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Felices 30

El 6 de Marzo de 1980 los habitantes del Reino Unido fueron testigos, quizás sin saberlo, del inicio de la masificación de la computación en los hogares. Ese día, la compañia de Clive Sinclair The Science of Cambridge, lanzó a la venta la computadora ZX-80 a un precio de 99.95 libras  y un versión más económica para armar, por 79.95 libras.

A pesar que Inglaterra estaba viviendo una gran recesión económica, por menos de 200 dólares un hogar podía equiparse con una computadora. Algo realmente sorprendente al comparar los costos de  máquinas americanas Apple II o TI99-4a, que rondaban los 1500 dólares.

Por supuesto, el costo se veía reflejado en las caraterísticas de la máquina: un clon del microprocesador Zilog Z80, sólo 1Kb  de Ram, 4Kb de Rom con un kernel y un intérprete Basic, un conector de borde que hacía de port de expansión, salida de video por televisor, nada gráfico de alta resolución, ni sonido. Los programas se guardaban y cargaban desde un grabador común. En la parte superior del gabinete blanco, había una joroba por dónde se disipaba el calor que tantas fallas producía en el funcionamiento.

La máquina tenía dos características distintivas: un teclado de membrana y la operación de su intérprete Basic con el que no era necesario escribir los comandos,  ya que se seleccionaban estos se seleccionaban pulsando las teclas (por ejemplo, presionado P, aparecía PRINT).

A pesar de su sencillez, lentitud (el procesador debía encargarse de presentar el video, atender las entradas y procesar) y sus limitaciones como la carencia de operación con punto flotante, fue un primer cachetazo a los grandes de la industria de computadoras: por muy poco dinero se podía tener algo que servía para “jugar al ajedrez o controlar una central de energía”, según anunciaba su propaganda.

Si bien se vendieron menos de 50.000 unidades, la ZX-80 fue quien acercó la computación a muchísimos hogares europeos y se podría decir que fue la iniciadora de la época dorada de las home computers y aún hoy, cumpliendo 30 años,  recibe sus merecidos tributos como el aportado en ZX-80 Hardware Page.

Felices 30 años ZX-80!!!

Sinclair ZX-80

Sinclair ZX-80

Soy perezoso y no quiero ser molestado

“No uso la computadora para nada. Soy perezoso y no quiero ser molestado; una persona envía y recibe los emails por mi”. Fueron las declaraciones de Sir Clive Sinclair en un reportaje publicado en el diario inglés Guardian el domingo 28 de febrero de este año.

En la entrevista rememoró muy brevemente sus comienzos con las míticas ZX-80, ZX-81 y ZX-Spectrum. También criticó el tamaño de memoria ocupado por los sistemas operativos actuales y el tiempo consumido para el inicio de las PC.

Clive Sinclair, que cumplirá 70 años a fines del 2010, suele tener apariciones en algunos artículos periodísticos en los que muestra sus férreas inteciones de innovar y reinventar la rueda, y en otros en los que expone situaciones particulares, como su casamiento en junio de 2009 con la bailarina de caño Angie Bowness de 32 años.

http://www.guardian.co.uk/technology/2010/feb/28/clive-sinclair-interview-simon-garfield/print

Sir Clive Sinclair y Angie Bowness

Sir Clive Sinclair y Angie Bowness

Aventuras en Ezeiza

Había regresado luego de una mañana agitada. El sol y el viento del mediodiía pegaron con transpiración la remera a su espalda y revolvieron su pelo.

-Buah. Ya está, acá lo tengo. Fue un quilombo.

Con esta frase, Roberto resumió la vivencia de su mañana a su novia Verónica.

-Si, veo que tardaste mu…

Verónica como de costumbre, no pudo terminar su frase por la interrupción de Roberto.

-Pará, pará que te cuento. La verdad el trámite fue sencillo, pero era tan burocrático que se convirtió en un quilombo. Haceme acordar que cuando compre por Ebay, nunca más acepte el envío por Fedex. La encomienda te llega en dos días, pero es muy caro y además me enteré que la mayoría de las veces te mandan ese papelito de mierda diciendo que el paquete quedó trabado en la aduana de Ezeiza.
Bueno, con ese papel me fui hasta allá y al llegar al estacionamiento del aeropuerto, le pregunté a un cuidador por el depósito fiscal de la TCA (Terminal de Cargas Argentina).
Desde el lugar donde dejé el auto, tuve que patear unas dos cuadras de parque. Al llegar a la entrada de la TCA, ingresé en una oficinita y le expliqué a la chica que atendía que estaba buscando una encomienda. Me pidió el DNI, le sacó una fotocopia y me lo devolvió junto con una constancia de la hora de entrada. También me señaló que siguiera por el camino de enfrente, hasta hacer unos doscientos metros y luego que doblase a la derecha. Al llegar adonde me pareció que era el lugar, me di cuenta que estaba desorientado. Así que consulté a un guardia cercano. Seguí sus indicaciones y al final llegué a las oficinas. Pero ahí empezó todo…

Verónica estaba atenta al relato, porque siempre le gustó escuchar las historias complicadas de su novio.

