¿La resignación? – Mare Nostrum

Había pasado ya más de un siglo desde ese fatídico día en el que Norberto le quitó la vida a Rita. Cegado por los celos, la frustración y la ira, y ante la negativa de su amante a seguir con una situación que la incomodaba y la hacía infeliz. En tan sólo una fracción de segundo, impulsado por una reacción que no involucró ni un solo pensamiento, se dejó llevar y la mató.

Esa vida que Rita había comenzado a vivir nuevamente, esa vida que ella sí merecía. Era la vida que había soñado y elegido por vocación desde su infancia. Tendría una vida de la que no se avergonzaría, ni escondería, muy por el contrario. La mostraría y se mostraría al mundo orgullosa de ser su feliz poseedora. Ella era una mujer que amaba y era amada, eso era lo que ella era realmente.

Pero la vida o el destino quisieron que su vida tome otro rumbo, uno muy diferente al que estaba en sus planes. Uno que Rita ni siquiera había imaginado en sus peores pesadillas. Claro, por más que se imagine, nunca se imagina lo oculto, lo que no se ve, lo que solo se siente y se presiente. Eso sólo lo sabe, quien cruza la línea de la vida, quien esta en medio como en su caso.

Rita no estaba ni viva ni muerta. Estaba sumida en el limbo, tomando el cuerpo de otros para lograr su objetivo. Era un alma torturada penando, castigada, indeseable y maltratada por ella misma. Y lo hacía por la vida que tuvo, y sobre todo, por la que no tuvo.

Desde el mismo día de su muerte se fijó una meta que sólo logró a medias. Ella ansiaba y logró mantenerse viva, para encontrar a Félix, su amado. Aquel ser generoso que había compartido con ella el secreto de la vida eterna, de la felicidad sin tiempo y del amor eterno que trasciende la carne y burla a la muerte.

En su centenario raid, se apoderó, arruinó, y sesgó, sin que nada más que ella importara, muchas vidas inocentes. Vidas que deberían haber sido vividas por aquellos a quienes les fueron dadas, no por ella.

Rita se había convertido en una hábil cazadora. Calculaba los detalles al milímetro, con la destreza y precisión de un cirujano. Nada quedaba librado al azar. Su primera posesión fue simple, pacífica, paulatina. Hilda, su primera víctima, se dejó poseer tranquilamente, tras la extraña y repentina muerte (causada por Rita) de su esposo.

Con el transcurso del tiempo, tal vez ganada por la desilusión y el desánimo de no encontrar a Félix, todo se le hizo cuesta arriba. No entendía por que el tiempo pasaba y él no iba a buscarla. Arrebataba vidas ajenas no para vivir, sino para subsistir. Era lo único que hacía, subsistía, lo buscaba y esperaba.

Estaba estancada, encaprichada, empecinada, obsesionada esperando encontrarlo o ser encontrada. No tenía otro norte. Varada en ese departamento que detestaba, que había sido mudo testigo de su desgracia, y que por períodos se convertía alternativamente en su sepultura o su cárcel. Estaba condenada a estar eternamente en ese lugar que odiaba con todas sus fuerzas, y que después de tantos años seguía oliendo a los jazmines de Norberto. Ese era el precio por haber conseguido la vida eterna, por haber vencido a la muerte.

Pero Rita nunca sospechó la verdad, ni cuáles eran las intenciones reales de Félix. Ignoraba que él era un cazafortunas, que no la quería a ella. Ignoraba que él era un cobarde, que huyó tras su muerte. Ignoraba que él murió solo, sin animarse a probar el ritual con el que ella había burlado a la muerte. Ignoraba que él había malgastado su vida, buscando el secreto de la vida eterna. Obsesionado por la idea de conseguir algo que siempre había tenido en sus manos.

Su última posesión le había resultado la más dificil, ella no dejaba de darle batalla. A veces gritaba dentro de ella por horas pidiéndole, exigiéndole y otras suplicándole que la liberara. Eso había debilitado mucho a Rita. Sú última víctima era muy fuerte, no podía doblegarla como a las demás.

Una mañana como otras, Rita se dió cuenta que ya no tenía control sobre ella. Ahora ella era la controlada. Se desesperó, vio frustrados sus planes, vió como sus sueños se hacían añicos. La posibilidad de encontrar a Félix se hizo más lejana que nunca. Entonces era Rita ahora, la que gritaba desde dentro de su poseída, la que dormía por horas, y soñaba que había encontrado a su amado y que por fin vivían felices.

Pero Rita no toleró esta situación durante mucho tiempo. Sacó fuerzas de flaquezas, se rearmó  e intentó presentar batalla. Lo que no entendía muy bien, era para que hacerlo. Volver a tomar el control del cuerpo significaba volver a la realidad. Volver a ese infierno que olía a jazmines sin él.

Así es  que comenzó un camino, quizá sin retorno, hacia la resignación. Tan paulatinamente como había llegado se fué apagando hasta casi desaparecer, Quedando allí en el interior de ella, latente. Rita fue vencida o quizás, se dejó vencer a consecuencia del cansancio, la desesperanza y la desilusión de no encontrar a su amado, de no encontrar la felicidad. Duerme siempre, porque en su sueño halló una ilusoria felicidad. En sus sueños ella está junto a su amado, viviendo la vida que quería vivir.

Tal vez Rita more en ella, hasta que ella viva. Aunque sólo tal vez…

Fin

Un blanco móvil

Nos tiene a su merced, nos maneja, nos esclaviza. Nos tiene pendientes y dependientes. Nos hace esperar y desesperar. Nos produce sensaciones ambiguas, extrañas, opuestas. En segundos nos hace recorrer un abanico de estados de ánimo, inquietud, alegría, tristeza, enojo, risa, llanto. Así como así, sin hacer ningún esfuerzo, él todo lo puede, o casi todo.

Produce sentimientos encontrados, arranca pasiones. Tiene a la humanidad casi dividida en dos posiciones muy claras, irreductibles. No hay variantes ni variables. Se lo ama o se lo odia, te convertís en su defensor o en su detractor. Él no sabe de medias tintas, ni las tolera. Es sí o no, blanco o negro, en su mundo no hay lugar para grises.

Sin él estas perdido, aislado, sos un ser anónimo casi en penumbras. Con él no tenes privacidad, siempre te gritan piedra libre. Sos un blanco fácil, ése que se encuentra sólo con marcar un número, tu número. Todo comienza y a veces todo termina con esa pequeña e inocente palabrita “Hola”.

Nuestro teléfono móvil es un invento maravilloso, a veces. Otras puede llegar a ser una molestia insufrible, indeseable y todas las palabras con “in” que se nos vengan a la cabeza.

Los sentimientos que nos provoca a veces son contradictorios, inherentes a nuestra condición humana. Pensamos que es malo que suene, pero a la vez sentimos que es malo si no suena. ¿Quién nos entiende? No me miren a mi, yo no, sólo escribo estrictamente lo que las musas me dictan.

Lo inquietante, al menos en mi caso, se produce cuando llamo, suena y no responden. Eso me altera, me pone frenética, me enoja, me preocupa, me intranquiliza y me aliena. Todo se intensifica con la “sensación de inseguridad” reinante. Es en esos momentos cuando mis pensamientos se dividen y se encolumnan en dos partes bien diferentes.

Mi parte optimista trata de tranquilizarme presentando sus argumentos, que son basicamente dos: “no lo escuchan sonar”, “no hay señal”. Acto seguido, mi parte pesimista hace su entrada, con sus argumentos que son más, muchos más, y de más peso. Es allí cuando ambas partes comienzan una lucha, su lucha por ganar y prevalecer. Pero como siempre cada combate tiene un solo ganador.

Generalmente mi parte pesimista y sus cuantiosos argumentos de peso, terminan aniquilando a mi débilmente fundamentada parte optimista. Debo reconocerlo, cuando mi imaginación se pone a funcionar en “modo trágico andaluz” no hay cantaor flamenco, saeta y mucho menos tango que le gane.

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana :-D

Y vos, ¿sos o te hacés?

 A veces me gusta observar conductas, ver lo que hacen los demás, como lo hacen. A veces ves cosas divertidas, o que te sorprenden, otras ves cosas que no querés ver. Son ese tipo de cosas que te hubiera gustado vivir toda tu vida sin verlas, sin siquiera imaginar que existieran.

Es en esas circunstancias cuando surge la pregunta. Esa pregunta antigua, la que se ha hecho la humanidad desde que el mundo es mundo. Esa pregunta tan simple, tan elemental. pero que tiene un fuerte contenido trascendental. Esa pregunta que parece liviana, casi hecha a la ligera, pero que, si te pones a pensar con toda la atención que requiere, caés en la cuenta que es tan profunda como un pozo sin fondo. La pregunta a la que me estoy refiriendo, y que ha inspirado tantas teorías y debates es: “¿Es o se hace?”

Por que si se es, se es, hay que conformarse, tratar de que se note lo menos posible, y apañarse, no hay más remedio. El problema es hacerte, eso es lo triste, lo trágico. Lo fatal es que de eso no se vuelve, por el contrario, es un camino de ida que cada vez se hace más estrecho hasta desaparecer por completo.

