Citas de Fiodor Dotoievski y Biografia

Biografia y

Citas de Dostoievskihttp://nieveroja.files.wordpress.com/2009/07/dostoevsky_1872.jpg

1)2)No busques premio, porque tú tienes una gran recompensa en esta tierra, que sólo el justo puede gozar.

3)El hombre debe basar su felicidad mediante el sufrimiento: es la ley de la tierra.

4)Uno puede conocer a un hombre por su sonrisa. Si te gusta su sonrisa antes que lo conozcas del todo, confía en que será un buen hombre.

5)No hay desgracias para los corazones débiles. La desgracia quiere un corazón fuerte.

6)La segunda mitad de la vida de un hombre está hecha únicamente de los hábitos adquiridos en la primera mitad.

7)Si quieres que los demás te respeten, lo mejor que puedes hacer es respetarte a ti mismo.

8)Amigos míos, pedid a Dios la alegría. Sed alegres como los niños, como los pájaros del cielo.

9)Hay cosas que incluso un hombre tiene miedo a decírselas a sí mismo, y todo hombre decente tiene un buen número de esas cosas almacenadas en su mente.

10)Cuando estás perplejo antes algunos hechos, especialmente los pecados humanos, y dudas entre combatirlos por la fuerza o con amor. Siempre decide: “Lo combatiré con amor”. Si piensas así podrás conquistar todo el mundo. El amor es una fuerza terrible, la más poderosa de todas las cosas, no existe nada como ella.

11)El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive.

12)Si alguien me demostrara que Jesús no poseyó la verdad… entonces preferiría seguir con Jesús que con la verdad.

13)No sé si Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios.

14)Es culpa mía, culpa mía personal, si el mundo va mal.

15)Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos.

16)Yo creo en Dios pero Él no cree en mi.

17)Enamorarse no es amar. Puede uno enamorarse y odiar.

Fiódor Dostoievski

Fiódor Mijailovich Dostoievski

Moscú, 1821-San Petersburgo, 1881) Novelista ruso.

Educado por su padre, un médico de carácter despótico y brutal, encontró protección y cariño en su madre, que murió prematuramente. Al quedar viudo, el padre se entregó al alcohol, y envió finalmente a su hijo a la Escuela de Ingenieros de San Petersburgo, lo que no impidió que el joven Dostoievski se apasionara por la literatura y empezara a desarrollar sus cualidades de escritor.

A los dieciocho años, la noticia de la muerte de su padre, torturado y asesinado por un grupo de campesinos, estuvo cerca de hacerle perder la razón. Ese acontecimiento lo marcó como una revelación, ya que sintió ese crimen como suyo, por haber llegado a desearlo inconscientemente. Al terminar sus estudios, tenía veinte años; decidió entonces permanecer en San Petersburgo, donde ganó algún dinero realizando traducciones.

La publicación, en 1846, de su novela epistolar Pobres gentes, que estaba avalada por el poeta Nekrásov y por el crítico literario Belinski, le valió una fama ruidosa y efímera, ya que sus siguientes obras, escritas entre ese mismo año y 1849, no tuvieron ninguna repercusión, de modo que su autor cayó en un olvido total.

En 1849 fue condenado a muerte por su colaboración con determinados grupos liberales y revolucionarios. Indultado momentos antes de la hora fijada para su ejecución, estuvo cuatro años en un presidio de Siberia, experiencia que relataría más adelante en Recuerdos de la casa de los muertos. Ya en libertad, fue incorporado a un regimiento de tiradores siberianos y contrajo matrimonio con una viuda con pocos recursos, Maria Dmítrievna Isáieva.

Kirchner Internado(un mensaje para el y otros como el)cuento de Tolstoi

Cuanta gente en el mundo existe como en este cuento de León Tolstoi

Yo digo ¡que poca tierra precisa el hombre!

BetoCammpos

¿Cuánta tierra necesita un hombre?
[Cuento. Texto completo]

León Tolstoi

Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. “Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra.”

