En el Planeta Nacho…

En el Planeta Nacho un animal que tiene cabeza de perro, ojos de perro, hocico de perro, patas de perro, cola de perro y ladra como perro… Probablemente sea un hipopótamo…

¡Qué lindo es el Planeta Nacho!. ¡Qué lástima que esté a tantos años luz del Planeta Tierra!

Principito

La hoja en blanco

Nuevamente, después de varios meses, me encuentro cara a cara con una hoja en blanco. Con los sentimientos más que aclarados, pero sin definir aún cómo plasmarlos. Solamente estamos los dos, la hoja en blanco y yo, y me invade una incontenible necesidad de escribir, de escribirlos, de describirlos… De la forma  que sea, o como se dé, pero compartirlos con esta hoja.

No me aterra enfrentarme a hojas en blanco, de hecho lo hago a diario y sin sobresaltos. Claro que no es lo mismo cuando el objetivo es rellenarlas con palabras y textos banales sobre la noticia del día o una entrevista a alguien que ha hecho –o alguien considera caprichosamente que esa persona ha hecho- algo productivo y relevante por la vida. O es amigo de algún fulano de doble apellido.

No, no es lo mismo. Pareciera que siempre es más fácil entrevistar a otro que entrevistarse a uno mismo. No nos tiembla tanto la voz ni nos tiritan tanto las manos a la hora de escribir cuando le preguntamos a otro “¿Cómo estás?, ¿Cómo te sentís?” en comparación con cuando nos lo preguntamos a nosotros mismos. Y claro, pensándolo bien, es preferible ser un mero oyente pasivo de los problemas, planteos y dudas existenciales de otra persona en lugar de asumir e intentar ahondar en los propios.

No sé si es el desvelo (en este momento son las 3:30 de la madrugada del sábado 14 de mayo del 2011) o el haber sobrevivido prácticamente ileso e intacto al inefable viernes 13 y su mala prensa. Pero lo cierto es que siento desde hace días una imperiosa necesidad de escribir sobre mí mismo, de analizarme y nadie me conoce mejor que esta hoja en blanco, que en la medida que van pasando los segundos y voy escribiendo en ella va teniendo menos de blanco, pero más de mí.

Me gusta escribir, en general, y escribir sobre mí mismo en particular. Me ayuda a confirmar algo que parece una obviedad decirlo, pero no es tan simple: nadie me conoce mejor que yo mismo. Bah, yo y esta “ex hoja en blanco”. Y en unos pocos segundos de catarsis me doy cuenta de que estoy bien, estoy relajado, estoy en un estado especial, particular. Me gusta tornarme introvertido por momentos, como por ejemplo éste, elegir la introspección para pasar el tiempo y firmar la paz conmigo mismo.

No es muy extenso el momento, apenas dura algunos minutos, no más de 20, supongo… Media hora, como mucho. Los suficientes como para poder completar esta hoja antes de que me invada el sueño que, muy a pesar de la hora que es, parece no estar ni cerca de mi habitación. Igual, no lo subestimo, sé cómo es y sé que ni bien se le ocurra llegar e instalarse acá, no hay manera de hacerle frente y terminará por imponerse en una fracción de segundo.

Pero mientras tanto escribo, me sigo descubriendo (me conozco hace casi 27 años y nunca dejo de encontrarme cosas nuevas, en su mayoría me agradan o puedo convivir con ellas) y continúo recorriéndome por dentro. Voy alternando entre la música y el silencio. Suenan The Beatles, Harrison con su “Here comes the sun” y su “Something”, y caigo en la cuenta de que esos temas me agradan mucho más desde hace un tiempo. Y de nuevo el silencio… Y más Beatles. Aprovecho mientras canto en la soledad de mi habitación, recostado sobre la cama, con la espalda apoyada a la pared mientras escribo esto, para seguir viajando por mi interior.

Mezclo Beatles con Los Rodríguez. “Palabras más, palabras menos”. Me tomo un descanso entre tanto análisis introspectivo que me estoy haciendo para decirme (obviamente a mí mismo también) que es uno de los mejores discos en español que he escuchado. Y sé que no he escuchado muchos, pero con los pocos que tengo en mi memoria auditiva me alcanza para confirmar esa afirmación.

“No te fíes si te juro que imposible…”. Sabiendo que podía pasar, pero sin haberlo premeditado, se me escapa una sonrisa con ese tema… O la dejo escapar, eso no lo sabré nunca. A la selección musical le agrego alguno que otro videíto que veo por Youtube para que se me escapen más sonrisas como la primera… Y simplemente fluyen. U2 también toma su protagonismo en esta selección musical que, tranquilamente, podría bautizar como: “Música para conocerse a sí mismo”.

Vuelvo a mirar el celular y ya son como las 4:30. Encima hace unos minutos escuché que se entreabría la puerta de mi pieza, no mucho, apenas unos centímetros. No me preocupé, no creo en fantasmas ni en ese tipo de cosas. Además, lo reconozco por lo sigiloso que es para invadir mi espacio: es el sueño.

Y no tengo ganas de empezar una discusión, una disputa que puede llegar a ser tan larga como improductiva, porque a la larga termina venciendo él. Entonces me acomodo, guardo este archivo, cierro la Notebook, abro la cama y dejo que él sueño haga el resto del trabajo.

Así es, amiga hoja en blanco –o ex hoja en blanco- durante casi una hora fuiste testigo de mi catarsis, de mi expedición introspectiva. Como una hoja de ruta, como un diario de viaje todo lo que pasó en esa hora queda con vos.

El resto queda para el sueño, que ya empieza a ponerle cada vez más peso a mis párpados. Probablemente en otra ocasión comience a llenar otra hoja en blanco con más sentimientos. Pero lo que resta del hoy, de este momento, quedará en mí.

Casi no puedo mantener los ojos abiertos… Una vez más venció el sueño.


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