El ser es excusable, porque es responsabilidad de la naturaleza, fuiste su falla, su error. Por el contrario. en el hacerse no hay disculpas posibles. Vos lo quisiste así, fue tu deseo, es tu obra, vos su orgulloso autor y por ello serás recordado. Tampoco encierra nada bueno, se cataloga entre tus atributos negativos, molestos, incómodos, indeseables, poco atractivos.

El hacerse no es fácil, aunque si inútil. Es como tener una fingida contracara, un falso lado B por el que se quiere ser tristemente célebre. Es no mostrarse como se es en realidad, sino un mostrarse como no se es. Desconocemos las causas por las que se elige “hacerse”, tal vez, este sea un secreto celosamente guardado, conocido únicamente por el que se hace y Dios que todo lo sabe.

Lo importante es la definición, tu definición. Tener muy en claro que existen dos lados, diametralmente opuestos, diferentes. La cara y contratara, tu posición en la vida está determinada por la respuesta a esa pregunta. El saber de que lado estás, tomar postura, decir aquí estoy y esto soy, es muy diferente a decir aquí estoy y esto no es lo que soy, es lo que “me hago.”

Por si les quedó alguna duda y para que no les quede ninguna otra, lo aclaro, me defino y me posiciono ante ustedes. Yo soy, no me hago. Y siguiendo los consejos de mi abuela Máxima, que siempre decía “No hay que serlo sino también parecerlo”, yo soy lo que parezco y parezco lo que soy.

Me disculpo por anticipado por desilusionarlos con semejante confirmación, pero es lo que hay…

Besooo.

Vos y yo por siempre

No siempre se puede hacer lo que se quiere. A veces, otras voluntades conspiran contra la tuya, haciendo imposible tu objetivo, obstaculizando tu meta. A veces esto es intencional, otras veces falta la intención, solo se hace porque si, porque prima la ignorancia, el desconocimiento o ambos.

Es en esos momentos en los que te sentís atado, encadenado, preso, inmovilizado por esas voluntades extrañas y hostiles. Es en esos momentos en los que sentís que tenés al Universo en su totalidad conspirando contra vos, un punto microscópico, perdido en su magnificencia. Es en esos momentos en los que sentís que la vida te da ese golpe maestro, ese que te hace caer, ese que te hace perder por knock out.

Es en esos momentos en los que no te queda otra salida que levantarte o pedir ayuda para que te levanten. Y una vez en pie seguir batallando hasta conseguir lo que te propusiste, o para recuperar lo que perdiste. Lo único que debe importarte en esos casos es alcanzar ese objetivo que parece tan lejano, inalcanzable. Con tesón, determinación y voluntad las distancias se acortan, y las metas se alcanzan.

Después de 400 días con sus tardes y sus noches. Después de tres inspecciones rebotadas por Inspectores de Metrogas, a Hugo nuestro ex gasista inútil e inhábil, el hijo pródigo ha vuelto. Hemos recuperamos el gas perdido. Gracias a Ricardo nuestro dedicado, hábil y eficiente gasista. Vital servicio que nos fue arrebatado cruelmente y sin piedad una fría noche de invierno, por MetroGAS , que vino, vió y clausuró. Gracias a la pésima ocurrencia de Margarita, una vecina con mucho tiempo libre y poca imaginación. Nota: la pérdida provenía de la casa de esta flor de vecina, como consecuencia de sus conexiones clandestinas. Claro, eso lo supimos después. Mientras tanto, las consecuencias las sufrimos todos y ya que nos quedaba de paso todos pagamos el pato, que en este caso puntual sólo le hubiera correspondido a ella.

Atrás quedaron los fríos de este invierno, mis manos y pies congelados que pasaban del rojo bermellón al blanco níveo. Las rabietas, las idas y vueltas, los avances y retrocesos, los desastres de Hugo que después de 4 meses de trabajo no pudo lograr la rehabilitación. El anafe eléctrico con sus patadas incluídas y sus dos posiciones, crudo o quemado. El calefón eléctrico y las duchas de agua tibia en pleno invierno.

Parece increíble que él esté nuevamente con nosotros, abrir la canilla o la ducha y que el agua salga caliente. Tocar la cocina y que no te dé corriente, que los tiempos de cocción se hayan reducido. Que la comida no salga o a medio hacer o carbonizada. Que el agua hierva en pocos minutos. Me maravilla, me deja atónita. Tal como me dijo mi amiga Sonia, ahora entendés lo que sintió el hombre primitivo al descubrir el fuego. Sí, ahora lo entiendo y lo siento cada vez que uso y redescubro el gas.

Tengo que dar las gracias a todos los que me soportaron en estos interminables 400 días, me dieron su aliento, pusieron su oreja, su hombro y su corazón para conformarme, o para que me descargara. Gracias a los que leyeron, y a los que comentaron todos y cada uno de los post, que no fueron pocos, en los que relataba mis desventuras gaseosas.

Finalmente el momento llegó, ese gaseoso y maravilloso combustible corre libre por nuestros caños. Espero que de ahora en más permanezcamos juntos, unidos, siguiendo un mismo camino y hacia el mismo rumbo por siempre jamás. O al menos hasta que uno de los dos no esté en este mundo.

Moraleja: si alguna vez sentís olor a gas, el fósforo es la opción menos cruenta. CHICOS NO HAGAN ESTO EN SUS CASAS.

BESOOO.

El Amado – Mare Nostrum

Félix era un hombre muy interesante. Tenía un título universitario. Era alto, muy atractivo. Era un hombre muy codiciado entre las mujeres, de su círculo y de fuera de éste. Otro de sus atractivos era que provenía de una de esas familias tradicionales, con un apellido ilustre, una gran prosapia y una fortuna dilapidada (lo que era un secreto muy bien guardado).

La trágica perdida de su fortuna se produjo como consecuencia de malos negocios, una vida licenciosa y a una nula intención por conseguir un trabajo como todo el mundo. Porque él y su familia no consideraban ser como “todo el mundo”.

Ellos eran diferentes, pertenecían a ese nutrido grupo de los que habían sido y se desvivían por volver a ser. Esos que se aferran a un pasado glorioso, floreciente, que fue forjado por sus antepasados, y fue heredado y perdido por ellos. Los mismos que hacen cualquier cosa para mantener las apariencias, a costa de quien fuera y costara lo que costara.

Contra la voluntad de sus padres, Félix había seguido una carrera que, aparentemente, en nada aportaba a mejorar su situación económica. La elección había sido motivada por una obsesión. Su obsesión la producían y alimentaban las religiones y rituales antiguos.

En su adolescencia, por esas casualidades o causalidades, había llegado a sus manos un libro que mencionaba, aunque no con mucha profundad, pero sí la suficiente para apasionarlo hasta obsesionarlo, algunos rituales para conseguir la vida eterna.

A partir de ese momento el mundo desapareció, y fue reemplazado por las religiones y rituales antiguos y su sed de conocimiento. Estos temas fueron preponderantes, se convirtieron en su norte, en la fuente de su interés, en su tema predominante y eterno de conversación.

Así fue como comenzó su búsqueda silenciosa motivada por el deseo inmemorial de la consecución de la vida eterna. Su investigación personal y privada, motivada por causas no develadas y mezquinas. Al principio sus expediciones investigativas fueron financiadas por excéntricos familiares, todavía acaudalados, en espera de que Félix algún día escribiera un libro y se los dedicara.

Pero ello nunca ocurrió. El sólo se trasladaba a recónditos y extraños lugares de este mundo, observaba, investigaba y guardaba para sí toda la información que recavaba. Como si fuera un tesoro que debía permanecer ignorado por la humanidad.

Al no obtener el resultado deseado, el financiamiento familiar llegó a su fin. Por eso Félix tuvo que agudizar el ingenio y salir a buscar financistas para su proyecto más que personal. Por algún tiempo intentó con amigos de la familia y miembros del gobierno: Pero todos demostraron muy poco interés. No veían la utilidad de investigar o estudiar religiones antiguas ¿Qué se podía descubrir? Todo lo que debía saberse ya se conocía. Ya estaba todo dicho.

Entonces tuvo una idea brillante, aunque riesgosa, pero la consecución de la vida eterna bien lo valía. Su profesión lo hacía un hombre deseable, con experiencia, hasta le daba cierto halo de misterio que lo hacía más interesante. Así que aprovechó esas ventajas, y sacó partido de ellas. Su blanco fueron las viudas adineradas en decadencia, jóvenes herederas poco agraciadas, las amantes, etc.

Su modus operandi siempre era el mismo. El primer paso era seleccionarlas cuidadosamente, a veces lo hacía con dos a la vez para asegurarse el triunfo, las enamoraba y lo demás venía por añadidura. Ellas, rendidas a sus pies, financiaban su empresa sin preguntas, referencias ni garantías de éxito. Una vez logrado su objetivo desaparecía sin dejar rastros.

Así fue como conoció a Rita. Ella era una amante agobiada, aburrida y avergonzada de su condición. Aunque no le fué del todo indiferente, no era igual que las otras. Sí lo fue en un principio, pero después no pudo hacer con ella lo mismo que había hecho tantas veces con las demás. Tenía ese algo especial que atraía su interés, que lo cautivaba. Era inteligente, con gran personalidad, lo entendía, lo escuchaba, se preocupaba por él. Por eso fue la única con la que se confesó, le develó su secreto. Y le contó del ritual que le había enseñado ese médico brujo para conseguir la vida eterna.

