Cuando la corrupción empieza por casa

No voy a hablar de retrocomputación, sino mas bien a escribir una reflexión que tengo dando vuelta hace varios días.

El catalizador de este texto fue una noticia del diario Clarín, sobre la falta de respeto por las normas de tránsito de los
ciclistas porteños
. El último sábado de abril de éste año me vi obligado a clavar los frenos en dos oportunidades en
avenidas teniendo el semáforo verde de mi parte, para evitar pisar a dos ciclistas que cruzaban (en rojo, obviamente) como si estuviesen exentos de todo tipo de norma y de accidente. Es decir, como si fuesen impunes a una fatalidad o a un castigo por su negligencia.

En estos días es muy común escuchar “que se vaya estos corruptos del gobierno”. Estos corruptos, aunque muchos no lo crean, son parte de nuestra población argentina. Sus actos, que revisten gravedad extrema debido a la posición que ocupan, en esencia no son más que cualquier otro acto de la misma categoría, que pudiese cometer un ciudadano común, digamos. Sin embargo, también gracias a la posición de quién lo comete, omitimos equivocadamente catalogarlo de corrupción y en mayor o menor grado de una típica avivada criolla. Ejemplos sobran:

  • manejar a una velocidad mayor a la permitida, si nadie te controla.
  • conducir mientras se hablar por celular, porque uno maneja bien.
  • conducir con unas copas de más, total, también porque uno maneja bien. En caso de accidente, la culpa quizás sea de ese viejito que no pudo moverse más rápido con su andador para cruzar la calle.
  • tirar un papelitos de caramelos / cigarrillos en la calle.  Para qué está el barrendero?.
  • empujar un poco más para entrar en el subte / tren, total a mí me aplastan todos los días, que lo haga una vez…
  • anotarse en una categoría más baja del monotributo, si en dfinitiva es para que me saquen plata estos chupasangres.
  • intentar coimear al agente de policía que nos está haciendo una multa por estacionar tapando una rampa para discapacitados: “pasa que no la vi, oficial, cómo podemos hacer…”.
  • colgarse del cable de televisión del vecino jubilado, que como está un poco duro de oído y su vista no es muy buena, no se da cuenta.
  • tirar una bengala en un recital en un boliche. En caso de un siniestro, la culpa no es mía,  es del dueño del local que no pudo impedir que yo prendiera el cohete  o de la coimas que pagó para permitir tener materiales inflamables en el local. ¡Vamos los pibes!
  • ir en bicicleta, por bicisenda o no,  y omitir los semáforos y/o  no respetar el sentido de las calles. Al fin y al cabo uno no maneja un automóvil y es casi un peatón.
  • Colectivos de la línea 141 (o de cualquiér otra), que a toda velocidad doblan en rojo sobre  Santa Fe o cruzan Corrientes porque el semáforo en ambos casos demora mucho en permitir nuevamente el paso.
  • Querer comprar un nuevo IPhone,  y teniendo la posibilidad,  pasarlo como gasto interno del departamento de comercio exterior de la empresa dónde uno trabaja.

Seguro me quedé corto. Pero independientemente de los ejemplos, es imposible generalizar la actitud a la población puesto que en rigor, debería chequear este tipo de hecho para cada uno de los habitantes. Sin embargo,  un refrán dice que para muestras, basta con un botón. Esta idea se puede formalizar un poquito más con estadística, que nos permite llegar a conclusiones con determinado grado de veracidad a partir de una determinada muestra poblacional.

En este contexto, me pregunto ¿estamos en condiciones de pedir “paredón para los que cometen actos de corrupción?” No sea cosa que terminemos suicidándonos. Estamos en condiciones de tirar esa primera piedra ante un hipotético nuevo desafío de Jesús “quién esté libre de pecado…”? ¿Cómo pretendemos que no haya corrupción de parte de un funcionario, que a la postre, es uno de nosotros, cuándo la corrupción viene ya incorporada en pequeños actos del ciudadano común? Aquí no hay buenos contra malos, aquí hay malos contra malos disfrazados / malos que señalan al otro como malo y no quieren ver su realidad.

No tengo una solución para el problema, pero creo que veo el problema. Tal vez solamente puedo responder con un pensamiento naive de mi parte: no creo que nosotros veamos la solución a esto, pero quizás podríamos ayudar a que nuestros hijos / nietos la vean, si además de vivir lo que nos merecemos, intentamos NO TRANSMITIRLES todo este bagaje de enseñanzas nocivas que, no solamente pervierten el comportamiento de generaciones futuras, si no que en definitiva van en detrimento de nuestro país.


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, , Javier dijo

Imposible estar más de acuerdo contigo. Hay que empezar por uno. ¡Saludos desde Uy!

, , Patricio dijo

Totalmente de acuerdo. Se escucha mucho acerca de la corrupción de los políticos, y no tengo dudas que la hay y mucha, pero… ¿acaso son extraterrestres? No, simplemente son una muestra de nuestra sociedad, un conjunto de personas que ocupan posiciones de poder y que por ello tienen la posibilidad de evadir/transgredir/ocultar más de lo que puede cualquier otro individuo. Sin embargo, muchos de los que se rasgan las vestiduras por este tema, no tendrían reparos en hacer lo mismo puestos en situaciones de poder similar. En fin, el problema es mucho más profundo que “los políticos”, es la sociedad toda.
Saludos


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