Aloe Vera Milagrosa: El mayor informe sobre Aloe Vera parte 2
El jugo de aloe puede ingerirse en su estado natural o bien mezclado con agua o cualquier otro zumo. Antes de proceder a licuar la hoja se debe pelar y tener la precaución de extraer al menos como unos 2 milímetros de pulpa junto con la piel, ya que en esta zona se concentra la aloína con su peculiar sabor amargo. Es aconsejable lavar con abundante agua el trozo de planta ya cortada que vayamos a utilizar . Seguidamente lo pasamos por la licuadora y bebemos el zumo extraído. El zumo es la parte más difícil de conservar, dado su alto grado de oxidación. Lo más recomendable es licuar sólo la parte que vayamos a consumir.

La pulpa, desprovista del zumo, puede tener un uso parecido al de la hoja fresca, en aplicaciones de forma externa. Aplicada en forma de compresa (envolviéndolo en una gasa y cualquier tejido fino y suave) puede cubrir espacios más amplios que la hoja, así como zonas de difícil acceso para la misma (encías, oídos, fosas nasales)
Las cataplasmas frías o calientes o bien inhalaciones (después de diluir la pulpa en agua hirviendo) son otra forma de uso de la pulpa de aloe vera.
Podemos utilizar las hojas, los recortes de las hojas que no se aprovechan en aplicaciones directas o las cortezas que eliminamos cuando hacemos uso interno de la planta. También puede utilizarse la fibra que queda en la licuadora después de extraer el zumo. Los pasos a seguir serían: machacamos los trozos (o los trituramos) y la pasta resultante la colocamos al sol durante varios días, hasta que esté lo suficientemente seca como para poder molerla y obtener el polvo. Otra opción sería acelerar el proceso de deshidratación colocándolo en un horno a temperatura baja para que no se queme.
Con el polvo, se pueden elaborar infusiones, hacer inhalaciones e incluso caramelos. Se debe conservar en frascos oscuros que no dejen pasar la luz, en un lugar fresco y seco o en la nevera. Las infusiones de polvo de aloe, son recomendables para evitar los mareos en los viajes, accesos fuertes de tos y para afecciones bucales como gargarismo.

Para conservar en perfecto estado el sobrante de una hoja, es conveniente guardarlo en la nevera, sin pelar, dentro de una hoja de plástico o envuelto en una hoja de polietileno transparente (film). Así conservado este trozo de aloe puede conservar sus propiedades al máximo durante algo más de una semana. Si queremos mantenerla más tiempo, podemos meterla en un frasco y cubrirla con una mezcla de agua y alcohol, que deberá renovarse cada 15 o 20 días. De esta forma, se conservarán alrededor de tres o cuatro meses. Si la hoja es muy grande, tendremos que cortarla en trozos para que quepa en el recipiente, lo cual afectará a sus propiedades disminuyendo su tiempo de conservación, que oscilará entre uno y tres meses.
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A la hora de comprar cosméticos:

A la hora de comprar productos comerciales que contengan aloe vera, la gran incógnita surge en torno al tanto por ciento de aloe que el etiquetaje asegura que contiene. Lo cierto es que los porcentajes de aloe detallados en la etiqueta significan muy poco, e incluso nada, ya que depende de la concentración de aloe que efectivamente se añade al producto. Hasta hace unos años, muchas industrias cosméticas añadían agua a la pulpa original de aloe y lo denominaban “aloe 100%” sin incurrir en algo ilegal. Actualmente la ley obliga a incluir pulpa cruda de aloe vera sin diluir, sólo entonces estos productos obtendrán el sello de aprobación del Consejo Internacional de Ciencia del Aloe (IASC).
Otro punto importante a destacar en la elección de un producto de aloe vera, es asegurarnos de que no se han utilizado ingredientes químicos para la estabilización del producto, sino sólo componentes naturales. A veces se mezclan con otros productos o sabores (debido a que el gusto de la pulpa puede resultar en primer momento desagradable) para hacerlo más atractivo al consumo, pero ello irá en detrimento de la calidad y eficacia del producto.
Generalizando, se puede decir que el gel puro o pulpa de aloe vera resulta ser un líquido ligeramente espeso (debido precisamente a que contiene la pulpa de la planta) de un color claro, amarillento y cremoso. El color puede variar ligeramente, dependiendo de las cosechas de la planta.