Rita, motivada por sus sentimientos hacia Félix, puso fin a la protección que le brindaba su amante. Este enloqueció y la asesinó. Félix, temiendo por su vida, inmediatamente abandonó la ciudad y nunca más volvió allí. Se fue con rumbo desconocido, dispuesto a reanudar cuanto antes su búsqueda.

Búsqueda que mantuvo hasta el final de sus días. Ninguno de los rituales que prometían la vida eterna parecían conformarlo, a todos les encontraba alguna fisura, alguna falla irreparable. Pero la falla no estaba en ellos, estaba en él. La falla era su falta de fe obnubilada por la cegadora idea de trascendencia. Que no le dejaba ver más allá, que no le dejaba abandonar su mezquina intrascendencia para conseguir la trascendencia que jamás alcanzó.

Nunca volvió a encontrar una mujer como Rita, ni a sentirse como se sentía con ella. Tampoco supo que ella había conseguido y materializado el sueño que, primero fue suyo y luego se convirtió en el de los dos. Rita había logrado burlar a la muerte. Ella seguía manteniendo viva su alma en un cuerpo que no le era propio, con el único objetivo de encontrar a Félix, su amado.

Reelecta con su Amado

Esta vez era diferente. No había emoción, ni adrenalina, todos conocíamos ese lánguido y chato final con visos de secreto. Que había comenzado con un susurro, extendiéndose velozmente hasta llegar fuerte y claro a nuestros oídos. Uno de los dos pronósticos que se habían dado para ese día no se cumplió, la lluvia no se hizo presente. El sol apareció tímidamente de a ratos en ese día de primavera.

Por cuarta vez en este año, concurrí a Narnia a ejercer mi derecho como ciudadana, expresar mi opinión y elegir los representantes que van a gobernar a través de mi mandato los próximos cuatro años. Una vez allí, en la poca comodidad, y no mayor privacidad de esa especie de placard tríptico, sin puertas, color gris espantoso, emití trabajosamente mi sufragio. No ganador, por supuesto.

Volviendo a nuestro iluminado cuarto oscuro, el tríptico y mágico Narnia. Sería bueno, deseable, y/o recomendable, que si a partir de ahora, vamos a emitir nuestro sufragio de esa manera, por lo menos contrataran a un carpintero habilidoso, para que haga un estantecito que nos sirva de mesa. Si su colocación se hiciera muy gravosa, se podría buscar algun sponsor. Son varios segundos de publicidad y vista por mucha gente, ojo que la idea no es para nada mala. Eso sí, que la publicidad no sea del estado, ni política, para no romper la veda.

Ese apéndice estantístico, además de la difusión de algún producto o servicio, tendría infinitas utilidades, y nos haría el acto eleccionario más cómodo, más alegre y hasta más llevadero. En él podríamos doblar cómodamente la boleta, y no hacer como hacemos ahora, una obra de origami abstracto, para que entre de alguna manera en el sobre. También sería una pieza fundamental, para el caso que quisiéramos cortar boleta. Teniendo ese invalorable punto de apoyo, nos quedaría de lo más prolijita, y no excluiríamos ni mutilaríamos a ningún candidato.

Respecto del resultado, lo sabíamos, ella iba a ser la ganadora. Eso era por todos conocido. Fue como ir a ver una película conociendo su final. Lo sabíamos desde el principio, o al menos, lo sospechábamos desde que alguien dijo que ella debería “ser eterna”. Aunque después se desdijo y nos pidió que no nos hiciéramos los rulos. Así que se despostuló sin postularse. Mientras los vices caían a sus pies, ella jugaba con su pelo, y parpadeaba con sus largas pestañas sin inmutarse. Y los tuvo en vilo hasta el final, por que dio su sí rutundo casi en el límite.

En fin, el pueblo se ha expresado en las urnas de manera indubitable, y en paz. Mis felicitaciones a los ganadores y a la oposición “buuuu”. Crezcan, maduren, escuchen, aparezcan de una vez.

De ahora en adelante, estemos o no de acuerdo con el resultado, nuestro deber como ciudadanos es acompañar, apoyar a este gobierno en esta nueva gestión. Lo que tenemos que tener muy en claro es que si a ellos les va mal, nos va mal, o peor a todos los Argentinos.

Eso no quita, que hagamos ciertas críticas que creamos constructivas, somos cautos y voluntariosos, queremos que al país le vaya bien. Pero… hay límites

Besooo.

¿Cómo decir lo que tengo que decirte?

¿Cómo responder esa pregunta que nunca debió haber sido formulada? ¿Cómo decir todo sin decir nada? ¿Cómo dar una respuesta que no dañe, ni ofenda? ¿Cómo desviar el eje, como derivar y virar, y que eso no parezca planeado, sino hecho naturalmente? ¿Cómo simular y disimular cuando no se puede, cuando los sentimientos brotan, manan, pugnan por ver la luz y por decir lo que no debe decirse?

Entonces, ¿cómo ocultar lo inocultable sin que eso se ponga de manifiesto, sin que nadie lo note, sin levantar sospechas ni llamar la atención? A veces la solución esta a nuestro alcance, y la alcanzamos a través de evasivas, de tangentes. De frases que se van por las ramas y no terminan en ningún lado, solo comienzan en un neutro total y derivan en la nada más extrema.

En estas ocasiones sólo se clama por un una salida elegante, disimulada. Hasta ahora a nadie se le ha ocurrido escribir un manual de estilo, o hacer una página o tan sólo un pasquín que contenga información sobre como comportarse en estos casos, a que recurrir, a que echar mano cuando no hay salida posible.

¿Qué se hace cuando todo se cierra a nuestro derredor y quedamos encerrados por un cuestionamiento? Sólo el y nosotros, y hay una única salida, cuya llave es una respuesta que no queremos, no podemos o no debemos dar. Son esas situaciones límite que se producen constantemente en nuestra vida de relación. Esas que nos ponen como protagonistas de algo en lo que no quisiéramos ser ni siquiera elenco. Esas que nos ponen contra la pared y no nos dejan mover.

¿Cómo decirle a alguien la verdad sin mentir y mucho menos herir? ¿Qué decirle a esa amiga, o familiar, cuando te pregunta “¿te gusta?”? ¿Cómo decirle que para mí eso que le hicieron no es un corte de pelo, sino  algo que  encuadraría en la  tipificación de lesiones graves? No como gravísimas, por que en algún momento el pelo crece.

¿Cómo decirle que esos reflejos, más que como reflejos le quedaron como franjas de una bandera, que me remiten a la camiseta de Peñarol? ¿Cómo decirle que a ella ese color de pelo le queda como una patada en los dientes? ¿Cómo decirle que ese color de rouge le queda fatal? ¿Que los colores oscuros no deben usarse cuando tenés labios finitos, porque te los borra por completo, y  quedan como si fuera la sonrisa de Smiley?

Y ni que hablar cuando te invitan a comer e hicieron alguna comida que es incomible, porque le sobra sal, aceite o porque no tiene nada. O hacen una tarta de caballa con mucho esmero y además con todas y cada una de sus vértebras. Incomible.

En esos casos es mejor poner cara de poker. Echar mano  a esa cara neutra, protocolar, de me encanta la acelga con limón aunque quede áspera. Y sin inmutarse decir cosas como “excepcional, bárbaro, fantástico, extraordinario”. Porque en realidad es todo eso junto y más…

Lo importante es la entonación. El tono en lo posible debe ser positivo. Tenés que ensayarlo, cuidado con esto, porque a veces no sale al primer intento. Lo fundamental es que la voz no te tiemble por el impacto o la impresión. Si lográs disimular eso, estás del otro lado.

Vos contestaste y la otra persona quedó contenta. Aunque en  mi opinión, en ciertos casos esas preguntas sólo son retóricas. En el fondo y no tanto, a nadie le importa lo que le digan en realidad, la audición se torna selectiva, sólo se escucha lo que se quiere oír. Pero, ante  la duda, yo mejor no pregunto, sólo espero y analizo reacciones…

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana. El domingo voten en paz y con alegría. Porque después de todo, sea quien fuera el ganador, estamos ejerciendo un derecho ciudadano que mucho costó conseguir.

El principio del fin…

Las horas se suceden unas a las otras, al igual que los meses y los días. Nuestras vidas transcurren en medio de estas sucesiones, para nosotros habituales y naturales. No tenemos conciencia de ello, son hechos de la vida, y donde nuestras vidas se desarrollan. Es algo cierto, rutinario, que no ha cambiado nunca.

Tenemos la certeza que el día dura 24 horas, que tiene un principio y un fin. El ciclo comienza una y otra vez. Así ha sido siempre. Decimos “hasta mañana”, o “lo dejo para mañana” sin siquiera pensarlo, lo hacemos en forma automática, maquinal. Aunque tal vez no todos los que empezamos el día lo terminemos, o tal vez no para todos haya un mañana. Porque ese día que esta transcurriendo es el último de su vida.

Pero ¿que pasaría si no hubiera un mañana? Y no digo para unos pocos. Mi planteo abarca a la humanidad toda, ¿qué pasaría si no hubiera un mañana para nadie? ¿Qué pasaría si hoy no fuera el primero sino el último día de tu vida?¿Qué pasaría si no hubiera un mañana para dejar lo que no puedas hacer hoy? Alguna vez te topaste cara a cara con esa pregunta, esa cruel hipótesis que marca la posibilidad cierta de tu finitud.

