Cincuentenario de Clementina

Corría el mes de noviembre de 1960 cuando finalmente llegó al puerto de Buenos Aires, procedente de Inglaterra. El Dr. Manuel Sadosky, había podido conseguir y utilizar una partida de dinero cercana a los 300.000 dólares proveniente del CONICET y del Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires para abrir una licitación y así adquirir la que sería la primera computadora de caracter científico del país.

Una Ferranti Mercury II construida en la ciudad de Manchester, con  18 metros de largo, 5 mil válvulas de vacío y una memoria de equivalente a 5KB de núcleo magnético, había resultado elegida y ahora estaba esperando en las dársenas de Buenos Aires. Recién en 1961, y luego de reformas edilicias que incluyeron la instalación de un sistema de refrigeración adecuado, pudo ser ubicada en el Pabellón 1 de la recientemente creada Ciudad Universitaria, en dónde funcionaría el Instituto de Cálculo dependiente del Departamento de Matemática de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Trabajar con la Mercury II era muy distinto a trabajar con una computadora de la actualidad. La máquina funcionaba durante las veinticuatro horas y se asignaban turnos para tareas de compilación y ejecución de programas, que eran ingresados mediante una cinta de papel perforado y sus resultados iban a parar a una impresora o a otro conjunto de tarjetas perforadas. Cuando la máquina operaba, modulaba sonidos que, prestando atención, se asemejaban a la melodía de la canción Clementina y así se la bautizó. La Mercury II era operada principalmente por científicos y estudiantes del Instituto de Cálculo. Entre sus trabajos más destacados se encuentran tareas de cálculo para la confección de modelos econométricos para la CEPAL,  tareas de cálculo para YPF, Ferrocarriles Argentinos, desarrollo de modelos matemáticos para el análisis del aprovechamiento de las cuencas fluviales de la región andina y resolución de ecuaciones diferenciales para el análisis de la trayectoria del cometa Halley.

Pero el golpe de estado de 1966 de Juan Carlos Onganía interrumpió la operación y la vida de Clementina por falta de mantenimiento y también inició la decadencia dentro de la UBA y en particular en la Facultad de Ciencias Exactas, en dónde se vivió una era de represión y persecución de la que sólo se saldría con la  vuelta de la democracia en 1983.

Clementina comenzó siendo un catalizador para la creación de la primera carrera de computación del país -Computador Científico que más tarde evolucionaría en la Licenciatura en Ciencias de la Computación- pero pronto se convirtió en la motivadora para el desarrollo del resto de las carreras en distintas universidades del país.

La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales celebra el cincuentenario de la puesta en funcionamiento de Clementina, ocurrido el 15 de Mayo de 1961, con un ciclo de charlas, conferencias, concursos y muestras que tendrán lugar los días Jueves 12 y Viernes 13 de Mayo de 2011 en el Pabellón 1 de Ciudad Universitaria.

Más información e inscripción:

http://www.dc.uba.ar/events/cincuenta

http://www.dc.uba.ar/events/cincuenta/jornadas-manuel-sadosky

http://www.dc.uba.ar/events/cincuenta/Form_Insc_Jorn_Sad


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, , josepzin dijo

Otras de las tantas cosas que se quedaron por el camino en este país…

Por cierto, ¿porqué siempre ponen (en Argh.) esos nombres tan… tan… no sé, como decirlo… tan “caseros”!
Entre el nombre del avion jet “pulqui”, esta computadora “clementina” y otros ejemplos que ahora no se me vienen a la cabeza tenemos el fracaso asegurado de antemano! jaja