Volveremos… ¿Volveremos?…
Decir que España fue el mejor de Sudáfrica 2010 no es descubrir nada, es hasta una perogrullada. Incluso, lo que no siempre se da en las Copas del Mundo, la Roja fue un merecido campeón, yendo de menor a menor y teniendo un solo traspié en su ruta mundialista. Además de entrar en la elite de campeones del mundo, España también marcó un nuevo rédord: es la primer selección en consagrarse ante el mundo entero tras perder en el debut (0 – 1 con Suiza).
Ahora, dejando un poco de lados subjetividades, el pulpo Paul, las vuvuzelas, el “a por ellos” y el hartante “soy español, soy español, soy español”, y habiéndome basado en el leitmotiv de todas las charlas de fútbol en las que he participado con mucho dolor desde la eliminación de la Selección argentina, me tomé el atrevimiento de hacer un análisis simple y básico. Se trata de una comparación entre dos selecciones: la argentina, con la eterna chapa de candidato que todavía no podemos confirmar y con la que por segundo mundial consecutivo nos volvemos en Cuartos, y la española, en marcado ascenso desde hace más de dos años y que hoy por hoy, no sólo parece sino que es imbatible.
No se trata de un análisis de juego en sí, ni de los directores técnicos y ni siquiera de cotizaciones del plantel. Es algo meramente lógico y estadístico, aunque soy de los que consideran que poco tienen que ver estos dos conceptos con el fútbol. Pero en el fútbol hay muchas más causalidades que casualidades.
Empezaré con un detalle obvio y hasta estúpido, pero que es la punta del ovillo que me guiará por esta especie de laberinto del Minotauro: Argentina y España, al igual que las otras 30 selecciones que participaron de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010, incluyeron 23 jugadores en sus listas.
El detalle de la lista de Argentina

Más allá de los fichajes, ascensos y modificaciones que se realizaron durante la Copa del Mundo o las semanas previas, lo cierto es que los 23 seleccionados albicelestes llegaron a la Copa del Mundo distribuidos de la siguiente manera: 6 jugando en Italia, otros 6 en Argentina, 3 en España, 3 en la Premier League inglesa, 1 en Holanda, 1 en Alemania, 1 en Francia, 1 en la Segunda División de Inglaterra y 1 en Portugal.
Sin dudas, una ensalada mixta que amerita ser analizada ingrediente por ingrediente, condimento por condimento. Por ejemplo, a lo largo de toda la Copa del Mundo en ninguna de las tres líneas -entiéndase defensa, mediocampo y delantera- Argentina tuvo ni siquiera dos jugadores que hayan sido compañeros de equipo durante todo el año en los torneos domésticos. Incluso, entre los titulares -independientemente de la posición- tampoco existió un par que se haya aceitado jugando juntos en copas o campeonatos. La única excepción es la de Clemente Rodríguez y Juan Sebastián Verón, los dos jugadores de Estudiantes de la Plata y que compartieron cancha en el último partido de primera ronda, contra Grecia. Y nada más.
Yendo un poco más allá, hay jugadores que ni siquiera compartieron ligas con quienes fueron sus compañeros de la selección, como es el caso de Romero (AZ de Holanda), Demichelis (Bayer Munich de Alemania), Heinze (Olympique Marseille, de Francia), Di María (Benfica de Portugal) y Jonás Gutiérrez (Newcastle, que consiguó el ascenso en la Segunda División Inglesa). Es decir, jugadores que apenas se veían las caras personalmente durante las eliminatorias o en alguno que otro amistoso.
La diseminación en porcentajes: el 26 por ciento de la Selección jugó en Italia, otro 26 en Argentina, 13 por ciento en España, otro 13 en Inglaterra y el 20 por ciento restante dividido entre Alemania, Holanda, Francia, Portugal y en la segunda división inglesa, donde hubo un jugador argentino de selección por cada torneo.
Ahora pasemos al otro extremo, el que se quedó con toda la gloria: España. La misma Furia Roja que hace dos años se quedó con la Euro y que llegó a Sudáfrica con un ego que volaba aún más alto que el avión en que viajaron y que no causó mucha simpatía (aunque si de ego hablamos, no tenemos nada que envidiar).
