de tan poca gente las riquezas del universo. Minerales, petróleo, agua, montañas, selvas, bosques, voluntades humanas.
Por aquí, la nieve parece tener dueños también. Se nota cuando en el cerro más famoso de la Patagonia seres con cara de perros salvajes, incentivados por sus amos, te ladran por donde podes pasar, donde te podes parar, cuanto tenes que pagar, cuanto tiempo tenes para respirar en su aire privado.
Ojala septiembre no tenga dueños. Trae un paquete de flores, nieve y quizás nuevos pensamientos. Y sería muy triste que el alambre y el fiscal acorralen lo poco que queda de libertad.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
Agosto 26, 2010 | Por julio-ramirez | # Enlace permanente
La voz de un poeta del folclore me avisò hace mucho tiempo de las respuestas que se esconden en los caminos. Y algo anduve, y algo vì. Pero me tuve que detener en una esquina por algun tiempo, alguna vez. Dos calles que se cruzan; asfalto limpio y recto y alrededor todo el adorno de columnas de alumbrado, cables elèctricos, carteles luminosos, perros vagabundos y…la gente.
Personas que van y vienen no se si desde y a alguna parte. Y me encontrè en la situaciòn de tener que describir el mundo que pasa solamente desde el minùsculo espacio de una esquina. Por suerte hace ya bastante tiempo aprendì que lo que sucede es el mundo y no la vida. Esa cosa que llamamos vida sucede en otra parte, un poco màs adentro. Y el mundo que sucedìa en aquella esquina es el mismo que sucede en todas partes; en cualquier otra ciudad, en otro continente, en cualquier otro desierto. Quizàs cada lugar tenga sus particularidades ofrecidas a los seres para desarrollarse y sobrevivir, pero en definitiva todo es lo mismo: la supervivencia. Y cuando veo a la gente que reacciona en las mañanas, o que se escapa de las noches, caigo en la conclusiòn de que en mi ciudad hay algo que no es igual. El sistema que nos mantiene funcionando econòmicamente es de una fragilidad alarmante. Parece como que estuviese impovisado y sòlo se mantiene todo armado por milagros de la naturaleza o directamente por milagro divino. Temporadas que tiene que nevar, ciclos que tiene que haber sol, otoños de colores, veranos de calor y nunca lluvias en lo posible. Hablo con personas que en lo profundo de sus palabras sabe que hay algo que està en el aire y no es muy seguro y si muy dependiente: el salario depende del clima. Y sin embargo,para el que maneja las barajas, sus alegrìas y satisfacciones dependen de los trabajos, de sus ingresos, de su producciòn.
Es difìcil asi. Parece como que siempre hay una sombra molesta justo arriba de nuestras cabezas, ahì entre las nubes, opacando los sueños y diluyendo las esperanzas. Y desde el cruce de caminos donde me tocò estar, descubrì esas y otras miles de sensaciones. A veces hablo con personas que vienen de otras ciudades y me cuentan que en gran parte de sus habitantes los problemas son diferentes. El andamiaje que mantiene sus actividades dependen de otras movidas y no tanto del clima y sus designios. Se ayuda a los milagros de alguna manera; hay un respaldo, no està todo tan improvisado. Como que la sombra molesta està un poquito menos densa en esas partes.
Me pregunto si podremos lograr un poco màs de luz, vivir un poco màs firmes. Se necesita gente con buena voluntad. Gente que no dependa de sus ingresos para sus alegrìas. Que los ingresos le sirvan para alimentarse, vestirse y atravesar todo un año sin engañarse con el verso de que la felicidad va a estar esperandolo en alguno de los supermercados. Esa buena voluntad que permitirìa extender al màximo los contratos de temporada que en alguna època duraban meses y hoy en dia ya se pueden firmar por dias apenas, envolviendo a los temporarios en esa intranquilidad en forma de nube de tormenta.
Conocì a un tipo que tenìa su negocio en mi esquina y en otros cruces y en varias cuadras y en un montòn de desiertos. Su polìtica es no dejar que el personal que contrata se quede mucho tiempo trabajando vaya a saber porquè miedo a que miedo. La ambiciòn lo llevò a convertirse en un hacedor de sombras; un destructor de esperanzas; un fabricante de mentiras. Yo desde mi esquina veìa un incesante desfile de seres que les hubiese gustado quedarse a descansar por un tiempo en ese cruce de caminos, pero este tipo no lo entendìa.
