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Fiesta de quince XL

Una vez más, Verónica y Roberto se habían encontrado en su rincón de Buenos Aires, en la pizzería La Casona de Corrientes y Maipú. Una vez más, Roberto había derivado la conversación al tema que lo apasionaba; es decir, las home computers.

-Y como te decía, Vero, vos sabés que de chico usé muchos modelos de computadoras, pero de todas, con la que más me enganché, fue con la Commodore 64 y además…
-Pará! -Verónica estaba furiosa. Y frenó en seco a Roberto-.

-Pará… Me tenés podrida! Siempre hablando del mismo tema. Encima, ni dejás opinar. La otra vez, apenas te nombré la MSX, vos saltaste haciéndote el cancherito, contándome de las especificaciones y que se yo que más.

Roberto estaba pálido. Jamás había visto a su dulce Veronica echando humo por las orejas. Pero ella siguió:

-Además mucha homecomputer, mucha homecomputer, pero jamás te escuché nombrar a la Atari 800XL.

-Ehhhh….ah, sí, pasa que, je, no sé como decir…Jamás utilicé esa máquina. -Roberto balbuceaba y estaba realmente avergonzado-.

-Viste? Bueno, ahora me toca a mí. Callate y aprendé un poquito -dijo Verónica, con una sonrisa maligna-.

Y así, Verónica, palabra más palabra menos, le contó a su novio que alrededor de 1983, ATARI, la empresa que había fundado Nolan Bushnell -pero que ya no contaba con él- había sido arrastrada a la guerra de precios que inició su rival Commodore.

Por supuesto, tenían que competir de algún modo para no caer fácilmente. Y no podían hacerlo con la serie de computadoras ATARI 400 / ATARI 800 -que tenían desde 1979-, pues eran complejas de fabricar y bastante costosas.

Aplicando un rediseño de la placa principal, una reducción en la cantidad de chips y utilizando una variante del microprocesador 6502, que les proveía la gente de MOS -o sea, Commodore-, pudieron construir la serie XL, compuesta por las 800XL y 600XL.

Atari 600 XL

A simple vista ambas eran parecidas, salvo que la 600XL era más angosta que la 800XL. Pero internamente, se diferenciaban en que la primera contaba con 16Kb de RAM, expandibles a 64Kb y la segunda 64Kb de RAM, expandibles a 128Kb. En común, mantenían la resolución máxima de pantalla de 320×192 pixels con 256 colores, 8 sprites o, mejor dicho, “Missile/Players” según la jerga Atari. Todo esto controlado por dos chips dedicados llamados ANTIC y GTIA. En el rubro sonido, el chip POKEY suministraba 4 voces independientes de audio. Quizás para seguir los lineamientos de Commodore, el Atari Basic incluido en ROM era bastante similar al de “la 64″; es decir, bastante pobre.

Por supuesto, ambas máquinas tenían un par de conectores de joystick, una entrada de cartridge en la parte frontal; en la parte trasera un conector serie para la disketera, datasette, impresora, etc; un conector paralelo conocido como PBI -Parallel Bus Interface-, salida a monitor de video compuesto con audio y salida a televisor.

Atari 800XL

A esta altura Roberto estaba asombradísimo. Su novia parecía una autoridad en materia de la serie XL de Atari. Pero ahí no terminó el asunto. Y Verónica siguió hablando del tema:

-Ah!, y aquí en Argentina, recuerdo que solamente se vio a la Atari 800XL y entró un poco más tarde que tu amada Commodore o la Spectrum. Cómo será, que al poco tiempo se vendía la 130XE; una compu hecha por Jack Tramiel, el fundador de Commodore que, cuando lo echaron, en venganza se compró Atari.

-No lo puedo creer…Cómo sabés todo eso? Lo tenías guarda…-Roberto no pudo terminar su frase, porque lo interrrumpió su novia-.

-Shh, chito la boca -sentenció Verónica-. La 800XL era “producida” por SkyData, una empresa que estaba en San Luis. En realidad, eran importadas de Taiwan. Pero si mirabas la caja, veías que decía “Made in Uruguay”. Ahora, si mirabas la compu, decía “Industria Argentina”….que concluyo? Que se importaba de Taiwan, se armaba en Uruguay y se comercializaba en Argentina…

-Puedo hablar ahora? -preguntó Roberto-. Veo que sos fanática de la Atari 800XL….pero nunca me dijiste nada…

Verónica estaba algo entre molesta y avergonzada. Pero habló.

-Uf…resulta que una vecina mía tenía esta compu y yo iba todas las tardes a su casa y… -ahora Verónica fue la interrumpida-

-Vero…vamos…Esa máquina era tuya, es más que obvio; ahora por qué lo ocultás? -preguntó Roberto-

-Buah, está bien -Verónica definitivamente estaba molesta-….primero que nada, sabés que no tenés la exclusividad de ñoño en esta mesa…segundo, a vos cual te parece que sería la elección de una ñoña en su cumpleaños número quince? Una fiesta con vestido rosa, bajando de un auto antiguo…o una Atari 800XL?

