LA VIDA DENTRO DE LA PELOTA

LA VIDA DENTRO DE LA PELOTA
Por: Ricardo de Las Heras
Madrid . España

Ricardo de las Heras, Amancio Mangas ( en el centro ) y Carlos Amor Sanz ( a la derecha ) Carlos Fué compañero mio en LA Pelota

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Nuestra primera visita fue a la peluquería, allí nos esperaban un par de peluqueros, para dar buena cuenta de nosotros, con sus maquinillas de las de entonces, manuales pero efectivas cabezas totalmente rapadas, que cada 6 o 7 días eran repasadas de nuevo, para que no hubiera lugar a dudas, esto era el PELOTON DISCIPLINARIO.

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Para nosotros no había DIANA, todo dependía del sueño que tuviera el jefe del Pelotón, las 3 o 4 de la madrugada, allí hacinados en calabozos y con una única manta de compañera, aparecía aquel que estuviera de servicio para sacarnos del calabozo y empezar una de las muchas  duras jornadas que vivíamos a diario, limpieza del cuartel hasta el más mínimo detalle, barrer, y fregar hasta la hora de Diana, y una vez finalizadas tan nobles tareas y antes de la hora del desayuno a correr.
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No podíamos estar parados siempre trotando y dando palmadas sobre las piernas, no podíamos hablar con ningún otro soldado que estuviera fuera del Pelotón, pues en ese caso tu castigo se duplicaba y con el soldado que hablaras, directamente entraba a formar parte de nuestro equipo, los desayunos, comidas y cenas las teníamos que hacer siempre saltando, no había otra forma de hacerlo, so pena de pararte y llevarte una ensalada de ostias, que  más de uno  recibimos por no obedecer las órdenes.
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Una vez acabada la cena de más de 1000 soldados, hacíamos acto de presencia en los comedores, para fregar los utensilios y el suelo, que más parecía una pista de aterrizaje de aviones, los cepillos de raíces eran nuestros más fieles compañeros, agua, jabón y a fregar, a mitad del trabajo, siempre había que empezar de nuevo, esa era una máxima de cualquier vigilante nunca les gustaba nuestro trabajo, así un día tras otro, no había descanso para nosotros aquello era un autentico infierno, por las noches y de regreso a los calabozos en más de una  ocasión bajo el cubo que portábamos para hacer nuestras menores necesidades, algún valiente  compañero nunca supe quien, había conseguido pegar en el fondo del recipiente un par de cigarrillos que nos fumábamos con rabia en la pequeña prisión en la que estábamos, pero no había tiempo de disfrutarlo.
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Allí en la pequeña ventanilla de los calabozos aparecían unos ojos vigilantes observando tan solo el humo, ya que los cigarrillos nunca aparecían, todos fuera del calabozo y a correr por los patios del cuartel por no menos de 2 horas, aquello era cada día más duro y empezó a causar mella en cada uno de nosotros, el abatimiento era total y algunos de nosotros empezamos a pensar donde nos habíamos metido.
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Nuestra estancia en la PELOTA era cada día más difícil, los vigilantes del Pelotón bajo el mando del Cabo Porras, nos sorprendían a diario con nuevos castigos, a tal punto de llevarnos en más de una ocasión, al Rio Henares, en el campo del Val, muy próximo al Cuartel de Lepanto en Alcalá de Henares, donde se nos obligaba a sacar piedras del rio, para luego volverlas a dejar en su lugar de origen.
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Los días eran eternos y las noches demasiado cortas para los que allí nos encontrábamos pagando nuestro TRIBUTO, por nuestro intento de ausentarnos de la Plaza de Alcalá de Henares.
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R. de las Heras curso 57 de Paracaidistas del E.T 1963-65 (4)


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, , carlosvonz dijo

Durisimo testimonio del castigo en la Pelota, muchas veces por algun desliz debemos pagar por nuestros actos.

En mi caso durante mi servicio militar en la Policia federal, me dieron 15 dias de castigo.

5 por conversar con una vecinita del barrio mientras el comisario esperaba la conclusion de nuestro dialogo.

10 dias por entrar en las oficinas de la seccional si autorizacion.

Los cinco dias fueron en la comisaria, y los diez en el departamento central de policia.