Ahora bien, cerca de la aldea de Pahom vivía una dama, una pequeña terrateniente, que poseía una finca de ciento cincuenta hectáreas. Un invierno se difundió la noticia de que esta dama iba a vender sus tierras. Pahom oyó que un vecino suyo compraría veinticinco hectáreas y que la dama había consentido en aceptar la mitad en efectivo y esperar un año por la otra mitad.

“Qué te parece -pensó Pahom- Esa tierra se vende, y yo no obtendré nada.”

Así que decidió hablar con su esposa.

-Otras personas están comprando, y nosotros también debemos comprar unas diez hectáreas. La vida se vuelve imposible sin poseer tierras propias.

Se pusieron a pensar y calcularon cuánto podrían comprar. Tenían ahorrados cien rublos. Vendieron un potrillo y la mitad de sus abejas; contrataron a uno de sus hijos como peón y pidieron anticipos sobre la paga. Pidieron prestado el resto a un cuñado, y así juntaron la mitad del dinero de la compra. Después de eso, Pahom escogió una parcela de veinte hectáreas, donde había bosques, fue a ver a la dama e hizo la compra.

Así que ahora Pahom tenía su propia tierra. Pidió semilla prestada, y la sembró, y obtuvo una buena cosecha. Al cabo de un año había logrado saldar sus deudas con la dama y su cuñado. Así se convirtió en terrateniente, y talaba sus propios árboles, y alimentaba su ganado en sus propios pastos. Cuando salía a arar los campos, o a mirar sus mieses o sus prados, el corazón se le llenaba de alegría. La hierba que crecía allí y las flores que florecían allí le parecían diferentes de las de otras partes. Antes, cuando cruzaba esa tierra, le parecía igual a cualquier otra, pero ahora le parecía muy distinta.

Un día Pahom estaba sentado en su casa cuando un viajero se detuvo ante su casa. Pahom le preguntó de dónde venía, y el forastero respondió que venía de allende el Volga, donde había estado trabajando. Una palabra llevó a la otra, y el hombre comentó que había muchas tierras en venta por allá, y que muchos estaban viajando para comprarlas. Las tierras eran tan fértiles, aseguró, que el centeno era alto como un caballo, y tan tupido que cinco cortes de guadaña formaban una avilla. Comentó que un campesino había trabajado sólo con sus manos, y ahora tenía seis caballos y dos vacas.

El corazón de Pahom se colmó de anhelo.

“¿Por qué he de sufrir en este agujero -pensó- si se vive tan bien en otras partes? Venderé mi tierra y mi finca, y con el dinero comenzaré allá de nuevo y tendré todo nuevo”.

Pahom vendió su tierra, su casa y su ganado, con buenas ganancias, y se mudó con su familia a su nueva propiedad. Todo lo que había dicho el campesino era cierto, y Pahom estaba en mucha mejor posición que antes. Compró muchas tierras arables y pasturas, y pudo tener las cabezas de ganado que deseaba.

Al principio, en el ajetreo de la mudanza y la construcción, Pahom se sentía complacido, pero cuando se habituó comenzó a pensar que tampoco aquí estaba satisfecho. Quería sembrar más trigo, pero no tenía tierras suficientes para ello, así que arrendó más tierras por tres años. Fueron buenas temporadas y hubo buenas cosechas, así que Pahom ahorró dinero. Podría haber seguido viviendo cómodamente, pero se cansó de arrendar tierras ajenas todos los años, y de sufrir privaciones para ahorrar el dinero.

“Si todas estas tierras fueran mías -pensó-, sería independiente y no sufriría estas incomodidades.”

Un día un vendedor de bienes raíces que pasaba le comentó que acababa de regresar de la lejana tierra de los bashkirs, donde había comprado seiscientas hectáreas por sólo mil rublos.