- Entré al edificio y le pregunté a un hombre que estaba sentado esperando. Me dijo que golpee la puerta de la oficina DOS y que esperase. Hice lo propio y en cinco minutos, una voz saliente de la oficina me invitó a pasar. Entregué el papelito a una persona que estaba detrás de un escritorio, a la vez que le comentaba a qué venía. Mientras tomaba datos, me preguntó de qué se trataba la encomienda. Un tanto socarronamente me dijo ‘te va a salir un poquito caro, eh’. Supongo que era un despachante de aduana. Al terminar con el papeleo me pidió que fuera hacia la oficina TRES, que estaba al lado, con el formulario recién confeccionado y firmado por mí.
Ya en la puerta de esta otra oficina, golpeé y esperé hasta que me hicieron pasar. Adentro, había una persona de la AFIP y estaba sentada en un escritorio. Me repitió la pregunta de la oficina DOS (qué venía a buscar), a la vez que me pidió el formulario que traía. Luego consultó con otra persona y tras unos instantes, me pidió que la acompañase hasta la línea de depósito.
En este lugar buscaron la caja de la encomienda, la abrieron y me mostraron el contenido. Con mi visto bueno, retornamos con la persona de la AFIP a la oficina TRES. Y con un nuevo papel en mano, fui a la oficina UNO.

-Veo que ya empezaron las vueltas, Robert -acotó Vero-

-Mirá que sigue!…en la oficina UNO me firmaron este nuevo papel y me indicaron que debía ir a la oficina DOS. Nuevamente en esa oficina, me atendió esta vez una mujer a la que le dí el papel. Con éste, se puso a emitir una factura por triplicado que me entregó mientras me indicaba que fuese hasta la oficina del Banco Nación que está a unos 200 metros, para hacer el pago y luego retornase.

-Uhhh…ahi te fajaron…

-Y sí…pero bueno, llegué al banco que estaba casi en la entrada de la TCA, hice la cola y pagué. Hasta aquí todo normal, salvo el dolor por la guita que tuve que poner. Pero todavía no había terminado el recorrido por la TCA…
Me dirigí nuevamente con las dos copias selladas que me quedaron a la oficina DOS. La mujer que me atendió, tomó los papeles y me pidió que esperase un rato afuera. Y efectivamente, en un momento me llamó por apellido. Me entregó la última copia de la factura y me pidió que fuera nuevamente a la oficina TRES. Ahí con mi amigo de la AFIP (a esta altura, se convirtió en mi amigo), revisó la factura y me entregó otro papel. Luego me pidió que fuera a la oficina UNO. En este lugar, revisaron el documento y me desayunaron diciendo que debía pagar una tasa por manejo de la encomieda y un día de almacenamiento. A esta altura sólo quería irme rápido con mi paquete, así que pagué sin chistar en una ventanilla dentro de la misma oficina y con el comprobante, volví a la TRES. Mi amigo de la oficina TRES me dijo que ya podía presentarme en la línea de depósitos con el comprobante para retirar la encomienda, porque el trámite había concluido.

-Un verdadero quilombo…-concluyó Vero-

-Sí, pero habré estado unos 50 minutos en total. Pasa que era mucha ida y vuelta. Por suerte llegué temprano, porque si se hubieran hecho las 13hs se hacía el horario de almuerzo del personal y me tenía que quedar clavado hasta las 14hs. Igualmente perdí el día, tuve que hacer 40 km hasta el aeropuerto, perdí bastante guita…voy a calificar a la mina que me lo vendió como negativo.

-Robert, ¿Cuánto te salió todo? La tipa no tiene la culpa -reflexionó Verónica-. La mina quizo hacerte un favor y le salió mal. Seguro que no sabía como era el manejo en el país. Qué ganaba haciéndote perder tiempo y dinero?

-Sí, tenés razón…pero así me saco la bronca -justificó Roberto-. Pero bueno, al menos ya la tengo. Esta pieza es inconseguible. Mirá…

Roberto, con cuidado, abrió la caja que contenía:

-¿Tanto quilombo para esa bosta? ¿Cuánto pagaste por este cartucho para CP/M al final? -El comentario de Verónica tenía sentido. La pieza de colección tenía su historia-. ¿Sabías que apenas la sacaron al mercado en 1983, la tuvieron que discontinuar porque no servía para nada? Haceme un favor, probá el cartucho.

