Improvisar no es ser improvisado

A mediados del 2010 conocí a uno de esos tipos que, quizás sin saberlo en ese momento, terminarían por marcar mi vida. Y cambiarla, obviamente -y por suerte- para bien.

Ese tipo a quien me refiero prácticamente como una personificación del mesías (que no es el mismo que el Messías, valga la aclaración) es tan humano como yo, tan pelado como yo (con más años de experiencia), aunque más barbudo que yo. Ese tipo es Esteban Agnello, a quien todos conocemos como “El Pelado” o “Pela”, así a secas.

Fue por un taller de teatro y expresión corporal organizado por el diario donde él era el profesor, que se repitió al año siguiente y luego se esfumó. Pero del Pela aprendí un montón de cosas: a perder la vergüenza, a expresarme mejor (porque todavía no lo hago bien, reconozco) en público, a confiar un poco más en mí y en mis habilidades y a comunicar con mi cara y el cuerpo.

Después seguí en otros talleres y grupos comandados por él, con presentaciones en público incluidas (¡Yo, que apenas podía hilvanar dos palabras seguidas me veía de repente “actuando” delante de mucha gente!). Y de hecho, actualmente soy parte de la Liga Mendocina de Improvisación, proyecto al que llegué de la mano del Pela y del que soy parte hace tres años.

Sin embargo, las enseñanzas de las que hablo trascienden lo meramente artístico o profesional. Para pruebas me remito a la frase con que titulé esta columna y que -casi con seguridad- tampoco es de autoría de Agnello. Pero a él se la escuché por primera vez, por lo que me voy a tomar el atrevimiento de adjudicársela.

“Improvisar no es ser improvisado”. En el género teatral de la improvisación, la explicación es más que simple. Es que si bien se trata de un estilo en el que las escenas no tienen un guión predefinido -y por eso hay que improvisar la puesta a partir de una palabra o una situación enunciada por el público en ese momento-, se puede aplicar a cualquier situación de la vida cotidiana.

Sin ánimo de caer en lugares “bucayescos” o “coelhistas” -que son peores y causan más daño que los lugares comunes-, a diario enfrentamos situaciones que no estaban en nuestros planes y que debemos resolver o -al menos- salir parados.

Le pasa al periodista, al doctor, al albañil y hasta al propio gobernador, solo por mencionar algunas profesiones y sin ningún tipo de encono en particular. Y la clave es saber reaccionar sin guión, tener cintura (como le dicen).

Para ello es clave la experiencia, la velocidad y agilidad mental y los reflejos. No son habilidades con las que se nacen, sino justamente en las que vamos mejorando mientras las vamos atravesando. Dicho sea de paso, ningún episodio se repite, por más parecidos que sean entre sí. Es la falsa ilusión del Déjà vu que no es más que eso: una ilusión.

Por mi parte, hace tiempo dejé de asociar la frase: “Algo vamos a improvisar” como sinónimo de zafar, de salir del paso. Y esas son las cosas -entre otras- que le debo al Pela.

También le debo haber conocido a la Meri, a la Laura y al Flavio, pero eso es tema de otra columna. Si es que alguna vez decido hablar de los Impower Rangers.

(Publicado en Diario Los Andes el 22 de mayo de 2015 http://losandes.com.ar/article/improvisar-no-es-ser-improvisado )