-Sólo debes hacerte amigo de los jefes -dijo- Yo regalé como cien rublos en vestidos y alfombras, además de una caja de té, y di vino a quienes lo bebían, y obtuve la tierra por una bicoca.

“Vaya -pensó Pahom-, allá puedo tener diez veces más tierras de las que poseo. Debo probar suerte.”

Pahom encomendó a su familia el cuidado de la finca y emprendió el viaje, llevando consigo a su criado. Pararon en una ciudad y compraron una caja de té, vino y otros regalos, como el vendedor les había aconsejado. Continuaron viaje hasta recorrer más de quinientos kilómetros, y el séptimo día llegaron a un lugar donde los bashkirs habían instalado sus tiendas.

En cuanto vieron a Pahom, salieron de las tiendas y se reunieron en torno al visitante. Le dieron té y kurniss, y sacrificaron una oveja y le dieron de comer. Pahom sacó presentes de su carromato y los distribuyó, y les dijo que venía en busca de tierras. Los bashkirs parecieron muy satisfechos y le dijeron que debía hablar con el jefe. Lo mandaron a buscar y le explicaron a qué había ido Pahom.

El jefe escuchó un rato, pidió silencio con un gesto y le dijo a Pahom:

-De acuerdo. Escoge la tierra que te plazca. Tenemos tierras en abundancia.

-¿Y cuál será el precio? -preguntó Pahom.

-Nuestro precio es siempre el mismo: mil rublos por día.

Pahom no comprendió.

-¿Un día? ¿Qué medida es ésa? ¿Cuántas hectáreas son?

-No sabemos calcularlo -dijo el jefe-. La vendemos por día. Todo lo que puedas recorrer a pie en un día es tuyo, y el precio es mil rublos por día.

Pahom quedó sorprendido.

-Pero en un día se puede recorrer una vasta extensión de tierra -dijo.

El jefe se echó a reír.

-¡Será toda tuya! Pero con una condición. Si no regresas el mismo día al lugar donde comenzaste, pierdes el dinero.

-¿Pero cómo debo señalar el camino que he seguido?

-Iremos a cualquier lugar que gustes, y nos quedaremos allí. Puedes comenzar desde ese sitio y emprender tu viaje, llevando una azada contigo. Donde lo consideres necesario, deja una marca. En cada giro, cava un pozo y apila la tierra; luego iremos con un arado de pozo en pozo. Puedes hacer el recorrido que desees, pero antes que se ponga el sol debes regresar al sitio de donde partiste. Toda la tierra que cubras será tuya.

Pahom estaba alborozado. Decidió comenzar por la mañana. Charlaron, bebieron más kurniss, comieron más oveja y bebieron más té, y así llegó la noche. Le dieron a Pahom una cama de edredón, y los bashkirs se dispersaron, prometiendo reunirse a la mañana siguiente al romper el alba y viajar al punto convenido antes del amanecer.

Pahom se quedó acostado, pero no pudo dormirse. No dejaba de pensar en su tierra.

“¡Qué gran extensión marcaré! -pensó-. Puedo andar fácilmente cincuenta kilómetros por día. Los días ahora son largos, y un recorrido de cincuenta kilómetros representará gran cantidad de tierra. Venderé las tierras más áridas, o las dejaré a los campesinos, pero yo escogeré la mejor y la trabajaré. Compraré dos yuntas de bueyes y contrataré dos peones más. Unas noventa hectáreas destinaré a la siembra y en el resto criaré ganado.”

Por la puerta abierta vio que estaba rompiendo el alba.

-Es hora de despertarlos -se dijo-. Debemos ponernos en marcha.

Se levantó, despertó al criado (que dormía en el carromato), le ordenó uncir los caballos y fue a despertar a los bashkirs.

-Es hora de ir a la estepa para medir las tierras -dijo.

Los bashkirs se levantaron y se reunieron, y también acudió el jefe. Se pusieron a beber más kurniss, y ofrecieron a Pahom un poco de té, pero él no quería esperar.

