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¿Qué va a pasar?

 

Un día estábamos en clase de Geografía. El tema era los ríos y sus cuencas. Como siempre, una cosa trajo a la otra. Y la otra trajo el planteo que nos hizo la profesora: “El agua dulce se está agotando, los mares avanzarán sobre el continente. Piensen”, nos dijo, “que pasaría si el mundo se quedara sin agua.”

Acto seguido, se produjo un silencio sepulcral, nadie podía imaginar un mundo sin agua potable. Nuestro país estaba colmado de ríos, era algo inimaginable. Entonces, alguien pronunció la respuesta preclara, que la humanidad estaba esperando desde hacía centurias.

Algún iluminado dijo: “Cuando no haya agua… ¡tomaremos soda!”. En ese momento, nos pareció de lo más ingenioso y sobre todo gracioso. Claro, eso generalmente sucede cuando uno es chico, inconsciente y está en la edad del pavo.

En algunos países y continentes el agua es un bien preciado porque es escaso, muy escaso. Los desiertos avanzan a pasos agigantados sobre regiones que antes eran fértiles. Por aquellos lares, no utilizan el agua como lo hacemos nosotros. Para nada.

La misma cantidad de agua que nosotros utilizamos en un día es, quizás el consumo que ellos tienen para una o varias semanas. No debe ser fácil vivir con el agua racionada, cuidándola como si fuera oro.

¿Qué pensaría esa gente si supieran que a los gobernantes de nuestro país le importa más el oro que envenenar el agua?. ¿O que les importa más que pasen los camiones con explosivos que la seguridad de la gente que los puso en su puesto?

El viernes estaba mirando lo que pasaba en Tinogasta. Sentí tantas cosas. Sentí impotencia, dolor, y sobre todo vergüenza propia y ajena. Se me hizo un nudo en la garganta y en el corazón al ver a la policía reprimir a los manifestantes con balas de goma, gases, golpes y perros.

Todo valía, nada era mucho para reprimir a los manifestantes como si fueran delincuentes. Parece que todo es poco para defender los intereses de las mineras, sólo es su voz la que vale, y la que cuenta.

Entre los manifestantes había una chica con su hijito de la mano y otro bebé en su panza. La habían golpeado y mucho. Ella estaba llorando y su hijito la consolaba. Lo curioso es que a pesar de que estaba muy golpeada, no lloraba por sus golpes, tal como dijo ella: lloraba por impotencia. Por que nadie los escucha, porque están solos.

Me impactó la mirada del nene hacia la policía, que le había pegado a su mamá y a sus vecinos. El los miraba en silencio, con sorpresa, y estupor. No entendía muy bien que era lo que estaba pasando.

Yo me pregunto, ¿cómo explicarle a ese chiquito que la policía que debería proteger a los ciudadanos, es la que los está reprimiendo sólo por defender pacíficamente sus derechos y los de todos nosotros?

Les soy sincera, yo no podría hacerlo, se me caería la cara en mil pedazos. Tal vez alguna autoridad podría hacerlo… ¿No?

Mi solidaridad infinita con la gente del Famatina. Se puede vivir sin oro pero NO SIN AGUA.

Besooo.

PD: Después que se fuera la policía, los manifestantes volvieron a cortar la ruta en Tinogasta.

Mi Kriptonita

Me sume, me consume, me atrapa y lo repelo. Me invade y lo evado, pero el sólo verlo me debilita. Su estrategia es simple: él sólo se presenta delante de mí. Eso me paraliza, me distrae y con ello neutraliza mi defensa a su ofensa.

Profundo, pasión, furioso bermellón, chillón, claro, oscuro, señal, sangre o punzó. Son distintos los tonos, variantes, componentes, escalas y valores. Aunque genera en mí una misma sensación, un mismo sentimiento, un mismo rechazo y disgusto.

Al igual que Superman, yo tengo algo que me estigmatiza, me saca fuerzas, consume mis energías como si mis pilas estuvieran en corto y me debilita. A diferencia de él, lo que produce este efecto en mí no es un mineral, y mucho menos verde. Es un croma y es el rojo.

No sé por que, pero es un color que detesto. Es un color que si es usado en mi derredor me debilita, me pone colorada, consume mis energías y me exaspera. Es un color que no elijo, que no me simpatiza ni me atrae. El rojo me da mala espina, para mí es de mal augurio.

Esto no es algo casual, sino causal. Varias cosas sirven de apoyatura a mi teoría de que el rojo no es una buena señal. Por ejemplo, en las películas, libros de cuentos que tienen personajes de madrastras malvadas, series, y novelas de bajo presupuesto, el villano siempre está vestido de negro. Pero ¿de qué color esta vestida la villana o bien tiene algún detalle que la distingue?.

Por supuesto, de rojo. Siempre de rojo. Y si no tiene algún detalle sobresaliente. como unas uñas interminables pintadas de rojo, o tiene su boca prolija e intensamente coloreada de rojo, o su pelo es de un rojo imposible, o lleva unos zapatos con un taco de veinte centímetros de con un rojo que te deja sin humor vítreo.

Hay que tener algo muy claro, y en esto hay que ser muy específico y preciso por que puede dar lugar a confusión. Un detalle no invalida al otro, a veces la mala en cuestión cuenta con varios detalles. Aunque, depende, claro está, del grado de maldad que se quiera significar.

La regla de oro es que siempre en estos casos hay algo rojo que anuncia a voz en cuello que esa va a ser la piedra del escándalo. La que no se trae nada bueno bajo el poncho, la que va a sembrar la discordia en la parejita y va a tratar de quedarse con el marido de la sufrida protagonista. El rojo es el color que unifica y embandera bajo sus filas a los non sanctus de las ficciones. Es así, va de suyo, todo el mundo lo sabe.

Tal vez esta cuasi cromatofobia sea todo obra y cuestión de mi marulo que no esta del todo en equilibrio, y hace imputaciones o asociaciones libres que nada tienen que ver con nada. Tal vez esta extraña aversión al color rojo que tanto me altera se deba a un hecho traumático ocurrido en mi niñez o adolescencia.

Quizás me traiga recuerdos de los múltiples porrazos que me dí, tratando de aprender a andar en mi bicicleta Aurorita, que casualmente era roja. O quizás se deba al hecho de haber tenido tanto y tanto feriado en matemática en mi boletín (léase aplazos).

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana :-D

Venezaires

Hoy pensaba tomarme un jueves sabático. Ayer mi atención estaba dispersa, no lograba captar mi interés con nada. Estaba allí sentada frente al monitor, mirando fijamente la poco inspiradora página en blanco. Veía el cursor inmóvil, titilando.

Sentía que él me decía, en cada parpadeo “No importa, si no se te ocurre nada, dejá. Dejame acá, yo sigo haciendo lo mío, titilar”. Hasta que por esas cosas, dirigí mi mirada hacia la ventana, como tratando de ignorar el permiso que me daba el cursor, y ví la terrible transformación que se estaba produciendo.

Ví como una maravillosa y soleada tarde de verano se convertía en el presagio de una desastrosa tormenta. El cielo se fue tornando de un celeste cielo a un verde extraño, para convertirse después en un negro casi profundo.

Luego ese silencio ensordecedor que se oye cuando el cielo se torna denso, pesado. Y se sitúa bajo, bajísimo, tanto que casi puede tocarse apenas estirando el brazo. Después de ese instante se produce la tormenta, ruidosa, orgullosa, provocativa, furiosa, destructiva, pomposa y violenta. Y cuando ella comenzó a mermar, entramos en cadena.

Ella habló a destiempo, la retrasó la tormenta, como dijo de manera enfática. Aunque sólo la retrasó, permitiéndole transmitir todo ese cúmulo de datos numéricos, estadísticos, y porcentajes. Soy absolutamente sincera, al segundo porcentaje y tercera cifra, mi atención pegó un portazo y se fué, dejándome sola con mi inexistente hemisferio izquierdo.

Sé que algunas cosas subieron y otras bajaron. De lo que no estoy segura es si subió lo que tenia que subir y bajó lo que tenía que bajar. Aunque claro, si estos datos emanan del INDEC, daría lo mismo.

La cuestión es que ayer llovió como nunca y se inundó como siempre. La ciudad parecía Venecia, no era del todo navegable, pero casi. Algunos autos se tornaron en una suerte de barcos a la deriva porque flotaron y chocaron entre sí a causa de la corriente. Si. hacemos todo a medias, porque para que las calles de la ciudad sean navegables, todavía nos falta infraestructura.

