¿Por qué me tocó ser yo?

Podría haber sido muchas cosas. ¡Muchísimas! Y podría haber elegido también otras tantas como “debilidad”, porque más allá de esas que a uno la vida y la propia naturaleza le imponen, también están esas otras que uno elige (tal vez inconscientemente).

Podría haber sido un abogado prestigioso de esos que ya han perdido la cuenta de tantos ceros que observan en sus cuentas (obviamente, siempre hablando de ceros a la derecha) y con exóticos gustos, como por ejemplo una escapada relámpago a Miami por una semana o un “caprichito” de dos semanas en París “para cortar el año” en pleno invierno mendocino (que es el verano europeo). Y mi debilidad podría ser, tal vez, la AFIP.

Podría haber sido quizás un ciudadano griego que vive días, horas y minutos cruciales, de esos que sin dudas marcarán un antes y un después para mi país, mi rutina, mi trabajo y mi familia. Y ser consciente de que en una votación que se dirime entre un “Sí” y un “No” hay todo un país y un futuro en juego. En ese caso, mi debilidad podrían ser Alemania y la Unión Europea.

Podría también ser un niño extraterrestre que fue enviado en una cápsula espacial apenas nació para salvarse de la destrucción de su planeta (en la que también murieron sus padres), y que luego creció bajo el cuidado de dos granjeros hasta transformarse en un superhéroe -con un alter ego periodista, requisito con el que ya cuento-. Y en ese caso, mi debilidad sería un extraño mineral verde, originario del país en el que nací y que respondería al nombre de kriptonita.

Podría ser, si no, un “exitoso emprendedor” que invirtió 13.000 pesos en cremas de cuidado de piel con la promesa de recuperarlos y ganar otros 65.000 más con sólo convencer a mis amigos (y no tan amigos) para que repitan esa misma inversión y el mismo proceso.

En este caso, mis debilidades -o temores- serían las estafas que siempre envuelven a los negocios con estructuras piramidales, y los refutadores de estos mitos (porque ya pasó con suplementos dietarios e, incluso, con infusiones que prometían hacernos adelgazar).

Incluso también tendría miedo de que algún día mis amigos se enteren de que los embauqué con tal de recuperar mi inversión y ganar más plata aún con fondos que provendrían del dinero que ellos pusieron. Y que, a su vez, les hicieron poner a sus amigos y conocidos.

Podría haber sido John Lennon o Mark Chapman. También JFK o Lee Harvey Oswald.

Pero no, me tocó ser Nacho de la Rosa, un periodista de 31 años, que hace improvisación teatral y argentino. Y mi debilidad tuvo que ser, justamente, ser tan futbolero. Y haber tenido que vivir para ver la final de la Copa América 2015.

(Publicado en Diario Los Andes el 6 de julio de 2015 http://www.losandes.com.ar/article/-por-que-me-toco-ser-yo )

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