¿Dónde nos quedamos?

El tiempo transcurre inexorable. Comenzó la cuenta regresiva, la meta está cada vez más cerca y no hay tiempo que perder. Deben utilizarse todos los recursos para lograr un buen posicionamiento. Para ello hay que tener buenas ideas, presentar el mejor plan, cubrir la mayor cantidad de aspectos posibles. Y no dejar ningún resquicio para que el rival se entrometa y gane la pulseada. O, al menos, algo así.

La clase política está saliendo lentamente del letargo en el que estuvo sumida durante estos casi dos meses. Comenzó la segunda fase de la campaña. Los candidatos volvieron al escenario político con fuerzas, energías, ideas y publicidades renovadas. Esto último, claro, no es una afirmación, sino una pregunta que me estoy formulando en voz alta.

Todo está aún tibio, expectante. Daría la impresión que la oposición está como desanimada, pálida, desganada, descolorida, sin norte ni meta trazada. Quizás ahora lo noto esto por que me estoy fijando con más atención. Pero intuyo que esto ocurre desde hace ya algún tiempo, y a las pruebas me remito…

Pero la tibieza del ambiente y la ausencia de fragor en la lucha no evitaron que se produjeran algunas fracturas o diferencias irreconciliables. Que vinieron a perturbar la calma chicha existente hasta el momento.  Como la ocurrida entre el hijo del caudillo radical y el acaudalado heredero supermercadísta.

Quien, de buenas a primeras, dijo: “Me voy”. Y así lo hizo, así que cambió el color de su boleta engamándola con el de su cabello. Y se fue raudo con el candidato puntano, al que le había quedado un lugar vacante. Ruptura esta que no me produjo ni el más mínimo asombro, por lo menos a mi.

Hay combinaciones que no deben hacerse jamás, ni siquiera pensarse, y mucho menos  intentarse. Están condenadas al fracaso o al desastre. Son tan peligrosas como mezclar sandía con vino, leche con naranja o meterse al agua antes que te haga la digestión. Impensado.

Ya sé que no lo van a hacer, pero si me preguntan a mi, yo que ustedes, haría unos pochoclos dulces o salados, como prefieran. Y este fin de semana aprovecharía para juntarme con mis publicistas y ver y rever los spots. Sólo son una sucesión de imágenes, no hay propuestas.

Aunque pensándolo bien, tal vez no sean los spots a los que le faltan las propuestas… ¿No?

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana :-D

 

Ahora que ya no estas en mi vida

Corté las cadenas porque me hiciste cortar cadena. Doy gracias porque ya no seas parte de mi vida. Tantas veces imaginé este momento, lo pensé, lo atesoré. Pero nada se siente tan bien como la realidad misma, el hecho materializado y tu aliviadora ausencia.

Terminó ya el tiempo de tu reinado, de tu inhábil reinado, de tu permanencia estanca, de tus deseos de perpetuidad casi vitalicios. Tu negación de avanzar, tu necia idea de fracasar y permanecer en un círculo vicioso sin salida aparente llegó a su fin. Aires de cambio se aproximan. Ellos traen el avance y la renovación, ellos nos llevarán a un final seguro y feliz.

Atrás quedaron tus ineptitudes. Que por ahora hieren, pero que pronto serán un mal recuerdo, del que alguna vez tal vez nos reiremos. Por ahora solo celebramos esta coyuntura que renueva nuestras esperanzas y nuestra fe en el otro, en él.

Hiciste tres de tres, una marca perfecta, si esto fuera un certamen,  el público aplaudiría de pie y con lagrimas en los ojos. Mientras los jueces sostienen carteles en sus manos contenedores del puntaje perfecto. Pero  no lo es. Sí hay lágrimas. No son de emoción, sino de vergüenza ajena, indignación e impotencia.

El viernes tuvimos la tercer inspección de MetroGAS (hace un año que carecemos de ese servicio en el edificio gracias a una vecina con mucho tiempo libre y poca imaginación). Nada podía salir mal, bien lo dice el dicho, la tercera es la vencida. Así que esperábamos esta  inspección  con ansias, júbilo. Estábamos seguros que se nos devolvería el gas perdido y eso nos colocaría nuevamente en el siglo XXI.

Pero a veces los deseos o anhelos no se cristalizan, sino que se rompen en añicos y se  hacen más y más distantes de la realidad. Especialmente si Hugo (nuestro poco hábil gasista matriculado) interviene en su materialización.

Al igual que las otras dos inspecciones, la tercera fue rechazada igual que la primera, y la segunda. Lo sé, es increíble. si yo estuviera leyendo este post pensaría que es una muy retorcida ficción. Pero no, es la vida real. Lo cierto es que Hugo tuvo su tercer rebote consecutivo.

Creo que este inhábil sujeto tuvo un récord digno del Guiness, estableció una  marca. Una marca de dudoso orgullo, pero marca al fin. Ante esta terrible e inamovible coyuntura, tuvimos que tomar una decisión urgente y trascendental. Y fue  expulsar a Hugo  de este paraíso,  en rigor de verdad, de este edificio carente de gas desde hace un año. Cabe aclarar que buena parte de ese año se debió a su mal desempeño e impericia.

Por eso muy cálidamente le dimos las gracias por los servicios no prestados. Asegurándole que al menos, por lo que resta de este milenio NO íbamos a necesitar de sus servicios. Cumpliendo con el protocolo a seguir en estos casos, le dijimos amablemente que no nos llame, que nosotros nos  comunicaríamos con con él.

En conclusión todavía no tenemos gas, pero seguimos con nuestras esperanzas intactas, de alguna vez tenerlo…

Besooo.

 

Reflexiones de Miércoles

El miércoles es un día bisagra, se encuentra justo en la mitad de la semana. Pasado él sólo nos quedan dos días para el ansiado fin de semana. Es cuando se toma plena conciencia que muy atrás  quedó el odioso lunes. Y que si levantamos la vista divisamos en el soleado horizonte, cálido y primaveral, al glorioso viernes como una meta próxima, fácilmente alcanzable.

 

En días como este,  yo, al menos, me pongo reflexiva. Mi mente se dispara y entra en cuestiones que generalmente se escapan de mis manos. Se tornan inmanejables, ingobernables y hasta adquieren vida propia. Llevándome por lugares indómitos e impensados. Terminando quien sabe dónde, sin saber como llegué, ni como salir de allí.

Es en esos momentos en los que comienzo a hilar fino. A hilvanar ideas y pensamientos que quizás a nadie ni para nada sirvan. Pero, es así, algunas cosas pasan y ya. Sin un porque ni un para que. Solo ocurren.

 

En ocasiones es mejor no cuestionarse, es mejor dejar que las cosas ocurran sin interferir en su curso. Porque es en esos momentos, y no en otros,  cuando pasa lo que no hubiera pasado en años o lo que tal vez nunca debería haber ocurrido.

Por eso es mejor no entrometerse,  dejar que todo siga su curso natural. Sin  indagar, sobre estas u otras cuestiones. En ocasiones cuando nada se dice, es mejor no preguntar y que la incógnita quede flotando. Que preguntar y despejar la duda o dudas, según el caso. Por que cuando aparece la certeza nada se puede modificar.

 

A veces esa es la materialización de lo que nuestros miedos tramaron, enmarañaron y crearon. En otras el alivio nos quita ese peso de encima. Lo seguro es que para ambos caso debemos estar sumamente preparados.

De estas y de otras cuestiones es de lo que se ocupa mi mente. Que en forma arbitraria y de manera intempestiva entra en connivencia con mi inspiración y mi inconstancia,  apoderándose de mi interés. Y haciéndome hacer por ende estas reflexiones de Miércoles.