Lo raro es que pasan los años, pasan los gobiernos, y el problema subsiste. Si no se tapan las alcantarillas porque “tiramos basura”, se desborda el Maldonado, o bien se producen ambas cosas. Pero al menos una vez al año estamos con el agua hasta el cuello. Al menos una vez al año, literalmente hablando…

Últimamente, el ser porteño se esta tornando un Karma, en una empresa peligrosa, riesgosa, casi como vivir al filo, al límite. Una suerte de maldición se cernió sobre nosotros. No sólo nos castiga la naturaleza con sus inclementes inclemencias, sino también el Ministerio del Interior dejando nuestra seguridad a la deriva en hospitales y subtes.

Me pregunto, ¿qué habremos hecho para merecer esto?. Esta maldición que nos aqueja a los porteños ¿tendrá algo que ver con que Filmus perdió en la ciudad?. No lo sé, una vez más quedo con más incógnitas que respuestas.

Besooo.

¿Un milagro de miércoles?

Esa extraña dicotomía, esa mezcla incomprensible de época de las cavernas y generación X que tiene nuestro país. De repente te encontrás en el siglo XIV rodeado por todos sus laberínticos vericuetos e incomodidades. Y así de un plumazo, casi sin darte cuenta, el siglo XXI te toca el hombro, y se te hace presente frente a vos como por arte de magia.

Estos últimos días vi buscar y busqué la SUBE infructuosamente. Era casi tan difícil de encontrar como la aguja en un pajar, la fórmula de la felicidad, el secreto de la eterna juventud, el oro al final del arco iris, o el mismo eslabón perdido. El universo se había vuelto en contra de todos nosotros, los buscadores de la SUBE.

Los motivos por los que ella no se hacia presente eran varios y diversos. O no había formularios, o no había sistema, o no había plástico, o faltaba voluntad. Había de todo menos lo que tenía que haber y faltaba todo lo que no había. En fin que todo salía sobrando o faltando, todo dependiendo del cristal con el que se mirara.

Lo cierto, lo real era que perseguíamos un sueño, una fantasía una quimera… Algo sin existencia, sin substancia, sin cuerpo y sobre todo sin alma. Ya habíamos perdido nuestra fé, esa que según las escrituras puede mover montañas, pero no conseguirnos la SUBE.

Fue en ese momento cuando creí que todo estaba perdido que la vi. Ella no me vió, pero yo sí a ella. Era “la noticia” esa por la que todos estábamos clamando y reclamando. Esa que nos pondría nuevamente en este milenio y en esta centuria.

La SUBE se puede solicitar por Internet. Al fin nuestras plegarias fueron escuchadas. Mi consorte subió raudo las escaleras, se sentó frente a su PC y digitó con orgullo la dirección en cuestión. La página no funcionaba, ni en ese momento ni media hora después ni tampoco una, ni dos. Tal vez lo conseguimos después de tres horitas de puro intento.

Cuando por fin había obtenido mi número de trámite eran las 0:05 del día miércoles, emocionada grité “¡Milagro de Miércoles!”. Claro, ahora para que se dé el milagro principal, hace falta que se sucedan varios milagros satélites. O, lo que es lo mismo, una sucesión de pequeños milagros que hacen al cumplimiento del milagro principal.

Es decir, tengo el número de trámite, o sea pude llenar ese maravilloso formulario que tantas veces reclamé y por esas cosas la vida me negó. Pero todavía no tengo la tarjeta físicamente, la tengo de manera virtual, o sea, es como un supuesto. Porque lo que se dice en firme, firme, en la mano, no tengo nada, sigo como hasta ayer cuando intentaba conseguir la SUBE o entrar a la página.

Para tener la tarjeta en mis manos, todavía la Secretaría de Transporte tiene que mandarla a mi domicilio a través del Correo. Y para que me llegue, el Correo tiene que funcionar y no estar en conflicto. Y para que no esté en conflicto hay que solucionar el temita que tienen en el Ministerio de Trabajo con Moyano, que es el que casualmente esta bloqueando la salida de los camiones.

La cuestión es que como siempre termino con más dudas que certezas. Lo único que ansío es que este Milagro tecnológico, producido un día miércoles no termine como un milagro de idem.

Besooo.

SUBE, la gran quimera…

Estos días estuve mirando con terror, horror y espanto las multitudinarias colas que hacían los sufridos usuarios para conseguir su tarjeta SUBE. Los miraba con empatía, solidaridad, ternura y un poco de alivio.

Ellos estaban allí, debajo del sol, haciendo colas interminables, nutridas, en las que permanecían horas y horas. Sin que ninguno de los responsables de que ellos estuvieran allí les alcanzara ni un mÍsero baso de agua. Por suerte, gracias al cielo y a mi consorte que me la regaló, yo tenía hacía dos años mi Tarjeta Monedero.

Una vez el destino me había protegido bajo su ala. Esta vez no me había señalado. Esta vez, extrañamente, los señalados eran ellos. Pero hubo algo que nubló mi inmaculado cielo cerúleo, algo que lo pobló de negros nubarrones que se ciernen amenazantes sobre mi cabeza sin la mínima intención de desaparecer.

Todo comenzó cuando escuché a mi consorte verter duros epítetos, “¿Qué pasó?”, le dije. “La Monedero no corre más”, me dijo. “Y lo peor es yo acabo de cargarlas”. No voy a transcribir, pero imaginen haber leído al menos una página y media de epítetos. Esta vez, proferidos por mi, muchos piiiipiiii, piiiiipiiiiii, y unos cuantos:”@#¿?*¡!#”.

En ese terrible momento, sólo venían a mi cabeza preguntas retóricas, frases sin sentido, reproches inútiles, compulsas, reclamos al cielo, a la vida, al mundo, al universo, y sobre todo a mi destino. Mi destino que no para de reírse a carcajadas en mi propio rostro, mi destino que siempre me señala para ser su objetivo, su blanco móvil. “¿Por qué sos tan cruel?”, le dije. Pero él nada me contestó.

Debíamos conseguir la tarjeta SUBE, era perentorio. El viernes mi consorte intentó en Once, pero no habia más formularios. Esa noche, estaba haciendo zapping, y por esas cosas del destino ví el desinformativo de la Televisión Pública, 6,7,8,. Pasaban un informe concienzudo, sobre expresiones vertidas por Susana Andrada, de Defensa al Consumidor, en relación a la tarjeta SUBE y su distribución.

Ella sostenía que no era fácil conseguir la tarjeta porque no se había informado debidamente sobre cuales eran las bocas de expendio. Y que por eso todos se concentraban en las más conocidas. Andrada, también planteaba que sólo se habían dado dos millones de tarjetas y que a este paso no se iban a poder entregar a tiempo los cinco millones restantes.

En el informe, una voz en off, defenestraba a Susana Andrada con un serio, sólido y demoledor argumento. Sostenía que la única vez que ella se había subido a un micro fue en su viaje de egresada. Y que ella creía que la gente viajaba en palo. Un chascarrillo de lo más desopilante, obviamente, solo para personas de altísimo CI.

Pero los 6,7,8, demostraron que la realidad distaba mucho de lo expresado por Andrada. Probaron de manera palmaria e indubitable, que todos mienten, menos ellos, naturalmente. Para ello emitieron una nota en la que mostraban a dos personas, dos, un hombre y una mujer. Ambos daban testimonio de lo fácil, rápido y sencillo que era conseguir la tarjeta pasajística en cuestión

En el referido informe, se veía de fondo una muchedumbre haciendo una cola interminable. Una imagen un tanto contradictoria, si se me permite la expresión. ¿Cómo habiendo tanta gente hicieron tan rápido? Eso no lo explicaron en 6,7,8,. Pero si algo me enseño la Reverenda Madre Victoria, es que los milagros existen, y si no los entiendo, no importa, es “Misterio de Fe”. Por lo tanto tampoco se discuten y mucho menos se cuestionan.

Tomando en cuenta esta premisa, el sábado por la mañana buscamos en Internet, los lugares de expendio de la SUBE, próximos a nuestro domicilio. Y allí nos dirigimos con el DNI en mano y nuestra fe como aliada, en busca de nuestra bien amada SUBE.

El primer lugar era una librería que nos quedaba a una cuadra de casa, llegamos allí y está cerrada por vacaciones hasta el 6 de febrero. Bueno, un tropezón no es caída, así que sin siquiera lamentarlo nos dirigimos al segundo punto de nuestro itinerario.

