Era la época de la inundación de productos importados y de la plata dulce. Calculo que fue para Reyes de 1980, por lo que todavía tenía ocho añitos.
En mis zapatos había una caja ancha, pero bajita. Totalmente negra, si no fuera por la imagen de ese ovni, con cuatro luces: azul, roja, amarilla y verde.
Ya se dieron cuenta de que estoy hablando? Algunos si, otros no, pero quizás lo asocien al refrito, a la versión actual de este juguete que ahora se encuentra en la juguetería Apioverde más cercana a su casa con el nombre SIGNOS 2.0.
Pero el nombre original, de la “primera versión”, era SIMON. Y la verdad se me pasó, pero el 25 de Julio fue su cumpleaños número 30. Pero recordé la situación de cómo se creo este jueguito y, a grandes rasgos, podemos decir que fue una suerte de “devolución de atenciones” entre Nolan Bushnell, el fundador de Atari y padre de la industria de los videojuegos hogareños, y Ralph Baer, el padre de los videogames hogareños.
La Ida
Haciendo un poco de historia, Atari se fundó de la mano de Nolan Bushnell en 1972, cuando vio la posibilidad de llevar a los hogares el primer videogame de la historia, Spacewars. Por ese entonces, sólo se jugaba en las grandes computadoras de las universidades de Estados Unidos. La versión Atari se conoció como ComputerSpace.
Sin embargo, Atari dio su primer salto cuando en 1973, durante la exposición Consumer Electronics, Bushnell vio un aparato de televisión llamado Magnavox Oddysey que presentaba el juego Ping-Pong. La pantalla mostraba dos paletas que se manejaban con unos controles, con la finalidad de pegarle a una pelotita que rebotaba por todas partes.
La idea de Bushnell era mejorar la Oddysey desarrollada por Ralph Baer, que para ese momento trabajaba para Magnavox, para sacar algún rédito.
Finalmente, contrató a un conocido llamado Al Alcorn, que elaboró una versión reducida del juego y que denominaron Pong. El juego fue metido dentro de un cajón de madera, junto con una tele común y los controles asomados al gabinete: había nacido la versión arcade de Pong.
Hubo problemas legales. Magnavox hizo valer la patente de Baer y Bushnell tuvo que llegar a un acuerdo antes que ir a la corte: los gastos serían excesivos, aún si ganaba como para afrontarlo. Años más tarde, Bushnell se hizo archi-conocido. Y la prensa lo condecoró -injustamente- con el título de “Padre de los videogames”.
La Vuelta
Ahora le tocaba a Baer. Para 1976, se encontraba en una exposición de la industria de la música -MOA, Music Operators of America-. Entre rockollas y flippers, vio la máquina Touch Me presentada por Atari. El juego era atractivo, si no fuera porque visualmente era aburrido y los sonidos miserables -según palabras de Baer-.
¿De que se trataba? La máquina encendía secuencias de luces y sonidos, que el usuario debía seguir presionando los botones correspondientes.
Baer pensó que esto podría mejorarse. De hecho, podría construirse una versión hogareña, basados en componentes suficientemente económicos como para que estuviera al alcance de cualquiera. Por otro lado, puso suficiente énfasis en despegarse del sonido miserable de Touch Me. Esto lo llevo a elegir el conjunto de cuatro notas SOL-DO-MI-SOL que independientemente del orden, sonaban armoniosas.
Para 1977, no sólo estuvo construido el primer prototipo de Follow-Me, sino que además había sido patentado. Y más aún. Había sido ofrecido a la firma Milton Bradley, hoy conocida como Hasbro, que aceptó comprar la licencia con la condición de cambiarle el nombre por Simon.
Cuando llegó 1978, Simon se había convertido en un suceso mundial al alcance de cualquiera con 24 dólares.
Pero lo más interesante de toda esta historia es que, al año siguiente, Atari, al ver este éxito, produjo la versión pocket de su Touch Me. Y el público no la aceptó debidamente, pues estaba convencido de que se trataba de una copia del original juego Simon!

Mi Simon. El que me regalaron los Reyes en 1980. Aún funcionando!