-Si hemos de ir, vayamos de una vez. Ya es hora.

Los bashkirs se prepararon y todos se pusieron en marcha, algunos a caballo, otros en carros. Pahom iba en su carromato con el criado, y llevaba una azada. Cuando llegaron a la estepa, el cielo de la mañana estaba rojo. Subieron una loma y, apeándose de carros y caballos, se reunieron en un sitio. El jefe se acercó a Pahom y extendió el brazo hacia la planicie.

-Todo esto, hasta donde llega la mirada, es nuestro. Puedes tomar lo que gustes.

A Pahom le relucieron los ojos, pues era toda tierra virgen, chata como la palma de la mano y negra como semilla de amapola, y en las hondonadas crecían altos pastizales.

El jefe se quitó la gorra de piel de zorro, la apoyó en el suelo y dijo:

-Ésta será la marca. Empieza aquí y regresa aquí. Toda la tierra que rodees será tuya.

Pahom sacó el dinero y lo puso en la gorra. Luego se quitó el abrigo, quedándose con su chaquetón sin mangas. Se aflojó el cinturón y lo sujetó con fuerza bajo el vientre, se puso un costal de pan en el pecho del jubón y, atando una botella de agua al cinturón, se subió la caña de las botas, empuñó la azada y se dispuso a partir. Tardó un instante en decidir el rumbo. Todas las direcciones eran tentadoras.

-No importa -dijo al fin-. Iré hacia el sol naciente.

Se volvió hacia el este, se desperezó y aguardó a que el sol asomara sobre el horizonte.

“No debo perder tiempo -pensó-, pues es más fácil caminar mientras todavía está fresco.”

Los rayos del sol no acababan de chispear sobre el horizonte cuando Pahom, azada al hombro, se internó en la estepa.

Pahom caminaba a paso moderado. Tras avanzar mil metros se detuvo, cavó un pozo y apiló terrones de hierba para hacerlo más visible. Luego continuó, y ahora que había vencido el entumecimiento apuró el paso. Al cabo de un rato cavó otro pozo.

Miró hacia atrás. La loma se veía claramente a la luz del sol, con la gente encima, y las relucientes llantas de las ruedas del carromato. Pahom calculó que había caminado cinco kilómetros. Estaba más cálido; se quitó el chaquetón, se lo echó al hombro y continuó la marcha. Ahora hacía más calor; miró el sol; era hora de pensar en el desayuno.

-He recorrido el primer tramo, pero hay cuatro en un día, y todavía es demasiado pronto para virar. Pero me quitaré las botas -se dijo.

Se sentó, se quitó las botas, se las metió en el cinturón y reanudó la marcha. Ahora caminaba con soltura.

“Seguiré otros cinco kilómetros -pensó-, y luego giraré a la izquierda. Este lugar es tan promisorio que sería una pena perderlo. Cuanto más avanzo, mejor parece la tierra.”

Siguió derecho por un tiempo, y cuando miró en torno, la loma era apenas visible y las personas parecían hormigas, y apenas se veía un destello bajo el sol.

“Ah -pensó Pahom-, he avanzado bastante en esta dirección, es hora de girar. Además estoy sudando, y muy sediento.”

Se detuvo, cavó un gran pozo y apiló hierba. Bebió un sorbo de agua y giró a la izquierda. Continuó la marcha, y la hierba era alta, y hacía mucho calor.

Pahom comenzó a cansarse. Miró el sol y vio que era mediodía.

“Bien -pensó-, debo descansar.”

Se sentó, comió pan y bebió agua, pero no se acostó, temiendo quedarse dormido. Después de estar un rato sentado, siguió andando. Al principio caminaba sin dificultad, y sentía sueño, pero continuó, pensando: “Una hora de sufrimiento, una vida para disfrutarlo”.

