La Confitería Munich de Costanera Sur

La Confitería Munich de Costanera Sur

Autor :  Ricardo Javier López

Es sabido que a fines del siglo XIX y principios del XX, Mar del Plata era un lugar exclusivo donde la aristocracia viajaba de veraneo.

Las otras clases sociales debían conformarse con las costas del Río de la Plata, que -justo es decirlo- no estaban contaminadas.

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En 1916, asume la presidencia Hipólito Yrigoyen, un hombre que, a diferencia de sus antecesores, centró sus políticas más en el “pueblo” que en la “oligarquía”. Una de sus medidas fue dotar de un lugar de esparcimiento estival a la gran cantidad de personas que no podía viajar a la costa.

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Inaugurado el balneario municipal (1918), el intendente de Buenos Aires se encontró con un problema, los puestos callejeros de comida habían proliferado de manera alarmante (nada nuevo bajo el sol).

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Sin embargo, a diferencia de las políticas permisivas de hoy en día, en ese momento se concesionaron distintos lotes para la construcción de un polo gastronómico, al tiempo que se prohibía la venta de alimentos en lugares no habilitados.

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Es así como en uno de los lotes, el arquitecto croata Andrés Kálnay construyó en 1927 en tiempo récord (cuatro meses y ocho días, ¡y sin paredes de durlock!) el edificio que albergaría a la Confitería Munich, en estilo art decó (lo más top de la época) fusionado con el purismo checo y las líneas de la Escuela de Viena.

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Kálnay (foto, posando en una de las galerías laterales) no sólo se ocupó de la idea y los trazos generales de la construcción de este “palacio” de forma levemente piramidal y escalonada, sino que también en ese mismo lapso ideó los vitrales, las molderías y todo tipo de detalle, como el diseño de la vajilla.

Kásnay y la munich

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La Confitería también fue conocida como “La Cervecería Munich” dado que su especialidad eran las comidas y las bebidas alemanas, aunque la cerveza que se sirviera no fuese importada, sino proveniente de la zona de Quilmes.

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A diferencia de lo que podría haber sido la idea original, poco tardó el lugar en convertirse en un sitio exclusivo.

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La Munich de Costanera Sur fue el punto de encuentro de grandes personalidades de la época (Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Alfonsina Storni, Belisario Roldán, etc.), lo cual ayudó a que fuese adquiriendo prestigio. Paralelamente, el balneario municipal pasó de moda, y hacia la década del ‘50 la movida del verano se fue mudando al parque-balneario La Salada, mientras que el gobierno del general Perón ya se había encargado de construir el complejo de Chapadmalal, para popularizar el veraneo en la costa del Mar Argentino bonaerense.

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Hacia los años ‘60, el carácter “exclusivista” de la Confitería se acentuó de tal manera, que una cena para dos personas podía llegar a costar tanto dinero como el 25% del sueldo de un obrero.

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De hecho, en aquella época en que el noviazgo “con todas las de la ley” era tan importante, era común que los muchachos (los que podían ahorrar, claro está) invitaran a una chica en la primera cita a tomar el té en La Munich, como señal de que buscaban algo “serio”.

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Los embates de la política argentina también se colaron en la vida de la confitería, y cuando la violencia comenzó a ser moneda corriente, la zona portuaria fue blanco de un par de atentados, lo que motivó el virtual cierre de la zona.

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Es decir, se podía acceder, pero previo “interrogatorio” y exhibición de documentos. De más está decir que esta medida minó el desarrollo del restorán, y poco a poco fue marchitándose frente a ese río que lo había visto nacer.

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En la década del ‘70 cerró definitivamente, y el edificio quedó abandonado. Poco a poco, fue saqueado, y con el paso del tiempo, fue ocupado por quienes no tenían dónde dormir.

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La dictadura asumida en 1976 se debatió entre derrumbar la obra de Kálnay o reciclarla con otro fin, fue así que a principios de 1980 se instala en el lugar el Museo de Telecomunicaciones a cargo de la empresa estatal ENTeL.

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Algunos de los vitrales con motivos alemanes fueron desarmados y puestos en su lugar otros con ilustraciones de satélites y antenas, que en la actualidad le dan un toque bizarro a algunas aberturas.

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En 2002, el Gobierno de la Ciudad recuperó el edificio, e instaló allí la Dirección de Museos. Si bien la construcción se encuentra ampliamente desaprovechada, al menos hoy en día se la puede recorrer, y admirar lo que queda de la obra de aquel arquitecto tan perfeccionista que no dejó nada librado al azar.

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Todo tiene una simbología, cada dibujo en las baldosas, cada moldura, todo tiene una explicación. Tal vez sea este detalle lo que salvó a la ex Confitería Munich de caer abatida por el paso de la historia.

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Vista de la terraza con el VIP al aire libre (izquierda). Imágen del VIP circular en la que se pueden apreciar los vitrales. Las puertas corredizas permitían cerrar el lugar a miradas indiscretas de adentro, y abrir el pequeño balcón con vista al río (centro). Moldura del exterior.

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El búho parado sobre una jarra volcada de cerveza, a los pies del hombre (que tiene un libro en su mano como señal de que es alguien instruido), representa la sabiduría de dejar de beber a tiempo (derecha).

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Autor :  Ricardo Javier López

desde su blog  http://latiendadecuriosidades.blogspot.com