 

Besoo.

Obsesión animal

Lo vigila, lo acecha, lo distrae y lo atrae con su sigilo. Luego se encarniza, lo rompe, lo mastica, lo pulveriza, esparce sus pedazos. El ciclo comienza una y otra vez, hasta que no queda nada, o hasta que eso que alguna vez fue, queda reducido a diminutas e irreconocibles partículas informes.
 

Luego él mira su obra con orgullo, la contempla por unos segundos. Y cuando advierte que alguien va a reclamarle por ese vandálico acto, huye raudo y se oculta.

No hay un porque ni un para que, o al menos no hay alguno que nadie más que él comprenda.  Tal vez sea parte de una ignorada por nosotros y conocida por él discusión bizantina, que tiene como protagonistas al sujeto frente al objeto y las consecuencias que ello acarrea. Nosotros lo desconocemos, pero las posiciones ya han sido tomadas por ellos y parecen inamovibles.

Lo único que queda perfectamente claro es que esto es entre el objeto en cuestión y él. Quizás  se sienta agredido por su presencia, o lo irrite, o lo exaspere  y desespere de tal modo que encuentre la destrucción como única salida.

Pensé que era patrimonio de los humanos, pero me equivoqué. Los animales, que  a estas alturas “casi son una subsidiaria humana” (porque somos nosotros los encargados de traspasarles algunas o ciertas  taras, mañas y manías), también lo tienen.

Así es, ellos también tienen  TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Y Marco, uno de nuestros gatos  no podía ser la excepción. No es que nuestros otros gatos y/o perros no tengan ciertas peculiaridades particulares, lo que pasa es que las de él son las más notorias y obsesivas.

Según Marco, hay algunos materiales  que no deberían existir sobre la faz de la tierra. Y él se empeña en esa tarea extintora, poniendo no un granito sino baldes colmados hasta arriba y con copete de arena para terminar con ese flagelo.

Los elementos  que Marco mas detesta en el universo, y que trata de aniquilar a mordisco limpio  son  básicamente dos: la Goma Eva y el Telgopor.

A la Goma Eva la detesta en todas sus formas, texturas y colores. Vuelca su odio visceral en objetos que van desde un conejito hecho por mí, pasando por un mouse pad hasta llegar a un par de ojotas. Todo lo que esté confeccionado en ese deleznable material tiene que ser destruido por sus dientes.

Su otro archienemigo, el Telgopor, es erradicado donde se lo tope sin importar su constitución o su densidad. Desintegra todo lo que en ese material se ha construido:  bandejas, esferas, potes, protectores de electrodomésticos, lo que sea. La saña y rapidez con la que lleva a cabo su tarea aniquiladora son asombrosas. Convierte en segundos un pedazo de ese odiado material en relleno para puf.

Otro de sus temitas Toquísticos lo tiene con las plantas en general y con dos tipos de flores en particular. Los jazmines y rosas son sus preferidos y los míos, pero por distintas razones.

Mis animales son bastante singulares,  y tienen algún que otro TOC. Ignoro si eso se debe a  información que traían en sus genes o a que son míos. Como raros, son raros, pero no son los únicos. Creo…

Besooo.

 

Un gato con TOC

Un gato con TOC

Los caminos del Amor… – Mare Nostrum

El de él sería el último rostro que Celia vería en muchos años. Ese había sido un día difícil, tal vez el peor de su vida. Su madre abandonaba a su padre por su amante. El joven artista, al que era la primera vez que veía y cuyo nombre desconocía, había venido a ayudar a su mecenas a mudarse a su nuevo hogar, donde vivirían juntos, y él estaría protegido.

Simultáneamente, el padre de Celia cargaba su revólver apuntándolo a su corazón y disparando. Para, tal como lo dijo en la carta de despedida que dirigió sólo a su mujer, terminar con la agonía de su corazón roto.

Al oír el disparo, su madre salió rápidamente de la casa sin siquiera inmutarse. El joven amante quedó petrificado, sus ojos se habían encontrado con la cara de terror de Celia y no lo dejaban moverse. Por un momento, los ojos de uno y otro llegaron a fundirse los unos con los otros por distintas razones. La escena duró sólo unos segundos pero ellos lo sintieron como una eternidad, como si el tiempo se hubiera detenido.

De pronto, Celia sintió un fuerte latigazo en la sien que la hizo reaccionar, y comenzó a subir la escalera corriendo. Él todavía turbado, giró sobre sí y se encaminó hacia la puerta siguiendo los pasos de su amante.

Al llegar arriba, Celia sufrió un vahído que la hizo perder el equilibrio y rodar por la escalera. Cuando despertó, habían pasado ya cuatro días. Su padre yacía en la bóveda familiar y ella estaba ciega. También sola, su madre había emprendido un viaje con su nuevo amor, y aunque así no hubiera sido, tampoco hubiera estado allí.

Su hija sólo vino a este mundo por un pedido de su ex marido, para ella no era algo importante en su vida, sino que sólo fue un paso más para la consecución de su meta. La madre de Celia provenía de una familia humilde, era dueña de una gran belleza y propietaria de una ambición desmedida. El padre de su hija era un hombre mucho mayor que ella, no le atraía, pero haría realidad sus sueños.

Durante su vida juntos, ella se interesó por el arte a la vez que no se privó de tener amoríos. Que fueron conocidos, aceptados, avalados  y soportados estoicamente y sin reclamos por su esposo. Él la amaba, y sabía que, ni aún pagando el precio, ese amor iba a ser retribuído. Pero ante todo era un hombre de negocios. Y este era uno al que él hubiera catalogado como “de los buenos”.

Celia conocía mucho de ausencias y sinsabores. A pesar de pertenecer a una familia adinerada, nunca fue una persona feliz, ni querida. Desde pequeña fue muy solitaria, callada y tímida. Y ahora esto. Dentro de todo ella era una persona que tenía una vida, y una vida dedicada al arte, en especial a la  pintura. ¿Cómo seguir entonces?

El médico que la trataba le dijo a Celia que tal vez esto fuera temporal, que tal vez su vista volvería al igual que se había ido. La ceguera fue causada por el golpe y el trauma. No obstante le aconsejó que iniciara una terapia y una rehabilitación. Y así lo hizo, el consejo que le había dado ese médico era lo más parecido a un acto paternal, como los que nadie le había dispensado nunca.

Así lo hizo. También retomo su labor artística, por años pasó por varios docentes y maestros.Tuvo que reaprender y aprender nuevas y distintas técnicas. El problema era que algo le faltaba, no había pasión en su obra. Pintaba perfectamente, con una técnica impecable, pero sus pinturas carecían de alma. Ella podía sentir los colores con la yema de sus dedos y tenía delimitados los espacios perfectamente en su cabeza. Podía plasmarlos en el lienzo fielmente y con extrema corrección, pero sólo eso.

Hasta que un día llegó él, un artista de dudoso talento, pero que le trasmitía ese fuego sagrado que a ella le faltaba. Despertó en ella esa pasión dormida por años. Sus pinturas comenzaron a cambiar, a sentir y a vivir por sí solas. Ella comenzó a trascender como artista gracias a él, o gracias a lo que por él sentía . Sus obras eran todo sentimiento y corazón. El mismo sentimiento que ellos tenían el uno para el otro,  y que finalmente se animaron a confesar.

El terminó con una relación de muchos años, que casi había terminado antes de empezar. Pero por distintas circunstancias la había mantenido muy a su pesar. Finalmente se fueron a vivir juntos. Celia era feliz como nunca lo había sido, no podía creer la suerte finalmente le sonreía. Años después contrajeron matrimonio y hasta estaba en sus planes el tener hijos.