Avanzó un largo trecho en esa dirección, y ya iba a girar de nuevo a la izquierda cuando vio un fecundo valle. “Sería una pena excluir ese terreno -pensó-. El lino crecería bien aquí.”. Así que rodeó el valle y cavó un pozo del otro lado antes de girar. Pahom miró hacia la loma. El aire estaba brumoso y trémulo con el calor, y a través de la bruma apenas se veía a la gente de la loma.

“¡Ah! -pensó Pahom-. Los lados son demasiado largos. Este debe ser más corto.” Y siguió a lo largo del tercer lado, apurando el paso. Miró el sol. Estaba a mitad de camino del horizonte, y Pahom aún no había recorrido tres kilómetros del tercer lado del cuadrado. Aún estaba a quince kilómetros de su meta.

“No -pensó-, aunque mis tierras queden irregulares, ahora debo volver en línea recta. Podría alejarme demasiado, y ya tengo gran cantidad de tierra.”.

Pahom cavó un pozo de prisa.

Echó a andar hacia la loma, pero con dificultad. Estaba agotado por el calor, tenía cortes y magulladuras en los pies descalzos, le flaqueaban las piernas. Ansiaba descansar, pero era imposible si deseaba llegar antes del poniente. El sol no espera a nadie, y se hundía cada vez más.

“Cielos -pensó-, si no hubiera cometido el error de querer demasiado. ¿Qué pasará si llego tarde?”

Miró hacia la loma y hacia el sol. Aún estaba lejos de su meta, y el sol se aproximaba al horizonte.

Pahom siguió caminando, con mucha dificultad, pero cada vez más rápido. Apuró el paso, pero todavía estaba lejos del lugar. Echó a correr, arrojó la chaqueta, las botas, la botella y la gorra, y conservó sólo la azada que usaba como bastón.

“Ay de mí. He deseado mucho, y lo eché todo a perder. Tengo que llegar antes de que se ponga el sol.”

El temor le quitaba el aliento. Pahom siguió corriendo, y la camisa y los pantalones empapados se le pegaban a la piel, y tenía la boca reseca. Su pecho jadeaba como un fuelle, su corazón batía como un martillo, sus piernas cedían como si no le pertenecieran. Pahom estaba abrumado por el terror de morir de agotamiento.

Aunque temía la muerte, no podía detenerse. “Después que he corrido tanto, me considerarán un tonto si me detengo ahora”, pensó. Y siguió corriendo, y al acercarse oyó que los bashkirs gritaban y aullaban, y esos gritos le inflamaron aún más el corazón. Juntó sus últimas fuerzas y siguió corriendo.

El hinchado y brumoso sol casi rozaba el horizonte, rojo como la sangre. Estaba muy bajo, pero Pahom estaba muy cerca de su meta. Podía ver a la gente de la loma, agitando los brazos para que se diera prisa. Veía la gorra de piel de zorro en el suelo, y el dinero, y al jefe sentado en el suelo, riendo a carcajadas.

“Hay tierras en abundancia -pensó-, ¿pero me dejará Dios vivir en ellas? ¡He perdido la vida, he perdido la vida! ¡Nunca llegaré a ese lugar!”

Pahom miró el sol, que ya desaparecía, ya era devorado. Con el resto de sus fuerzas apuró el paso, encorvando el cuerpo de tal modo que sus piernas apenas podían sostenerlo. Cuando llegó a la loma, de pronto oscureció. Miró el cielo. ¡El sol se había puesto! Pahom dio un alarido.

“Todo mi esfuerzo ha sido en vano”, pensó, y ya iba a detenerse, pero oyó que los bashkirs aún gritaban, y recordó que aunque para él, desde abajo, parecía que el sol se había puesto, desde la loma aún podían verlo. Aspiró una buena bocanada de aire y corrió cuesta arriba. Allí aún había luz. Llegó a la cima y vio la gorra. Delante de ella el jefe se reía a carcajadas. Pahom soltó un grito. Se le aflojaron las piernas, cayó de bruces y tomó la gorra con las manos.

-¡Vaya, qué sujeto tan admirable! -exclamó el jefe-. ¡Ha ganado muchas tierras!

