Leave me alone…

¿Qué tan malo puede ser querer disfrutar cada vez con más frecuencia de la soledad?. ¿Qué tan mal puede ser interpretado por un amigo o tu pareja que vos le digas lisa y llanamente: “Hoy tengo ganas de estar solo… Y mañana… Y tal vez pasado…”?…

Soledad

Nunca me voy a olvidar de un cuadro que estuvo colgado en un pasillo de mi casa durante muchos años. Supongo que era de mi vieja y era de la época en que ella estudiaba en Córdoba. No era un Picasso ni mucho menos, ni siquiera era una pintura. Era una foto tomada en algún lugar del mundo al momento del atardecer, con un cielo naranja de fondo y la sombra de un velero con una persona sentada en él. Y el velero estaba en medio de una laguna, donde el agua reflejaba el naranja del cielo. No se podía advertir nada más en la foto, porque justamente la idea era sólo representar las siluetas oscuras.

A la altura del agua, en color blanco, se podía leer una frase que –por lo que me contó mi mamá- daba toda la impresión de ser de autoría de Antonio Porchia. “Nunca encontré un compañero tan sociable como la soledad”. Fue ella, mi vieja, quien me presentó a Porchia y me indujo a leer algunas de sus obras. Cortitas y al pie, así eran las reflexiones de este poeta poco conocido, pero cada vez que terminaba de leer una de sus frases, levantaba la cabeza y me quedaba algunos segundos pensando, re prensando y repitiendo para mí mismo la frase, fascinado por la simpleza y la profundidad de sus palabras. Claro que después, gracias a Google, supe que la frase podía llegar a ser de Henry David Thoreau. Y digo podía, porque en cierto modo me gusta seguir pensando que es de Porchia, darle crédito a la enseñanza de mi mamá y contradecir cualquier manual, Wikipedia o cualquier página a la que me redireccione Google cuando busque en él el autor de esa frase.

No pretendo convertirme en un ermitaño ni mucho menos rendir culto a ese estilo de existencia, pero sí pretendo enfrentarme a aquellos que –quizá siguiendo el parámetro de lo políticamente correcto o de lo convencional- asocian el estar solo con el estar mal. No es lo mismo, ¡claro que no lo es!… Tengo mis amigos, dentro y fuera del trabajo. También tengo a mis padres, a mis hermanos y a toda mi familia. Y son tipos en los que, por momentos, no podría concebir mi vida ni mis actos sin su presencia (física o sentimental). Ellos lo saben, y saben lo fundamental que son para mí, y creo que sería redundante e innecesario agradecerles, dar nombres y dedicarles un discurso interminable a cada uno de ellos. No viene a la ocasión…

Eso sí, amigos, enemigos, conocidos, colegas y cualquier ser vivo que esté en condiciones de leer estas líneas: como cualquier ser humano, necesito y disfruto mucho de mis momentos y los diálogos conmigo mismo. No me parece una enfermedad ni una situación como para preocuparse de sobremanera. Entiendan: por momentos me gustaría hacer como Jean-Baptiste Grenouille y exiliarme en soledad durante siete años en una cueva perdida en medio de la montaña. Y no me gustaría que me vayan a buscar cuando esté así, volveré sólo cuando quiera. Pasando en limpio: que quiera estar solo por momentos (y que cada vez sean más esas ocasiones) no significa que me sienta mal ni que esté pidiendo ayuda.


Escribí tu comentario

Santiago Raía Scialó

No puedo encontrar este texto, así que lo copio a continuación. Es un buen anexo a lo que decís. ;)

El Propósito de la Educación – La necesidad de estar solo
de Jiddu Krishnamurti

“¿No es una cosa muy extraña que en este mundo, donde hay tanta distracción, tanto entretenimiento, casi todos sean espectadores y muy pocos sean actores? Cada vez que tenemos un poco de tiempo libre, casi todos buscamos alguna forma de diversión. Tomamos un libro serio, una novela o una revista. Si estamos en EEUU, encendemos la radio o la televisión, o nos complacemos en charlas interminables. Hay una constante exigencia de diversión, de entretenimiento, de que se nos saque fuera de nosotros mismos. Tenemos miedo de estar solos, sin compañía, sin ninguna clase de distracción.