En el Correo Argentino, al llegar vimos en la puerta un monono cartelito impreso que rezaba: “Tarjeta SUBE sin sistema”. Como iba con mi fe pensé: “Quizás ese cartelito es viejo”. Así que abrí la puerta y escuché como una dulce empleada le rugía a una pobre señora por esa especie de micrófono: “¿No vio el cartel de la puerta? Si ve que no hay sistema para la SUBE ¿Para que entra?”.

“Ah bueno”, pensé, “no hay sistema, ni tarjeta, ni educación y mucho menos buen trato. Menú completito como siempre”. Como soy muy afecta a los dichos y refranes me dije: “no hay dos sin tres”, “la tercera es la vencida”. Y allí nos fuimos los cuatro mi consorte, nuestras fes y yo con los dedos cruzados y un Pilato en el pañuelo. Por las dudas, en estos casos lo que abunda no daña.

Pero al llegar al tercer lugar había un cartelito no tan monono escrito con birome azul, verde y un poco de bronca, que decía: “No damos SUBE”, corto, conciso, tajante, demoledor. A decir verdad, tanto a Dany como a mi, a esta altura ya la fe nos había abandonado. Creo que se quedaron mirando vidrieras en el Shopping Caballito.

Así que decidimos seguir solos al cuarto punto. Mientras íbamos caminando sentencié: “Si los llego a encontrar a Tomada o a Schiavi, en la cola para sacar la SUBE les voy a decir sus verdades”. “No” me dijo Dany, “no los vas a encontrar por que ellos “renunciaron al subsidio””. Ufa, el único incentivo que tenía y este hombre me viene a arrebatar la ilusión de esta manera. No hay derecho

Cuando llegamos al cuarto punto de entrega estaba pegado en la puerta de ingreso al local este cartelito

Tarjetas SUBE Agotadas

En vista del fracaso obtenido, llamamos al teléfono 0800-777-7823, donde una hermosa voz grabada me dijo que el horario de atención era de Lunes a Viernes de 9 a 20… Al igual que Dios, los de la SUBE atienden sólo en Buenos Aires, de Lunes a Viernes, en horario de oficina.

¿Continuará?

Besooo.

Ella ¿acusa?

Ella retornó a la escena política. Volvió, por suerte, repuesta, rebosante de salud, bella, exultante como siempre. Con un riguroso luto, aún, y , sin su maltrecha tiroides. Descansó, recargó pilas, volvió. Y lo hizo con todo. En su primera aparición pública levantó el dedito contra las petroleras y las ONG ambientalistas.

Las petroleras, por el momento, hicieron mutis por el foro. Parece que no tienen en carpeta contestarle. Tal vez no convenga, o quizás mejor dejar todo como está. Nunca se sabe “¿Cómo?”, “¿Dónde?”, “¿Por qué?” o “¿Para qué?”. A veces es mejor dejar todo como está, y guardar violín en bolsa, que hablar de más y embarrar lo que no se tenía que embarrar.

Pero Greenpeace no tiene esos problemas, y mucho menos compromisos, por eso ayer le contestó. Por si no lo recuerdan, o no escucharon o estaban muy dentro del frasco, nuestra Primera Mandataria dijo que : “Jamás escuchó a una ONG ambientalista criticar al Reino Unido por lo que estaba haciendo en Malvinas”…

La Directora Política de Greenpeace dijo que ellos no se sienten aludidos por los dichos de la presidente, porque ellos siempre han hablado sobre la explotación petrolera. Incluso en 1998 denunciaron la explotación off shore de recursos fósiles en la plataforma de Malvinas.

¡Que extraño!, la presidente hablo de las petroleras, criticó a las ONG ambientalistas por no decir, lo que a su criterio tenían que decir. Pero, de las mineras y en especial del Famatina, no dijo nada, pero nada, nada, de nada. Claro, tal vez con el tema de la intervención y las vacaciones se desconecto y no lo recordó.

Pero yo lo voy a recordar, porque hay mucha gente que sí lo recuerda, y sobre todo lo padece y lo padecerá. El Famatina es uno de los picos más altos de Argentina. Contiene un yacimiento aurífero. Una empresa Canadiense pretende instalarse allí y abrir una mina a cielo abierto, para la explotación de ese metal. Este un Mega proyecto minero a cargo de la Barrick Gold Corporation. Esto no trae aparejada una posibilidad de desarrollo para la región, por el contrario, no deja la más minima ganancia a la provincia. Y aunque las dejara el desastre ambiental que produciría este tipo de explotación no podría resarcirse ni con todo el oro del Famatina, ni del mundo.

Los pobladores, naturalmente se oponen a esta explotación porque implica riesgos para su salud. Para extraer el oro, se hacen explosiones que liberan metales pesados, como el arsénico, cadmio, y plomo entre otros, que obviamente son contaminantes del agua.

Muchas organizaciones, gente de la cultura e incluso artistas, están apoyando públicamente la causa de la no explotación del Famatina. El tema llegó incluso al Festival de Cosquín, de la mano de Rally Barrionuevo. Quien proyectó imágenes de una marcha contra la explotación minera con leyendas como “el Famatina no se toca” ó “el Famatina no se vende”. Aunque, esto sólo fue visto sólo por los allí presentes, por que en la Televisión Pública nada de esto se vió.

Este festival es transmitido por canal 7, pero da la casualidad que esas imágenes no salieron al aire. ¿Que habrá pasado? ¿Se habrá cortado un cable, el satélite, la señal, la microonda? No lo sabemos, pero salir no salió, en su lugar el canal puso una larga e instructiva tanda publicitaria. En fin, cosas que pasan.

A veces el dedito acusador se levanta muy rápido hacia los demás. Para apuntarlo hacia nosotros somos más reflexivos y meditabundos. Como decía mi abuela Máxima, ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

“Podemos vivir SIN ORO, no podemos vivir SIN AGUA. EL FAMATINA NO SE TOCA”. Mi solidaridad infinita con la gente de Famatina.

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana :-D

Fuentes: http://www.clarin.com/politica/Greeenpeace-respondio-ambiental-brillado-ausencia_0_634736695.html;http://es.wikipedia.org/wiki/Famatina; http://blogs.lanacion.com.ar/ecologico/econoticias/mineria-en-famatina-no-captan-el-mensaje, http://www.clarin.com/politica/Cosquin-Canal-imagenes-protestas-Famatina_0_634736570.html;

cerro con bandera

Impalpables y sublimes

 Se creen etéreos, aéreos, abstractos e irreales. Tienen la certeza de ser visibles, y la convicción de que se los puede atravesar como al aire, elemento del que aseguran estar compuestos. Su esencia sutil, les permite permanecer en su lugar aferrados, inmutables, sin importarles nada, porque la nada misma los atraviesa.

Todo gira en su derredor, se centran en ese espacio que han elegido para permanecer y tal vez arraigarse. Nada los perturba, ni los inmuta. Ni siquiera los otros seres que son carnales, corpóreos y terrenales. Porque ellos son diferentes, lo saben y lo sabemos.

No permiten el paso a menos que los traspasen, nos incorporan a su escenario para que los contemplemos y, admiremos con asombro la plenitud de su elevada existencia. Sin duda provienen de otros mundos debido a su composición volátil, vaporosa, inmaterial pero visible. Al menos eso es lo que ellos creen, y lo que nos quieren hacer creer.

Pero yo les digo: “No, no lo creo”. No sé si esto será una moda veraniega o se extenderá hasta la temporada otoño – invierno o quizás todo el año (o hasta el 21 de diciembre que es el día que dicen se viene “la fin del mundo”). Por mi bien y sobre todo el de ellos espero que no.

Parece que la nueva costumbre, usanza, modalidad, hábito y/o manía en el ámbito supermercadístico, es acampar delante de las góndolas. Si, gente que se establece y hecha raíces muy profundas delante de las góndolas.

Miran, observan precios, características del producto, lo comparan con otros, organizan debates con su acompañante, acompañantes, otros campistas y/o empleados. Todo un estudio de marketing pormenorizado y exhaustivo, mientras uno espera lo más pacientemente que puede. Repitiendo “Permiso…” como un mantra sin siquiera ser por ellos registrado.

Al ver que la sutileza con ellos no funciona, te ves obligado a echar mano a otros métodos menos sutiles. Dominándote, reprimiéndote, y tratando, obviamente, de no llegar a la crueldad, ni a la lesión permanente.

A fin de abrirte camino, impactás suavemente tu chango contra el suyo, como para hacerles notar que no podés pasar porque ellos están ocupando todo el pasillo con su chango colocado al bies.