También es importante prestar atención al envase, que debe estar hecho de un material que impida pasar la luz y el oxígeno , ya que de lo contrario el jugo podría comenzar su proceso de oxidación y deteriorarse. Una vez abierto es imprescindible guardarlo en la nevera, y su periodo de uso no podrá superar los dos meses.
la pulpa de Aloe debe ser ligeramente cremosa, ligeramente espesa, y el color, claro, amarillento…
Cultivo y cuidados en casa:
Disponer de aloe vera en casa, contar con nuestra propia cosecha particular, nos da la oportunidad de aprovechar al máximo sus propiedades. Si no disponemos de un terreno o de un jardín, podemos considerar la plantación en macetas.
El aloe necesita una tierra porosa e incluso arenosa para alcanzar su madurez. Si la tierra de la que disponemos no es lo suficientemente porosa , entonces resultaría conveniente mezclarla con un poco de arena. Es importante evitar los fertilizantes químicos, así que en caso necesario podemos añadir ceniza de huesos como abono o bien cualquier abono orgánico (estiércoles maduros, compost, vermicompost, guano…) Una tierra rica en nutrientes y ligeramente ácida, favorecerá el crecimiento de la planta.
En el caso de tener el aloe en macetas, estas deben ser de buen tamaño pero no demasiado, ya que una maceta excesivamente grande propicia el crecimiento de la raíz en detrimento de las hojas. Una medida de 50-60 cm. de diámetro es más que suficiente. En este caso debemos poner una capa de grava en el fondo de la maceta y asegurarnos de que el orificio de la base de la maceta no queda obstruido para asegurar un buen drenaje.
El aloe puede guardar importantes provisiones de agua, por ello, si las regáramos a menudo podríamos acabar ahogándolas . De hecho una de las formas de acabar con la planta es regarlas con demasiada frecuencia.
La clave del éxito consiste en regarlos a fondo pero no demasiado a menudo. Dale aproximadamente 1/4 de litro a una planta joven y entre 3/4 y 1 litro a una planta de dos o más años. Deja que la tierra se seque completamente hasta el próximo riego.
Si tienes el aloe en el exterior durante todo el año (en la tierra, no en maceta) sus raíces serán más largas al no verse limitado su crecimiento por la maceta, de este modo buscará el agua del rocío o la bruma matinal y con el agua de la lluvia será suficiente. No obstante, si los riegas, es aconsejable hacerlo por la mañana para que el exceso de agua pueda evaporarse a lo largo del día. Evita regarlo con tiempo lluvioso o nublado.

El aloe no soporta la exposición a temperaturas demasiado frías. Cuando son aún muy pequeñas, debemos protegerlas de los rayos directos del sol del mediodía en verano. Si la hemos tenido durante algún tiempo en el interior, deberíamos tener cuidado al exponerla a la luz del día y hacerlo gradualmente.
En zonas templadas podrás sacar el aloe al exterior durante la estación cálida. Hay que recordar que los aloe no son plantas de crecimiento continuo, entran en reposo durante un periodo del año (que en zonas frías y templadas puede durar unos 6 meses).
En zonas de climas muy cálidos (tropical y subtropical) el aloe puede estar durante todo el año en el exterior (su periodo de reposo, en este caso, es más corto).
Los aloes son plantas con flores, aunque obtener las semillas no es cosa fácil, sobre todo teniendo en cuenta que los aloes no se polinizan a si mismos, al menos en invernadero o apartamento (recuerda también que es muy difícil que un aloe florezca en maceta y dentro de casa) es decir que el polen de una flor que se deposite en el pistilo de otra flor de la misma planta, no producirá semillas. Para que haya polinización, el polen debe proceder de otra planta que no sea un clon de la primera.
Una alternativa es la reproducción vegetativa, que puede realizarse tanto con retoños de la planta, como con una sección del tallo (o a lo sumo una hoja) Ambos métodos producen dobles genéticos o clones. Cuando estos retoños exhiban claramente una forma de roseta, no dudes en separarlo sin miedo de la planta madre excavando un poco y extirpándolo. Trasplanta los retoños en primavera.
Los egipcios parecen haber tenido una percepción casi mística del aloe, pues la planta servía de regalo en las ceremonias funerarias como símbolo de renovación de la vida. También acompañaba al faraón hasta su lugar de reposo final y parece ser que se plantaba alrededor de las pirámides para señalar el camino de los faraones hacia la Tierra de los Muertos y alimentarlos durante su viaje.
En ciertos poblados indígenas de África está envuelta en una cierta aureola de espiritualidad y así fue como, en Etiopía y Somalia, el pueblo “galla” solía plantar aloe alrededor de las tumbas con el convencimiento de que, cuando las plantas florecían, anunciaban así la entrada en el paraíso de la persona que les había dejado. 