El criado de Pahom se acercó corriendo y trató de levantarlo, pero vio que le salía sangre de la boca. ¡Pahom estaba muerto!

Los pakshirs chasquearon la lengua para demostrar su piedad.

Su criado empuñó la azada y cavó una tumba para Pahom, y allí lo sepultó. Dos metros de la cabeza a los pies era todo lo que necesitaba.

Tatuaje en el ojo ¿Moda o Estupidez?

Ya el tatuaje convencional es una agresión al cuerpo, imagínese  lo que será un tatuaje en el ojo , el ser humano crea constantemente formas para colocarse en evidencia diferenciarse, en una sociedad cada vez mas distante y fría , los distintos clan tribus con sus códigos hábitos costumbres , para que el mundo los distinga como exclusivos de algo , podría mencionar una docena de estas tribus urbanas algunas con lenguajes propios , vestimentas  ,peinados  ,sin cabellos ,y es la vez del tatuaje de ojos , cada uno tiene su opinión puede ser una moda o una estupidez.

Betocammpos

Primera tatuaje de ojo en el Mundo

El primer tatuaje de ojo en el mundo

Mediante un procedimiento realizado por personas capacitadas, “pioneros en el campo de la modificación”, este hombre de Toronto ha hecho que su ojo ahora tenga una marca azul. Poco después, aparentemente otras dos personas realizaron procedimientos iguales. Para lograr lo que se ve en las fotos hicieron falta 40 inyecciones de tinta azul y todavía falta tiempo para que el ojo se cure completamente y quede en su estado definitivo.

A pesar de que el procedimiento fue relativamente simple y fue realizado por personas capacitadas nadie estaba muy seguro de que podría resultar de este “experimento”. Afortunadamente el hombre no perdió la vista y se está recuperando satisfactoriamente según confirmaron los oftalmólogos que fueron consultados por el hombre poco después de la “modificación”.

More photos after the jump and they’re just as disgusting.

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http://www.absoluterandom.com/worlds-first-eyeball-tattoo/

Cancer de Páncreas prevencion cuidados orientacion alimentacion

Es muy importante para una buena salud una correcta alimentación

Y la practica diaria de ejercicios, todos los órganos del cuerpo merecen

La máxima atención hoy es la vez del páncreas, las informaciones que

Posteo aquí pertenecen a una de las mas afamadas revistas del mundo

.

Betocammpos

El páncreas es una glándula que está situada por debajo del estómago, en la parte posterior del abdomen. Desempeña un papel fundamental en la digestión y absorción de alimentos ya que se encarga de secretar las enzimas precisas para ello en el intestino y controla los niveles de glucosa en sangre mediante la producción de insulina, una hormona cuya función es estimular a los músculos y a las células para que absorban la glucosa. Dicho esto, debe tenerse en cuenta que cerca del 95% de las células pancreáticas son exocrinas siendo su función la de producir los jugos pancreáticos que se requieren para la digestión y absorción de los alimentos.
Ahora bien, la actividad endocrina del páncreas se centra en determinadas agrupaciones celulares denominadas Islotes de Langerhans -que representan sólo el 2% de todo el volumen pancreático- y que son las que se encargan de liberar las diferentes hormonas responsables del mantenimiento de los niveles de glucosa. Y son tres las principales hormonas que libera. La primera es la insulina, que se segrega cuando la concentración de glucosa en la sangre aumenta. Así ocurre poco después de comer. Gracias a su acción la glucosa sobrante es almacenada por el hígado en forma de glucógeno. La segunda es el glucagón que, entre otras funciones, contribuye a descomponer el glucógeno almacenado en el hígado a fin de ser utilizado, lo que provoca la concentración de azúcar en sangre. Y la tercera es la somatostatina, responsable de regular la producción y transmisión de las dos ya mencionadas.