Si no lo pensaste, pensalo. Y hacelo rápido, porque tenés solo unas pocas horas para pensar lo que harías y hacer lo que pensaste, o al menos intentarlo. Por que mañana no va a haber mundo. No habrá más espacios cedidos a los partidos políticos, ni publicidades políticas. Bueno, mal ejemplo, eso igual terminaría gracias a que empieza la tan ansiada veda. El fin del mundo traería aparejado el fin de muchas cosas. No habrá más sábados, ni domingos, ni elecciones. No vas a trabajar nunca más en tu vida, ni a cobrar más un sueldo, ni a pagar una sola cuenta más. No se sucederán las estaciones del año, el mundo finalizará en primavera. Tampoco voy a recuperar el gas que perdí hace 13 meses… aunque ya, ¿para qué?

Al menos eso es lo que sostiene el Pastor Harold Camping de 89 años. No que no voy a recuperar el gas, sino que el viernes 21 de octubre el mundo llega a su fin. Así como así, the game is over, la pantalla hace un fade out a negro y aparece escrita con letras doradas la palabra The End.

Desde que tengo uso de razón he escuchado varias veces vaticinios anunciando el final inexorable de nuestro maltratado planeta. Y sin embargo aquí seguimos. Pero Camping, sostiene desde hace cinco años, con toda la seguridad del mundo, del mundo a punto de extinguirse, esta predicción.

Lástima que nos venimos a enterar justo ahora, casi en la víspera. Para él, el principio del fin del planeta Tierra, comenzó a desencadenarse con un terremoto el 21 de mayo pasado. También predice la salvación de algunas personas, personas estas que, coincidentemente son sus adeptos.

Como sea, no tengo la certeza que no habrá un mañana, ni tampoco que lo habrá. Por eso me voy despidiendo rapidito, por que tengo millones de cosas que hacer. Como decía mi abuela, mejor prevenir que curar. Que tengan un buen fin y mejor principio…

Besoooo y ¿hasta mañana?

Bajo un halo de misterio

Preguntas asaltan mi mente, pero las respuestas están en rebeldía, no llegan a mí. Por más que las busque, no las imagino. Ni siquiera tengo una sombra de presunción, ni un atisbo de sospecha. Sólo hay en su derredor un halo de misterio que genera, al ritmo que tendría una pujante industria, preguntas y más preguntas, incógnitas y enigmas.

Sólo dudas e incertidumbre constituyen mi sólida certeza, mi base de partida, mi plataforma de investigación. Sólo eso es mi certeza, además de ese porque que taladra mi mente y no la deja descansar. Muy por el contrario, la inquieta, la hostiga, la provoca. No permite que se rinda hasta encontrar una solución, o una respuesta que colme sus altas expectativas.

En algún punto todos nos hemos hecho la pregunta, esa pregunta. Conocemos sólo una parte y desconocemos la otra. Es como mirar con un solo ojo, no tenemos todo el panorama, falta algo importante, falta la profundidad. Aunque pensándolo bien, no todos desconocemos la totalidad, habrá quien o quienes la conocen íntegramente. Ellos sí saben, donde, cuando, como y porque.

Si tan sólo nos lo dijeran, o al menos nos dieran una pista… Podríamos completar la escena, eso sería como ver con los dos ojos, como tener la totalidad del todo, como tener el final del libro. Como tener su destino escrito y ver como terminan, donde y porque.

Lo cierto y definitivo es que desconocemos, quizás se tengan presunciones, pero no certezas, acerca de donde van a parar los mails o los SMS que no llegan. Y no me estoy refiriendo a esos mensajes “que no llegan”. Esos que nos juran y perjuran que jamás llegaron, mientras vemos crecer la nariz de nuestro interlocutor destinatario, cual Pinocho por la mentirita que nos esta diciendo.

No, me refiero a esos que realmente no llegan, los que se pierden en el camino. Ese camino que desconocemos donde se encuentra, esa ruta secreta que sólo toman algunos mensajes aleatoriamente y sin saber muy bien porque. Esa tangente desconocida que toman los mails o SMS que se niegan a ser leídos por un destinatario, o que se niegan a comunicarnos, o se empeñan en mantenernos aislados.

Tal vez al igual que los objetos perdidos ellos también tengan un paraíso de mails o SMS perdidos, o renegados, o felices rebeldes. Tal vez sea el destino el que interviene, el que los envía a personas que no tienen quien les escriba para alegrarles el día o darles en que pensar por un rato, ocupando su tiempo. Tal vez, la respuesta más real y menos mágica, sea que las compañías tienen ciertas falencias técnicas que hacen que se produzca una falla que nos saca del aire. Y a veces nos deja sin aire, desconectados, incomunicados, en ascuas. Y esperando una respuesta que nunca llegará porque nunca llegó la pregunta.

Y aquí estoy, con una brecha tecnológica que se amplia y profundiza día a día. Confundiéndome y dejándome con más preguntas que respuestas, como siempre.

Besooo.

El Amante–Mare Nostrum

Norberto era un hombre chato, gris, una de esas personas que nos pasan desapercibidas, que no cuentan. Era muy callado, inteligente, tenía un don para los negocios y un secreto. Sus padres habían muerto en un accidente cuando era muy pequeño, así que fue criado gélidamente por su único pariente, Pedro, su tío paterno. Era un hombre al que poco le interesaba Norberto, no así su fortuna y los negocios de su padre, los que pronto hizo propios.

Pedro era muy distante con su sobrino. Su principal interés, su familia, su religión y sus creencias eran los negocios. Comía, dormía, respiraba, y se levantaba cada mañana por y para ellos. Norberto era sólo el heredero de la fortuna de su hermano, no tenía ningún tiempo para dedicarle. Nunca le demostró cariño, ni siquiera simpatía.

Lo único que el niño recibía de él eran regalos, caros e importantes. Ese era todo su vínculo. Y así fue como creció pensando que esa era la única forma en la que se demostraba interés por otra persona, o amor, o afecto, o tan sólo cariño. Esos eran sus valores, así había sido educado. Al igual que su tío pensaba que el dinero lo era todo, era su Dios, su luz y su guía. El que abría puertas del cielo y de la tierra, con el que todo compraba: afectos, amigos, compañía y sobre todo amor. Sin dinero su mundo dejaba de girar, sin él mundo se esfumaba.

Norberto comenzó a trabajar con Pedro, pero un día le dijo que quería independizarse. Entonces Pedro le dio un consejo, con visos de recomendación que casi rayó en una orden. Fue la única vez que demostró algo que se asemejaba al cariño. Si querés independizarte y mantener una sólida posición, debes casarte con Iris.

Ella era una poco agraciada heredera con una inexistente cantidad de pretendientes. Por lo que su padre, sorprendido, accedió de muy buen grado a entregarle inmediatamente su mano y toda ella a Norberto. Finalmente después de varios años de noviazgo, los novios muy agradecidos el uno con el otro por sus recíprocas contribuciones, contrajeron enlace con gran pompa. Un año después nació su primer hijo.

El matrimonio fue invitado a casa de uno de los socios de su tío, el que hacía un baile para presentar a su hija en sociedad. Iris no pudo asistir por su reciente maternidad, pero sí Norberto. No fue de muy buen grado, pero no podía faltar, su tío se lo había pedido especialmente. Esos eran los eventos que congregaban a lo más granado de la sociedad, y por lo tanto, los lugares en los que se podían llegar a hacer grandes negocios, si se usaba la inteligencia, la rapidez, y la astucia.

Allí vió por primera vez a Rita, quien lo cautivó. Ella estaba con un vestido blanco, vaporoso, con un lazo rojo ciñendo su pequeña cintura. Era una visión, una belleza, un ser inalcanzable. Esa fue la segunda o tercera ocasión en su vida, en la que Norberto sintió algo por alguien, tal vez un sentimiento, tal vez amor. Pero ese amor era un amor imposible, que guardó por años en secreto. Y en ese lugar distante y recóndito, al que sólo el podía acceder, sólo a veces,

Durante años la miró y la admiró en silencio. Solo se conformó con venerarla y amarla en secreto. Disfrutando el saludo que ella le dirigía, esa palabra que cruzaban, esa mirada o esa sonrisa. Eran momentos que él atesoraba en su memoria y repasaba una y otra vez. Imaginando como sería su siguiente encuentro.

Pero lo que estaba a punto de pasar nunca lo imaginó, ni en sus más secretos ni descabellados pensamientos. Un día ella se presentó en su escritorio suplicando su ayuda. De todas las personas del mundo ella recurrió a él. El era su única esperanza, su tabla de salvación. Se sintió un caballero en su blanco corcel rescatando a la dama cautiva en la torre.

Aunque en realidad fue al revés, fue el quien término teniéndola como una cautiva, un rehén. Que se sentía sojuzgada y asfixiada con lo que el le daba, con lo que el creía que era amor. Norberto no sabia amar, nunca nadie lo había amado, solo había recibido lo que el dinero podía comprar, sólo eso. Pero Rita quería más, ella sí había sido amada y había amado, y lo que él le daba no le alcanzaba. Así que buscó y encontró lo que ella creía que era el amor.

