El fútbol en los tiempos de Twitter

¡Último momento! (música de Crónica, placa roja y voz de catástrofe). Las redes sociales están matando al fútbol (más música de Crónica). Ampliaremos.

No hay una oficina fiscal ni un juzgado para denunciarlo, por eso elijo hacerlo por este medio ante un oficial de justicia invisible. ¿Cómo que no me entiende, señor oficial? Intentaré explayarme un poco más.

Cuando digo “matando al fútbol”, no me refiero a éste como deporte, sino más bien como pasión y a todo lo que lo rodea. Y aunque haya elegido estigmatizar a Twitter con el título de esta columna quiero que conste en actas que la acusación involucra a todas las redes sociales. Ojo, se lo estoy diciendo yo, que me abrí cuenta de Twitter cumpliendo una especie de promesa 2.0 después de que San Lorenzo zafara del descenso en 2012 (pensar que hay gente que promete ir de rodillas a la Difunta Correa o dejar de fumar, me da vergüenza llamarle promesa al mamarracho que hice). Pero bueno, yo tampoco estoy libre de pecado.

Volviendo a la denuncia, no tengo dudas de que las redes sociales son lo peor que le pudo haber pasado al fútbol y su pasión.
A las pruebas me remito. Hace unos días, junto a un grupo de amigos, aceptamos un desafío para jugar un partido en esas canchas de las que uno termina llevándose kilos y kilos de caucho adentro de los botines y los acumula en el living de casa. Hasta ahí, nada raro. Pero lo raro empezó después (parafraseando a Sacheri).

Resulta que el otro equipo -en su totalidad- empezó a “jugar” el partido casi una semana antes en Twitter. Gastadas por acá, deliradas por allá y promesas de una paliza (que nunca se concretó en la cancha), entre otras cosas.

Quiero dejar en claro que no me molestó ello e, incluso, hasta me pareció simpático (estoy sonriendo mientras le digo esto, discúlpeme señor oficial. Pero no puedo evitar recordar que hasta sacaron una foto a la cancha antes de que empezara el partido para tuitearla).

El tema es que el correlato de toda esa previa picante en Twitter nunca se vio en la cancha y -más allá del resultado, favorable a mi equipo de principio a fin- la sensación con la que me volví fue clarita: si el fútbol se definiera en 140 caracteres y en cantidad de seguidores (o “fologüers”), es probable que hubiésemos perdido por goleada.

Pero como el fútbol es “todo” menos eso, los que ganamos fuimos nosotros. Incluso, después del partido, los jugadores del otro equipo siguieron con su discurso en las redes. Y, a juzgar por lo que decían, llegué a pensar que en realidad habíamos perdido en la cancha. Por suerte mis amigos, cuando les pregunté, me reafirmaron lo que yo tenía entendido: habíamos ganado.

Tengo más pruebas para mi denuncia, señor oficial. Hay gente que tuitea mientras está viendo a su equipo. ¡Así como me escuchó! No conformes con ser un manojo de nervios y tensiones durante 90 minutos (más los 15 del entretiempo), tienen el tupé de hacerse tiempo para comentar, insultar y hasta “gritar” los goles… ¡por Twitter y Facebook!

No se descompense, señor oficial… Siéntese y tome un vaso de agua. ¿Cómo dice?… ¿Que los goles no se gritan por Twitter? ¡Claro que no! Por eso estoy acá.

Desde lo personal, prefiero quedarme sin voz gritando (en serio) los goles y abrazándome con mi viejo mientras vemos el partido. Y no tocar el teléfono. Imagínese a mi viejo parado al lado mío, mirándome con los brazos abiertos para abrazarme después de un gol y yo diciéndole: “Esperame que tuiteo y te abrazo”. Mi viejo pensaría -y con razón- que fracasó como padre y como futbolero.

Le juro que no son malas personas, aún gritando los goles por Twitter. Tengo muchos amigos que lo hacen, espero que sirva como atenuante.

Ah, y ya que estoy, quiero aprovechar y ampliar la denuncia como coautor del asesinato del fútbol (y su pasión) a los improductivos y banales “tradicionales afiches post partido”. Siempre andan junto a las redes en la escena del crimen.

(Pulbicado en Diario Los Andes el 14 de abril del 2015 http://www.losandes.com.ar/article/el-futbol-en-los-tiempos-de-twitter )