Agente Conscripto Jorge Fernández

Agente Conscripto Jorge Fernández

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Fui agente conscripto 1962-1963 destinado a la comisaría 50º (guardia) de Gaona y Boyacá, Flores, donde me trataron magníficamente. Recuerdo (de la guardia) al sargento Hermida (un padrazo, a veces chinchudo, pero de gran corazón, de esos que una bronca se le pasa en seguida), al cabo Gutiérrez (motorista) y al agente Ponce.

Inspector González, Principal Tucci y ayudante Mariano Troncoso que más tarde pasó a Custodia Presidencial de “Isabel” y a Coordinación. Cuando la presi subió al famoso

helicóptero el 24 de marzo del 76, Troncoso estaba a su lado. De casualidad, ví esa foto años después.

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La querida 50º fue como una segunda casa para mí y siempre la recuerdo con emoción. Cuando llegó la baja me preguntaron si quería engancharme, y yo quería, porque tenía vocación (Hijo y Nieto de comisarios de la bonaerense) pero en la División de Investigaciones, por el horario fijo, y en alguna oficina de documentación, por ejemplo, porque tenía experiencia como administrativo y además ya a esa edad, por las tardes era profesor de mecanografía y taquigrafía en una academia, y tenía un buen nivel de inglés). Pero ese destino no era posible, no estaba incluido en la oferta a los “coreanos”.

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En comisaría no quería seguir porque la calle (estuve algunos días haciendo garita y parada) es muy dura, sobre todo en las malditas noches lluviosas y ventosas del invierno porteño.

Como colimba destinado a la  Guardia lo  podía asumir, pero no para algo definitivo. Además, yo era funcionario público y me conservaban el empleo durante ese año, por lo cual regresé (Instituto de Cirugía de Haedo).

A veces lo lamento porque pienso que debí quedarme un año más o dos y esperar un golpe de suerte: que algún oficial me recomendara para Investigaciones. En fin… lo importante es que guardo un magnífico recuerdo y muchas veces, me emociono profundamente cuando recuerdo al personal de Guardia que acabo de mencionar, sobre todo al entrañable sargento Hermida. Jamás me trataron como un “colimba” sino como un poli más.

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Por ejemplo, durante todo el año, siempre los tres, el agente Ponce, el Cabo Gutiérrez y yo) hicimos dos horas de puerta cada uno, sin ninguna discriminación para mí, que, lógicamente, podían haber hecho). Y también ellos tenían que buscar factura y pizzas.

Nunca hubo diferencia alguna en el reparto de tareas, a pesar de que eran de carrera y uno de ellos, un suboficial. Todo eso, estoy seguro que se debía al sargento Hermida, un hombre justo, serio, responsable. Un extraordinario profesional y superior, que sabía mandar sin humillar, respetando siempre al subalterno.
Saludos navideños a todos
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Jorge Fernández

Desde España

16 de diciembre de  2011