España en detalle
Acá la operación es más simple: de los 23 jugadores, 20 llevan años -algunos toda su trayectoria- jugando en España, lo que equivale al 87 por ciento, mientras que los 3 restantes juegan en Inglaterra. Pero eso no es todo, de los 11 ‘titulares’ -por decirlo de algún modo-, todos llevan años jugando la Liga de Fútbol Profesional española. Reina, Fabregas y Torres -los tres ‘ingleses’- no estaban en la partida titular, al menos de entrada.
Ya hay una gran diferencia con el plantel argentino, si nos referimos al tiempo que juegan y entrenan juntos durante todo un año, durante los cuatro años anteriores al mundial.
Vamos por más: de los 20 españoles que juegan en su país, 7 lo hacen en el Barcelona, 5 en el Real Madrid y 4 en el Valencia (contando al goleador Villa como de este equipo, aunque fue transferido al Barcelona durante el receso). O sea, decir que se conocen en la cancha es poco, ya que llevan varios años jugando juntos.
Sigo analizando -y espero que no sea aburriendo-. Por líneas: el arquero, un consagrado Iker Casillas del Real Madrid, uno de los protagonistas principales en la obtención y premiado por ser el mejor arquero del campeonato. Durante todo el año ha compartido escuadra con Sergio Ramos, otro de los consagrados en la defensa española, situación que ya marca una gran diferencia con el equipo argentino: Romero no tuvo ningún compañero argentino en la liga holandesa para cumplir con la difícil tarea de mantener el arco en cero.
Puyol y Piqué también compartieron equipo durante todo el año, jugando juntos hasta tres torneos a la vez y siendo piezas fundamentales para el Barcelona en la obtención del campeonato de liga.
En el medio, la combinación de Iniesta y Xavi Hernández que no fue más que la traducción de la magia del Barcelona, pero usando esta vez una camiseta totalmente roja -o azul, en el caso de la final- y combinando a la perfección con otro viejo conocido del equipo Catalán, Pedro. Y para el broche de oro, el goleador oportunista que todo campeón necesita y que aparece en las difíciles, aunque no sea compañero durante el resto del año de los creadores, los cerebritos: David Villa. Un dato nada menor es que el Guaje compartió equipo en el Valencia durante todo el año con Marchena y Silva, otros dos puestos fijos en la Roja.
Todo esto sin mencionar que es la misma selección -o la base- de la que hace dos años conquistó Europa al quedarse con la Euro y que no ha hecho más que madurar en esos 730 días.
Para ir cerrando, y que esto no sea solo una catarata de elogios a la selección española y una de críticas incoherentes a la albiceleste, como bien sostuvo JP Varsky hace unos días -y que me motivó a escribir esto-, el principal problema es la crisis en el fútbol local. Con jugadores y representantes que tienen olfato sólo para los dólares -o euros- y que prefieren entregar a esa joven promesa de 17 – 18 años al fútbol noruego o ruso por un puñado de dólares antes de que se afiance en Argentina, o con padres que abusan de la ‘patria potestad’ (palabras que son un insulto en el fútbol argentino) para llevarse a su hijo lo antes posible del otro lado del charco. Con dirigentes que ven como sus jugadores, a lo sumo, son convocados para esos partidos que hay que jugarlos ‘por compromiso’, mientras que ellos mismos -los futbolistas- saben que es una utopía que puedan usar esa misma camiseta en un mundial. Así, siempre la Selección argentina tendrá a 2 delanteros jugando en España, a uno en Italia, a un mediocampista en Inglaterra, a otro en Rusia, a un defensor triunfando en Portugal y un arquero con la valla invicta en Bélgica. Pero que, entre ellos, se verán la cara durante una semana cada dos meses y, el resto del año sabrán el uno del otro por los suplementos deportivos de los diarios, internet y los resúmenes deportivos. Eso sí, a quien se le puede reprochar algo si después de todo, es su trabajo y -como todos- cobran por él, ¿no?
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