Pasteras Argentinos Vs Uruguayos ¿porque? Pasteras Argentinas ¿Contaminan Menos?
Mucho se ha escrito hablado y generado grandes movimientos en vuelta del tema pasteras , el cual me reservo la opinión si esta bien o mal tan solo que estamos gobernados por gente que cada día mas se enriquecen ,compran propiedades carísimas como la de cierto ministro o hoteles tierras grandes propiedades a precios irrisorios declarado , que no se si fueron tan irrisorios , y entre todo esto la pelea del gobierno con los medios de comunicación que hace que estos se defiendan sacándole trapitos al sol a todo lo que es gobierno en medio de tantas verdades e in verdades estamos metidos todos los Argentinos en el tema pasteras , quien tiene la razón si según científicos las nuestras son peores que las de Uruguay . El verdadero patriota es aquel que no engaña su pueblo, y no lo enardece con discusiones internacionales al punto de llegar a destruir brazos fraternos
vamos al articulo Pasteras y Papelones.
Betocammpos

En Argentina también tenemos fábricas de celulosa y papeleras, mayoritariamente en la Mesopotamia, sobre el Paraná:
- Provincia de Buenos Aires, frente a Entre Ríos: Celulosa Argentina (Zárate; propiedad de FANAPEL, Uruguay), Celulosa Campana (Lima, Zárate), Papelera del Plata (Zárate, subsidiaria de CMPC, Chile), Papel Prensa (San Pedro).
- Entre Ríos: Iby (Ibicuy, 123 kilómetros al sudoeste de Gualeguaychú).
- Santa Fe, frente a Entre Ríos: Celulosa Argentina (Capitán Bermúdez; también propiedad de FANAPEL).
- Misiones, frente al Paraguay: Papel Misionero (Puerto Mineral), Pastas Celulósicas Piray (Puerto Piray) y Alto Paraná (Puerto Esperanza).
Ninguna de esas plantas utiliza el proceso TCF, que Greenpeace y el gobierno de Entre Ríos le exigen a Uruguay, y excepto por un par, se utiliza todavía el proceso más contaminante, el que utiliza gas clorado. Entiéndase bien: no se utiliza ni siquiera EFC, sino el arcaico y contaminantísimo gas clorado. Parece que la autoridad moral de Argentina para tener semejante conflicto con el Uruguay deja mucho que desear.
Es cierto que el proyecto Orión —Botnia le puso ese nombre a su planta en Fray Bentos— excede la envergadura de cualquiera de las plantas argentinas. No obstante, la técnica de blanqueado que se usará en Fray Bentos es idéntica a la empleada por las mayores papeleras del mundo. Y además, como sostiene la comunidad científica, el problema no es el tamaño del planta, sino el grado de concentración de las emisiones, que en este caso se reporta como seguro, siempre y cuando se controle estrictamente el cumplimiento de la normativa ambiental. Pero ya vimos que el estado uruguayo pretende hacer exactamente eso.
Por qué razón la Asamblea de Gualeguaychú se ha negado a participar de una comisión binacional de control con participación popular, como ofrecieron Uruguay y la misma Botnia, es harina de otro costal (o deberíamos decir, de otros intereses espúreos, que nada tienen que ver con lo ambiental sino con la renta agraria y los negocios inmobiliarios).
Así que cada vez que utilicemos una servilleta “Sussex”, por ejemplo, o un pañuelito “Elite”, o papel “Higienol” o similares, o toallitas, tampones e hisopos (¡no solamente hojas!), recordemos: involucran un proceso de blanqueamiento, generalmente los importamos, y como cualquier industria, contaminan. No existe la industria con contaminación cero. Lo que existe es industria con control tecnológico de los procesos contaminantes para reducirlos a niveles tolerables. (Si todavía quedan dudas, leer “dioxinas y furanos” en la última sección de este trabajo).

Esto de la no existencia de la “contaminación cero” es fundamental: no asumirlo implica seguir cultivando la vocación de chacra (que, de paso, también involucra contaminantes). O lo que es lo mismo, de exportadores de materias primas (ya sean granos, o astillas de pinos y eucaliptos, como la reciente planta de Bahía Blanca, de tecnología japonesa).
Como bien sostiene Elsa Bruzzone, la política realmente existente (de los países centrales y de las multinacionales de la ecología) es: “ustedes no lo usen, porque vamos a usarlo nosotros”. Su concepto de desarrollo sustentable es esencialmente el convertirnos en reservorios, evitando que planifiquemos y por supuesto, impidiendo cualquier proceso de industrialización. A esto apunta también la nueva moda de los “Patrimonios de la Humanidad”, que nos impiden hacer uso de nuestros propios recursos, mientras los controlan los extranjeros para “protegerlos” de nosotros mismos. Al respecto, el silencio abismal del oficialismo y del Congreso Nacional para terminar con el negocio es una traición a la Nación de proporciones épicas. Una más.