DIFERENTES PATOLOGÍAS DEL PÁNCREAS
Cáncer pancreático
El de páncreas ocupa el quinto lugar en la lista de mortalidad por cáncer y el segundo entre los tumores del aparato digestivo después del cáncer de colon.
Es más habitual entre las personas de raza negra y lo sufren más los varones que las mujeres. También suele aparecer en muchos enfermos de pancreatitis crónica y en los que padecen diabetes mellitus de larga evolución así como en las personas que están expuestas habitualmente al DDT y al petróleo y productos derivados. Es asimismo habitual entre quienes se alimentan fundamentalmente de comidas ricas en grasas saturadas. Hace poco se comprobó también que el consumo habitual de aspirina durante años puede provocar cáncer de páncreas (vea la noticia publicada en el nº 56 en nuestra web: www.dsalud.com).

Pancreatitis aguda y crónica
Se conocen dos formas principales de pancreatitis aguda: la pancreatitis aguda intersticial y la pancreatitis aguda hemorrágica. La primera se presenta en el curso de enfermedades infecciosas y la segunda, mucho más grave, se caracteriza por necrosis pancreática, destrucción vascular y hemorragia.
La pancreatitis crónica es el resultado de pancreatitis agudas recidivantes, la mayoría probablemente subclínicas. Es más frecuente en alcohólicos que en pacientes con litiasis.

Diabetes
Es un trastorno general del metabolismo que se caracteriza por un aumento anormal de los niveles de glucosa en sangre. Se distinguen dos tipos:
-Diabetes Tipo I. En este tipo es característica su aparición brusca, normalmente en sujetos de menos de 30 años. En el momento de su manifestación la mayoría de las células que producen insulina están destruidas. Requieren tratamiento dietético e insulínico.
-Diabetes Tipo II. Es de aparición progresiva presentándose en sujetos de más de 40 años y, por lo general, obesos. La producción de insulina en el momento en que se desarrollan los síntomas es escasa y poco efectiva. En sujetos con diabetes no insulina-dependiente es probable que su tolerancia a la glucosa mejore con la mera reducción de peso.
Dejando claro que la pancreatitis es una enfermedad grave que debe ser tratada de urgencia, hablaremos ahora de las recomendaciones generales para un mantenimiento saludable del páncreas y preventivo de la diabetes tipo I y II.

RECOMENDACIONES GENERALES
-Adelgace si está obeso o padece sobrepeso.
-Haga el ejercicio físico adecuado a su caso de forma regular.
-Evite el consumo de tabaco.
-Respete los horarios de las comidas.
-Aumente la ingesta de fibra.
-Utilice edulcorantes no calóricos.
-Evite las fluctuaciones de glucemia.
-Elimine la ingesta de azúcares simples y harinas refinadas.
-Elimine de su vida la comida basura, los alimentos precocinados y las comidas preparadas. -Reduzca drásticamente o elimine el consumo de alcohol, café, colas y bebidas con gas.

