Spam político

Hace unos días, vía Facebook (ese hermoso, extenso y contraproducente canal del que todos disponemos para hacer catarsis, aún cuando a quien esté del otro lado de la pantalla o del celular ni le importe saber en detalle qué nos pasa) me explayé sobre una reflexión a la que había llegado en medio de un asado entre amigos. El tema es que fue más allá y decidí centrar esta columna en la idea que había disparado el comentario: el spam político.

En esas líneas pensaba en lo difícil que debe ser para Sergio Massa (solo por mencionar a alguno) querer hacer un llamado telefónico real.
Por ejemplo, un día Don Sergio quiere comer una muzzarella con la familia en su casa, tranquilo, y llama al delivery. Entonces se da la siguiente situación (hipotética):

- Hola… Soy Sergio Massa… Y quería pedirte una piz…
(Interrumpiendo del otro lado)

- Uhhhh… ¡Otra vez el contestador de este tipo! (acto seguido corta) Tu tu tu tu tu…
(Y Sergio se queda sin pedir su pizza). Y así sucesivamente…

En medio de la ruta, con el auto roto:

- Hola… Soy Sergio Massa… Y necesito la grú…

- Tu tu tu tu tu tu tu

Reclamando por un corte de luz:

-Hola… Soy Sergio Massa… Y estoy sin luz desd…

-Tu tu tu tu tu tu tu…

Jugando a esos programas de TV en los que hay que formar una palabra con las letras que se ven en la pantalla:
-Hola… Soy Sergio Massa… Y la palabra es “Fundam…

-Tu tu tu tu tu tu tu…

Llamando al 113:

-Son las 12 horas, 26 minu…

-Hola… Soy Sergio Massa. Y quería sab…

-Tu tu tu tu tu tu…

Al final del comentario, concluía en que no debe ser fácil ser Sergio Massa cuando quiere hablar por teléfono en serio.
Pero no me quise quedar solo en eso (para que tampoco me tilden de “anti algo” y “pro otro algo”). Entonces me voy a otro candidato, a otra situación.

Hace algunos días, aprovechando que no teníamos obligaciones laborales, habíamos acomodado todo para dormir la siesta en el departamento con mi novia (con todo lo que la palabra siesta significa para Mendoza, y viceversa). Pero a las 15:02 sonó el teléfono fijo -en Mendoza solo se llama a esa hora si hubo una tragedia o hay un terremoto- y fue ella la valiente que se levantó a atender. “Hola, soy Florencio Randazzo y si estás pensando en viajar…” ¡PLACK! (Creo que la violencia con la que colgó el teléfono dejó la marca en el mueble).

Y tampoco voy a explayarme sobre lo que le dijo/dijimos/gritamos a Don Florencio gracias a esa grabación inoportuna, que de seguro despertó o despierta a varias personas todos los días (como la mencionada de Don Sergio).

Pero eso no es todo. Ni hablar de aquellos momentos en los que uno muere de ganas de escuchar un tema, o de ver los goles de la Liga turca, o de lo que sea en Youtube. Y, tras abrir el video, tengo que ver sin posibilidad de elegirlo al menos 5 segundos antes de poder saltearlo (que, juro, son una eternidad) a Mauricio Macri visitando a no sé qué vecino o a Urtubey contándome no sé que cosa de Entre Ríos. O a los candidatos mendocinos hablándome de vaya uno a saber qué cosa. ¡¡Yo sólo quería escuchar Kashmir, de Led Zeppelin, o ver los goles del Galatasaray – Besiktas!!. Ah, y como si fuese poco, en mi mail personal debo eliminar tres o cuatro correos diarios con la plataforma de éste, las propuestas de aquel o las chicanas entre ambos.

No sé si el 146 (el BENDITO registro No Llame, ¡alabado seas!) incluye la propaganda política, pero yo ya me inscribí. Sé también que con Google Chrome puedo bajar un programa para que no haya más anuncios en los videos de Youtube (ni de políticos ni de perfumes -¿quién compra un perfume por un aviso de 30 segundos con música fuerte, un hombre seduciendo a una mujer y luces de colores?-).

Pero estoy convencido de que en plena era de las telecomunicaciones estamos en plena era del spam político también. Y sé que este tipo de invasiones (en una mínima medida, tal vez) pueden ayudar a que decida mi voto. Encima vivo en Ciudad, puedo llegar a votar siete veces este año y en cada una de ellas, estando en el cuarto oscuro, me voy a acordar de las siestas y videos arruinados por esos nombres que me miran desde las boletas.

¿Quiénes creen que son para interrumpir esos momentos sagrados en mí?. ¿El Pipi Romagnoli, Matías Alassia?. Por cierto, muchachos (y si es que leen esto): para ustedes estoy cuando sea, da la hora que sea.

(Publicada en Diario Los Andes el 19 de enero de 2015 http://www.losandes.com.ar/article/spam-politico )