Impulsada por el deseo de estar solo con su amado, Rita rompió con Norberto con un total desdén. Se mostró como nunca la había visto ni la había siquiera imaginado, despreciativa, cruel, despiadada. Esto lo desesperó, no toleraba la idea de vivir sin ella, era el amor de su vida, su único amor.

Como un ahogado que da su último manotazo, quiso reconquistarla. Le mandó miles de jazmines, la flor que Rita adoraba, y un anillo. Estaba dispuesto a abandonarlo todo e irse con ella. Nada le importaba, ni sus negocios, ni su familia. Sólo le importaba su amada, la primera persona que no había podido conseguir con dinero.

Pero ese último acto desesperado no hizo más que aumentar la ira y el rechazo de Rita. Norberto decidió en ese drástico segundo, que si no era de él no sería de nadie, y así fue como fue a buscar su katana y sin pensarlo cortó su cabeza. Después cubrió su cuerpo con jazmines, como antes la cubría y protegía con amor.

Después del terrible suceso, la locura se apoderó de Norberto. Deambulaba por las calles buscando a su amada. Terminó sus días en un hospital psiquiátrico. El decía que no pasaba un día sin que ella fuera a verlo. Por las tardes Rita. como siempre vestida de rojo, iba a visitarlo, y le exigía que le consiguiera un cuerpo que poseer.

Vergüenza Morena…casi propia

Hoy estoy furiosa, preocupada, siento mucha vergüenza, por mi y por todos. Ese cúmulo de sentimientos hace eclosión en mí. Mi inspiración en confabulación con mi atención, susurran frases que me disparan pensamientos, sensaciones, e inquietudes, que toman vida propia. Y se hacen incontrolables. Porque quieren ser plasmados, conocidos, y tal vez compartidos. 

Otra vez él, el arquitecto de nuestros precios, el ilusionista que dibuja nuestra economía, nuestro Harry Potter vernáculo. El autor de varios excesos y el protagonista de cuantiosos escandaletes que nos ponen colorados. Porque esta bien, lo reconozco, una cosa es el INDEC y su manipulación. Y aunque el lo niegue y ella no quiera reconocerlo y tomarnos por tontos,  no se molesten mas, igual nos damos cuenta. Aunque ya casi nos estamos cansando de mencionarlo.

Eso es algo anecdótico, casi divertido. Todos lo sabemos, es parte del juego, de esa obra pictórica cuyo título es “estabilidad”. Ni la justicia, ni los sindicatos, nadie tomaría como ciertos los datos del INDEC. Que pasó de ser un organismo creíble y prestigioso a ser nuestro chiste nacional.

 Lo que sucedió el domingo con Guillermo Moreno es demasiado, rompió todos los límites Ante los ojos de un nutrido grupo de ciudadanos, nuestro Secretario de Comercio golpeo a un militante de otro partido. Solo por el hecho de pertenecer a otro partido, por pensar distinto. Eso provoco su intolerancia, y despertó su ira.

 Condenaríamos ese acto en cualquier ciudadano común, por su gravedad y  peligrosidad. Pero mucho más grave y peligroso, es, que tamaño acto de intolerancia, haya sido perpetrado por un Secretario de Estado, imperdonable.

 Lo que no tenemos que tolerar ni dejar que se tolere es la intolerancia. Del intercambio de ideas y el disenso surgen los grandes proyectos, eso es lo que hacen los países serios.

 De nada sirve que todos digamos que sí a todo, ni que seamos obligados a ello. Tampoco es bueno ni sano  que todos pensemos lo mismo. Porque en ese caso pasaríamos de ser ciudadanos que gobernamos a través de nuestros representantes a ser súbditos. Porque ese es uno de los rasgos de lo gobiernos autoritarios: Algo que, claro, no pretende ser este…

 Ojalá este señor tenga la suficiente dignidad y hombría de bien como para hacer lo que corresponde. Ya que no hubo otras, esta es “la oportunidad” para demostrar su honestidad. Para hacer un examen de conciencia, analizar en profundidad su conducta intolerante, y presentar su  renuncia indeclinable. Pero, si ello no ocurre, ojalá que alguno de los integrantes del gobierno se la pida, o tenga la visión y valentía para echarlo.

 El domingo tenemos una oportunidad única, la oportunidad de hacer escuchar nuestra opinión, la oportunidad de elegir libremente a nuestros representantes, a quienes queremos que nos gobiernen. Recordemos esto al momento de emitir nuestro sufragio.

 Besooo

El efecto dominó

Las utilizan de manera histérica, frenética, con saña y brutalidad. Solo hieren, confunden, aturden, son de dudosa utilidad. Aun así se hace uso y abuso de ellas. Eso los potencia, los hace caer en una burda y forzada imitación de unos a otros, que los simbiótiza mimetizándolos. Y los hace entrar en un círculo vicioso que suma adeptos, adoradores y devotos indiscriminadamente.

La ansiedad y la impaciencia los carcome, y ellos se dejan carcomer. Nada hacen por apartarlas, en lo absoluto. Solo las llaman, las alimentan, las miman, y con ello suman otras ansiedades e impaciencias que estaban controladas y dormidas.

No toleran nada que no se adecue a sus parámetros, los ofende. Todo debe ser rápido, vertiginoso. No hay lugar para las esperas, las dilaciones, los titubeos. Eso es intolerado, castigado, reprobado. De manera estentórea, a voz en cuello, con gritos que estallan en la garganta y se integran con los ruidos urbanos. Pasando a ser un todo, perdiendo identidad, y deviniendo en nada.

Aunque, pensándolo bien, tal vez sean inocentes y puros de corazón. O sólo sean bien intencionados y crean en la magia. O conserven intacto el niño interior. Y quizás sea él quien les da esa ridícula idea de aporrear, tocar frenéticamente, quedarse con la mano pegada a la bocina. No entiendo cual es el objetivo, porque, que yo sepa hasta ahora nadie logró desintegrar al auto de adelante a bocinazos limpios. A lo mejor algún día… pero por ahora, no. Esto ya lo he dicho en otro post, pero, como decía la Rossi, es bueno fijar conceptos.

Ayer se produjo un hecho abrumador. Es común que se produzca, pero logró ofuscarme. No sé si fue porque me sacó de mi realidad, en la que estaba profundamente sumida, o porque me distrajo de seguir sintiendo el perfume de la primavera.

Resulta que iba caminando tranquilamente, sintiendo el olor a primavera de la nochecita. De repente, hace su entrada altisonante, el coro independiente de bocinotas, que me arranco de mi placentera actividad y me trajo cuelmente a la realidad. Está bien, lo reconozco, se había armado una galleta importante, como diría mi papá. El subte estaba doblando para entrar al garaje y ocupaba sino toda, casi toda la calle. A eso se sumaban los colectivos, curiosamente por esa calle pasan 4 líneas.

Y/o la casualidad desventurada en conjunción con el gran sentido del humor e ironía del destino, hizo que se dieran sita allí, en medio del matete vial musicalizado con bocinas, un representante de cada una de ellas. Así que había cuatro colectivos, más el subte, más autos por doquier. Además de gente, mucha gente, queriendo cruzar. Eso sí, sin bocina, pero con voz y opinión propia, dándosela a todo el que quisiera oírla y al que no también. Total, ya que estaban.

Los automovilistas se crispan un poco cuando ven tanto bollo, y pierden la paciencia. Pero recupérenla, piensen, rescaten su eje. También podrían probar con escribir 100 veces, o las que necesiten mientras esperan, esto siguiendo la línea de fijar conceptos: “la bocina no es un rayo láser desintegrador, sino un contamínante auditivo”. Y no hagan trampa, las comillas no valen…

Besooo.

Buen fin de semana, y FELIZ DIA A TODAS LAS MAMIS, y en especial a Elba mi mamá. Besooooooooo

Daño en reparación

Cuando todo queda en intento y no se avanza. Cuando el entorno no contribuye. Cuando alguien persevera en el error, en el fracaso, y no se enmienda ni lo asume. Cuando se piensa que esa situación va perpetuarse en nuestras vidas, se buscan a veces sin éxito las fuerzas para soportarla, porque ella va a ser la habitualidad, la permanencia por el no hacer.

Es en esos momentos en que debe tenerse el suficiente temple como para decir basta con toda el alma. Tomar otro rumbo, otra dirección que alivie, y que en la medida de lo posible repare lo que se ha dañado.

Es cuando los malos días quedan atrás, muy atrás, poco a poco las heridas se curan y quedan como pequeñas cicatrices de batallas libradas. Antes o después, todo se olvida y queda en custodia del pasado. Custodio celoso si los hay, que a nada deja volver.

Vino con la primavera, que se instaló, a diferencia de él, perezosa entre nosotros. Es la contracara de la cara adusta, es el lado bueno de la moneda, el ejemplo positivo de la fábula, el que repara nuestras ilusiones aniquiladas. Es el opuesto, el positivo de Hugo nuestro ex gasista. Él es, ante todo, nuestro nuevo, eficiente y capaz Gasista, Ricardo.

Él es el que nos devolverá la esperanza, la confianza en los gasistas a través de un sólo, único y humilde acto: “rehabilitando la conexión del gas”. El que hemos perdido hace ya trece meses.

Todo a consecuencia de esa vecina que llamó a MetroGAS, que en una fría noche de invierno, vino, vió y cortó sin el menor miramiento, ni piedad alguna. La misma que tiene nombre de flor… No, de esa flor no, Margarita se llama. La que tiene mucho tiempo libre y poca imaginación. La misma, que tenía la pérdida que originó el olor a gas, que sólo ella sentía, y el consiguiente corte.