Y Roberto, que sabía de la rareza del cartridge, pero ningún detalle adicional, preparó su Commodore 64 y la 1541. Conectó el cartucho, introdujo el diskette en la diskettera y cuando todo hubo levantado

Inició la carga del CP/M con LOAD “*”,8,1

-Esa no la sabías, eh! -afirmó Verónica- El cartucho sólo tiene un microprocesador Z80. No hay expansión de memoria. Con la versión 2.2 de este CP/M sólo podés cargar programas no mayores a 44Kb. De todos modos, esto no es una limitación. Pensá que en esa época era común que las máquinas tuvieran a lo sumo 64Kb de Ram. Y el micro Z80 en forma nativa, sólo puede direccionar esta cantidad de memoria. Con esto quiero decirte que los programas no podían ser muy grandes.
Bueno, ahi lo tenés…probalo. Ya que sabés manejar DOS, no te será difícil manejar CP/M. Intentá con DIR…

Roberto probó pedir un directorio, como si estuviera trabajando con DOS. Y a pesar de la lentitud de la 1541, se sintió contento de tener la posibilidad de utilizar su C64 con aplicaciones “serias”.

-Ah y sabés por qué lo sacaron del mercado? Además de la lentitud y de los cuelgues, intentá buscar algún programa…pero no se te ocurra pensar que por ser CP/M, podés utilizar cualquier software en diskette para este sistema operativo. No señor, la versión de Commodore 64 no respeta el formato standard del sistema operativo. Creo que esta fue LA razón, para que nadie quisiera -pudiera- trabajar en forma “profesiona” con tu querida Commodore 64. Recién con la C128, algo se mejoró. Aunque el rendimiento general continuó siendo lento.

Roberto apagó la máquina, guardó el cartucho en su caja y lo archivó. Antes que que Vero volviera a preguntarle por el valor de la encomiendo, se fue directo a dormir una siesta. Tenía que consultar con la almohada cómo justificar que ese mes no podría comprar un nuevo disco rígido para la PC, que necesitaba su novia para sus trabajos de edición de video.

Notebooks y notas

-Listo. Ya te quedó instalada y configurada con XP. La verdad que ese Vista, si tenés 1gb, te consume 700mb. Y si tenés 3gb, te consume 2.5gb. Encima, viste los problemas que tuviste con los drivers de tu webcam…

Claudia es periodista y amiga de Verónica. Se había quedado a medio camino con uno de sus artículos, cuando intentó conectar una cámara web y, vaya a saber por qué, el Windows Vista de su notebook, como ella comentó, se le “truló”. Roberto reemplazó ese sistema operativo por un Windows Xp Professional.

-Gracias Robert, se me había quedado trulula, pero vos reparás todo. Ahora le voy a meter pata con el artículo, si no…

-…No es nada, fue una pavada! -interrumpió Roberto.- Pero, si querés, un día me hacés una nota. Tengo mucho para contar sobre maquinitas!

-Ah, sí, buena idea, dejame que vea cómo hago. Por ahora, me salvaste la vida.

Roberto entró en trance. Puso una de esas caras que anuncian que está por mandarse algunos de sus discursos retroinformáticos.

-Vos ahora tenés esta Dell Inspiron 1501, pero hace como 25 años…

También había portátiles, aunque comparadas con las actuales, eran armatostes. Es más, en 1983, una de las más usadas en Estados Unidos por periodistas, era la Tandy Radio Shack TRS-80 M100. Originalmente, la máquina había sido fabricada por la empresa japonesa Kyocera -acá se conoció como una marca de celulares, en los años ‘90-. Estaba tan bien desarrollada, que la licenciaron Radio Shack, Olivetti y NEC.

Esta notebook tenía un procesador Intel 80C85, un antepasado inmediato del Zilog Z80, diseñado para computadoras pequeñas y que, mayormente, estaba destinado a funcionar como microcontrolador (CPU + Memoria + unidades de entrada y salida integradas). Además de tener el tamaño de un cuaderno universitario y de pesar menos de 2kg, contaba con:

* 32 Kb de Ram
* una pantalla LCD monocromática de 240 x 64 pixels (40 columnas, 8 filas en modo texto)
* teclado mecánico
* un puerto paralelo de impresora
* un puerto serie RS232, donde se podía conectar una unidad de diskette
* una entrada de datasette
* una entrada para conectar un optoacoplador al modem interno de 300 bits/s (un receptáculo donde se ponía en tubo del teléfono, como en la peli Juegos de Guerra)

Como se ve, bastante completa. Además, no venía vacía. El software en Rom consistía en un procesador de textos (caballito de batallas), una agenda, una libreta de direcciones, un programa de comunicaciones y una versión del Microsoft-Basic, de la que se dice que el mismo Bill Gates escribió algunas rutinas.

Todo esto, era accionado por cuatro pilas AA, que permitían operar cerca de 20 horas, o un adaptador de 6v DC.

