ESTADO DE SITIO EN CULIACÁN
Culiacán: Estado de sitio
(Parte 1)
Porque la sombra de los sicarios es espesa y amarga,
y hay miedo en los ojos y nadie habla
y nadie escribe y nadie quiere saber de nada,
porque el plomo de la mentira cae, hirviendo…
y el territorio es un ápero edén de muerte cuartelaria
Efraín Huerta
Los acontencimientos ocurridos en los últimos días han dejado en verdadero estado de sitio a la ciudad, desde los asesinatos de policías de las distintas corporaciones hasta los innumerables levantones, balaceras y matanzas que ya son el pan nuestro de cada día. Esta incertidumbre que se respira es generadora de una sicosis colectiva que afecta el diario vivir de la ciudadanía. Pero no es nada nuevo, nada que no conozcamos: asesinatos y levantones (que finalmente redundan en lo mismo, sólo que hay que esperar saber dónde tiraron el cadáver), aunados a los recientes abusos de poder hacia un grupo de reporteros, saltan los diques de la prosperidad y progreso y la tolerancia con que el Gobierno del Estado, gracias a una propaganda mediática, ha querido hacernos ver de que Sinaloa avanza con paso firme y buen gobierno.
Por un lado está la supuesta tranquilidad con que dice vivir la secretaria de Seguridad Pública, Josefina Ruiz, que es una muestra más de que para el Narco la autoridad competente resulta ser, más que un precioso coto de poder sobornable y neutro dentro de los límites de sus operaciones, también vienen representando a una autoridad ornamental que infla de discursos las páginas locales de los periódicos en pro del combate de las drogas y el narcotráfico. Todo esto ha fomentado la paranoia y las tensiones en una ciudad de por sí golpeada por otras tantas desgracias y hecatombes.
En un razonamiento completamente descabellado, el gobernador Jesús Aguilar se excusó diciendo, ante la guerra callejera que se libró a unos cuantos pasos de la casa de gobierno, su casa por el momento, que ésta no está blindada ante los embates de la narcoviolencia y que el clima de exaltación que se vive en estos momentos en el estado es una forma común de ver la realidad.
Las tropelías verbales del gobernador no hacen sino aumentar la impresión nada halagueña de que en verdad vivimos en medio de una guerra iniciada hasta hace poco por el gobierno federal que en su afán de ligitimizarse ha militarizado las zonas tomadas por los cárteles de la droga. Con esto, ningún vecino se sorprenda de tener en la cuadra a un supuesto mafiosillo que controla y manda.
Ya hace algunos años, a principios del sexenio en curso, cuando las masacres se incrementaron de forma alarmante, el gobierno se vio obligado a realizar operativos e infinitos retenes que no ocasionaron sino más caos en el caos inmarcesible de las muertes dolosas. En aquel entonces, el gobernador declaró que tales hechos de sangre eran algo normal en Sinaloa, cosa que aumenta más la impresión de que no se ha hecho nada de fondo para combatir esos crímenes. Sin embargo, esto que hemos venido presenciando en las últimas semanas forma parte de la cultura de la muerte (el desdén por la muerte y la pasión por las borracheras, el perico, las mujeres hermosas y las camionetas de lujo) que el tráfico de las drogas ha venido creando. Los emisarios de la muerte, los sicarios, que viajan en autos blindados y rubrican sus deleznables obras con el plomo de los cuernos de chivo se pasean con total impunidad y sin esperanzas de ser capturados.
Pero una cosa es cierta: Esta es la ciudad que hemos querido tener, pues indirectamente solapamos el ejercicio libre de la impunidad que, en Culiacán, ya es deporte olímpico. No hemos exigido con verdadero énfasis, como ciudadanos armados de razones para el cese al fuego, los cambios necesarios para generar un clima propicio a la justicia y a la libertad, preciosa palabra.
Nos damos cuenta, en la diaria rutina, que la llamada narcocultura ha permeado todos los ámbitos de nuestras vidas, produciendo símbolos y mercancías que aún sin participar directamente como consumidores nos rodean a diario, pues todos los días en la calle escuchamos corridos, nos enteramos de una manera morbosa de los tristes acontecimientos de la muerte de Fulanito de Tal, que iba saliendo de un antro cuando fue ultimado de un tiro en la sien por un sicario que huyó a toda velocidad en su vehículo. Es así como la página policiaca se convierte en la crónica del horror de una ciudad cuyos límites son un arrabal de sangre y estiércol.
Las estadísticas siempre ofenden, son un escupitajo a la cara de la sociedad somnolienta que permanece en su sillón aumentando el drama de la indiferencia y de la comodidad, finalmente quien es asesinado a balazos algo debía, y de esta forma absurda al margen como tristes testigos de una obra teatral que diariamente se interpreta en las calles permanecemos, sólo comentando los hechos. De modo que al paso del tiempo, aprendimos, como habitantes de este caótico Culiacán, hermoso cuando se le ve por una de las márgenes del río Humaya, a quedarnos callados, a ser nuevamente testigos de la falta de acciones eficaces de un gobierno que sólo manotea como un ciego en contra de la violencia, improvisando operativos y retenes donde no hay nadie a quien perseguir, equivocando los rumbos de las balaceras de los año nuevos o deteniendo chivos expiatorios donde descargar la frustración y el engaño que en que ellos mismos incurren protegiendo a los jefes de los cárteles, y tomando por asalto instalaciones de periódicos.
Lo sabemos: el Narco es un monstruo que la dejadez, la corrupción y la desidia de los gobiernos ha venido alimentando de un poder tanto armamentístico como económico, y que hoy es imposible detener. El mismo gobierno lo solapó y lo ha hecho crecer a espaldas de la falsa prosperidad que todos los años nos prometen. Apenas la semana pasada, en un golpe afortunado, 13 sicarios fueron detenidos en la colonia Guadalupe. Pero este hecho no fue algo premeditado por las autoridades, sino cosas del azar, que mucho tiene que ver en el mundo de la gente que se la “rifan”. Ahora ponen más narcomantas en distintos sitios de la ciudad que convierte el teatro de las tensiones en un juego de preparatorianos que se divierten confundiendo a la confundida autoridad que terminó por disculparse de una manera inocente por la agresión a periodistas en las instalaciones del periódico. No cabe duda que es una campaña del terror para aumentar la sicosis que se ha estado viviendo en estos días, y los medios informativos, tan dados a las noticias de portadas, nos llevan a transitar por los espinosos caminos del imperio de la corrupción y del crimen, que han hecho de Culiacán, nuestra horrenda perla del Humaya, en un Chicago de gánster con huaraches y camionetas de lujo.
Saludos, buen día.
MARTIN DURAN
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