Nuestro anterior gasista conservó invicta su marca. Tres inspecciones hechas por MetroGas y tres rebotes. No lo discuto, el señor es todo un portento, y por demás coherente, desaprobó todas las inspecciones. Después de su partida, vino su antítesis, su álter ego, Ricardo. El que llega cuando dice y a la hora que dice, el que trabaja sábado o feriado, con sol o con lluvia pero con buena cara.

Y no es que escoba nueva barre bien. Hugo jamás barrió bien, muy por el contrario. A los 45 minutos de comenzar con sus tareas restauradoras de gas, inexplicablemente y ante los ojos atónitos de mi consorte, perforó un caño de agua que nos dejó dos días sin el vital elemento.

Esta vez sí que siento en mis vísceras el triunfo, la consecución de la meta, el restablecimiento de ese gaseoso elemento. Lamento que no haya llegado antes a nuestras vidas, pero, de todo se aprende, y todo lo que vivimos nos hace ser como y quienes somos.

En fin, lo único que esperamos es que Ricardo termine de arreglar todos y cada uno de los terribles desastres que hizo el enviado del innombrable, Hugo, Y que ese maravilloso combustible vuelva a correr libre por nuestros caños.

Besooo.

Tierra a la vista…

Hoy 12 de octubre se conmemora el día en que arribaron a nuestro continente las tres carabelas procedentes de España. Que tenían como misión la de descubrir el Nuevo Mundo. Y esta es mi versión libre de cómo acontecieron los hechos que dieron origen a semejante empresa.

Cristóbal Colón era un navegante muy avezado. Se desconoce cual fue su lugar de nacimiento. Hay quienes afirman que fue genovés, aunque de esto no se tienen certezas. Son varias las ciudades que se disputan el haber sido su cuna. Lo que lo diferenciaba de sus pares en aquellos momentos, era que tenía una “teoría” un tanto revolucionaria y descabellada para su tiempo.

El sostenía que “la Tierra era redonda, como un huevo”. Por supuesto todos creían que con ese corte de pelo y sus ideas, el señor estaba para internarlo y tirar la llave. Se burlaban de él abiertamente y con un desparpajo total. No daban crédito a lo que él decía. Los científicos de la época, sostenían a pie juntillas y sin ponerse colorados que la Tierra era plana, como un disco. Y que cuando un barco llegaba al horizonte caía irremediablemente hacia el vacío. Entonces, ¿cómo creerle a un navegante?

Ese era el primer escollo a vencer. Su idea era viajar por el oeste a las Indias buscando una nueva ruta por el Atlántico. Primero se lo ofreció su proyecto a Portugal. Le dieron miles de vueltas. Y al final salieron diciendo que no, que no le veían la veta. Que no era algo muy marketinero, que la idea no terminaba de cerrarles.

Así que sin sacarse la carpeta con mapas que tenía debajo del brazo se fue derecho a ver a los Reyes Católicos, que parece eran gente muy progre para la época. A pesar de los informes científicos en contra Isabel le dijo a Fernando: “A mí el echar a los moros ya me tiene bastante cansada. ¿Por qué no matizamos un poco, vendo la bijouterie y le financiamos el proyecto a este chico? Ya impusimos el idioma, a mí me gustaría esto de expandirme hacia otros continentes.

Quien te dice, tal vez este Colón sea un visionario, tiene razón y nos llenamos de oro. De última dentro de unos añitos hacemos una que otra inversión allí, les compramos algunas empresas del estado, y las privatizamos. Sería un negocio redondo, por que además de los subsidios que nos daría el estado, los mataríamos con las tarifas. ¿No te parece Fer?” A lo que él le contesto: “Mirá mi reina, diga lo que te diga, igual vas a hacer lo que quieras como siempre, así que dale, date el gusto.”

Fue así como Colón, financiado por los Reyes Católicos, partió del Puerto de Palos el 3 de agosto de 1492. Contaba con tres embarcaciones: La Niña, La Pinta y La Santa María. El 12 de octubre llegaron a la isla de Guanahani, a la que bautizaron como San Salvador. Después de poco más de dos meses de navegación el Marinero Rodrigo de Triana avistó tierra.

Esa es más o menos la historia de cómo fuimos descubiertos y colonizados los Americanos. Claro, a esa colonización le sucedieron cosas mucho menos amables como la imposición de un idioma, una religión, saqueos, el cambio de oro por espejitos, la matanza de los pueblos originarios y la exterminación de sus culturas … Pero esa,  es otra historia.

Besooo.

Su primera Vez – Mare Nostrum

No comprendía muy bien lo que estaba ocurriendo y mucho menos lo que había ocurrido. Estaba aturdida, y por demás confusa. Aún flotaba en el ambiente ese insufrible hedor que daban los jazmines que él le había mandado para reconquistarla. La vida es tan extraña. Los sentimientos se cruzan, se enlazan, se revierten y se convierten. Como puede amarse algo con locura, y al segundo odiárselo con toda el alma.

Ella debería haberse ido, pero se resistió, con todas sus fuerzas. Y finalmente logró quedarse, como lo había prometido. Jamás había roto una promesa (era una mujer de palabra) y mucho menos iba a romper la promesa que le había hecho al amor de su vida.

Finalmente algo hizo que se viera, y se vió a sí misma sin vida. Vió el que había sido su cuerpo, que yacía inerte sobre la alfombra empapada en sangre. Norberto lo había cubierto prolijamente con jazmines. Y puesto la cabeza prolijamente sobre el pecho, mirando hacia la puerta. La que nunca podría trasponer nuevamente por sus propios medios. En ese momento, todo comenzó a encajar, las piezas se unieron y los espacios en blanco se desvanecieron. Todos y cada uno de los detalles de su muerte se sucedieron nuevamente en ella. Sintió el filo de la Katana cortando su cuello, y su cabeza rodando sobre la alfombra.

Una mezcla de desesperación y alivio la invadió. Ahora era libre, solo debía encontrar un cuerpo, un nuevo hábitat le permitiría reencontrarse con su amor y vivir con él una vida plena y feliz. Recordaba cada paso del ritual. Lo había repasado y practicado con él innumerables veces. Era sólo cuestión de tiempo, sólo tenía que ser paciente.

Lo que Rita ignoraba es que inmediatamente después que se conoció la trágica noticia de su muerte, su amado emprendió un largo viaje. No quedo muy en claro si lo hizo embargado por la pena y la desolación. O como mecanismo de autoconservación, temiendo que Norberto viniera por él.

El tiempo transcurría y todos los esfuerzos de Rita por atraer un “nuevo cuerpo” eran inútiles. La leyenda del hombre poseído por la locura que dio muerte a su amante, creció y tomo vida propia en la ciudad. Cada habitante la repetía y agregaba nuevos datos y condimentos de su propia autoría que la hacían crecer más y más. Nadie quería vivir en ese lugar, tenía un signo demasiado trágico.

Muchos, muchísimos años tuvieron que pasar para aplacar los ecos del luctuoso suceso ocurrido en aquel sitio, y que se transformara en leyenda urbana. Hasta que un día Rita sintió y presintió a Hilda. Una joven independiente, que había quedado huérfana muy joven, era muy bella, y sabía muy bien lo que quería, al igual que Rita.

Hilda era maestra, y estaba a punto de casarse con Miguel, su novio de la infancia. En su vida todo era felicidad. Un día de camino a la escuela vió en un departamento un cartel de venta. A partir de ese momento no pudo apartar la idea de compararlo de su cabeza. El lugar era ideal, quedaba cerca de su trabajo y del de su futuro marido. Inmejorable.

No veía la hora de encontrarse con su novio y juntos ir a ver el lugar. Y así lo hicieron. Miguel adoraba a Hilda desde la primera vez que la vió jugando con su hermana en el jardín de la casa. Desde ese mismo momento no hizo más que complacerla.

Cuando se encontraron a la salida de sus respectivos trabajos. Hilda le contó emocionada su hallazgo. Hicieron una cita y fueron a visitar el departamento. Quedaron encantados con el lugar. Era luminoso, estaba muy bien ubicado. Y a pesar de estar en medio de la ciudad y ser otoño había allí un fuerte perfume a jazmines. Eso fue lo que los terminó de cautivar de ese sitio. El vendedor le hizo una rebaja considerable en el precio, él manifestó que “le gustaba ayudar a los jóvenes que comenzaban su vida”.

Ellos se casaron en primavera, tuvieron una feliz luna de miel. También tuvieron una muy feliz vida juntos, aunque brevísima. Al año de casados él murió de una extraña enfermedad. Hilda estaba devastada, había perdido todo cuanto tenía en esta vida. Todo carecía ya de importancia, de valor, y de sentido. Así que se recluyó en su casa, y no quiso ver nunca más a nadie. Solo salía al caer la tarde, vestida de rojo, un rojo furioso.

Hilda fue la primera posesión de Rita y la más fácil que le ha tocado nunca. Ella sólo duerme y sueña con su amado, mientras Rita, habitando su cuerpo, busca desesperadamente al suyo.