-Guau Robert…no me imaginaba que la idea de las notebooks viniera de tanto tiempo atrás. Mañana mismo te hago una nota! Repasate algo de info técnica y anécdotas sobre algún tema particular y mañana a esta hora venite para acá. Sí?

Se saludaron rápidamente. Roberto salió pensando en el contenido de esa nota. Se dio cuenta que estaba postergando expresar ese inventario de anécdotas que conoce. Pero mañana concretaría. Estaba en una situación similar a la de su admirado Clive Sinclair, cuando fundó su nueva empresa Cambridge Research.

Una de las primeras cosas que hizo, fue retomar un proyecto postergado hacía un tiempo, en Sinclair Research. Finalmente se concretó con el nombre de Cambridge Z88. Era un máquina portátil, quizás un antecesesora muy lejana de las PDA Palm de 3Com. Era bastante pequeña y liviana para 1988 -29cm x 21cm x 2cm y 1 kg-, su microprocesador era un Z80A; tenía 32, 128 ó 512Kb de Ram, una suite de procesador de texto, planilla de cálculo (compatible con WordStar y Lotus 1-2-3) y base de datos llamada Pipedream, un calendario, un programa para transferir datos a PC. También contaba con un intérprete Basic, escrito por la BBC, que tenía una falla. Las líneas no podían editarse ni modificarse. Había que borrarlas y escribirlas de nuevo. La máquina, en resumen, no tuvo mucha difusión, pero se transformó en una máquina de culto que aún hoy tiene muchos seguidores.

Roberto dejó de divagar por un momento y envió un SMS: “Claudia, mañana estará buenísimo. Lo vas a disfrutar”.

Luego se dirigió caminando, a la casa de Verónica a comunicarle la nueva. Estaba entusiasmado como un chico. Ya había decidido hablar de máquinas portátiles antiguas. Como esa Okiimura que le regaló un compañero de oficina, a la que luego descartó, porque se trata de una PC-XT, en tamaño de agenda electrónica, y por lo tanto de 16 bits. Demasiado moderna.

Así, siguió tratando de recordar modelos de 8 bits portátiles de la época – armatostes de la actualidad. Por ejemplo, en 1983, apareció la CBM SX64, una máquina que era prácticamente una Commodore 64 móvil. Tenía forma de maletín con una tapa que en realidad era su teclado. Cuando éste se retiraba para trabajar, el equipo adquiría forma de osciloscopio. Detrás del teclado, había una disketera 1541 y un monitor color de 5″ incorporados. No tenía ni salida a datasette ni baterías -había que conectarla a la corriente eléctrica-. A diferencia de la Commodore 64, los rumores dicen que sólo se vendieron unas 10000 unidades en total. Y claro, era carísima y poco portable ya para esa época: costaba 10000 u$s en Estados Unidos y era un valija de 43cm x 37cm x 13cm con un peso de 10kg.

Roberto llegó al edificio. Saludó al portero y se dirigió al último piso, donde vive su novia.

Tocó el timbre y oyó a Verónica enojadísima, diciéndole que no quería verlo. Roberto no entendía esa reacción. Y no la entendía, porque no se había dado cuenta que el SMS había ido a parar al celular de su novia, no al de Claudia.

-Pero, qué te hice, Vero? Dame una razón, por lo menos…
-Andate. Hoy quiero que me dejes en paz. Vos sabrás, caradura.

Roberto volvió unos pasos para atrás y vio que la puerta que daba a la terraza estaba entreabierta. Pensó en algo riesgoso: ingresar al balcón de Vero por la terraza. Pero debería apurarse, porque estaba por largarse a llover.

Se acomodó en la terraza para bajar. Pero se dio cuenta que estaba demasiado lejos del objetivo. Además, tenía muchísimo vértigo. Mala suerte. Así que retrocedió unos pasos, y quedó sin saber qué hacer. El viento empezó a soplar, comenzaron a caer unas gotas. La puerta de entrada a la terraza se cerró y no tenía llave. Empezó a llover con todo. Más mala suerte.


En su desesperación, se largó a llorar. Y mientras, escribía y mandaba un SMS a Verónica: “estoy encerrado en la terraza, vení a abrirme por favor”.

Verónica, enojada, en jogging y ojotas, fue a abrir esa puerta. Y se encontró con el cuadro pintado por Roberto, mojado como un pájaro y sollozando como la Chilindrina. Entre llantos, trataba de contar qué había pasado. Verónica se mordió los labios, se cruzó de brazos y, mientras movía la cabeza negando la situación, dijo:

-…no lo puedo creer…

Al final, Roberto pudo explicar qué pasaba y Verónica pudo comprenderlo. Pero él seguía envuelto en un toallón, maquinando sobre notebooks y notas…


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