José y Alicia. Timba y Amor
José y Alicia. Timba y Amor
Autor: Carlos von Zedtwitz
Sin ánimo de inmiscuirme en la vida pasada o presente de las personas, considero que cada ser humano deja algo bueno o malo en su paso por este mundo que podemos relatar.
Así es, y continuando con mi costumbre de acercarme a las Historias de gente sin historia, les voy a contar sobre esta pareja de otros tiempos que NO llegó a ser un matrimonio, sencillamente porque ella era separada y “sin voluntad de unirse”
José y Alicia, digamos, que fueron concubinos, arrimados, en yunta, según el lunfardo, o como se dice ahora “Vivian en pareja”
José Dámico nació en Italia en 1889. A la edad de 10 años viajo a la Argentina motivado por la gran pobreza económica de su familia, tan real que ni siquiera tenían para la alimentación básica.
“Emigro para comer…”
En uno de los mas importantes libros sobre la emigración “Sobre el Océano” de Edmundo De Amicis, publicado en 1889, un emigrante lo dice de manera muy eficaz: “Mi emigro per mangar” (“Emigro para comer”).
Lo habían exhortado a quedarse porque el gobierno habría bonificado a Cerdeña, la Maremma y el Agro romano. Pero él había contestado: “Pero mientras tanto yo no como! Como se hace para esperar si no tiene para comer?”.
Indudablemente, no era esta la única razón. Muchos jóvenes emigraban para retirarse del control de sus familias, otros esperaban hacer fortuna, y otros estaban obligados a alejarse de Italia por razones políticas.
Pero la gran mayoría de ellos que dejaron Italia en los últimos decenios del 1800 y en los primeros del 1900, lo hicieron porqué no encontraban la manera de ganarse la vida. La emigración ha representado una válvula di alivio que ha impedido el estallido de revueltas en los campos.
En su niñez Pepino solo se alimentaba de Higos, siempre me contaba como subía a una planta de higos de un vecino y no paraba de comerlos.

El vecino, don Pablo miraba para otro lado, sabía que era el único alimento de ese niño.
Aquí en Argentina conservo el gusto por los higos a pesar de no tener necesidad, ya que su situación había cambiado radicalmente.
Durante su largo viaje en el vapor que lo traía de Italia junto a un tío, aprendió el oficio de peluquero. A pesar de su corta edad asimilo rápidamente las enseñanzas recibidas.
Su llegada al puerto de Buenos Aires, fue como la de muchos Inmigrantes cuyas Historias ya hemos relatado.
Pepe y su Tío Antonio fueron a vivir a un una pieza en un conventillo de la Boca.
Allí cortaban el pelo a los vecinos del inquilinato.
Alicia nace en el Barrio de Belgrano, ciudad de Buenos Aires en Agosto de 1904.
Hija de padre Alemán y Madre Argentina.
Tiene una infancia y adolescencia feliz rodeada de sus hermanos, con una familia de sólida posición económica.

Su padre fue administrador de Estancias y luego tuvo campos en La Pampa y Otras Provincias.
Pero como dice la canción “todo cambia”
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Catástrofes climáticas, malas cosechas, mala suerte, políticas que no acompañaron el esfuerzo del hombre de campo, hicieron que todo lo logrado por Don Ernesto se fuera perdiendo, campos, carruajes, autos, maquinarias. Y una vida de relaciones en lo más aristocrático de la sociedad.
Adiós clases de equitación, chau piano de cola, modista, peinadora, y toda aquello superfluo que fue para Alicia solo un condimento de la vida.
También se perdió la casa de Belgrano:

Barrio de Belgrano, caserón de tejas,
¿te acordás, hermana, de las tibias noches
sobre la vereda…?
Cuando un tren cercano nos dejaba viejas
raras añoranzas
bajo la templanza
suave del rosal…
Todo fue tan simple, claro como el cielo,
bueno como el cuento que en las dulces siestas
nos contó el abuelo,
cuando en el pianito
de la sala oscura
sangraba la pura
ternura de un vals…
Barrio de Belgrano, caserón de tejas,
¿dónde está el aljibe, dónde están tus patios,
dónde están tus rejas…?
Volverás al piano, mi hermanita vieja,
y en las melodías
vivirán los días
claros del hogar…
Pero Alicia no volvió, ni a Belgrano, ni al piano, ni a sus amigos de la alta sociedad, porque, cuando te elevas te acompañan, cuando desciendes solo tienes espectadores sonrientes, observadores de tu caída a lo lejos.
Alicia comenzó a Trabajar como manicura en una peluquería del centro de Bs.As., luego en el ministerio de Salud Publica, como visitadora social, también en el instituto de Gastroenterología.
Era una estudiosa de la Astrología y a esto dedicaba mucho tiempo de sus días.

Apasionada Leonina muchas veces navegaba entre el amor y el odio dando un golpe de timón que confundía a aquellos que no la conocían profundamente, y también a los más allegados que no comprendían los limites de los nacidos bajo un signo de fuego.
Hoy diríamos es una dama bipolar.
José en cambio tenia un carisma que lo hacia relacionarse muy bien en todos los círculos que frecuentaba.
Ese mismo círculo y su deseo de instruirse para llegar a ser alguien lo llevaron por caminos impensados.
Con el tiempo ese niño que había aprendido a cortar el pelo en tercera de un barco llegó a tener a su cargo la concesión de una Peluquería de un club social de turf. de Buenos Aires.