Me quedè el tiempo insuficiente en aquel lugar pero nunca descubrì que se diera cuenta de que su felicidad no depende de sus negocios.
Eso si, vi personas parecidas caerse de sus fràgiles inventos. Y pude verlos porque le hice caso al poeta aquel que me indicò que los caminos esconden enseñanzas, sabiduria y respuestas.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
| Por julio-ramirez | # Enlace permanente
Dicen, comentan, aseguran que todo este paisaje que nosotros ahora disfrutamos es el resultado de un increíble proceso que comenzó hace…100 millones de años. Estas montañas son las más jóvenes del planeta, las otras fueron horneadas antes, algunos millones de años antes, por lo tanto algunas son abuelas y otras parientes más grandes. Por más imaginativo que uno sea, es bastante arduo recomponer un cuadro de como sería todo esto, pero a alguien que le gusta el rastreo del pasado se puede prender al juego de trasladarse en el tiempo simplemente para valorizar un poco la actual imagen que recibimos como regalo.
Hace cien millones de años parece que los continentes estaban tan cercanos entre si que se chocaban, tratando de acomodar sus placas subterráneas produciendo chichones a la tierra, los que se hicieron tan grandes como montañas, bueno, son las montañas. Como las tierras pugnaban por elevarse, el mar, que lo cubría todo, tuvo que ir retirándose poco a poco, dejando atrás esta Patagonia rebelde, en la que se armó tanto lío que todavía hoy no se puede parar; una descomunal batahola de volcanes en erupción, terremotos, maremotos, deslizamientos y otras pavadas que solamente puedieron parar un poco cuando a la naturaleza se le ocurrió enfriar el partido: toneladas y toneladas de hielo cubrieron la tierra para después recomenzar un trabajo de calentamiento que hoy continúa, pero bien prolijito, para que se formen los lagos, los bosques y más o menos con calma, para que nosotros tengamos tiempo de tomar unos centímetros y medir las montañas, tomar las temperaturas de los lagos y rezar una maldición criolla cuando llueve y tenemos que salir. Nuestra velocidad es diferente. En cuestión de minutos podemos modificar cualquier cosa por más que a la naturaleza le haya llevado siglos elaborar. En un ratito podemos armar un embotellamiento de tránsito de 116 kilómetros de largo, como de aquí a El Bolson más o menos, y después tardar un mes en desanudarlo. Tambien podemos enterrar e 33 personas bajo una montaña, a setecientos metros y después tardar tan solo tres meses en sacarlos. Ni hablar de la pequeña chispa que dura segundos en incendiar cualquier bosque , selva y hasta las aguas empetroladas del mar, borrando vestigios de milenios.
Sería muy bueno pensar un poco en los cien millones de años que le llevó a la naturaleza preparar todo este escenario y reflexionar que estas y todas las lluvias que suceden forman parte de un trabajo que va a desembocar Dios sabe en que otro paisaje.
Claro que es imposible abarcar con nuestro pequeño cerebro algo que proviene del infinito, pero siempre nos vamos a sentir un poco más cerca de lo natural si aprendemos algo de lo que nos rodea. No vamos a estar por aquí dentro de cien millones de años, pero igualmente podemos tener una idea de cual es la meta que procuran los ciclos y quizás podamos colaborar con un granito de polen.
A veces nos escapamos completamente de estas cosas que en realidad tendrían que acompañarnos permanentemente, y de muchas maneras tendrían que encajar en nuestras correrías diarias.
Haciendo un pequeño juego para chequear el enfoque de la gente, le pregunté a alguien si sabía en qué estaba la luna, cuál era su situación; la chica se puso a mirar para arriba, yo sabía que era luna llena pero Ella no la pudo ver porque estaba nublado, y me contestó que no tenía la menor idea y que hacía meses quizás, que no miraba para arriba. Y bueno, para nosotros no tiene mucha importancia luna llena, cuarto menguante o cuarto creciente, tal vez debemos estar mirando para abajo para no tropezarnos, pero que agradable observar para otro lado de vez en cuando y comprender que somos más grandes y podemos tener algo más que un terrenito en el universo, algo con lo cual nos vamos a fundir en el infinito.
JUAN ROMERO apenasjuan@hotmail.com
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