Con esa pequeña acción tratás de inducirlos a que noten, y por tanto se den cuenta que, aunque ellos tengan la firme creencia y convicción que son etéreos, no lo son. Que se enteren de una vez por todas, que no se los puede atravesar como al fantasma de Canterville.

Que tomen conciencia de que si no se corren, con ellos desparramados por todo el pasillo, no podés pasar, por más que tengas la mejor voluntad de este mundo. No vas a poder lograrlo, al menos en esta vida. Porque vos tampoco sos inmaterial.

Está bien lo reconozco, me hago cargo. Conozco y reconozco mis falencias y debilidades, pocas cosas me irritan, enfurecen, y malhumoran más que ir al supermercado, ni siquiera planchar. Pero este nuevo y generalizado hábito maniático, piquetero de góndolas, me está sacando de quicio.

Besooo.

Reclamos Paternos

 El sábado por la noche recibí una suerte de “pedido de post”. Y, como nobleza obliga, aquí estoy cumpliendo lo que prometí. Resulta que nuestros amigos, Sonia y Horacio, festejaron su aniversario de casados.

Estábamos disfrutando de la reunión y departiendo muy animadamente. Como siempre una cosa trajo la otra y no sé como este blog se convirtió en tema. El papá de Sonia, que se llama Julián padre, me dijo: “Vos siempre hablas de lo que te molesta. Ahora te voy a decir lo que me molesta a mí.”

A mi atención el tema le pareció de lo más interesante, así que, ladeó su cabecita y paró sus orejitas, para escucharlo mejor. Después de escuchar lo que escuchó, me miró y me dijo: podemos hacer un post sobre los reclamos paternos. Juntamos los que tiene Julián padre y los que tiene tu papá Antonio. Que si bien es padre, no es Antonio padre. En fin.

Comencemos por el principio, lo que a Julián padre le molesta, puntualmente, es: “Cuando estás esperando en un banco, repartición publica, atención al cliente de alguna cosa, si la persona con el número precedente se va porque se equivocó de número, o porque solucionó su problema, o porque se acordó que dejó la canilla abierta o lo que fuera, le da su número al primero que aparece y no al que tenía atrás”.

Yo me puse a pensar sobre el particular, y la verdad es que tiene razón y mucha. Además de ser de lo más injusto que nuestro predecesor entregue su número así livianamente al primero que aparece sin que nada importe, también constituye casi una deslealtad, una cuasi traición, un desprecio, un desplante, la confirmación indubitable de que nada le importamos.

Entonces comenzás a preguntarte “¿Cómo puede favorecer así livianamente a un recién llegado? ¿Cómo puede ignorarme a mi, la persona que entró pisándole sus talones, la persona que estuvo detrás de él, la que conoce su nuca y su espalda palmo a palmo, como nadie la ha conocido? ¿La persona que lo estuvo viendo bufar durante media hora porque había sólo un empleado atendiendo, y más lento que una tortuga? ¿La persona que cuando él dijo “¡Qué calor!” fué la única que asintió?”

¿Donde están los sentimientos de nuestro accidental predecesor? ¿Cómo se puede desfavorecer así a un compañero de espera, ya casi amigo, un hermano de espera que nos ayuda a sobrellevar esa amansadora. No se puede ser tan insensible, no se puede actuar así sin que nada importe,

Coincido con Julián padre. Tiene razón en hacerse y hacernos este planteo. Hay que actuar dentro de ciertos parámetros, respetar ciertas normas que si bien no están escritas, surgen del sentido común y el buen gusto.

Recordémoslo, el número anterior y el posterior son solo una coyuntura accidental. La situación no es eterna, puede cambiar y darse vuelta en cualquier momento. Teniendo esto en cuenta, pongámonos en el lugar del otro , que nos pasaría a nosotros si la persona que nos precede blandiendo su numero menor en nuestra cara, se lo diera al primero que aparece. ¿Nos gustaría?

Ahora pasemos a mi papá, a él lo molestan varias cosas, después de todo es mi progenitor, soy sangre de su sangre… Pero puntualmente le molestan dos cosas. Primero: que le dejen botellas, botellitas, latas en el porta residuos. Eso lo enfurece, pero tiene un motivo.

En provincia no se encuentra un cesto ni de casualidad, y lo que no está dentro de una bolsa, el basurero que no tiene muchas ganas de trabajar no se las lleva. Así que tiene que tomarse el trabajo de abrir la bolsa para tirar el contenedor bebedístico que le hayan tirado.

Otra de las cosas que le molestan es que su vecino de enfrente tira a su vereda todos los soruyos que encuentra en la de él. El modus operandi de Constante, su cochino vecino, es el siguiente. Este señor no soporta que los perritos le fertilicen la vereda, entonces en lugar de levantar el fertilizante en cuestión con una palita y tirarlo a una bolsa, este señor toma su puntada escoba que utiliza a modo de palo de golf. Practica un deporte del que es el único federado aunque tal vez algún día quiera hacerlo olímpico. Y hace tiro al soruyo tirando todos las popiadas que encuentra en su vereda a la de enfrente, impactándolos y haciendo blanco con ellos en la vereda de mis padres.

En este ultimo caso, coincido y me solidarizo completamente con mi padre. Él no tiene la culpa de que los peritos del barrio, quien sabe por que asociación, hagan número dos en la vereda de Constante. En todo caso que ponga un cartel o le diga a los dueños de los perros que levanten su producto.

Que haga lo que quiera con el producto, que lo tire, que lo venda por Internet, que lo regale. Menos tirarlo a la vereda del vecino. A menos que quiera hacer publico y expresar al mundo que es un verdadero desconsiderado y por demás asqueroso.

Besooo.

Consigo sismo

 A veces suele pasar, otras no. Últimamente está pasando, lo que no alcanzo a comprender es su aleatoriedad e independencia. El porque en estos calurosos y soleados días de verano, en lugar de tomarse vacaciones, mi atención permanece atenta, conectada. Eso hace que se enfoque, oriente. De esa manera ella se expresa y me apresa.

Su siguiente paso es mirar, seleccionar, y evaluar cuidadosamente su objetivo. Una vez que ha seleccionado cuidadosamente el objeto de su interés, a veces a base de sutilezas, otras utilizando métodos y sistemas menos ortodoxos, se esfuerza y me fuerza a convertirlo en objeto de mi interés.

Sin ir más lejos el otro día me tendió una trampa, y yo inocentemente caí en ella y quedé atrapada. Mi atención primero hizo que notara a una chica que pasó caminando a mi lado. Luego a un señor que iba en el colectivo, después una señora que estaba caminando en el parque Rivadavia. Finalmente un chico que iba caminando delante de mí.

¿Qué tenían todos estos seres en común que atrajeron mi atención? Iban hablando solos por la calle, sin auriculares, sin telefono, sin manos libres, sin pila, sin cable y sin piedra. Hablaban consigo sismos.

Y no se trataba de una corta reflexión como por ejemplo:”Me olvidé las llaves”, “Me estoy quedando sin batería”, “¿Para donde tenía que ir?” ,“Tenia que tomar el colectivo para el otro lado” o “¡Que tonta, me bajé mal!”.

No, no y no, nada de eso. Ellos mantenían largos y entretenidos soliloquios a viva voz y frente a quien o quienes quisieran escucharlos. Conversaciones que incluían además reflexiones, preguntas, respuestas, relatos vehementes, ademanes, gestos, gestitos y hasta contaba con interrupciones.

Y no estamos hablando de gente con cierta patología psiquiátrica, no. Estoy hablando de gente mentalmente sana, como ustedes o como yo, bueno, yo tal vez no sea el mejor ejemplo. Me refiero a que esta gente no buscaba un interlocutor entre los transeúntes. Tampoco hablaban con un ser imaginario que iba a su lado. No, para nada, lejos de ellos.

Estas personas hablaban, se contestaban y discutían con ellos mismos, con su propia persona. No fueron las únicas que ví. A partir de ese momento mi atención y yo comenzamos a notar que esto está bastante generalizado.

No digo que sea una especie de síndrome, pandemia y mucho menos epidemia. Yo lo estuve pensando, lo discutí bastante conmigo misma, claro, siempre dentro de mi ámbito marular. Y se me ocurrió una “posible explicación”. Enfatizo “posible”, tampoco soy adivina.