Me pierdo en los eslabones del tiempo, así llego a un momento de esta historia en la cual transcurre la vida de ambos, en forma individual como lo estoy relatando., cada uno por su lado.
Alicia se casó con Carlitos, buen hombre, sencillo, dado, común. Amaba a su esposa y vivía solo para complacerla. Sin tener en cuenta que el fuego solo se mantiene vivo atizándolo. Así su matrimonio concluyó a los 365 días de haberse iniciado, como dijimos al comienzo separada y “sin voluntad de unirse”.
Pepe se casó con Leonor y tuvieron cuatro hijos, tres mujeres y un varón.
Leonor falleció cuando “Pepito” tenía 13 años.
Cae el telón de este acto de la narración y cuando se abre el siguiente nos encontramos con Alicia y Pepe conviviendo, solos, en un departamento de la calle Tucumán al 1500, pasillo al fondo segundo piso 44 escalones por escalera.
Pepe, galán, ganador, alegre, un tipazo, muy buen carácter, tan bueno y varón, como para mantener controlado el fuego de Alicia.
Al trabajar en la peluquería de un club Hípico, los datos para la carrera de burros, era moneda corriente, el circulo social también era amante de casinos, juego, timba
En fin, algún vicio tendría el pobre Pepino.
Levantan la cinta, ya toma la punta
el rey de la fusta, Aníbal Echart,
ya doblan el codo, ya vienen llegando
pero el va sobrando con su calidad.
Entran al derecho, la tribuna ¡si! gritan
porque ya palpitan un bravo final,
el pela la fusta mientras que arremete
para ganar justo en el fotochart.
¡Llegaron!, ¡llegaron!, hay bandera verde
parece que pierde, no debo jugar,
pero que ¡canejo!, si ganó el maestro
el rubio maestro Aníbal Echart.
Ganaba y perdía, era muy generoso, todo lo compartía si bien como buen jugador nada quedaba para el progreso de la pareja.
Alicia sabía los escondrijos donde Pepe depositaba el producto económico resultante., Luego de distribuir la ocasional ganancia, llamase de la apuesta a ganador, o a place.
Pleno, línea, o color, punto y banca, pase ingles, quiniela, lotería nacional o provincial.

Todo perdonaba Alicia, claro cada vez que regresaba Pepe, tenia que dejarle a su compañera un alto porcentaje del producto neto declarado, lo no declarado se escondía en la entretela de las corbatas o cinturones. Alicia pasaba su detector visual y táctil hasta incautar el dinero., lo hacía para guardarlo y así poder afrontar futuras épocas de vacas flacas o perdidas ocasionadas por matungos que en los últimos cien metros se tiraban a chanta.
Bandera verde, y luego ganadora Alicia que no apuesta pero siempre cobra.


Por una cabeza de un noble potrillo
que justo en la raya afloja al llegar
y que al regresar parece decir:
no olvides, hermano,
vos sabes, no hay que jugar…
Mil veces prometió Pepino:
Basta de carreras, se acabo la timba,
un final reñido yo no vuelvo a ver,
pero si algún pingo llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero, que le voy a hacer.
Así transcurrió la vida de Alicia y Pepe, un amor a su manera, muy distintas personalidades, posiblemente eso fue los que los mantuvo juntos.
Alicia ya no trabajaba más de manicura, ahora solo era visitadora Social.
Pepe tuvo que contratar a Zulma una manicura joven bella y especialista en captar las manos de los hombres, y sus jugosas propinas. Ella vivía en la calle Arroyo, departamentito de soltera, al cual Pepino visitaba, según el, por temas comerciales relacionados con su actividad.
Alicia los descubrió justo en el momento de tirar el cuerito de la cutícula hacia atrás y adelante.
No lo perdonó, lo condenó a requisas periódicas e incautación de pesos, dólares, libras esterlinas y todo lo que el bueno de Pepino ganaba.
Pepe fue condenado “Ad eternum” al pago voluntario del producto del juego.
A su modo fueron felices.
Mar del Plata, para Pepino era solo agua de mar, mojarse los parpados, y luego a internarse en el Casino hasta que se tire al ultima bolilla de la noche. Mejor dicho de la madrugada si es que la ganancia le permitía llegar hasta esa hora.

Pepe 15 años mayor que Alicia, falleció a los 89, Alicia a los 93.
De este matrimonio no hubo hijos, si conservo unas fotografías tomadas en Mar del Plata, momentos felices que hablan por si solas de su buena relación.


En la timba de la vida me planté con siete y medio,
siendo la única parada de la vida que me acerté;
yo ya estaba en la pendiente de la ruina sin remedio
Te entregue el corazón, y fuiste mia,
fuiste luz, en mi vida y mi pasión
te alejaste, dejando mi alma herida,
triunfo del oro sobre el corazón.
Sin embargo en el juego de la vida
donde triunfa el amor y la pasión…
Como el destino y la suerte, los dejaste,
en mi alma el recuerdo del amor.
El que busque la razón de su existir
En el amor, o en la emoción del juego,
Habrá entonces comprendido que vivir
Es tener lleno el corazón de fuego.
Habrá entonces aprendido a palpitar
Frente al misterio de unos lindos ojos,
Y en el tapete, frente a una carta
Habrá vibrado de emoción, sin desmayar.
Punto y banca, no va más
La suerte se me dio al revés,
Pero de nuevo el corazón
Buscando la emoción
Sintió latir en él, la vida.
Punto y banca, no va más
Qué importa si perdí otra vez,
La vida es eso, palpitar
Jugarse el corazón
Y un beso, todo hará olvidar…
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MUY ESTIMADO CARLOS VONZ
Realmente atrapante su relato acerca de estos dos seres anónimos, Alicia y José.
Créo que ambos merodeamos los mismos sitios por los que transcurre la poética. Lo invito a descubrir mis blogs: clarin – blogs de la gente – postales en la vidriera
felipedemauro.blogspot.com
Le dejo un saludo muy cordial.
FELIPE DEMAURO