Vanos intentos

El no flanquearme el acceso a un territorio que me es propio. La consecuente secuencia de intentarlo una y otra vez y persistir en el error y en la falta de resultado. La agobiante desdicha del no poder aunque lo intente. Mi inhabilidad innata puesta de manifiesto y expuesta al mundo. Los vanos intentos que se convierten progresivamente en banales, traen como consecuencia el oprobio del fracaso, que se hace insoportable.

Todo pasa en su presencia, ante su atenta vigilancia. Nada dice con palabras. Sólo mira, y guarda el secreto de mis intentos y mis consiguientes fracasos. Ella es la indiscutida protagonista, la causante de mi efímera y desdichada frustración. Es la que castiga mis errores, los vanos intentos, denegándome el acceso.

Aunque siendo honesta conmigo misma, en realidad ella nada puede hacer ante mi torpeza. Por más que lo intente y se esmere. Simplemente cumple con su función, con la razón de su existencia, la razón para la cual ha sido creada y pensada. Entonces lo pienso, lo evalúo y concluyo: No es ella, soy yo.

No puedo mentirme más, ni seguir engañándome. La llave y la cerradura funcionan bien, el problema lo tengo yo que nunca pongo la llave correcta. Ni del lado que va. Al igual que los números, las invierto. Pongo la llave de entrada al edificio en la de la entrada del departamento. Eso sí, después de varios intentos logro darme cuenta. Entonces pongo la correcta, lástima que al revés.

Intenté memorizar que es lo que va para arriba y lo que va para abajo. Pero al momento de abrir es como que me invade un blanco bloqueador y no sé si lo que va para arriba es la marca o el Industria Argentina. Es algo que se me complica, me altera, me saca de mi eje.

Las cerraduras y llaves, no son lo único que se me complica. También están los candados, pasadores, y cierres de ventanas. Estos son temas para mí complicados, tengo una incapacidad natural para operar con ellas. Tal vez se deba a que estos nobles herrajes cerratorios tengan mecanismos muy sutiles y perfectos para mi.

De lo que estoy segura es que lo exacto no tiene lugar en mi cerebro, por más que haga intentos denodados por acomodarlo. Lo reconozco, lo asumo y hago de esto un mea culpa.

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana largo. Open-mouthed smile

Lo que toque en suerte

Todos los humanos tenemos suerte. La podemos tener en distintos grados o estamentos, buena, mala, pésima o peor. De lo que estoy segura es que cuando nos fabricaron a todos nos la dieron. Claro, fue en suerte lo que nos tocó a cada uno. La mucha, poca, buena o mala suerte recibida en origen, es lo que marca nuestros caminos, lo que signa y sella nuestra vida. Según el azar que nos lo dió, lo que se nos dió marcará nuestra fortuna o infortunio.

La suerte opera en grupos y subgrupos bien diferenciados, a los que no siempre se puede detectar a simple vista.

Está el grupo de los que nacen con estrellas. A estos seres es a los que la suerte les sonríe, son aquellos a los que todo les sale bien por que les sale, por que va de suyo, por que es así. Algunos ejemplos de seres que integran este grupo son: aquellos a los que el viento no despeina. O aquellos que cuando salen de su casa deja de llover. O bien se desata un diluvio cuando llegan a ella. O aquellos que se sientan en el asiento del colectivo en el que estuviste parada una hora, inmediatamente después que decidiste correrte.

Está el grupo de los estrellados, seres que están designados y encadenados a la mala suerte, Son los que la mala suerte sigue y persigue. Son los que por más que se esfuercen no logran alcanzar el objetivo. A este grupo la suerte no le sonríe sino que se le ríe en la cara con carcajadas estentóreas. Algunos ejemplos de estos seres perseguidos por el infortunio son: aquellos que corren para llegar a hacer un trámite y ven como el seguridad le cierra la puerta en su propia cara. O aquellos que corren para alcanzar un colectivo que está parado, y cuando casi llegan y están por subir, el semáforo se pone en verde y se quedan abajo. O aquellos que van a comprar algo a un negocio y el comprador que estaba delante de ellos se lleva el ultimo kilo de eso que iban a buscar.

Está el grupo de los variables, de suerte errática, a veces estrellas y otras estrellados, nada en ellos es permanente ni constante. Van de aquí para allá sin rumbo fijo y con suerte inconstante. Son los seres a los que la suerte ignora, no se ocupa de ellos ni para bien, ni para mal. Ellos están librados a una suerte insegura que puede ser mucha o poca, mala o buena. Lo seguro y a veces alentador, es su inconstancia suertística.

También hay un cuarto grupo, que no tiene contacto ni similitudes con ninguno de los anteriores. Este es un grupo, sí, de riesgo, Está compuesto por esos seres que tientan a la suerte, la provocan, le presentan batalla y esperan con estoicismo su primer golpe, se burlan de ella y hasta le sacan la lengua. Tal vez sean seres muy valientes que siempre están al borde, esos seres que necesitan adrenalina como elemento vital. Son los que no temen al peligro, o tal vez lo desconozcan.

Ellos viven en un vértigo diario, viven en un riesgo constante y permanente. Viven al límite, en el borde entre la vida y la muerte, y hasta a veces tienen un pie de cada lado. Lo peor es que desoyen cualquier advertencia. Ellos son así, para eso han sido construídos, son los desafiantes provocadores de la suerte. En este grupo podríamos incluír a: aquellos que fuman relajadamente poniéndole nafta al auto con un bidón. O los que quieren avivar el fuego echándole querosene y dejando después la lata cerca, por las dudas . Los mismos que tocan algo eléctrico con metal, o enchufan miles de artefactos en un sólo enchufe con enésima cantidad de triples.

Pero el ejemplo más emblemático, más representativo, más icónico de este grupo de riesgosos seres desafiantes de la suerte fue el de un chico que vi desde el colectivo. Él iba muy feliz en su ciclomotor, el que estaba un tanto… ¿Como decirlo? ¿Averiado? Pero gracias a su ingenio y su ausencia de temeridad, funcionando a la perfección, porque había reemplazado el tanque de nafta por un bidón que llevaba entre sus pies. Que solvencia, que temple, que … Sí, yo pensé lo mismo, pero no lo quise poner porque me parecía que iba a quedar un poco guarango.

En fin, como diría mi Tía Elsa, este chico si que es un flor de zapallo con ojos y más que mameluco.

El ver lo que otros no ven

Él ve lo que suele ser imperceptible a los simples mortales, al ojo humano, a la atención media. Él lo encuentra sin buscarlo, sin proponérselo, sin siquiera quererlo. Eso lo inquieta, lo altera, lo hace sufrir, lo hiere.

No los admite ni los acepta, sobre todo bajo ciertas circunstancias. Circunstancias estas en las que nadie debería permitirse cometerlos. Ni siquiera teniendo como excusa que somos humanos, falibles e imperfectos. Porque en esos casos las excusas no se admiten, porque alteran la imagen hacia los demás.

El verlos en esas circunstancias particulares casi “corporativas” lo saca de su eje, de su impecable y permanente equilibrio. Es por ello que los aborrece, y quisiera erradicarlos del universo.

Son esos momentos en los que quisiera cerrar los ojos y que ellos desaparecieran y apareciera lo correcto. Lo que debe ser y no es por que el error o negligencia se han hecho presente y no tienen intenciones de irse ni de modificar su estructura.

Una más de la habilidades de mi consorte, que a diferencia de mí tiene varias, es el detectar errores ortográficos, suplantación de letras, frases mal construidas, errores de ortografía, acentos faltantes, etc, con un golpe de vista.

Lo peculiar y fuera de lo común es que él nota errores que nadie nota. Es algo de lo que los demás seres no nos percatamos, o nos pasa desapercibido, o por lo menos no me pasa a mi. Yo puedo vivir en un mundo sin acentos, o con un “qeu” o con un “extenciones” en la vidriera de una peluquería, pero él no, de ninguna manera. Es un exquisito, un purista del idioma. Para él ver un error de tipeo es lo que para mi es ver dos sillas blancas juntas seguidas por una negra.

Puesto así lo entiendo. En ese caso yo también me exasperaría y criticaría el desatino y la ofensa visual causada por el error o desconocimiento.

Tal vez él tenga una suerte de imán o una fuerza superior que atraiga volantes con errores en su texto. O que la referida fuerza lo conduzca por aquellos sitios donde hay comercios con vidrieras o marquesinas con algun errorcillo. Quizás sea que ultimamente se esta escribiendo pésimo, o él sea el único que se molesta en prestar atención y leer lo que le dan, o lo que ve. El leer cuanto cae en sus manos es una costumbre que conserva desde su más tierna infancia.

Ayer por la noche salimos a caminar, íbamos tranquilamente conversando de nada en particular, disfrutando de una fresca noche primaveral, hasta que de repente lo vió. Me miró con una mezcla extraña de estupor e indignación. Inmediatamente se detuvo levantó su mano y lo señaló, cual perro de caza apunta a su presa. Entonces me dijo con un sentimiento profundo, proveniente de sus entrañas: “Pero mirá, ¿a vos te parece? Me arruinaron el día”.

Entonces levanté la vista y lo vi en su plenitud y magnificencia. Luminoso, titilando orgulloso en blanco y azul cual corazón encabritado con los bríos del amor. Imponente, y continente de un error imperdonable. En el se podía leer la palabra “DRUGTORE”. Que lindo hubiera quedado si no se hubieran olvidado de esa maravilosa “S” ubicada entre la G y la T. Pero no, ellos eligieron no ponerla, tal vez debido a un error o a una cuestión de marketing.