Tal vez esta gente iba tan ensimismada en sus pensamientos, tan compenetrados, que estos los trascendían y los superaban. Y como estar dentro de ellos para sus pensamientos no es suficiente salen a través de sus bocas, captando las atenciones ajenas e intentan meterse en nosotros a través de nuestros oídos.

Sí lo sé, mi teoría es sumamente loca y disparatada. No van a negarme que es mucho más amable y pintoresco pensar eso. Que pensar que a esta gente le saltó la térmica y por más que baje la llave seguirá saltando porque están en corto. O dicho en buen castizo: esta gente perdió la razón y no la encuentra por más que la busque.

Besooo.

Acción retardada

 Comenzamos a celebrar su venida con mucha ansiedad, antelación. Con un simbolismo abarrotado e indubitable la aclamamos y proclamamos. Hay quienes la halagan, la tientan para que se quede por siempre entre nosotros, su deseo los ciega, no ven que eso es imposible.

No se dan cuenta que ella no podría quedarse entre nosotros aunque quisiera, porque es efímera. En ello radica su magia, esa magia que nos despierta sensaciones agradables, felices, casi infantiles. Provocando nuestro perpetuo deseo de tenerla por siempre, para siempre, cueste lo que cueste.

Hoy es 11 de enero, y todavía puede verse en las entradas de los edificios, comercios, restoranes, supermercado, casas y departamentos decoraciones navideñas. Yo me pregunto ¿hasta cuándo deben mantenerse esos maravillosos objetos, íconos de la feliz navidad y año nuevo que hemos pasado?

No digo que no lo entiendo, solo lo pregunto. Todos los años pasa lo mismo, juramos y perjuramos que al año siguiente no nos va a pasar. Prometemos e imploramos al cielo y al universo. Pero todo es inútil, la inminencia de las fiestas trae consigo una amnesia fulminante, y al año siguiente hacemos exactamente lo mismo.

Nuestra perdición comienza a fines de octubre, cuando todos los ex todo por dos pesos comienzan a tentarnos con sus bellas y emotivas ofertas navideñas. Que consisten en adornos, adornitos, boas, luces, lucecitas, estrellitas, moños varios. De los que ya tenemos suficiente, pero esos no nos bastan, queremos más.

Nuestro espíritu navideño y consumista está a tope. Contamos los días, las horas, los minutos esperando que sea el momento de armar el arbolito y colocar todos, todos, todos esos elementos que hemos adquirido. Generalmente el entusiasmo nos gana, y compramos más de lo que podemos colocar.

Pero ¿que importa? ¡Es navidad! Así que colocamos todo, todo, todo lo que compramos. Que es obviamente más, mucho más de lo que nuestro arbolito, paredes, puertas, cortinas y entradas soportaban. Lo bueno es que toda la familia colabora a colgar, colocar, armar, poner. Pero como dije, en esos momentos de alegría nada importa, nuestro entusiasmo, optimismo y espíritu festivo está a tope y no se piensa en el después.

Aunque deberíamos haberlo hecho, por que “el después” es amargo y sobre todo solitario. Los adornos bellos, coloridos, llamativos, esos que amaste cuando los compraste, están cubiertos de polvo, y con alguna que otra araña o arañita que hizo un nido o nidito en ese bello lugar.

A la familia entusiasta que antes colaboró en el armado, colocación y demás, se le ha ido el entusiasmo festivo. Y sin entusiasmo y con calor ni cuentes con que te vayan a ayudar a desarmar ese engendro y mucho menos a catalogarlo y guardarlo en cajas.

Y ahí estás vos, sola o solo, sin el espíritu festivo y con calor, mucho calor, frente a ese engendro festivo. Lo mirás una y otra vez y te preguntas desorientada, casi con desesperación “¿Por dónde empiezo?”. Entonces algo que distrae, requiere tu presencia y te releva del desarme. Es en esos momentos en que te sentís útil, requerida/o y agradecés al cielo porque así sea. Y lo vas postergando, y postergando, y postergando.

Cuando querés acordar es agosto, o septiembre. Entonces te preguntás “¿Para que lo voy a sacar? Si después de todo dentro de dos meses lo voy a tener que poner de nuevo.” Está muy bien, has sido una de las tantas personas que ha cumplido con la premisa navideña.

No solamente has mantenido en tu corazón su espíritu, sino también en tu living, en tu balcón, en tu pallier… Y también en tu PC. Con ese monono wallpaper que pusiste a fines de noviembre.

Besooo.

Palabras que engañan

 El viernes me dirigía debajo de ese sol rajante, a una hora un tanto desapacible. Pense que eso podía desalentar a personas que pudieran precederme. Allí iba yo o mejor dicho, nosotros, porque iba con mi consorte que oficiaba de sostén moral.

Esquivando gente malhumorada y acalorada. No sé que era consecuencia de que, si el mal humor se debía al calor, el calor al mal humor, o si tal vez todo se debía a un resabio de los pasados festejos. La cuestión es que allí estábamos nosotros, encaminándonos con paso firme y férrea decisión, voluntad y determinación. A finalizar el trámite que me había quedado inconcluso.

Todo ello gracias a la estrechísima visión y, peor voluntad de un burocrático empleado de la AFIP. O DGI como la llamo yo “cariñosamente”. En realidad, para ser sincera, delante de la sigla DGI agrego un “los” y un calificativo que, no voy a hacer constar aquí. Primero porque me incrimina y puede ser usado en mi contra, y segundo por que no queda bien.

Caminabamos entre la muchedumbre, yo perdida en mis pensamientos. Pasando y repasando atentamente mi repertorio, buscando denodadamente algún o algunos insultos y/o improperios, que sonaran hirientes pero elegantes. Para espetarle a ese burócrata en medio del rostro y con mucho estilo, en caso, claro está, de ser rebotada nuevamente.

De repente escuché, mejor dicho las escuché. Palabras atractivas que fuera de contexto sonaban de lo más interesantes. Eran palabras que me provocaron, eran “las palabras”. Decían todo y no decían nada. Por lo que, sin solución de continuidad, retorné inmediatamente a este mundo y sintonicé mi atención en su dirección.

Quien las enunciaba y proclamaba era un chico de unos 20 años con lentes oscuros, que hablaba en un tono no muy privado, por celular, declarando: “Yo de mi vida privada no hablo con cualquiera”, lo dijo dos veces, enfatizando lo de “vida privada”.

Inmediatamente mi atención se puso a trabajar codo a codo conmigo, tratando de desentrañar la entrañada trama. Tratando de saber que pasaba en su vida privada, y porque no hablaba de ella con cualquiera. Who´s that boy? ¿Quién era ese enigmático chico que caminaba por las calles atestadas bajo el rajante sol del Barrio de Once?

Sería una estrella o mega estrella de la pantalla chica, de la grande, tal vez un deportista, un top model… Quizás una de esas efímeras estrellitas instantáneas, que desaparecen igual o más fácil de lo que aparecieron. Lo desconocía, pero la curiosidad me carcomía, tenia que saber, no, debía saber.

Entonces decidí inmiscuirme en su “vida privada” escuchando su interesante y desprivatizada conversación, o monólogo. Por que en realidad sólo hablaba él, y aunque hubiera hablado el otro, yo no lo escuchaba, así que lo mismo daba. A medida que “su monólogo” se sucedía mi desilusión aumentaba en relación inversamente proporcional a mi interés.

Resulta que todo había sido una sucesión de chimentos mal llevados. Una suerte de teléfono descompuesto, seguidos por dimes y diretes mal contados, y peor entendidos que involucraban a una señorita. Cuya existencia podría conocerse por unos pero no por otros. Nada del otro mundo, ni aún mal mirado.

En fin, eso me hizo arribar a una conclusión:”los anteojos oscuros, el sol del medio día, el calor, las veredas atestadas y el “plan números amigos” o como se llame cuando se llama gratis, son una combinación letal. Y contribuyen a que el los seres humanos profieran palabras que engañan”.

Besooo.

Llamado de atención

 Como todo el mundo sabe, o al menos todos en este país, y por si hay alguien que estuvo ausente de este planeta, o no salió del frasco a tiempo para enterarse, les cuento. Ayer operaron a la Presidente, le extirparon la glándula tiroides. Por suerte la operación fue un éxito. Se recupera rápidamente, y dentro de 48 horas le darán el alta correspondiente.

Estos días estuve mirando y siguiendo con mi atención a pleno, como se sucedían los hechos atinentes a la intervención quirúrgica que se le iba a practicar a nuestra Primera Mandataria. En ese caso, sí esta bien poner la “a” que indica el género femenino, en el otro no, por que el género lo da el artículo.

