Creía estar en una enorme cárcel, no se lo imaginó así cuando sostuvo por primera vez el tubo de ensayos en las manos. Ahora sabía como se veía desde dentro, y hasta observaba sin ayuda a las inmensas bacterias que, acercándose sigilosamente, le hicieron arrepentirse del experimento.-
Era una de las pocas veces que encendía incienso en sus aposentos, pero esa noche lo necesitaba; requería las fuerzas extras que prometía.
Se sentó pesadamente sobre la inmensa cama y se desplomó mientras el humo del incienso se arremolinaba sobre su cabeza. De repente sintió los pequeños pasos acercarse a la pesada puerta de madera, la imaginó sonriente debajo de su roja capa, con la canasta colgando de su brazo blancuzco.
–Pasa Caperucita– dijo el Papa mientras se estaqueaba con los brazos en la colcha beige.
–Aquí estoy bien– se oyó apenas del otro lado
–Pasa– repitió el Papa. –No soy el lobo, no voy a comerte.
–Es que…– comenzó a decir Caperucita, pero antes de que terminara la puerta se abrió.
Es que no le tengo miedo a Usted, sé que no es el lobo, porque el lobo está conmigo– Dijo y el mamífero se abalanzó sobre la cama, tiñendo el beige en púrpura.
“Este micro relato fue resultado de la consigna (personaje de la realidad y personaje de ficcion en un relato que no sobrepase las 200 palabras) salido de un taller literario en la Feria del Libro Regional Chajarí 2009 y que seguiré dictando en breve y que tal vez agregue en Clarin Blog”
Miró el saco maltrecho por segunda vez, luego cambió la vista hacia las perchas vacías. Si no se mudaba nadie en las próximas semanas, no sabía como mantendría a las otras polillas.
El grueso pelo le caía en la cara como troncos húmedos, la rojiza barba le raspaba la piel y una mosca intolerable zumbaba en idas y vueltas sobre su oreja derecha. Pero no podía desconcentrarse, siguió con la vista clavada a sus manos; le dolía la espalda y las piernas por estar tanto tiempo en cuclillas, pero él sabía que funcionaba.
Luego de interminables minutos, un hilito de humo se alzó por entre el madero rajado, por fin podría hacer que los demás dejen de burlarse, la tribu probaría por primera vez Mamuts asado.
El cazador tensó el arco, no llovía, no se oían autos en el bosque ni pensaba en su instructor. Soltó la flecha que viajaba recta, sin desviarse ni un centímetro.
Se despertó de repente.
–Así es aburrido– se dijo, y se levantó, de todas maneras no podía dormir.
El cazador tensó el arco, la flecha temblaba levemente en su mano. El disparo salió a gran velocidad, a escasos metros del cervatillo la flecha se desvió y golpeó en el árbol. El cervatillo asustado comenzó a correr.
–En Bolivia le hubiese dado, ahí ni las pelotas doblan– se dijo y volvió a dormir.
El cazador tensó el arco, respiró hondo; el secreto estaba en la respiración. “Que el disparo te sorprenda”, oyó decir a su instructor en la cabeza. El cervatillo levantó la vista asustado y comenzó a correr. –Debo pensar más bajo– se dijo y volvió a dormir.
Cuentos cortos, otros no tanto y algunos super cortos, de Terror, C.F., Fantasía y más. Derramados sobre el teclado casi sin autorización del autor.
Nací en Sarmiento, Chubut; un 25 de Abril de 1975 pero desde los 2 años vivo en Entre Ríos como refugiado, panza verde por adopción y escritor "casi" por elección.
Resido en Chajarí (Entre Ríos) desde 1988, una ciudad digna de visitar con unas termas hermosas www.chajari.gov.ar
Salud
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