Una mañana Celia abrió los ojos y después de muchos años volvió a ver. Como su médico se lo había dicho, su vista volvió tal como se había ido. Su alegría era inconmensurable, tenía ganas de gritar de alegría, pero no quería asustar a su esposo que aun dormía. Así que se dio vuelta, y vio su cara por primera vez… En realidad, fue por segunda. Inmediatamente lo reconoció, era el hombre por el que su madre había dejado a su padre.

¿Qué hacer, entonces? Se levantó y se vistió, tratando de no hacer ruido. La cabeza le estallaba, las preguntas se sucedían en su cabeza con la velocidad de las escenas de una película muda. ¿Él lo sabía? ¿El recordaría su cara como ella lo recordaba?

¿Debería emular a su padre en este momento y seguir la tradición familiar? Bajó corriendo la escalera, fue a la biblioteca, tomo un papel y comenzó a escribir una carta de despedida. Luego se dirigió a la puerta de calle, la abrió. La brisa cálida acarició su cara a las vez que un rayo de sol se colaba entre las ramas de los arboles dándole los buenos días.

En ese momento vió todo por primera vez en su vida, y  a pesar de todo, se sintió viva. Una frase se cruzó por su cabeza: la vida te da y te quita. Entonces se respondió en voz alta a modo de explicación: esa la forma que ella tiene para mantener el equilibrio. Sonrió, cerró la puerta y se fue.

Eléctrica Mente

Me confío y te confío, toco, me engañás y luego me dañás. Me estremezco, te miro, te reclamo y permanecés inmutable. Nunca sale de vos una palabra, mucho menos una excusa o  un justificativo, solo descargás en mi cuanto tenés y cuanto generás.

Y me pregunto, y te pregunto, el porque de esa saña que siempre me engaña y me lleva a tocar tu descarga. Desconozco quien busca a quien, como nos encontramos permanentemente en la vida. Tal vez vos sigas mis pasos o yo los tuyos. Tal vez nos atraigamos como dos imanes con distinta carga. Quizás de eso se trate este peligroso juego que no tengo intención de jugar.
 

No lo sé, te hiciste presente en mi vida desde mi infancia. Nadie sabia de tu presencia, pero yo siempre te encontraba o me encontrabas, en cualquiera de las dos situaciones dejabas en mi tu marca registrada. Entonces mi prevención crecía y nada quería tocar por temor a que allí estuvieras, por temor a tu presencia, y a que me hicieras sentir las consecuencias por tocar tu intocada existencia.

Soy como un blanco móvil para la electricidad, un buscapolo humano. Tal vez sea una especie de alergia. Todo me da corriente inducción, toque o descarga. Y cuando digo todo es todo, se trate de un artefacto eléctrico, semi eléctrico, ni fu ni fa o vecino cercano.

La lista es larga, incluye artefactos clásicos como plancha, heladera, cafetera, parte de atrás del CPU, antena, pila, anafe eléctrico (este último, en particular, me esculpe a patadas en forma impiadosa y constante). Y no tan clásicos como canilla, punta de mesa. Un día iba bajando una escalera, toque la baranda y saltó una chispa, parecía la pintura de la creación. También tengo el extraño “privilegio” de haber quemado un tester .

Evidentemente, cuando me fabricaron me pusieron algo de más. No tengo claro muy bien que. En realidad tengo varias cosas de más, y también de menos, muchas tal vez. Pero  si nos remitimos puntualmente a este caso en particular, las posibilidades se reducen a dos: “mucha electricidad” o “demasiada sensibilidad” para captarla. Aunque la verdad a ciencia cierta lo desconozco.

En fin, como dice mi mamá algunos nacen con estrellas y otros nacen estrellados. Yo agregaría “y otros,  electro sensibles…”.

Besooo.

Feliz primer fin de semana de Primavera ;-D

 

Reconstruyéndome sin él

Tuvo una existencia plena y quizás fue muy feliz. Desconozco si larga o corta, los tiempos ajenos son diferentes de los propios, por las cuestiones que involucran. Él estuvo entre nosotros y dejó su huella en el mundo, o  al menos en el mío.

Tal vez no celebré debidamente su presencia en mi vida. Tal vez no le dí el valor que tenía. A veces es mejor no decir las cosas que no se dijeron en su momento. Aunque a lo mejor, si no se dijeron fue porque estaban implícitas y sobreentendidas. De eso caigo en la cuenta ahora.

Él se llevo jirones importantes de mi vida, una parte esencial, sustancial de mi existencia virtual y humana. Sin él nunca volveré a tenerla aunque me empeñe en reconstruirla. Se la llevó como quien se lleva un secreto a la tumba.

No me dejó nada de sí, sólo su trascendente intrascendencia. Su partida fue en silencio, no dijo nada, ni hubo señales reveladoras. Sólo se apagó, inmediatamente devino el silencio y  su falta, que trajo el vacío.

Ese es su legado, el vacío que me daña, me hiere y abunda. Ese vacío que hoy lo suplanta con una irónica mueca cual complacido impostor. Se hizo por él lo que se pudo, y más aún, pero de nada sirvió, nada se logró, nada pudo subsanarse, ni repararse ni rescatarse.

Aprendí de la manera más dura, descarnada, cruel y dolorosa que la tecnología es finita. Mi disco rígido ha muerto, y se ha llevado todo cuanto en él había.

Su deceso se produjo así, de repente. No hubo ruido, ni un crrrnrrr, ni un parpadeo, ni un buteo prolongado, nada. Pasó de una maravillosa y colorida pantalla, a una inexpresiva e ininteligible pantalla azul. Luego un cinematográfico fade out final, y todo fue a negro. De más esta decir que desde ese momento fatídico, nunca más funcionó.

El se quedó cual cónyuge despechado, con cuanto yo poseía virtualmente. Información, fotos, videos, imágenes, mails. Lo peor fue que nunca hice un back up, desoyendo los sabios consejos de mi consorte. En fin, mi pereza y abulia para esos menesteres pudo más.

Menos mal que mi amado esposo está trabajando denodadamente en reconstruir mi máquina. Entre nosotros, debe ser para no escucharme, porque entre el temita del disco y su “daño físico”. Y el otro temita… ese que empieza con G y termina con as, lo tengo bastante sgunfio al pobre.

Por el momento sin el disco y, por ende, sin mi PC, me siento una desterrada buscando tierras.  Necesito encontrar tierras que sean mías, que a nadie más pertenezcan. Espero encontrarlas pronto, permanecer en ellas y echar raíces (esta vez haciendo back up). 

Ese disco dejó en mi una huella indeleble, una marca que se transformó en una enseñanza que jamás voy a olvidar: nunca guardes tu vida en un disco… y mucho menos información.

Besooo

La leyenda de la Primavera

La primavera no existe desde que el mundo es mundo, sino que fue una invención posterior. En esos días el invierno era sucedido por el verano. De la noche a la mañana los árboles se poblaban de hojas, los nidos de pájaros y las plantas de frutos.

Un día estaban todas las Diosas reunidas en el Olimpo. Hera, muy pensativa, con la mirada perdida, mirando y admirando el paisaje. De pronto dijo:

“¿No les parece que debería haber una estación intermedia entre el invierno y el verano?

Tenemos dos solsticios y un equinoccio, ¿por qué no tener dos de cada cosa? Necesitamos algo que medie entre el invierno y el verano. Una estación en la que los árboles se pueblen paulatinamente de hojas, en la que las flores nos regalen su aroma y sus colores y que luego se conviertan en frutos.

Una estación que inspire a los poetas, a los pintores, a los artistas, una estación que sea propicia para que el amor nazca, crezca y viva. Una estación que celebre a la juventud y a todos aquellos que son, y serán por siempre, jóvenes de espìritu. Una estación en la que todo renazca y se celebre la vida.”