Volviendo a los hechos, decía que estaba tranquilamente mirando todo el apoyo que estaba recibiendo nuestra Presidente. Y fue en ese momento en el que apareció mi atención que había captado a mi interés, y estaba ávida de conocimiento, o al menos de cierta información.

Como hace siempre, primero fue sutil y me llamó tocándome levemente el hombro. Intenté hacerme la distraída y no hacerle caso. Entonces se sentó enfrente de mí, me miró a los ojos y comenzó con su prolongado interrogatorio. Como no le conformaba y mucho menos le convencía lo que le contestaba, comenzó con los porqués como si fuera una criatura de dos años.

Me acorralaba, me atormentaba con sus preguntas, y la verdad es que yo no tengo todas las respuestas. Y mucho menos esas que ella quería que le de. Y sino juzguen por ustedes mismos, estas son algunas de las preguntas que mi atención me formuló.

“¿Qué hace toda esa gente allí? ¿Por qué acampan en ese lugar desde hace tres días? ¿Por qué hay tantos carteles con nombres de políticos? ¿Por qué esa gente no está trabajando por nuestro País?¿Están de vacaciones? ¿Cómo hacen con la comida? ¿Adónde van al baño? ¿Quién les lleva el agua para el mate?”

Yo hice lo que pude, le dije que eran militantes, que le estaban dando su apoyo a la Presidente. Para que ella se sintiera mejor, para que estuviera contenida. Para que supiera que sus militantes estaban con ella, dándole su cariño y su apoyo desinteresado y anónimo. Esto último sólo en algunos casos. Claro, hubo cosas que ella me pregunto y escapaban a mi conocimiento. Así que me limité a contestar sólo lo que sabia o creía saber.

Aunque a ella no le conformó, siguió, y siguió preguntando. Y yo seguí respondiendo que no sabía, que lo ignoraba. Pero con esa respuesta solo logré enfurecerla más y más.

“Estoy furiosa, por eso te voy a hacer una última pregunta, es tu oportunidad de salvarte o condenarte. De tu respuesta va a depender que por esta vez te perdone. O que no te hable nunca más, o al menos por un tiempo.”

“No puede ser que ignores todo lo que te pregunto, que no logres interesarte por lo que a mi me interesa. Que ni siquiera te dignes a buscar en Internet respuestas a unas simples preguntas que te formulo, para informarme y formarme.”

Lo pensó por un segundo, respiró muy profundo y, me dió su ultima estocada, diciéndome: “La Presidente eligió el Hospital Argerich para atenderse, ¿no es así?”.

Orgullosa de saber la respuesta le dije: ”Así es”

Pero parece que la pregunta, venía con repregunta, y no bien terminé de contestar, con tono firme y muy vehemente me dijo: ”¿Y entonces, por que no la operaron allí?”

Para no decir no sé, improvisé, y con un tono de seguridad otorgado por mi sapiencia, le dije: “Porque como era de urgencia no consiguió cama”. Me parece que mucho no me creyó, porque desde ayer no me dirige la palabra…

Besooo.

Una docena surtida…

 El año comenzó oficialmente. Bueno casi, en este principio de docena hubo cosas un poco raras, extrañas y extrañísimas. Por ejemplo esa de la que no se habló ni se informó. Esa sobre la que todos estamos en ascuas esperando saber de que se trata. Aunque ahora que lo pienso, tal vez nadie más que ellos lo sepan.

También estuvo presente la extraña puja titánica, esta vez no entre el bien y el mal, sino entre ella y él. No él, por Él, sino él con minúscula. Nuevamente se puso de manifiesto, como tantas otras veces con el dénos la Policía Federal, y el no, mejor te damos los subtes, pero van sin subsidio.

Esta vez, a diferencia de otras, fue menos cruenta, mas disimulada. Se produjo con un hecho a simple vista sin importancia, casi inocente. Pero que marca territorio y sienta postura quizás en una silla no muy cómoda. Ayer fue feriado para la Nación, pero no para la Ciudad. Así que fue un día feriado y extraño en una, y laborable más extraño aun en la otra. En fin…

Más allá de todos estos temas, el año trajo cambios y de lo más profundos. Ahora tendremos que acostumbrarnos a poner en la fecha un dos en lugar de un uno. Si, parece una tontería, una nimiedad, una pavada. Pero no lo es tanto, los humanos somos animales de costumbres, nos cuesta incorporar ese tipo de cosas.

Festejamos el advenimiento del nuevo año con ruidosa pirotecnia, bombos y platillos. Aunque en el momento de plasmarlo en el lienzo blanco, inhóspito y poco inspirador, nos invade ese “miedo inhibidor”. E ingratamente nos olvidamos que estamos transitando un nuevo año con una cifra que por supuesto difiere de la anterior. ¿Y entonces que hacemos? Por inercia ponemos la cifra que nos es familiar, la acostumbrada, la que usamos durante casi un año.

Y digo casi, por que a principios del viejo año, que a esa altura era el nuevo año, hacíamos lo mismo, poníamos el número del año anterior. No quisiera exagerar, ustedes lo saben y muy bien, lejos está de mi semejante cosa.

Pero si juntáramos todos los cheques, facturas, formularios, y documentos en general en los que se sigue y seguirá poniendo 2011, tendríamos una pila de una altura interesante. No me animaría a decir hasta el cielo, aunque casi, serían algunos metritos menos.

El 2012 quedó oficialmente inaugurado, está recién nacido, lleno de fe y esperanza. Tenemos algo así como once meses y veintisiete días para cumplir todas las metas que nos hemos fijado. O para inventar excusas creativas, en caso de perseguirlas y no alcanzarlas…

Besooo.

Adiós y bienvenido

 En este 2011 me pasaron muchas cosas. Cosas buenas, mejores, no tanto, malas y malas que luego derivaron en buenas, y lo mejor de todo es que pude capitalizarlas. Conseguí algunas cosas que me había propuesto y otras me quedaron pendientes.

Aprendí alguna que otra cosa que me está sirviendo o me servirá alguna vez en mi vida. También hubo encuentros y reencuentros. Conocí gente querible, maravillosa, y alguna que otra olvidable. También está la gente de siempre, esa incondicional, esa que está ahí, que no te abandona por que te quiere y los querés.

Es esa gente que es parte de tu vida y que no los concebirías fuera de ella. A todos ellos les digo gracias, gracias por soportarme, por tenerme paciencia por aguantarme durante todo el año sin tomarse vacaciones. Por lo menos vacaciones de mí.

Otro hecho importante, y que marca un antes y un después, una división tajante y dramática en mi vida, fue su regreso. Su regreso esperado, deseado, ansiado. Un regreso que se produjo después de una lucha sin cuartel, un regreso que fue impedido innumerables veces por alguien que quería aniquilar mis ilusiones y mucho más.

Ese regreso que se produjo después de 400 días y 400 noches, una ausencia que duró 9600 horas, con sus minutos y segundos, que fueron por mi vividas y padecidas. Ese regreso que nos hizo felices a todos por distintos motivos. Por fin, después de tantos padecimientos y sinsabores, él nos fue devuelto, aunque no tan rápidamente como nos fue arrebatado.

Después de 13 meses de ausencia, él volvió a mi vida y corre libre por mis caños. El que fuera otrora perdido, gracias a una vecina con mucho tiempo libre y poca imaginación, que un fatídico y gélido día de invierno, allá por septiembre del 2010, llamó a MetroGAS, quien vino, vió y cortó, en forma impía.

En general este año fue un año algo equilibrado, tuvo sus momentos tensos y límites, pero no da tan mal ni resta tanto en el balance de mi vida. No podría calificarlo de icónico o darle la categoría de bisagra en mi vida. Pero puedo decir que se ha dejado vivir.

El domingo comenzamos a transitar el año número doce de este nuevo siglo. Parece mentira, una docena y pasaron así, rápido, rapidísimo. Espero que el 2012 sea un año genial. Mis deseos para este año es que nos traiga lo principal: Paz, Amor, Salud y Prosperidad.

QUE TENGAN UN MUY BUEN FIN Y UN MEJOR PRINCIPIO. FELIZ 2012

BESOOO :-D .

Feliz Año Nuevo

Argumentos y verdades de mentes

 ¡Cuantas veces pensamos “como me gustaría ser mosca o mosquito”, para estar presente en una conversación o en una situación, que es de nuestro interés sin ser vistos! A veces, tal vez más de las que quisiéramos, nos sentimos moscas o mosquitos, somos mudos testigos presenciales a quienes ignoran los protagonistas.

