Delfina y Ernesto, era un matrimonio joven…
Ella bajita, menudita, cabello castaño, ojos claros…
Él un hombretón corpulento y forzudo…
Hacía unos seis años que estaban casados…
Se rumoreaba que ella no podía tener bebés…
Antes la responsable era siempre la mujer, como iba ser culpa de él, con lo fortachón que se lo veía, decían las comadres del barrio…
La Conce, vivía en la esquina, una joven viuda que todas las tardes veía pasar a Ernesto de regreso de su trabajo y lo miraba no muy discretamente…
Doña Prudencia la mamá de la Conce, la observaba arreglarse siempre a la misma hora e irse para el jardín, se ponía una pollera fruncida cortita almidonada y una blusita de linón blanco un poco transparente…
La vieja algo se sospechaba, pero era viuda ¿que le podía decir?
Siempre a eso de las cinco de la tarde allí estaba a la sombra del limonero…
Ernesto pasaba, miraba, decía: Buenas tardes, ella respondía: Buenas tardes y una caidita de ojos le hacía…
Una tarde de tantas,la Conce se subió a la escalerade madera, para sacar limones, Ernesto pasó y se quedó mirándola, sobre todo las piernas con la pollera cortita, llamativa la cosa…
Más tarde bañado y perfumado volvió a pasar, hablaron un ratito, solo unas palabras…
Nunca más se la vió a la Conce esperarlo al regreso del trabajo…
Cosa que le llamó la atención a Doña María la vecina de al lado, que siempre estaba sentada en un banquito en la vereda y se lo preguntó a Doña Prudencia: ¿La Conce no sale más a las tardes al jardín? – No porque va al Corte y Confección- Así, va a lo de María Luisa- No Doña, va por la Estación…
A Delfina se la veía tristona, silenciosa, todos decían bajito será porque no queda embarazada que está así…
Pasó un tiempo, cada uno en la suya, pero en la de todos también, así son los barrios…
Una mañana de lluvia, la noticia corrió como pólvora ardiendo, Delfina se encerró en la cocina con un brasero encendido, se suicidó con el monóxido de carbono…
Estaba vestida con un camisón blanco con puntillas, peinada y arreglada como si fuera una novia, cuando la encontraron parecía dormida, así la velaron…
El velorio fué en la misma casa, las vecinas comentaban que la Conce abrazaba a Ernesto y él la apartaba llorando desconsoladamente…
Toda esa larga noche llovió copiosamente, al día siguiente a la hora de llevar el cuerpo de Delfina al cementerio, todas las calles estaban inundadas, al llegar a la esquina justo en la puerta de la casa de la Conce a los hombres que llevaban el cajón se les escapó de las manos, flotando comenzó a navegar como un bote, lo recuperaron en la otra cuadra…
A Ernesto no se lo vió más…