Inspiradas por esta idea, e imbuídas por la emoción creativa, las otras Diosas comenzaron a dar sus pareceres sobre como debía ser la nueva estación. Entonces se produjo una suerte de tormenta de ideas en la que cada una de ellas hacía su aporte.

Otra de las Diosas sugirió que la nueva estación debía ser femenina, solo así podría representarlas. Al igual que una mujer era la estación que iba a dar vida, estaría plagada de aromas, colores, alegría y belleza.

Todo estaba listo para presentarle el proyecto a Zeus, pero faltaba un detalle. ¡Y qué detalle! Como iban a llamar al nuevo equinocio. Las Diosas eran muy imaginativas, los nombres abundaban. Como eran muy organizadas hicieron una lista y lo sometieron a votación.

El sufragio se llevo a cabo muy ordenadamente y en paz. El nombre de Primavera fue el que obtuvo más sufragios. Al enterarse que este habia sido el nombre ganador. todas se pusieron muy felices por que este nombre era la síntesis de esta nueva estación de transición. Porque el término Prima proviene de primero y Vera de verdor.

El proyecto fue elevado debidamente a Zeus, quien lo aprobó de buen grado. Y anunció a todos los Dioses del Olimpo que a partir de ese momento iban a tener dos equinoccios y dos solsticios.

Obviamente esta es una leyenda apócrifa. Mi versión libérrima de como fue creada mi estación preferida. No hubiera sido yo si sólo les hubiera dicho: FELIZ PRIMAVERA.

Besooo.

 

 

Y la curiosidad cambió el hábitat – Mare Nostrum

Desde que vió el cartel de venta en el frente de ese departamento, objeto de su curiosidad, la idea comenzó a rondar en su cabeza. Lo había visto por primera vez el día que fue a visitar el departamento que después compró y en el que actualmente vive.

Desconocía el porque de esa curiosidad, no se reconocía a sí misma teniendo esa especie de obsesión malsana. Esa fijación casi vouyerista por conocer esa propiedad y saber como era su interior. No podía sacar ese impulso de su sistema.

Lo que más le extrañaba era que ese edificio era un edificio común y corriente. Había sido construido en los años 20, su arquitectura era más bien chata, no había nada que resaltara, ni siquiera la boisserie  era nada descollante. Y su estado de conservación no era el mejor.

Los edificios antiguos no era lo que más le gustara al menos para vivir. Ella era una mujer moderna, estaba habituada a la comodidad de estos tiempos. Vivía en un departamento de estos tiempos: era amplio, con muchas ventanas, aire y luz. Con un amplio balcón terraza en el ultimo piso. Las palabras que había utilizado el vendedor y lograron convencerla para cerrar la operación fueron: “Este departamento tiene las comodidades de una casa suburbana, en medio de la ciudad.”

Ella era una persona con una importante vida social, recibía gente casi todos los días. Aunque los fines de semana su “casa suburbana” como ella la había bautizado después de haber escuchado la definición del vendedor, se poblaba de sus amigos. Necesitaba un lugar cómodo y agradable para ello. Tenía un muy buen trabajo, una sólida posición económica, y una relación afectiva no muy estable.

Un día después de haber tenído una maravillosa jornada laboral, en la que había concretado un importante negocio para su firma, de regreso a su casa, nuevamente se topo con su misterioso amigo y su cartel de venta. Su curiosidad la sorprendió dandole el impulso que necesitaba, cuando se dio cuenta estaba marcando en el móvil el número de la inmobiliaria para concertar una cita. Perfecto dijo, el martes a las 17 horas.

Eran las 16:56 horas del martes, y allí estaba ella. Toco el portero y se anunció, una mujer bajo a abrirle y subieron. En el trayecto, la mujer trató de mantear un diálogo, pero ella estaba como en trance.

Una vez que hubieron llegado, raudamente traspasó la puerta de entrada, se paró en algo que parecía ser una especie enorme sala aromatizada con olor a encierro y jazmines. Pregunto el precio, miró en su derredor y sin dar crédito a sus oídos por las palabras que salían de su boca, dijo: muy bien, lo compro.

La vendedora, navegando en un mar de incertidumbre, dudas y felicidad, le preguntó si no quería ver el resto de la casa, ella le contesto que no era necesario. Todo esta muy bien, me gusta dijo. Aquí tiene mi tarjeta, pongase en contacto con mi secretaria y ultimen los detalles.

Cuando les contó a sus amigos la noticia las reacciones fueron distintas, algunos pensaron que era una de sus excentricidades, otros que la idea no era del todo buena pero que tal vez su amiga necesitaba un cambio de ambiente. Otros directamente quedaron perplejos, por que dejar ese lugar por aquel, era inverosímil, impensado, casi una locura. Los menos se sintieron un poco, tal vez ofendidos, por que pensaron que con ese cambio tan drástico ella buscaba terminar con su esparcimiento del fin de semana.

Inmediatamente después de la compra inicio la mudanza. Nada de lo que tenía en su departamento anterior encaja en el nuevo lugar, por eso vendió o regaló todos sus muebles. Comenzó de cero la larga y ardua tarea de decorar su nueva casa.Su nuevo departamento ocupaba todas las horas de su día y aún más. Sus amigos casi le perdieron el rastro por varios meses. Ella estaba abocada a crear su nuevo hogar.

Recorrió todos los anticuarios de la ciudad, buscando los muebles adecuados. Hasta que por fin lo consiguió, todo estaba como debía estar.

Esa sí era la casa de sus sueños, para celebrarlo dio una gran fiesta de inauguración. invito a todos sus amigos, y conocidos. Todos quedaron atónitos. Entrar a esa casa era como traspasar un enorme portal y viajar sin escala a los años 20. Todo lo que allí se encontraba pertenecía a esa época o a un período anterior. Su ropa, blancos, sillones, alfombras, muebles, vajilla, los vinos y el menú fueron servidos según la usanza de aquellos días. Lo mismo que el fonógrafo y los discos que se escucharon esa noche. Nada allí desentonaba.

Ella estaba diferente casi irreconocible, pero feliz, radiante. Todos  comentaron como había cambiado su estilo y lo diferente que se veía. Lucía un vestido de raso rojo furioso (color que detestaba) de talle bajo que le llegaba hasta los tobillos, con zapatos al tono.

Esa fue la ultima vez que la vieron sus amigos y seres queridos. Ella ya no usa más su celular, ni contesta mails. Si encuentra a alguno de sus amigos por la calle se extraña que se le acerquen y dice no conocerlos.

Nadie se explica que es lo que le pasó. Algunos vecinos sostienen que no es la primera vez que pasa. Dicen que su cuerpo fue poseído por Rita. Una mujer que había sido decapitada y cubierta con jazmines por su amante, en ese departamento.

Lo cierto es que ella esta allí, atrapada en ese cuerpo, sojuzgada por Rita que la fue invadiendo de a poco, sin pedir permiso, sin que ella se diera cuenta. Cada vez más frecuentemente, el sueño aliviador se apodera de ella durante horas y hasta a veces días. Entonces sueña que de nuevo tiene el completo dominio de su cuerpo y de su vida, que es feliz, que está en su “casa suburbana” rodeada de sus amigos.

Han pasado ya más de 50 años, y Rita en ocasiones escucha  los gritos de ella  dentro de si, clamando por salir de su interior.Aún no se ha dado por vencida, es la persona más difícil que le tocó poseer.

