Santa María, madre del rock…

Antes de empezar a escribir mucho -y no decir nada -, me siento obligado a hacer una confesión: las sierras de Córdoba son mi lugar en el mundo. A mí no me vengan con históricas ciudades europeas o metrópolis de imponentes edificios.

Yo a las sierras cordobesas, ésas en las que pasé 15 vacaciones de invierno junto a mi familia y donde el propio Luca Prodan encontró refugio la primera vez que gambeteó a la parca, no las cambio por nada.

Entre tantas ciudades -o pueblitos, ya que la mayoría no llegan al status de lo que comúnmente conocemos como ciudad-, está Santa María de Punilla.
La primera vez que fui a esa ciudad fue con mis viejos y mis hermanos, en el “noventa y algo”.

Volvíamos de pasar el día en la Ciudad de Córdoba con dirección a Huerta Grande (donde vivíamos durante las vacaciones) y a mis padres -que estudiaron medicina en esa provincia- se les ocurrió pasar por el histórico Hospital de Santa María (conocido comúnmente como “el hospital de tuberculosos”, ya que allí se trata a aquellos pacientes con esta enfermedad).

Recuerdo que mi viejo encaró por ese camino lleno de árboles, en medio de las sierras, y al llegar a la entrada del lugar, un encargado de seguridad nos dijo que no podíamos seguir.

Más de dos décadas después decidí volver al pueblito. Fue el sábado 14 de febrero pasado para el primer día del Cosquín Rock, que de “Cosquín” mantiene sólo el nombre, ya que hace varias ediciones se fue de esa ciudad -Cosquín sí entra en el rótulo de ciudad- y se mudó al aeródromo de Santa María.

Apenas pisé la ruta 38 (que también hace las veces de una de las dos calles más importantes del lugar), y mientras me abría paso entre remeras del Indio, La Renga, Almafuerte y CJS tuve un déjà vu. Tenía clarísimo que yo ya había estado ahí.

Lo mismo me pasó cuando fui a dar, siguiendo la fila de quienes esperaban entrar al aeródromo, a la “segunda calle más importante” de Santa María. No es una gran avenida repleta de marquesinas.

De hecho, es apenas una calle de tierra con almacenes y casas. Claro que durante los cuatro días que duró el Cosquín Rock, en todas las casas de familia del lugar se ofreció comida (hamburguesas, empanadas, choris o panchos), bebida (fernet, vino, soda y la especialidad de la casa: Pritty con vino tinto) o hielo.

Siempre a precios más económicos que esos que uno encontraba en los stands “oficiales”, donde -al parecer- los precios se acomodaban de acuerdo al valor del dólar.

Del show en sí no voy a decir mucho, ya que de seguro hay mil periodistas especializados para hacerlo (”¡¿Qué hace una banda como Babasónicos en un espectáculo como el Cosquín Rock?!. Perdón, me traicionó en subconsciente).

Sólo voy a aclarar que el segundo déjà vu que me invadió esa tarde fue estando en el medio del aeródromo, cuando miré para las sierras y vi dos casas blancas, una al lado de la otra y envueltas en árboles. “¿Ése no es el hospital de los tuberculosos?”, pensé. Y me acordé del viaje de allá, por el “noventa y algo”.

El final de la noche merece un párrafo especial porque el temporal de ese fin de semana en las sierras empezó esa misma madrugada y los más de 1.000 metros que separaban el aeródromo de “la segunda calle más importante” de Santa María transcurrieron entre la tormenta y las patinadas en el barro.

Pasando el control de la entrada, los puestitos de comida no oficiales volvieron a ser parte del paisaje, con precios más razonables. En un quincho del lugar, una banda se esforzaba por “homenajear” a Massacre y al Gordo Walas.

Ya en la calle de tierra (que a esa altura era de barro), los mismos locales y casas particulares seguían proveyendo a los asistentes de comida, bebida y hasta un techo. En cada uno de ellos la música era el combustible que mantenía encendidos a quienes estaban (estábamos) ahí.

En uno sonaban Los Redondos, en otro La Renga, un poco más lejos El Soldado, mientras un grupo de pibes y pibas bailaba “Prohibido”, de CJS, ya llegando a la ruta 38 y sin preocuparse por la lluvia que los duchaba. Eran recién las 4.30 am.

“Santa María, madre del rock… Ruega por nosotros, rockeadores…”.

(Publicada el 25 de febrero de 2015 en diario Los Andes http://www.losandes.com.ar/article/santa-maria-madre-del-rock-835138 )

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