Somos muy pocos los que caminamos alguna vez por los campos o los bosques sin charlar ni cantar canciones, sino sólo paseando en silencio, observando las cosas que hay alrededor y dentro de nosotros. Casi nunca hacemos eso porque, ya lo ven, casi todos estamos muy aburridos; nos hallamos atrapados en una monótona rutina de aprender o enseñar, en la rutina de los deberes domésticos o de un empleo, y entonces, cuando disponemos de tiempo libre, queremos divertirnos, ya sea con ligereza o seriamente. Leemos o vamos al cine – o nos volvemos hacia alguna religión, que es la misma cosa. La religión también se ha convertido en una forma de distracción, una especie de escape serio para evitar el aburrimiento, la rutina.

No sé si han advertido todo esto. La mayoría de la gente está constantemente ocupada con algo – con el puja, con la repetición de ciertas palabras, con las preocupaciones acerca de esto o lo otro porque casi todos tienen miedo de estar a solas consigo mismos. Traten ustedes de estar solos, sin ninguna forma de distracción, y verán lo rápidamente que desean escapar de sí mismos y olvidarse de lo que son. Es por eso que esta enorme estructura del entretenimiento profesional, de la distracción automatizada, constituye una parte tan prominente de lo que llamamos civilización. Si lo observan, verán cómo en todo el mundo la gente se está volviendo cada vez más hacia las distracciones, cada vez más sofisticada y mundana. La multiplicación de los placeres, los innumerables libros que se publican, las páginas de los diarios llenas de eventos deportivos, todo esto ciertamente indica nuestra constante necesidad de distraernos. Debido a que internamente nos sentimos vacíos, a que somos torpes, mediocres, usamos nuestras relaciones y nuestras reformas sociales como medio para escapar de nosotros mismos.

No sé si se han dado cuenta de lo solitarios que somos casi todos nosotros. Y para escapar de esa soledad corremos a los templos, a las iglesias o a las mezquitas, nos vestimos de etiqueta y asistimos a las funciones sociales, miramos la televisión, escuchamos la radio, leemos, etcétera.

¿Saben ustedes qué significa la soledad (Soledad ~ loneliness. En inglés existen dos palabras diferentes para la palabra española soledad. Son ellas, “loneliness” y “aloneness”. La primera, es la dolorosa soledad del solitario, del que se siente separado, aislado de todo, y necesita escapar de sí mismo; la segunda, es la soledad madura, inteligente, de un ser humano que, en lo interno, no depende de nadie ni de nada para ser y que, por tanto, no necesita escapes de ninguna clase. Una es la soledad esclava; la otra, la soledad libre (esclava y libre en relación con el “yo”)), el sentirse solitarios?

Puede que a algunos de ustedes no les sea familiar esa palabra, pero el sentimiento lo conocen muy bien. Traten de salir a pasear solos, o de permanecer sin un libro, sin nadie con quien hablar, y verán qué rápidamente se aburren. Ese sentimiento lo conocen bastante bien, pero no saben por qué se aburren, jamás lo han investigado. Si investigan un poco el aburrimiento, encontrarán que la causa de éste es la soledad, la sensación de aislamiento. Es para escapar de la soledad que deseamos estar juntos, entretenernos, tener distracciones de todas clases: gurús, ceremonias religiosas, plegarias, o las novelas más recientes. Siendo internamente solitarios, nos convertimos en meros espectadores de la vida; y podremos ser actores sólo si, al comprender la soledad, la superamos y proseguimos más allá.