Tan cálidas como el hielo

Son frías, feas, desalmadas, sin personalidad. Solo están ahí inmutables, pétreas, insípidas, como un icono pálido y antipático de los tiempos modernos. Se limitan a cumplir la función para la cual han sido creadas, no interactúan con el humano porque carecen totalmente de humanidad. Su vida es más larga que la de sus antecesoras, pero ellas lo desconocen.

No crean ambiente ni trasmiten amabilidad. Son el producto de diseños fabriles. Cobraron vida sólo para ser útiles, por eso se las creo sin corazón ni entrañas.  Sus formas son rígidas, forzadas, no se parecen a nada que exista en la naturaleza. No inspiran, ni invitan a tu imaginación a volar, para que en ese vuelo juntas encuentren semejanzas, parecidos y coincidencias. Y mejor no las mirés fijo, por que te aseguro que  te hieren.

Ellas sólo son, y se comportan como, empleadas maquinales. No se involucran. Muestran su eficiencia sin querer hacerlo, hacen lo que deben hacer, no se extralimitan, solo duran, perduran. Cumplen a la perfección su cometido, hasta el final o por lo menos hasta el suyo.

Sin lugar a dudas y sin temor a equivocarme, las lámparas bajo consumo son uno de los inventos de esta era que peor me cae. Serán muy ecológicas, gastaran menos energía… Tal vez sea así, pero a mí me caen pésimo.

Ponen distancia desde el nombre mismo: “lámparas bajo consumo”. Las otras eran denominadas como: ”bombitas, lamparitas, velitas miñón”… Nombres mucho mas cariñosos, afectuosos. Ellas eran como parte de la familia. Ellas cumplían su cometido, daban luz a nuestra vida. Daban una luz creíble, no hacían ver todo como un quirófano en tonalidades que van desde el blanco níveo al blanco flúo.

Sus formas eran simpáticas, variadas, amables. Las mirabas y las admirabas, te causaba curiosidad su mecanismo. Parecía mentira que algo que semejaba un frasco de vidrio con un alambre dentro en forma de V diera tanta luz. Las “lámparas bajo consumo” no tienen magia, ni misterio, nada se ve. Me dan la sensación que fueran los dedos de un alíen, aguardando el momento propicio para penetrar en tu cráneo, romperlo, y sacar lo mucho o poco que allí tengas. Y después de haber perpetrado ese acto de vaciamiento, hacerte sumbutrule.

No digo que todo tiempo pasado fue mejor. La tecnología hace cosas maravillosas, con diseños fantásticos, pero con las “lámparas bajo consumo” no encuentra el rumbo. Y si no piensen, ¿que pondrían como icono de pensamiento, una lámpara bajo consumo con dedos largos de alíen, o la simpática bombita con forma de pera?

Bueno los dejo con esa pregunta trascendental para que la mediten, tienen todo el fin de semana para hacerlo. Por cierto es el ultimo fin de semana del invierno y para estar a tono con la despedida, el servicio meteorológico vaticinó que va a estar ESPANTOSO. En fin al mal tiempo buena cara  :-D

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana

 

Cuando casi creí que volverías…

Todo transcurre y discurre como en una pesadilla. Te veo, te siento, casi te toco, y cuando estiro mi mano para consumar nuestro contacto desaparecés, te hacés intocable, inalcanzable. Te parás enfrente de mí, me mirás a los ojos, nos contactamos visualmente y cuando creo que vamos a conectarnos girás, me das la espalda y te vas. Sin que nada de mí te conmueva ni te importe.

No entiendo por que accedo a jugar con vos este juego vulgar, perverso, histérico, interminable, peligroso. No comprendo tu empeño en mantener un estado de cosas  que no puede terminar bien, nunca. Tampoco entiendo lo contradictorio de tu conducta, cuando creo que al fin  te voy a recuperar y vas a volver a mi vida, es  cuando más lejos estas de mí.

Tu conducta me aniquila, pero me recompongo. Entonces me dibujo una gran sonrisa e intento no demostrarte mi hastío, mi agotamiento, ni que las fuerzas casi me abandonan. Nadie va a ponerme de rodillas, sigo aquí  en pie de lucha y luchando de pie sólo por tenerte. Contra viento y marea.

Tengo muy claro que él no quiere que vuelvas a mi vida. Su obrar es misterioso, no sé si lo hace en forma consciente o inconsciente. Sus actos son inequívocos, hace todo lo posible para separarnos. Con su accionar entorpece, molesta y obstruye  el curso natural de las cosas, lo que por naturaleza tiene y debe de ser así.

Lo alentador es que todo termina en algún momento, siempre hay un fin y un principio. A veces el fin de una situación tediosa y desgastante se convierte en el brioso y promisorio comienzo  de un nuevo y feliz estado de cosas.  Con variaciones y mutaciones, siempre ha sido así, y esto no va a ser la excepción.

Anoche se cumplió el primer aniversario de tu partida. Aún permanece vívida en mi memoria aquella fatídica noche de invierno en que me dejaste para no volver. Así es, nuestro primer añito sin gas. Les puedo asegurar que fue una experiencia… ¿como decirlo? que no le desearía ni a mi peor enemigo, a mi peor enemigo si lo tuviera, aunque pensándolo bien… Bueno, casi lo tengo.

La no recuperación del gaseoso elemento se debe a un cúmulo de eventos. A una serie de sucesos desafortunados, y sobre todo a Hugo, nuestro futuro ex gasista matriculado, y a la estrella de todo este entuerto: ”su incapacidad e impericia”.

Ayer, no sé si como parte del cronograma  de  festejos del primer aniversario o por casualidad, tuvimos la segunda inspección de MetroGAS (la primera había sido desaprobada). Creímos que esta vez se produciría el milagro, estábamos cerca de él como hacia un año no lo estábamos. Todo se había arreglado, reparado, subsanado,  no había lugar a dudas, solo había certezas, convicción, seguridad. Al fin recuperaríamos el gas perdido.

Pero esta Inspección  volvió a bochar por inconclusa  la obra de Hugo,  a quien esta vez tampoco le dió la cara para estar presente en la referida inspección. Viendo nuestro estado de ánimo casi subsuélico,  el Inspector se conmovió (no sé si decir  hasta las lágrimas, pero casi)  nos miró con ojos tiernos y nos dijo: “¿Por qué mejor no contratan a otro matriculado?”.

En fin, no hay dos sin tres, ni tres sin cuatro. Como en mi caso que dí cuatro veces matemática de segundo año, tres bochazos de la Rossi pesaban sobre mí. Pero eso no me importó, ni me detuvo. Me presenté, resolví los ejercicios retorcidos que me puso, y tuvo que aprobarme. Esta vez no va a ser diferente, vamos a enfrentar los bochazos de MetroGas sea como sea, lo seguiremos intentando, cueste lo que cueste, caiga quien caiga. Aplicando todas las frases comunes que nos sigan dando ánimo para que ese vital elemento vuelva a correr libre por nuestros caños.

Besooo

 

En manos de Dios

Tal vez esa frase que sostenemos y repetimos hasta el hartazgo, erigiéndonos como el centro del universo, tenga algo de cierto. Quizás sea verdad después de todo. Dios es Argentino. Y tal vez para reforzar su ala de protección mande al  destino a viajar  en tren para evitar más accidentes. Si no fuera así estaríamos en el más completo desamparo, solos, abandonados por quienes deben protegernos de manera más terrenal y librados a nuestra suerte.

El accidente de ayer me ha conmovido muchísimo, pero, lamentablemente, no me ha sorprendido en absoluto. Como lo he expresado en otros post, he sido durante varios años, al igual que otros miles de personas que usan ese “pseudoservicio” a diario,  una no muy bien tratada usuaria de la ex Línea Sarmiento. Tuve allí experiencias varias, feas, malas, peores,tristes, espantosas, inenarrables, y casi extracorporales. Casi de las peores que tuve en mi vida. Las condiciones en las que se viaja son misérrimas.