Como sea, además de haber arruinado el día y días sucesivos de mi consorte, también habían arruinado, casi herido de muerte el frente del local y la imagen del mismo. Sin contar la cantidad de metálico que habían gastado inútilmente solo para dar la imagen de “ignaritos”. Esto dicho en diminutivo y por ende cariñosamente.

Como diría la Tía Vina, si apenas dominamos el castellano porque usar palabras en inglés… en fin

Besooo.

Aberración Cromática

Hay días en los que todo es maravilloso. En los que un  Febo primaveral brilla sobre nuestras cabezas e ilumina nuestra existencia. Son esos días en los que todo sale bien, en los que hay una sincronía maravillosa. mágica, inmejorable.

Son esos días en los que te sentís dichoso, un elegido, un iluminado. Un ganador que tiene todos los números del bolillero, un privilegiado, un agradecido que da gracias a la vida por estar en ella.

Pero, siempre hay una contrapartida a esos días luminosamente iluminados. La de cal y la de arena, la cara y la contra cara. Son esos días en los que ves todo de un negro azabache profundo.

Esos días en los que salís con un sol radiante y a las dos cuadras tenés una nube negra descargando todo cuanto tiene sobre tu humanidad. Esos días en lo que nada cuaja, en los que nada está coordinado. Esos mismos en los que nada sale bien.

En los que todo el mundo se ha ido y nadie está donde debería,  o todavía no llegó o recién se fue. Los mismos en los que el teléfono suena  en la otra punta, y cuando por fin llegas a atender,  después de varias peripecias, esquive y algún que otro tropiezo, y decís “Hola” escuchás del otro lado ese antipático clic. Que obra como señal indubitable y una prueba palmaria, que quien llamaba se fastidió de esperarte y cortó.

Son esos días en los que  todo se cuestiona. En los que fantaseás con la idea de desmaterializarte, viajar en el tiempo y aparecer al otro día. En  los que nada está como debería. Y fue en ese tipo de días cuando lo ví.

Sólo miré para donde no debía, en el momento en que no debía. Entonces ví lo que no nunca hubiera querido ver. En el restorán que queda en la esquina de mi casa,frente a la vidriera, a la vista de todo el mundo. Con un total desatino, de manera absolutamente arbitraria y con mucha falta de criterio, habían puesto una mesa con tres sillas, dos blancas y una negra. En ese orden.

En ese mismo momento mi TOC capturó mi atención, inhibió mis otros sentidos. Clavó su mirada penetrante en mis ojos y me dijo: “Supongo que habrás visto eso, ¿no?”.  No se conformó con mi displicente “Si, por supuesto”. Sino que continuó hostigándome con su obsesiva alocución. Cuestionándose y cuestionándome.

¿Cómo se puede ser tan insensible, tan incoherente, tan poco delicado? ¿Cómo pueden ignorar conceptos tan elementales como  que la silla negra debía ir en el medio de las blancas? Eso es algo por todos conocido. La regla es  clara y debe respetarse a como de lugar. La sucesión debe ser: blanco, negro, blanco… o a la inversa. ¿Acaso esta gente nunca escuchó hablar de los dameros?

No lo sé, lo único que sé es que desde que vi ese desaguisado cromático no pude apartarlo de mi cabeza. Por eso quise compartirlo con ustedes, para hacer una suerte de catarsis en blanco y negro o a la inversa, lo mismo da mientras no sean dos y uno.

Besooo

¿Una historia como otras? – Mare Nostrum

Rita era una chica de su tiempo, no estaba dotada de una gran belleza, pero tenía ese algo especial que atraía  a todo el mundo. Había nacido en el seno de una familia acomodada, se educó en el mejor colegio para señoritas de la ciudad. Era una persona muy sensible, educada, sociable y enamoradiza. Esta característica de su personalidad era lo que creaba ciertos resquemores y malestar entre ella y su familia.

Con el transcurso del tiempo la rebeldía se apodero más y más de Rita. Y con la rebeldía apareció el capricho. Esa combinación letal hacía que ella estuviera en pie de guerra con su familia. Y  que siempre mostrara interés por el hombre menos indicado. Es así como apareció él.

Todo se sucedió muy rápidamente. El vértigo fue tal que cuando quiso darse cuenta ya era muy tarde. Lo peor e irreversible había sucedido. El amor la tomó de rehén, la golpeó y le dejó marcas profundas, indelebles, vitalicias. De esas que nunca sanan, y uno no se olvida de como se adquirieron.

Las consecuencias también abrieron caminos. Esos caminos que nadie quiere, por difíciles e intransitables, y mucho menos una chica de su época, de su edad y de su posición. Pero así es la vida, no hace preguntas, sólo transcurre.

El rumor de su amor impropio y frustrado, corrió raudo, y se esparció entre sus amistades como un reguero malintencionado de pólvora. Todos hicieron un juicio sumarísimo, y en él condenaron su proceder. La sentencia, por supuesto, no se hizo esperar. Rita quedó sola, nadie estuvo ahí para consolarla ni sostener su mano.

Las vueltas de la vida son misteriosas e inesperadas. Se pasa del todo al nada, de la compañía a la soledad, del amor al desamor, de la risa al llanto. Y todo  en un sólo segundo, en un parpadeo, sin siquiera advertirlo.

Y así estaba ella, sin siquiera entender lo que había pasado. Sola, desesperanzada, desesperada. Todo y todos los que habían constituido hasta hacía unos segundos su mundo ahora le daban la espalda.

Camino durante horas, se sentó en una plaza y lloró hasta que se le agotaron las lágrimas. ¿A quien recurriría ahora? Un nombre vino a su cabeza,  Norberto dijo en voz alta. Él era el sobrino del socio de su padre. Siempre había tenido mucha simpatía y había demostrado cierto interés por ella, a pesar de estar casado. Así que, siguiendo su impulso, se dirigió a su escritorio.

Por supuesto él la recibió de muy buen grado, ella siempre le había gustado. La ocasión era más que propicia, ella era una señorita en desgracia, el debía “ayudarla”. La ayuda no fue muy desinteresada, pero sí discreta.  Él se convirtió en su amante y protector. A partir de ese momento nada le faltaría, ella tendría todo lo que el dinero pudiera comprar.

Cada día Rita sentía más su soledad, y desamparo. Se odiaba a sí misma por haber aceptado esa situación que la humillaba. Los días se hacían interminables y las noches eran una agonía. Una tarde, volviendo de la modista, se topó en el ascensor con un  nuevo vecino. Ambos se miraron, se saludaron muy cortésmente, y en sólo un segundo se enamoraron perdidamente.

Ella sentía por él algo diferente, tal vez una mezcla de amor, adoración y extrema devoción. Fue muy sincera, le contó todo lo que había pasado en su vida, el amor desdichado y como había caído bajo el ala protectora y oficiante de Norberto.

Él era  heredero de una gran fortuna. Había estudiado antropología, y  se había especializado en religiones y rituales antiguos. Su profesión lo había hecho viajar por el mundo conociendo personas y lugares extraños. La curiosidad aderezada con cierta  ambición lo habían hecho incursionar en ciertas prácticas esotéricas, que paulatinamente se fueron convirtiendo en una obsesión.

Obsesión que transmitió y compartió con Rita. El decía que un médico brujo le había dado el secreto de como poseer un cuerpo, dominar el alma de quien en el habitaba, debilitarla y aniquilarla. Siempre le decía: “Si alguna vez nuestros cuerpos enferman, o se tornan inútiles,  los abandonaremos, y tomaremos otros. Nuestras almas vivirán por siempre, poseemos el secreto de la vida eterna”.

La situación con Norberto se había vuelto insostenible, ella no podía siquiera soportar la idea de verlo. Un día tomo valor y le contó que estaba enamorada. El la miró y se fue sin pronunciar palabra, abrumado, desencajado.

A pesar de lo que ella le dijo, no se dió por vencido. Se negaba a perder a su amante, y todo lo que ello implicaba,  la situación le agradaba demasiado, lo hacía sentir un hombre poderoso. Así que decidió reconquistarla, para eso le mandó flores, sus favoritas, jazmines. Todos los que encontró en la ciudad y un costoso anillo de oro y rubíes. “Eso bastará para que vuelva a mi”, se dijo.

Pero se equivocó y mucho. Habían pasado dos días y no había tenido ninguna noticia de ella. “Esperé mucho tiempo ya, ella debería haber corrido a mi inmediatamente”, pensó “¿Quién podría resistirse con ese regalo?”.  Entonces decidió ir a verla.

Llegó al edificio, tomó el ascensor,  abrió la puerta del departamento. y entró. Ella estaba poniendo un disco en el fonógrafo, tenía puesto su vestido rojo preferido. Lo miró  y le dijo: “Te dije que no quería volver a verte, te desprecio”.

Ante esta reacción de Rita, muy diferente a la que él esperaba, se dirigió a la biblioteca y tomó su katana. Fue donde estaba ella y sin mediar palabra la decapitó. Luego la cubrió con jazmines y se fue dejando la puerta abierta.

Desde ese momento Rita ha poseído cuantos cuerpos pudo. Sin descanso busca el alma de su amante. Cuando la encuentre vivirán felices por toda la eternidad.