Después de todo, la mayoría se casa y busca otras relaciones sociales porque son pocos los que saben vivir solos. No es que uno tenga que vivir solo; pero si se casa porque desea que lo amen, o si está aburrido y usa su ocupación como un medio de olvidarse de sí mismo, encontrará que su vida no es otra cosa que una interminable búsqueda de distracciones. Muy pocos van más allá de este extraordinario miedo a la soledad; pero uno tiene que ir más allá, porque más allá está el verdadero tesoro.

¿Saben?, hay una diferencia inmensa entre la soledad del aislamiento (loneliness) y la soledad del hombre libre (aloneness). Algunos de los estudiantes más jóvenes puede que todavía no conozcan la primera de las dos soledades, pero las personas mayores la conocen bien: el sentimiento de estar completamente aislados, de sentir súbitamente temor sin causa aparente alguna. La mente conoce este temor que surge cuando por un momento se da cuenta de que no puede contar con nada, de que ninguna distracción puede librarla de esta sensación de vacuidad que la encierra en sí misma. Esa es una de las soledades. Pero la otra soledad es algo por completo diferente; es un estado de libertad que adviene cuando uno se ha abierto paso por el aislamiento y lo ha comprendido. En este otro estado de soledad uno no depende psicológicamente de nadie porque ya no está buscando placer, consuelo, gratificación. Es entonces que la mente está por completo sola, y ésa es la única mente en verdad creativa.

Todo esto forma parte de la educación: aprender a enfrentarse al dolor de la soledad – ese extraordinario sentimiento de vacuidad que todos conocemos y a no temerle cuando aparece; no encender la radio ni perderse en el trabajo ni correr al cine, sino mirar ese dolor, investigarlo, comprenderlo. No hay un ser humano que no haya sentido o no vaya a sentir esa estremecedora ansiedad. Es porque intentamos escapar de ella mediante todas las formas de distracción y gratificación – a través del sexo, de Dios, del trabajo, de la bebida, escribiendo poemas o repitiendo ciertas palabras que hemos aprendido de memoria – que nunca comprendemos esa ansiedad cuando nos ataca por sorpresa.

De modo que, cuando el dolor de la soledad los ataque afróntenlo, mírenlo sin intención alguna de escapar. Si escapan de él, jamás lo comprenderán, y el dolor estará siempre ahí, aguardándolos a la vuelta de la esquina. Mientras que si pueden comprender esta dolorosa soledad e ir más allá de ella, descubrirán que no hay necesidad alguna de escapar, ni existe el impulso de gratificarse o entretenerse, porque entonces la mente de ustedes conocerá una riqueza que es incorruptible y que no puede ser destruida.
Todo esto forma parte de la educación. Si en la escuela solamente estudian materias para aprobar exámenes, entonces el aprender mismo se vuelve un medio para escapar de la soledad. Reflexionen un poco sobre esto y lo verán. Considérenlo con sus educadores y pronto descubrirán qué solos se sienten ellos, qué solos se sienten ustedes. Pero aquellos que están internamente solos, cuyas mentes y cuyos corazones se hallan libres del dolor de la soledad, ellos son verdaderos seres humanos, porque pueden descubrir por sí mismos qué es la realidad, pueden recibir aquello que es eterno.”

alarota
25 Agosto 2011, 11:57 pm, Reportar este Comentario alarota dijo

ya ni me gasto en explicarlo.
adoro mi soledad.
y?

m.
20 Septiembre 2011, 8:20 pm, Reportar este Comentario m. dijo

que raro usted no respondiendo mails
ah, mi vieja direccion no va mas
te mande desde una direccion de yahoo
hace un rato ya, je
bueno, en fin
que andes bien
abrazo :)

Escríbi tu comentario

Si preferís firmar con tu avatarIniciá sesión

Los comentarios en este blog pueden estar moderados.

En ese caso, el autor del blog tendrá que aprobarlos antes de que sean visibles para la comunidad


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog