La Canasta de Don Paco

La Canasta de Don Paco

Historias de vida

canasto de almacen

En el terreno de la esquina teníamos un sector para quemar hojas y cosas en desuso.

El terreno lindaba con dos casas y tratamos siempre  de mantenerlo limpio y prolijo

Una mañana se acerca mi vecina Ana Cubero, y me dice:

—-te dejo esta canasta para que cuando enciendas fuego la quemes.

—- ¡que linda canasta ¡, ¿de que era?

—-Esa es la canasta que usaba mi papa cuando hacia el reparto de almacén, el quiere conservarla pero no sirve para nada,  recuerdos de la época  en la que teníamos  almacén, no quiero ni verla.

La dejó allí junto a las hojas y maderas a las que yo pronto le encendería fuego.

La miré y pensé que seguramente habría muchas historias que se quemarían, así fue que la guardé en un cuartito de herramientas, esos que siempre hay en las casas.

Don Paco Cubero,  nació en Vigo España.  Como muchos se marcho hacia la Argentina llegando a principios de los 50.

Su primer trabajo fue como dependiente de un almacén en el barrio de caballito. Era de profesión carpintero.

De lunes a Sábado y medio día del domingo hacia repartos de comestibles por el barrio. Los domingos a la tarde reparaba sillas y muebles en un cuarto de su vivienda.

Había llegado con algunos ahorros que le permitieron techar una parte de los fondos de la habitación, pudiendo comprar algunas herramientas de carpintería.

Con su trabajo pudo con el tiempo  alquilar y posteriormente comprar un viejo local comercial que estaba cerrado. Allí puso una pequeña despensa y anexó en otro sector su modesta carpintería.

A la hora de cierre del almacén, Salía con su canasta a entregar puerta por puerta, aquellos pedidos que por su volumen o por necesidad de los clientes no se retiraban del mostrador.

Tiempos de libreta negra y fiado, que mes a mes se cobraba indefectiblemente, salvo casos especiales a los que don Paco, cerraba los ojos ante la situación de los eventuales morosos, que siempre eran por causas muy justificadas, trabajo, enfermedad, falta de recursos.

Así transcurría la vida de Don Paco y su Canasta.

En años de trabajo pudo comprar un local mejor ubicado, casarse,  tener hijos y criarlos y educarlos sin apremios económicos.

Llegó la hora de dejar el Almacén, alquiló el local y siguió con la carpintería como pasatiempo, solo hacia muebles para su casa y su familia.

La canasta fue testigo del trabajo,  crecimiento de las hijas, y nacimiento de los nietos, con el tiempo ellos jugaban dentro de la misma y guardaban sus juguetes.

Enterada Ana, que la canasta no había sido destruida, me dice irónicamente:

—–Ni se te ocurra decirle a mi padre que no la quemaste, el, la exhibía en el comedor, como si fuera un trofeo, y se sentía orgulloso de conservarla. A mí me avergüenza que la vean mis compañeros de la facultad,  cuando vienen a casa, todos preguntan y no quiero que  se enteren que mi padre fue almacenero.

Ana Cubero, no entiende el significado que tiene para don Paco esa vieja Canasta.

Tampoco valora que gracias a ese trabajo de “almacenero” ella pudo tener su casa, estudiar, y formar una familia sin privaciones.

Esa Canasta, también  dio tanto que  pudo mantener a sus hijos y a su esposo cuando este, con proyectos  de negocios extraordinarios, perdía una y otra vez debiendo recurrir a  la alcancía de Don Paco.

Paco Cubero ya no está, pero su canasta dejo lo suficiente para la hija, yerno, nietos y bisnietos.

Sigue allí, en el cuartito de herramientas como testigo de los tiempos de trabajo, ya no tan llena como cuando salía a repartir, pero con bastante contenido para el futuro.