ALIMENTOS ADECUADOS
-Aguacate: favorece el mantenimiento de un nivel adecuado de la glicemia así como el equilibrio en la composición de las grasas del organismo.
-Alcachofas: contienen cinarina, de acción suavemente hipoglucemiante.
-Apio: regula el nivel de glucosa en sangre, reduce el nivel de colesterol y neutraliza el exceso de ácidos grasos consecuentes a la diabetes.
-Arándanos: los frutos del Mirtilo Negro tienen gran utilidad en esta patología pues contienen antocianósidos por lo que son vasoprotectores.
-Cebolla: es un alimento alcalinizante que protege además contra la arteriosclerosis y disminuye los niveles de glucosa en sangre.
-Cereales integrales: previenen la diabetes y resultan muy bien tolerados.
-Champiñón: su importancia ha quedado demostrada en la evolución y mejoría de la diabetes.
-Fruta: la fruta es necesaria en caso de padecer diabetes pues aporta vitaminas antioxidantes que mejoran su evolución y protegen frente a otras patologías secundarias. Debe tomarse la precaución de evitar el exceso en su ingesta y procurar no consumir las frutas desecadas. Las mejor toleradas son el plátano y el mango.
-Frutos secos: tanto los oleaginosos como las semillas de girasol o calabaza proporcionan energía en forma de ácidos grasos de fácil asimilación así como vitaminas del grupo B, vitamina E y minerales. Como además son pobres en hidratos de carbono son muy fáciles de adaptar a las dietas de los diabéticos.
-Germen de trigo: contiene vitaminas B1 y E cuya acción combinada tiene un efecto antidiabético al disminuir las necesidades de insulina y el nivel de glucosa en sangre.
-Legumbres: favorecen la regulación de la glucosa en sangre por su contenido en fibra: garbanzo, guar, soja, almorta, lenteja, altramuz, alfalfa, judía (fríjol), azuki y judía mungo.
-Patata: aporta hidratos de carbono complejos y fibra lo que favorece que durante la digestión la glucosa se libere lentamente.
-Verduras: son bien toleradas por los diabéticos y debido a su escaso aporte calórico evitan la obesidad. En el caso que nos ocupa resultan especialmente recomendadas el brécol, la coliflor y, en general, toda la familia de las coles (crucíferas) incluyendo la col fermentada, la endibia, la escarola, la lechuga, la judía verde, el guisante y el pepino.

COMPLEMENTOS
-Vitamina B6 (Piridoxina): se ha mostrado eficaz frente a la neuropatía diabética. También previene otras complicaciones de la diabetes ya que actúa como coenzima en la creación de puentes cruzados en el colágeno e inhibe la agregación plaquetaria.
-Vitamina B8 o H (Biotina): actúa de forma sinérgica con la insulina y, de forma independiente, aumentando la actividad de la glucokinasa.
-Vitamina C: previene que el azúcar intracelular se convierta en sorbitol, hecho asociado a trastornos visuales, nerviosos y renales en pacientes diabéticos. La deficiencia de vitamina C puede causar además problemas secundarios a la diabetes.
-Vitamina E: inhibe la liberación de plaquetas y la agregación plaquetaria. Actúa como protectora del sistema circulatorio por lo que es fundamental en el tratamiento de la diabetes. Asociada al selenio es más efectiva.
-Cromo: éste se almacena en el hígado formando parte del denominado Factor de Tolerancia a la Glucosa (GTF), con funciones muy importantes en la economía corporal. Este elemento aparece muy bajo en pacientes diabéticos.
-Cobre: junto con el cromo y el manganeso interviene en la formación de la insulina.
-Manganeso: cofactor de enzimas importantes del metabolismo de la glucosa.
-Zinc: actúa en sinergia con el zinc por lo que los alimentos ricos en este último ayudan a aprovechar mejor el primero. El zinc tiene un efecto protector frente a la destrucción de las células beta del páncreas.
-Magnesio: interviene en la producción de insulina en el páncreas. Está reducido de forma significativa en los diabéticos ya que -en especial los insulinodependientes- lo eliminan en gran cantidad por la orina.
-Níquel: interviene en el metabolismo de la glucosa. Su nivel en sangre es proporcional al de insulina. Aumenta cuando ésta lo hace (tras una comida rica en glúcidos) y también disminuye cuando desciende el nivel de insulina). Facilita el almacenamiento hepático de la glucosa que se ha transformado en glucógeno.
-Potasio: mejora la sensibilidad, la capacidad de respuesta y la secreción de insulina en los diabéticos.
-Carnitina: es importante porque potencia la degradación de los ácidos grasos previniendo así la cetoacidosis diabética.

(Recuerde que tanto el tratamiento a seguir como las dosis a prescribir son trabajo de un especialista de la salud y en ningún modo este artículo puede ser utilizado como tratamiento específico. Sólo sirve como elemento orientativo e ilustrativo).

José Ramón Llorente

http://www.dsalud.com/medicinaorto_numero62.htm