Estamos presentes a nuestro pesar, en forma accidental e involuntaria, en situaciones, conversaciones, diálogos y/o disertaciones en las que no quisiéramos ver lo que vemos, ni escuchar lo que escuchamos. Tampoco quisiéramos creer lo que se dice.

En esos momentos en los que me convierto en un mudo testigo presencial, presenciando lo que no quiero presenciar, es cuando me pregunto ¿Por qué? ¿Por qué la gente hace lo que hace, y dice lo que dice? ¿En qué se basan? ¿De dónde lo sacan y cómo?

Locos argumentos se enuncian livianamente. Se lanzan así como así al universo, haciéndolo poner colorado, dando por cierto lo dicho. Como si fuera una verdad a ultranza, la única verdad, la verdad que le dijo un vecino, un cliente, un señor en la cola del banco o a su mujer en la peluquería. Inconsistentes e inconscientes verdades secretas que se proclaman a los gritos, en cualquier lugar sin importar quienes las escuchen y como.

Verdades que suenan locas porque están fuera de contexto, de tiempo de espacio, de lugar y por eso suenan así. Aunque contextualizadas sonarían peor. Verdades que lo son a ultranza y que lo serán caiga quien caiga, y le cueste a quien le cueste. Verdades de cumplimiento inminente y perentorio que jamás se producen.

Verdades que son verdades por el simple hecho de ser ciertas, reales. Sabidas únicamente por esa elite secreta, seleccionada cuidadosamente para no crear pánico, ni caos, ni descontrol. Esa minoría selecta compuesta por aquellos que son parte de la cosa, personas encumbradas muy bien conectadas, y también por cualquier transeúnte, pasajero. comensal o usuario. Que esté o pase ocasionalmente por allí, en ese preciso y justo momento en el que el secreto que se devela a grito pelado, ve la luz que lo alumbra y lo vela despiadadamente.

Y uno ahí, sólo escuchando, como un mosquito/mosca. Sin poder hacer nada más que escuchar ese disparate aberrante sin pies ni cabeza, sin poder articular palabra, sin poder salir de su asombro, estupor, por escuchar lo que ha escuchado.

La pregunta es ¿Cómo se les ocurren esas cosas? ¿Cómo lo hacen? Es en esos momentos en los que miro muy fijo a los ojos a mi imaginación y la increpo, le recrimino a la vez que le pregunto: “¿Por qué no se te ocurren cosas así? ¡Podríamos escribir un Best Seller!”

Besooo.

Es sólo un breve adiós…

 Añoré tanto tu llegada, esperé y esperé, y casi desesperé. Conté cada minuto, cada hora, cada día, que sin vos se me hizo eterno. Tu ausencia me entristece, me hiere, me daña. Tu ausencia hace que todo se vea diferente. Tu ausencia esta presente en cada detalle, que me hace notar como un mal anuncio, con poca sutileza, que ni siquiera estas en esencia, ni en espíritu.

Tu llegada me parecía lejana, e imposible. Y en algún momento mi ansiedad me hizo hasta dudar que llegaras tal como lo habías prometido. Por fin el tiempo pasó, y como siempre cumpliste tu promesa, y llegaste. Compartimos días soleados, aromas, colores, sabores, sensaciones y sentimientos.

Todo era felicidad y alegría en mi vida. Pero el tiempo pasó, y con el nuestro tiempo. Ahora… ahora tengo que decirte adiós. Despedirte con una sonrisa por todo lo que me diste. Una sonrisa que oculta mi tristeza y mi desánimo.

Nueve meses nos separan de tu vuelta, meses en los que voy a tener que lidiar con tu ausencia, meses en los que voy a extrañarte, meses en los que sólo voy a desear que estés aquí. Lo sé, es el ciclo de la vida, el curso de las cosas, las reglas del juego.

Así es, ayer terminó la primavera, mi estación preferida. Este año ella me trajo un regalo especial, un regalo inolvidable. Me trajo el gas que había perdido hacía 400 días. Gracias a una vecina con mucho tiempo libre y poca imaginación que llamó a MetroGAS, que vino, vió y clausuró.

También me trajo algún que otro sinsabor. En realidad fué solo uno, y más que sin sabor fue sin olor, por que estuve como 10 días con una gripe horriespantosa. Que me hacia estornudar, toser, lagrimear, además de privarme del perfume de los tilos, paraísos, jacarandás, jazmines y jazmincitos.

No entiendo mucho de números, ni de equilibrios financieros, pero creo que el balance primaverístico no está del todo mal. Estuvo la de cal, la de arena, sigo sin saber muy bien cual es cual, pero estar estuvieron, de eso estoy segura.

La cuestión es que ayer la primavera se fue y nos dejó para volver dentro de nueve meses. Lo único que me queda es decirle con las manos como palomitas: “Bye, bye, primavera, hasta el año que viene”.

Y COMO TE DIGO SIEMPRE, EL AÑO QUE VIENE, NO TE OLVIDES DE VOLVER.

Besooo.

Estrecha Mente

Un cuadrado no entra físicamente en el espacio de un círculo, es materialmente imposible, y, lo mismo ocurre a la inversa. La mezcla de blanco y negro forma distintas tonalidades de grises, que van desde el gris muy claro, casi blanco al gris oscuro, casi negro. El casi marca la diferencia, el casi es el quid de la cuestión.

Y la cuestión misma es que el casi no puede ser visto por todos. Algunos únicamente ven el blanco o el negro, ignorando la existencia de un gris claro y un gris oscuro. Entonces ¿Cómo hacerles ver, cómo hacerles entender que existe una sutil diferencia, que hay matices? ¿Cómo hacer ver lo que no se quiere ver, o, cómo hacer entender lo que no se quiere entender? ¿Cómo hacerlo manteniendo nuestra integridad? ¿Cómo hacerlo sin perder nuestro eje, o lo que es peor nuestros cabales?

La intención no es cambiar las reglas, resoluciones, acordadas, o el orden establecido. La intención es que noten los matices, las sutilezas las diferencias, el “casi”. Apelar a su racionalidad, razonabilidad y sentido común.

Racionalidad, razonabilidad, sentido común y amabilidad de la que fueron privados, despojados e inhibidos de utilizar cuando ingresaron en la función pública. El ser burócrata todo lo cambia, ellos todo lo pueden, todo menos entender, razonar, escuchar e interpretar.

Es la tercera vez que voy a la AFIP para hacer un trámite simple, fácil, rápido, indoloro. Esto es en teoría, la realidad es otra, mucho más cruel. Y muy diferente de la que se ve a través de los fríos ojos de un burócrata.

El motivo que obstaculiza el comienzo y consecuente finalización de mi trámite es: un numerito. Numerito este que ha mutado, y no conseguimos encontrarlo dos veces escrito de la misma manera. En una a veces consta solo solito, y otras esta acompañadito. ¿Cuál es el verdadero? Los dos… y eso es lo que no entienden. Las cosas pueden verse de maneras diferentes, algo puede ser de una u otra manera. Pero para ellos eso es imposible, tiene que ser de una u otra manera, jamás de ambas.

Para que la Sra. AFIP constate que yo vivo donde digo que vivo, tengo que llevar dos servicios a mi nombre que lo acrediten. Al menos eso es lo que ellos creen, y la fe mueve montañas. En fin, entonces llevé la factura de celular y la de cable. En la primera dice la dirección y PB 4, en la segunda además de la dirección dice 4.

El problema existencial que se le plantea a esta gente es: si realmente vivo en PB 4 o si vivo en el 4 piso. No hubo manera de hacerles entender que vivo en un PH con 4 departamentos. A ellos eso no les basta, quieren precisiones, datos incontestables, sólidos, fidedignos.

A ellos nadie les va a meter gato por liebre ni PB 4, por piso 4. Por mas que intente denodadamente y hasta casi perder la paciencia explicarles, graficarles, narrarles, probarles con mi DNI que vivía en un PH 4 y no en un piso 4. Todo fue inútil, no hubo manera, no entendieron los casi, ni los grises.

Tendré que volver mañana, con una constancia que no constata, pero que dice lo mismo que ellos quieren que diga, La duda que se me plantea es: que hago poner en la constancia que no constata, para que ellos constaten.

¿Qué constatará mejor lo que no se constató? ¿Qué conste PB 4 o que sólo conste 4? No lo sé, mi constatación ha constatado que estoy confundida, ¿será contagioso?

Besooo.

Llegando al final

 

Resulta difícil de creer como transcurre el tiempo en nuestras vidas. Lo tomamos como algo natural, sólo es algo que debe ser así, pasa entre nosotros. Lo hace en puntitas de pie y muy silencioso para no molestarnos, para no incomodarnos, para que no nos distraigamos con su presencia.

Casi llegamos al punto de llegada, esa meta que nos parece tan lejana, y ahora esta ahí. Podemos verla, y casi podemos tocarla. Nuestro tiempo de estar juntos está llegando a su fin. Las señales son inequívocas, certeras, inconfundibles.

El final se anuncia con largos suspiros agónicos, que dan paso a una inexorable despedida. Esa despedida que nos queda y nos debemos Esa despedida que hiere, molesta e incomoda. No hay punto de retorno, ni retorno. No hay vuelta atrás, por que el atrás queda allí, atrás.

En el tiempo que estuvimos juntos hubo de todo. Buenos y malos momentos, que a veces devinieron en buenos, o al menos en no tan malos como me parecieron en un principio. Me dejaste crecer, madurar, me diste más de lo que me negaste. No te voy a recordar como un hito en mi vida, ni tampoco como un promedio. Fuiste algo más, y eso suma.

Pero todo tiene un principio y un fin, y esta no es la excepción… Parece mentira, faltan tan sólo 14 días para que termine el 2011. Si hay algo que nos hayamos propuesto para este año y aún no lo hemos hecho, manos a la obra. Tenemos que hacerlo apuraditos, apuraditos porque tan sólo quedan casi dos semanitas.

El tiempo corre, no nos podemos hacer los distraídos y dejarlo para el mes que viene, o para dentro de tres semanas. Porque esos plazos implicarían dejarlo para el año que viene. Entonces ya no serían metas para este año, sino para el próximo. Todo lo que ocurra después del 31 será patrimonio del 2012.

Además de ser este un año nuevo en nuestras vidas, con todo lo que ello implica. Plagado de nuevos proyectos a realizar, o de proyectos que nos sobraron del año anterior, porque no nos dieron los tiempos. También fue designado por algunos estudiosos, como el año de “la fin del mundo”. Algo total, absoluto y definitivo, no para algunos, sino para todos. Esto, claro, según las interpretaciones hechas sobre el legado de los mayas.

En mi opinión, que no es para nada científica, la interpretación debe tomarse con pinzas. Porque es interpretación, y por ende puede haber cierto grado de subjetividad que a veces es sutil y otras… otras no.

En realidad no sé si creer no o no en esta especie de predicción apocalíptica. No le veo mucha base científica, es como un manojo de algo forzado que quieren hacer encajar, donde no encaja muy naturalmente, a como de lugar. Aunque, cuando veo un sol radiante, un cielo limpio, cerúleo, del que cae una lluvia torrencial, como estos últimos días, todas las dudas vienen hacia mí.

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana :-D

¿Una idea de miércoles?

Ayer fue martes 13, y, como dice el refrán: “En martes 13 no te cases, ni te embarques ni de tu casa te apartes”. Yo quebranté una de las premisas, un error: de mi casa me aparté. Ese recuerdo vino a mí, justo en ese momento en el que llovía torrencialmente con un sol que me encandilaba.

Me debo haber visto de lo más ridícula, con los lentes de sol puestos, debajo de esa lluvia torrencial, pero así de caprichosa es mi fotofobia. Eso sí, cuando estaba a una cuadra de mi casa, la lluvia paró, y el sol continuó tan radiante como siempre.

A veces mi cabeza hace extrañas asociaciones, y funciona de maneras misteriosas, un pensamiento trajo al otro… y no sé como, terminé pensando en la idea. No “la idea”, ni mi idea, sino que mi idea fue pensar en la idea. No en ninguna idea en particular, sino en las ideas en general.

Entonces se me ocurrió que una idea es el elemento primigenio, el punto de partida, el primer eslabón. El combustible que pone a funcionar la maquinaria, el disparador que pone al mundo a funcionar.

Hay ideas de todo tipo, tienen diferente magnitud, envergadura y solidez. Están las ideas buenas, las geniales, las realizables, las irrealizables, las malas, las peores. Seguramente existen muchos tipos de ideas más, quizás tantos como personas haya.

En ocasiones cambiamos de idea sobre la propia idea. Lo que en un principio nos pareció una idea genial, posteriormente nos parece una soberana tontería, una locura. Aunque a veces esto se da a la inversa.

Lo que a veces parece ser un buen vino en un primer momento, suele convertirse en vinagre al minuto siguiente. Lo mismo pasa con las ideas. Lo bueno es que con ellas, a pesar de convertirse en vinagre, pueden seguir siendo buenas ideas.

Las ideas pueden cambiar, mutar, agrandarse, expandirse, achicarse, perder una parte y ganar otra. Intercambiarse, pulirse, perfeccionarse, tener más o menos brillo. Eso es lo bueno que tienen las ideas, no son algo que permanece inmutable dentro de nosotros.

Si nos apropiamos de una idea ajena, no la demos como propia, en la medida de lo posible, reconozcamos el derecho de autor. Hay ideas que son inspiradoras, y generan en nosotros otras ideas, que a su vez dan lugar a otras ideas, que se convierten en más ideas que pueblan este mundo, y esas ideas… bueno, creo que ya entendieron la idea ¿No?

Es bueno tener ideas, las que sean, y lo mejor es tener idea que se tiene idea. Porque sino se la tiene, la idea deja de ser idea. En fin, espero que escribir este post tratando de plasmar las distintas ideas, “no haya sido una idea de miércoles”.

Besooo.

Ella juró por Él

 Como en un cuento de hadas, sin brujas malas y con final feliz, y quizás lejos, muy lejos de lo que alguna vez imaginó. Ella recorrió las calles sin él y vitoreada por el pueblo. Estaba feliz, radiante, luciendo un exclusivo vestido negro, señal de su luto. Esta vez, no era copia del de Letizia. No es una afirmación, es pregunta.

Exudando glamour, bajó inmaculada, impecable, exultante de su auto azul noche. Notaba al igual que todos la ansiedad de su compañero, al menos, su compañero durante los próximos cuatro años. Una de las muestras de ansiedad de su Amado se puso de manifiesto en su apariencia: parecía haber dormido con su traje puesto, o bien, haberse despertado tarde olvidándose de plancharlo (y te juro, ma, que yo no se lo planché). Entiendo, es un traje liviano, de verano, pero como dice mi mamá: “No cuesta nada darle una planchadita”. Y ahí, entre otras cosas, faltó plancha.

Juntos entraron al recinto, juraron, como es de rigor, por Dios, la Patria y por Él en sus nuevos cargos de Presidente y Vicepresidente. En realidad la que juró por él fue ella, él no juró por él, pero si hubiese podido hubiese jurado por él, él, no por el de ella. Tuvimos esa foto, que todos presagiábamos desde que ella dejó de hacerse los rulos para dar el sí.

Ellos regirán nuestros destinos los próximos cuatro años, ellos estarán a cargo de este país. Tal como lo decidió la mayoría de manera aplastante y contundente el 23 de octubre. Ahora sólo nos queda acompañar, ahora sólo nos queda pedir que les vaya bien. Por que si le va bien al país, nos va bien a todos.

Es hora de que este país empiece a despegar. Es hora de que a este país se le dejen de poner parches, endebles y mal pegados, y comience a crecer de verdad. Sin dibujos ni falsos índices. Es hora de que se creen nuevos puestos de trabajo, y se deje de dar subsidios. Es hora de que este país deje de tener clientes y pase a tener votantes, con voto independiente. Y no votantes que sólo votan para seguir teniendo un subsidio.

Ojala la despedida de Cobos haya sido el último acto de intolerancia de este gobierno y sus seguidores. Sentí vergüenza, propia y ajena de cómo se trató en ese recinto, por el que pasaron tantos prohombres que hicieron grande a nuestro País, a un vicepresidente de la Nación.

La Presidente resultó electa por voluntad del 53% del padrón electoral. Cuenta además, con mayoría absoluta en ambas cámaras. La oportunidad es inmejorable. Ella tiene en sus manos la posibilidad de escribir una página importante en nuestra historia. Espero que elija para escribirla, una estilográfica de lujo, esas que hacen una letra impecable, clara y legible. Y no una birome de mala calidad, de esas que parecieran tener un clavo en la punta, y solo permiten hacer garabatos ilegibles. ¿No?

Besooo.