Las unidades están en pésimas condiciones de conservación. Asientos, vidrios y  puertas rotas son un denominador común. Frecuentemente los vagones tienen problemas eléctricos, por lo que se producen chispas, que suelen generar pequeños incendios. Es en esos momentos en los que el pánico cunde y se apodera de la gente que comienza a romper vidrios y forzar puertas para arrojarse a las vías, con el peligro que ello entraña.

Las formaciones van a su máxima capacidad. En general, la triplican y hasta cuadruplican. Ello se debe a que se cancelan servicios o se disminuye la frecuencia para mandar menos formaciones. En hora pico se viaja con las puertas abiertas, porque no hay espacio, con gente colgada de ellas. Bastante parecido a lo que pasa en los trenes de India.  Desconozco cuales son las razones, lo que si sé es que esto se produce diariamente.

También es habitual que las barreras estén a 45º, o les falte un pedazo, o la mitad, o esten empalmadas de manera muy precaria con alambre, o, directamente, no estén. Las señales visuales y auditivas permanecen trabadas durante horas, y hasta días lo que hace que nadie les preste atención. El banderillero no es alguien habitual en el paisaje, es más bien como el mal acto de un mago. A veces está, otras no. El no estar es la habitualidad en las horas pico, cuando se producen esos bollos de tránsito que no podrían desatarse ni utilizando toda la paciencia que hay en China.

Sobre las formaciones no hay control de ningún tipo, ni tampoco personal de seguridad. Se podrían definir como tierra de nadie. Aunque pensándolo bien si es tierra de alguien, lo es de los cacos y mal vivientes. Los hurtos y arrebatos son moneda corriente y están a la orden del día. Es frecuente ver gente drogándose o chicos de todas las edades aspirando pegamento. En el Sarmiento todo es posible, nada está prohibido. Se permite todo, excepto viajar dignamente.

Tenemos siempre que recordar que este es un servicio “público” que presta una empresa Privada que esta SUBSIDIADA. Y subsidiada por el Gobierno Nacional, que utiliza o mal utiliza para ello nuestros impuestos. En definitiva, somos nosotros mismos los que contribuimos con nuestro dineros a que viajemos de esta manera.

Ojalá que no surja otro tema y que esto se diluya como sucede tan habitualmente en este bendito país. Ojalá las autoridades hagan algo. Ojalá el Ministro de Transporte deje su cómodo despacho y se digne a ir a ver como viajamos los argentinos. Ojalá se entere de una vez por todas que viajamos peor que el ganado. Ojalá  Metrovías deje de enviar peones mendaces con cara de piedra  a dar vanas y tontas explicaciones, y se pongan a trabajar para que no haya más muertes por su causa. Ojalá vecinos y agrupaciones entiendan que el soterramiento del tren es vital, y dejen de interponer estúpidos amparos que solo desamparan.

En fin, como diría mi mamá: “decí que hay un Dios” que pone la mano, nos ampara, desvía el mal y nos protege, o al menos pobre, lo hace cuanto puede. Porque si fuera por la eficiencia y excelencia del ¿servicio? que presta Metro Vías, la población hubiera mermado de manera considerable.
 

Besooo.

PD.: Mi solidaridad para con las víctimas, los familiares de las victimas fatales. Y con todos los que no tienen otro medio de trasporte más que esa aberración a la que llaman tren.

 

Anarquistas Viales

Van  distraídos o abstraídos por esas calles de la vida, munidos de su calidad de seres únicos e irrepetibles sobre la faz de la Tierra. Parecieran desconocer su rumbo. Ni siquiera lo presienten, solo lo ignoran o al menos eso es lo que nos hacen creer. Tal vez eso les provoque orgullo o felicidad, los llene de alegría o de sensación de libertad.

Sensación esta que quieren hacer notar a sus congéneres, a los que no consideran pares. Enarbolan su libertad como una bandera apátrida, que sólo ellos juran y defienden con su vida o con las de los demás. Nos toman como rehenes a su paso. Nos limitan, marcan un territorio extenso en nuestro derredor al que reconocen como su entrañable terruño.

Si les preguntáramos como se definirían a si mismos, contestarían que son libres circulantes, actuantes y pensadores. Pero ¿qué pasaría si ellos nos pidieran que los definiéramos?  ¿Como los definiríamos? ¿Como los vemos en realidad? ¿Como ellos creen que los vemos? ¿Le darían valor a las definiciones por nosotros dadas? Y, en tal caso ¿tendrían el temple para soportar el como los vemos?

No lo sé. A veces me gustaría detenerlos,   y hacerles mil preguntas, comparar notas y darles mil respuestas. O, al menos, darle mis respuestas a las preguntas que imagino que ellos querrían hacerme. Lástima que  nunca pude hacerlo por que me faltó capacidad de reacción. Ellos son veloces, escurridizos, se escapan rápida y hábilmente. Actúan de manera camaleónica, se mezclan entre la gente disimulándose, haciéndose casi imperceptibles. No son fáciles de identificar hasta que hacen eso que normalmente hacen.

Si tuviera que definirlos lo haría como anarquistas viales. Los considero como espíritus que se alimentan del caos, las galletas veredísticas. Fagocitan las normas consuetudinarias seguidas por los peatones, y crean las propias. Muy propias. Tanto que sólo ellos las conocen y las siguen como a una Constitución apócrifa. Los insultos de los demás peatones los estimulan y enorgullecen. Ellos deben pensar que los demás los vemos como libres ordenadores y hacedores de un desgobierno vial.

Tal vez este un poco monotemática, pero la culpa no es del todo imputable a mí, porque cada vez que salgo a la calle mi atención me llama con algún suceso veredistico o acerístico. Ayer me preparaba para a cruzar la calle tranquilamente, pero una señora que venía cruzando dió una vuelta en U e interpuso a su hijo con un brazo roto, quedando  frente de mí, a escasísimos milímetros. Para esquivarlos, no pisarlos, ni caerme y salir lo más airosa posible tuve que hacer varias maniobras riesgosas, y todo eso  en 50 cm cuadrados.

Otra modalidad es el cruce de vereda al sesgo, al bies o en diagonal. Dicha modalidad se produce cuando alguien que viene cruzando a la par cambia de idea. Entonces, inesperadamente, se va acercando en forma rápida y decidida. En un principio desconocés sus intenciones y la primera pregunta que aparece en tu sesera es ¿hasta dónde llegará? y, lo más preocupante, ¿cuándo se detendrá?. La respuesta no se hace esperar, lo va a hacer hasta cerrarte,  encerrarte y si no lo rodeás o le franqueás el paso, empujarte. Su idea no es ir por la senda peatonal sino superarla, cruzarla cual maratónica meta y sentir la ansiada victoria.

Ello sin mencionar al brazo motorizado de este grupete, compuesto por: motoqueros, repartidores de delivery y ciclistas con urgencias que circulan por nuestras pulverizadas veredas como si fuera su propio hábitat.

En fin, con el paso del tiempo y la observación me doy cuenta de la manera menos amable, que son varios los que sostienen la loca idea de Olga, una vecina de Santos Lugares. Que cuando alguien llamaba la atención a  su hijo, que circulaba en bici  por la vereda como alma que se lleva el diablo. atropellando a diestra y siniestra a todo mortal que se interpusiera en su camino, ella vociferaba: “¡La vereda es pública!”…Lo que jamás entendió es que es pública, si, pero para caminar.

Besooo.

 

Tanto te espero que casi desespero

Te espero tanto que estoy desesperando. Cuento los días, las horas, los minutos y hasta los segundos. El aguardarte se hace eterno, tedioso, insoportable. La tristeza y el desánimo me embargan. Me gustaría abrir los ojos y verte ante ellos, sentir tu presencia, tu plenitud.

La impaciencia se apodera de mi ser, se hace impertinente, irrespetuosa. Se burla de tu ausencia y de mi desdicha. Ella no conoce de esperas, y menos de esperas que valen la pena. Y para reforzar su presencia que pone de manifiesto tu ausencia,  trae compulsivamente de la mano y a la rastra a mi ansiedad. Ellas se potencian, se retroalimentan. En su mundo todo es vertiginoso, enajenante.

Ellas no entienden de tiempos, ni del porque de tu ausencia. Claro, la ausencia es difícil de explicar, no se entiende fácilmente. Debe ser por que  genera sentimientos encontrados, sensaciones disímiles. Dos lados de una misma cuestión que en definitiva resultan opuestos y contradictorios.

Tu llegada es casi inminente, siento que casi estas aquí. O, al menos, es lo que quiero sentir y pensar hasta que estés aquí. Ojalá no te fueras nunca de mi lado. Lo sé, es solo un deseo formulado en voz alta, que casi se torna ruego.

No soy una persona numeralmente activa y mucho menos ducha con los números. Pero si de tu llegada se trata puedo llegar a serlo. Faltan exactamente 17.280, minutos 266 horas, o lo que es lo mismo 12 días. No sé si las cuentas estarán bien hechas, lo único cierto es que llegas en menos de dos semanas.

Atrás quedarán las bajas temperaturas, las olas polares, el ponerme ropa cual cebolla, mis manos y pies congelados. Asistirás  a tu cita como lo haces cada año desde tiempo inmemorial, cada 21 de septiembre. Para poner color, calor, sabores, perfumes y alegría a nuestras vidas.

Seguramente para ese entonces todavía no tendré gas, no estoy siendo pesimista ni haciendo futurología, es un hecho cierto solo imputable al inmutable Hugo. Y no me estoy refiriendo al que barrena en leche y surfea en jugo. Tampoco al “trabajador” con aspiraciones políticas investigado por Suiza. Sino a nuestro incompetente (falta de aptitud que por supuesto el ignora, tal vez ese sea el problema), gasista matriculado. Pero eso no a va a importarme, ni afectarme, ni siquiera rozarme, porque vas a estar nuevamente a mi lado.

A los que les gusta el invierno disfruten de estos últimos dos fines de semana y vayan diciéndole chaucito con las manos como palomitas, hasta el año que viene. Y ojalá se olvide de volver…

Besooo.

Que tengan un muy buen fin de semana :-D

 

De como la pasión nublo a la razón

¿Cómo ocultar lo inocultable, cómo defender lo indefendible? ¿Cómo hacer creer y que resulte convincente lo que tiene poco sustento,  lo inverosímil? ¿Cómo convencer, cómo hacer cambiar de idea, cómo tornar creíble lo increíble, cuando su falta de credibilidad le es inherente por naturaleza? ¿Cómo sostener lo material e intelectualmente insostenible? Nadie debe comprometerse a más de lo que debe ni a hacer más de lo que puede.

Somos seres humanos y como tales limitados por nuestras condiciones de humanidad, por nuestro cuerpo, por nuestros pensamientos, sentimientos, valores y creencias. A veces las creencias y valores no limitan sino que nos extralimitan, y nos hacen extralimitar a consecuencia de nuestras  pasiones.

La pasión  en muchas oportunidades nos traiciona, nos maneja, nos ciega, y hace que nos  olvidemos, si bien no de todo, casi. Se puede sentir pasión por muchas cosas, otro ser humano, una ideología, el dinero.

Para algunas personas el dinero todo lo puede, es el Dios de los paganos. Él enternece, dulcifica, consuela, acompaña. Muestra sólo una cara de la moneda, la bella. Con ella seduce, abduce y hace descender a su bajo, truculento e intrincado  mundo.

Para sus seguidores y fanáticos es el Dios que todo lo puede, todo lo revierte, incluso los valores, las creencias, los principios. El hace que todo se eche por tierra, y cuando eso pasa, en ese preciso instante es cuando la pasión engaña y le miente a la razón. Es así como la manipula y la domina y le pone precio a los seres.

Embriagados por su elixir es como se defiende lo indefendible y se intenta explicar lo inexplicable. La motivación está a la vista, de todos. Lo que olvidan y no deberían, es lo que luego recuerdan y los llena de fingido arrepentimiento. Es que alto o bajo, el precio siempre se paga. Antes o después, pero se paga.

A veces aún pagando el precio que otros cobraron, y por el cual también pagarán, el principal pagador se queda solo. Sin defensores y expuesto al  escarnio en el que el mismo se colocó, en soledad y con todo su dinero. ¿Tal vez este sea el momento de comenzar a pagar?

Quizás, la cuestión es que Sergio Schoklender se quedó sin defensores. Ni uno. Renunciaron en forma colectiva. Parece que había desinteligencias en la defensa. Irónica, sugestiva y contradictoria razón esta. Al menos lo es para una persona un tanto suspicaz. Me pregunto, si a esto de las desinteligencias lo traducimos al buen criollo como diría mi tía Elsa, significaría:”Por más plata que hubiera no nos daba la cara para defender lo indefendible”.

No sé, tal vez la razón es  que hoy tengo un mal día y veo todo como en un laberinto sin salida, a través de un cristal negro azabache. En otro orden de cosas todavía no tengo gas, ni posibilidades de tenerlo por lo menos antes de que se cumpla el año.

En fin cosas que pasan, como decía mi abuela Máxima: “Dios castiga sin palo y no se le ve la boina”. Y a quien le vaya el sayo que se lo ponga… con toda confianza.

Besooo.

 

Enmarcadas

Están presentes en todas ellas. Los lugares en los que se encuentran varían, no se sigue un patrón ni una ubicación lógica, destacada. La consigna es que estén, y la cumplen al pie de la letra, por que allí están aunque no necesariamente para bien.

Su tamaño es pequeño, sus formas, materiales y texturas son muy diferentes. Sus colores suelen ser variados, a veces casi se camuflan con el objeto principal, lo cual representa un poco feliz inconveniente. Otras veces sus colores son muy estridentes, lo que oficia como un aviso, como un icono a ser erradicado.

Su inutilidad se pone de manifiesto en todo momento, pero se hace más evidente ante la inexistencia del objeto del cual eran accesorias. No obstante lo cual, existen, permanecen y se reproducen. Cumplen la regla a rajatabla dejando de lado la excepción, el mal ejemplo cunde, se profundiza, se pone de moda y se hace evidente.

Algunas personas las consideran un medio de expresión, una forma de comunicación y difusión. Claro, las opiniones suelen ser subjetivas. Menos mal. Si yo pudiera las erradicaría por antipáticas y pretenciosas. Y eso cuando las encontrás enteras, lo malo es cuando solo encontrás una parte, porque significa que pasó lo que no debía pasar, algo fatídico e impensado.

Lo que es moda no incomoda, excepto esas etiquetitas molestas y funestas con las que ahora viene la fruta, toda la fruta. Antes eran sólo las bananas, lo que no molestaba por que para comerlas tenés que quitar esa cáscara enmarcada. Después fueron las naranjas, pero tampoco me importo por que sería más que díficil el que intentara comerlas con cáscara. Pero ahora es diferente, por que también se embarcaron en esa nueva modalidad marquetinera y poco útil las manzanas.