La manzana de la traición

Hace unos días estaba en la oficina del gerente del area, charlando sobre algunos temas laborales. Cuando respondió un llamado telefónico, aproveché para hojear una revista de tecnología -no recuerdo el nombre- que, entre otras cosas, tenía un artículo repasando los logros de Steve Jobs.

En los títulos se podía ver una dicotomía que ubicaba a la gente entre los que lo amaban, debido a su indiscutido genio visionario, y a quienes lo odiaban por su carácter déspota y soberbio.

Si me remito a esta división espartana, por alguna razón, -tendría que charlarlo con mi analista- me ubicaría del lado de los que lo odian. Aunque la verdad, no lo odio. Tan solo no me cae bien.

Quizás por su soberbia y su carácter despótico. Pero seguramente, sesgado por una anécdota que recordé mientras hojeaba esa revista.

Todo ocurrió en el año 1976. Por ese entonces, Steve Jobs tenía 21 años -quizás 22- y trabaja en Atari. Había sido reclutado por Allan Alcorn, el ingeniero que le dió empuje inicial a la compañía con la creación de Pong.

Allan Alcorn, quien implementó el Pong de Atari

Jobs había vuelto de una peregrinación a la India; pero esto no bastó para calmar su carácter. Y continuaba cosechando enemigos cuando ninguneaba a quien consideraba inferior y cuando trataba despectivamente a casi todo el mundo. Aún así, Nolan Bushell, el presidente de Atari, sabía que Jobs tenía mucho potencial. Era un diamante en bruto y en cierta forma, hasta le caía bien.

Resulta que por ese entonces Atari comercializaba el arcade Breakout -juego del que tanto Jobs como Bushnell se asignan la paternidad de la idea-, con ventas más que exitosas. Para abaratar costos y aumentar ganancias, era conveniente minimizar el diseño de la placa del juego. Bushnell propuso un desafío: pagaría un determinado bonus en dólares, por cada chip que se quitara del diseño original de 75 circuitos.

Nadie se animó a tomar la propuesta, salvo -adivinen quién?- Jobs. Por ese entonces, estaba en sociedad con su amigo Steve Wozniak, un geniecito de la electrónica, muy humilde -qué antiguo, hoy se dice “de bajo perfíl”- que en ese entonces trabajaba en Hewlett Packard. En resumidas cuentas, fue quien efectivamente construyó las Apple I y II, mientras su socio se remitía a venderlas.

Steve Wozniak y Steve Jobs (de izquierda a derecha), en el desarrollo de la Apple II

Entonces, Jobs le contó sobre la consigna de Bushnell a “Woz”, quien aceptó el desafío de muy buena gana. Y puso mucho empeño durante algunas semanas, hasta que concluyó su labor. El resultado fue sorprendente. Alcorn, el jefe directo de Jobs, estaba boquiabierto. El Breakout de Woz operaba con sólo 25 chips.

Sin embargo había un problema. El diseño no era reproducible masivamente. De hecho, no entendía cómo Wozniak pudo hacerlo andar, pero andaba. Contrataron a otra persona para que llegara a una solución de compromiso.

Pero la consigna estaba cumplida, según entendieron Bushnell y Alcorn. Restaba ver la cantidad de dinero a pagar por esos 50 chips removidos. Bushnell decía 100 dólares por chip, Alcorn había prometido 1000 dólares el chip. Otra solución de compromiso: darle a Jobs 30.000 dólares. Plin Caja. Ambos jefes sabían que Wozniak había hecho la tarea, pero dado la suma que habían desembolsado, sugirieron a Jobs que, si podía, no revelara la cifra exacta.

Se me ocurre que esta sugerencia estaba de más para Jobs. Pero dejo de lado mi apreciación personal, y me baso en el siguiente hecho. Ocurrió que Jobs se reunió con su amigo y le dió 350 dólares, diciendo que era el 50% de los 700 que le habían pagado en Atari. De nuevo, con otra apreciación personal, esto sería el comienzo del fín de una amistad. Sin embargo, no fue este el detonador de algo que se resolvió en 1981 con el alejamiento de Woz de Apple Inc, que literalmente, ya no soportaba a Jobs.

De este engaño, Wozniak se desayunó algunos varios años más tarde y por partida doble. Primero, leyendo una biografía del ex socio, durante un viaje. Segundo, por Bushnell, con el que se encontró en un almuerzo. El ex jefe de Atari, le preguntó en qué había usado esos “5.000 dólares” de recompensa por tan buena tarea de minimización de circuitos. Woz se limitó a hacerse el tonto, diciendo que desconocía cuándo le habían pagado ese dinero.

En fin; con esta anécdota de traición, creo estar convencido que definitivamente Jobs no me cae bien -y creo que no debo charlarlo con mi analista, ya me di cuenta por qué no me cae bien-.

Y aunque si bien se podrá decir que Jobs fue inducido por Bushnell y Alcorn, se me ocurre que este accionar es parte de su esencia. Más tarde o más temprano, mostraría la hilacha ante su amigo. Pero en ese entonces, Wozniak le resultaba una herramienta más que conveniente, momento en el que estaban a punto de lanzar la Apple I. De hecho, me lo confirma el propio Woz, quien dijo “Jobs siempre fue capaz de comprar algo por 60 dólares y venderlo por 6000. Pero no pensé que lo haría con un amigo“.

Ya pasó mucho tiempo de todo esto. Steve Jobs sigue al frente de Apple, presentando novedades como su iPhone -si, ya sé, tiene un tiempito, pero en Argentina salió oficialmente hace menos de una semana-; Steve Wozniak se dió cuenta que le gustaba la enseñanza. Y se dedicó a proyectos educativos y filantrópicos; Alcorn fue muy importante para Atari, entre otras cosas participó en el diseño de la consola 2600 y Bushnell fue otro gurú. Otro visionario / pionero de la industria de los videojuegos. Un tipo hippie, que sabía mezclar el trabajo con la diversión, porque así él consideraba que rendía más. En fin, este si es un tipo que realmente me cae bien!

Nolan Bushnell. Junto a Ted Dabney, fundaron Atari

Simon dice…(todo lo que va, vuelve)

Era la época de la inundación de productos importados y de la plata dulce. Calculo que fue para Reyes de 1980, por lo que todavía tenía ocho añitos.

En mis zapatos había una caja ancha, pero bajita. Totalmente negra, si no fuera por la imagen de ese ovni, con cuatro luces: azul, roja, amarilla y verde.

Ya se dieron cuenta de que estoy hablando? Algunos si, otros no, pero quizás lo asocien al refrito, a la versión actual de este juguete que ahora se encuentra en la juguetería Apioverde más cercana a su casa con el nombre SIGNOS 2.0.

Pero el nombre original, de la “primera versión”, era SIMON. Y la verdad se me pasó, pero el 25 de Julio fue su cumpleaños número 30. Pero recordé la situación de cómo se creo este jueguito y, a grandes rasgos, podemos decir que fue una suerte de “devolución de atenciones” entre Nolan Bushnell, el fundador de Atari y padre de la industria de los videojuegos hogareños, y Ralph Baer, el padre de los videogames hogareños.

La Ida

Haciendo un poco de historia, Atari se fundó de la mano de Nolan Bushnell en 1972, cuando vio la posibilidad de llevar a los hogares el primer videogame de la historia, Spacewars. Por ese entonces, sólo se jugaba en las grandes computadoras de las universidades de Estados Unidos. La versión Atari se conoció como ComputerSpace.

Sin embargo, Atari dio su primer salto cuando en 1973, durante la exposición Consumer Electronics, Bushnell vio un aparato de televisión llamado Magnavox Oddysey que presentaba el juego Ping-Pong. La pantalla mostraba dos paletas que se manejaban con unos controles, con la finalidad de pegarle a una pelotita que rebotaba por todas partes.

La idea de Bushnell era mejorar la Oddysey desarrollada por Ralph Baer, que para ese momento trabajaba para Magnavox, para sacar algún rédito.

Finalmente, contrató a un conocido llamado Al Alcorn, que elaboró una versión reducida del juego y que denominaron Pong. El juego fue metido dentro de un cajón de madera, junto con una tele común y los controles asomados al gabinete: había nacido la versión arcade de Pong.

Hubo problemas legales. Magnavox hizo valer la patente de Baer y Bushnell tuvo que llegar a un acuerdo antes que ir a la corte: los gastos serían excesivos, aún si ganaba como para afrontarlo. Años más tarde, Bushnell se hizo archi-conocido. Y la prensa lo condecoró -injustamente- con el título de “Padre de los videogames”.

La Vuelta

Ahora le tocaba a Baer. Para 1976, se encontraba en una exposición de la industria de la música -MOA, Music Operators of America-. Entre rockollas y flippers, vio la máquina Touch Me presentada por Atari. El juego era atractivo, si no fuera porque visualmente era aburrido y los sonidos miserables -según palabras de Baer-.

¿De que se trataba? La máquina encendía secuencias de luces y sonidos, que el usuario debía seguir presionando los botones correspondientes.

Baer pensó que esto podría mejorarse. De hecho, podría construirse una versión hogareña, basados en componentes suficientemente económicos como para que estuviera al alcance de cualquiera. Por otro lado, puso suficiente énfasis en despegarse del sonido miserable de Touch Me. Esto lo llevo a elegir el conjunto de cuatro notas SOL-DO-MI-SOL que independientemente del orden, sonaban armoniosas.

Para 1977, no sólo estuvo construido el primer prototipo de Follow-Me, sino que además había sido patentado. Y más aún. Había sido ofrecido a la firma Milton Bradley, hoy conocida como Hasbro, que aceptó comprar la licencia con la condición de cambiarle el nombre por Simon.

Cuando llegó 1978, Simon se había convertido en un suceso mundial al alcance de cualquiera con 24 dólares.

Pero lo más interesante de toda esta historia es que, al año siguiente, Atari, al ver este éxito, produjo la versión pocket de su Touch Me. Y el público no la aceptó debidamente, pues estaba convencido de que se trataba de una copia del original juego Simon!

Mi Simon. El que me regalaron los Reyes en 1980. Aún funcionando!


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