Antes tomabas una manzana, la lavabas y te la comías. Ahora no, las tareas se han complejizado, hay que lavarla, acordarse que tiene una etiqueta, revisar la manzana minuciosamente y rodearla en su busqueda, porque a veces parece que no están, pero están donde menos lo esperás. Por último, pero no menos importante, tratar de sacar la susodicha etiquetita entera o en la menor cantidad de pedazos posibles. La otra opción aunque un poco más cruenta y trabajosa, es buscar un cuchillo y ajusticiar a la referida etiqueta. Recién entonces, podés comer tu ansiada manzana. Eso, claro está, si es que todavía tenés hambre.

Pero puede pasar algo aún peor: que te acuerdes de la etiqueta sólo en el momento en que ese pedazo de papel, con más o menos plástico, entintado y engomado, es por vos masticado. Esos son los momentos en los que no solo recordás que había una etiqueta que debías quitar. Sino también recordas con conceptos no del todo amables al fabricante, sus ascendientes, descendientes y colaterales en varios grados.

La vida ya de por sí es difícil. Entonces ¿por qué complicarla más?. Desde hoy empiezo desde aquí mi pequeño bastión, mi humilde campaña: “por un mundo sin etiquetas”.

Besooo.

Detenerse a tiempo

El abrir esa puerta que debía permanecer cerrada y liberar los demonios, el pronunciar esa frase que debía ser callada. El despejar dudas y no dejar lugar a ellas. El confundir esa fecha, el mencionar erróneamente ese nombre o ese dato.

A veces sería mejor desmaterializarte, autodestruirte, que la tierra te trague, o que el Universo te convierta en polvo estelar. Antes que explicar lo inexplicable, excusar lo inexcusable, cambiar una entonación o decir algo diferente de lo que dijiste y que suene parecido.

¿Y todo para qué? Para eso, para subsanar lo insubsanable, para evitar el bochorno, para reparar lo irreparable, para hacer creer lo increíble, para mantener la duda que no estaba del todo despejada.

En ocasiones se hacen malabares, se camina por una cuerda floja, se bordea el límite y hasta se cruza esa delgada línea que separa en forma indubitable lo que es de lo que debería ser. El objetivo es no reconocer, no dar el brazo a torcer, el no dejar saber lo que es por demás sabido. Para todo eso y a veces para más, aunque otras de nada sirve por extemporáneo o evidente.

¿Como tapar el sol con un dedo, como revertir lo irreversible, como sacar de los oídos de tu interlocutor esa frase que debías pensar pero no decir? ¿Cómo meter en tu boca esa pregunta que no debías hacer, ese nombre que no debías pronunciar?

En definitiva, ¿como sacar de ahí esa pata que metiste hasta el cuello? ¿Como volver atrás cuando ya fuiste muy adelante? ¿Cómo pensar detenidamente y modificar lo dicho? ¿Cómo hacer que tu boca no sea más rápida que tu cerebro?

Estas y otras preguntas asaltan asiduamente mi sesera. El “¿Por qué no lo habré pensado antes?”, el “¿Por qué lo habré dicho?” y el “¿Para qué?”. Preguntas sin respuestas o con respuestas tardías que de nada sirven por llegar en todas las ocasiones tarde, demasiado.

Sería genial, un sueño hecho realidad, que algún día alguien invente un control remoto para manejarnos en la vida. Debería contar con un menú amplio, entre otras cosas: un stop, pausa, play, borrar, adelantar y atrasar.

De esa manera la vida nos sería mucho más fácil, llevadera, relajada, clara y poco conflictiva. Por ejemplo no existiría el ”Vos me dijiste” por que vos no lo dijiste, pusiste pausa y borraste, así que nunca dijiste lo que dijiste. Aunque en realidad lo dijiste, pero como lo borraste antes que el otro lo escuchara, técnicamente el dicho nunca existió y tampoco causó daño, ni papelón, ni confusión, ni nada de nada.

Sería  ideal. Pero lo malo es que todavía no se inventó. Así que hasta que eso suceda tendré que pensar mejor lo que se genera en mi marulo y sobre todo lo que sale de mi sanguchera.

Besooo

 

Falsa Identidad

A veces las cosas no son lo que parecen, y cuanto más miramos y mas atención ponemos, menos vemos. Es como en esos mails que nos envían con ilusiones ópticas, sabemos que lo que vemos no es real,  pero aun sabiéndolo no lo notamos por que están muy bien logradas o camufladas.

En algunas situaciones la verdad o la realidad se escapa a los sentidos, tal vez por que no queremos ver, tal vez por que realmente no nos damos cuenta, o tal vez por que lo que nos quieren hacer creer esta bien tramado o porque quien nos lo quiere hacer creer está realmente convencido del estado de cosas.

La realidad contada por quien esta convencido de ella no es necesariamente una mentira pero si puede ser una involuntaria inexactitud. A veces algo se dice y se sostiene tantas veces que termina por hacerse carne, por considerárselo parte inescindible de nuestra historia. Y algo más o menos así es lo que pasa con mi Tía Vina.

Mi tía Vina no era mi tía. Ella era una vecina que vivía frente a nuestra casa, era amiga de mi abuela, tía postiza de mi mamá, y después lo fue  nuestra. Era vecina, pero de los vecinos de  antes,  con los que se trababa un vínculo de por vida y se los consideraba parte de la familia. Por suerte eso todavía se sigue manteniendo en algunos lugares. Lamentablemente no aquí en CABA, tampoco en Santos Lugares donde mi mamá denomina a su vecinos de enfrente,  que viven allí hace más de seis años “los chicos nuevos”.

Tampoco se llamaba Vina, su nombre era Etelvina Guevara, de allí viene  lo de Vina . Fue una de las personas fuera de mi familia, que más me marcó en la vida. A pesar de haber tenido una infancia difícil (quedó huérfana muy chica) era una persona fuerte, muy optimista, solidaria, y con un gran sentido del humor. No la podría definir como una persona fácil, a veces era para comérsela a besos y otras al horno con papas. Como todo el mundo.

Fue alumna de William C.  Morris. Una vez vió un ovni. Me dió mi primer baño, y jamás pronunciaba una palabra en inglés por que “estábamos en la Argentina” . Cuando  traía un regalo ya sabías que tenias que devolverle el papel y el moño por que lo reciclaba. A los 84 años plantó un limonero. Años después se enojó con el señor que le colocó la membrana porque sólo le daba 5 años de garantía, y ella quería que le diera diez. Le gustaba comer uvas con pan, la cerveza negra, tejer y cocinar, aunque no al mismo tiempo. Coleccionaba recetas y siempre me retaba porque nunca mido las cantidades.

Era séptima generación de argentinos, su bautismo había sido asentado en el Libro 1 de la Iglesia de Lourdes de Santos Lugares. Cuando éramos chicos a mi hermano y a mí nos contaba  distintas historias de su infancia, su adolescencia en Arrecifes, de sus vecinos ingleses, de cuando iba a comprar novedades al centro. Y de como  escapó  una tía suya  raptada por los indios, aferrada a la cola de un caballo porque le habían tajeado los talones.

Su peor insulto era pajarona o pajarón. Cuando veía que íbamos a romper algo nos advertía: ”destrozona o destrozón eso va a tener  la muerte de la urraca”. Su preferido era mi hermano. Su orgullo botánico eran un árbol de paltas y una planta de Nácar (abuela de mi planta). Siempre esperaba que floreciera su Peonía, lo que ella nunca lo supo, era que su  yerno la arrancó pensado que era un yuyo.

Había nacido el 31 de agosto, día de San Ramón Nonato, pero la anotaron el 2 de septiembre  así que festejaba dos veces su cumpleaños. Hoy cumpliría oficialmente 100 años y esta es mi manera de recordarla.

Besooo

Que tengan un Muy Buen fin de Semana :-D