El Círculo de Tierra (7º Parte)

septima-profecia-maya

Comieron en silencio, agradeciendo a los dioses de que algo caliente y sabroso pasase por sus gargantas después de tanto tiempo. Meditaron, hablaron poco y planearon dejar la cueva tal como la habían encontrado.

Entre las pocas cosas que habían hablado discutieron el próximo punto de parada, no obstante más que una discusión fue un monólogo de Brigomaglos exponiendo, pensando en voz alta donde correrían menos peligro. Hispania había sido su decisión, aunque a la más alejada Galía era en realidad donde quería ir a parar, pero todo a su tiempo. Miró a la niña y se dispuso a partir, comenzaba a hacer frío y sentir el calor del estómago después de comer era de lo más agradable que había sentido en mucho tiempo.

–Vamos niña –dijo el galo comenzando a caminar.

–No voy a ir contigo –fue la sentencia de Lulias que se mantenía sentada con las piernas cruzadas y la cabeza gacha.

Más allá de todo lo que había sucedido, el hombre sabía que eso iba a pasar, lo sentía en lo más profundo del alma, como si un pequeño ser indefinido le susurrase el futuro. Lo cual no era muy lejano a la realidad.

–Podemos armar una estrategia en otro lugar, estando más calmos pensaremos mejor como actuar. Necesitamos la tranquilidad que nos dará el estar lejos de quienes desean matarnos o tirarnos nuevamente en una celda para que nos pudramos.

–Sí nos alejamos ahora no volveremos –dijo Lulias secamente y con un dejo de tristeza en su voz. –Viajaremos como vagabundos, como esclavos libres esperando caer en alguna trampa.

–Eso es cierto, pero lejos de Roma…

–Cuando más lejos de Roma, más lejos de mi –le interrumpió. –Yo no voy, vuelvo.

El galo bajó los hombros como abatido, sabía que la niña no desistiría, que regresaría a Roma y lo arrastraría. Podía decirle que vaya sola y no sentirse mal por ello, podía darle nombres de personas que la podrían ayudar y no sentirse mal por ello. Podría abandonarla a su suerte ahí mismo en esa oscura cueva y no sentirse mal por ello. Solo que Júpiter no lo dejaría, el dios estaba instalado en su corazón e impidiendo que la abandonase.

El galo pensó un poco, ahí parado sin moverse mientras las últimas luces del día caían sobre ellos, la niña sentada prácticamente a sus pies, inmóvil, llorando en silencio ante la figura del inmenso hombre.

–Vamos pues. Roma nos espera niña.

Lulias elevó la vista lentamente, no como lo esperaba el hombre que supuso un salto inmenso de alegría. No, ella solo se limitó a mirarlo fijamente con una sonrisa estampada en sus labios.

El hombre tuvo un pensamiento fuerte ante ella, una profecía, pero se lo quitó de inmediato como un perro se sacude las pulgas.

No hablaron mientras volvían, el camino que eligieron no fue el mismo, sino que rodearían la ciudad y entrarían por el sur. Les llevaría más tiempo, pero era eso lo que necesitaban para planear lo que iban a hacer.

El galo se estremeció ante el recuerdo del pensamiento que lo atacó en la cueva antes de emprender el camino de vuelta.

Entraron de noche, como debe entrar una rata a comer carroña, así se sintieron hasta llegar a una casa pequeña con una puerta más pequeña aún, la madera roída pareció ceder ante los golpes del hombretón. El hedor a orín venía del callejón que estaba a unos pasos como si fuese una oleada de ácido, más arriba se mezclaba con el humo de las chimeneas que olían a laurus nobilis, la planta que más usaban los romanos para aromatizar sus cenas. La planta que Julio Cesar llevaba en su cabeza.

“Rodara”, pensó Lulias.

“Sangre”, pensó Brigomaglos.

No podía sacarse la profecía de sus pensamientos, cada vez que miraba a la niña se le estrujaba el corazón.

La pequeña puerta se abrió y un olor a guisado salió desde dentro como la garra de una lobo hambriento. A los viajeros se les hizo agua la boca.

­–Buenas noches y largos días –dijo la mujer que los atendió. Llevaba un tapado andrajoso y tenía uno de los ojos blancos.

–Más largos los tuyos –respondió Brigomaglos.

–¿Quién es la pequeña? –quiso saber la mujer.

–Su nombre es…

–Lulias –dijo la niña adelantándose con un paso.

La mujer del ojo blanco sonrió y tomó una de sus suaves manos entre las suyas, arrugadas y llenas de cayos. La niña atesoró el recuerdo que la invadió, las manos de su padre y las de su madre. Ambos muertos por el Cesar.

–Trabajé con ellos –dijo la mujer. –Con tus padres –completó sabiendo que no era necesario hacerlo.

El hombretón comenzó a transpirar, parecía que sus fuerzas se rendían ante esas mujeres unidas por las manos. El pensamiento volvió como el ojo de una tormenta, la visión de Lulias en la cueva, sentada y sin levantar la cabeza. Sus manos ensangrentadas y él tirado a sus pies, muerto.

Si quería seguir con vida debía detener a la niña y desobedecer a Júpiter.

Brigomaglos debía salvar al Cesar.


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ebecita

La historia palpita oscuros presentimientos…
Beso y voto
Ebe
New York

Doble U

Gracias Ebe… vos siempre presente. Un placer para mi…

Lita
Junio 8, 2011, 8:39 pm, Reportar este Comentario Lita dijo

FELICITACIONES!!!!! estás destacado, recibí correo destacando lo mejor del miércoles.
Un beso, Lita.

Lita
Junio 8, 2011, 9:25 pm, Reportar este Comentario Lita dijo

LIBRO LIBROOOO!!! antes no leí, estaba apurada, me encanta , ya te lo dije, quiero el libro, capítulos y capítulos, un abrazo.
Lita

[WORDPRESS HASHCASH] The poster sent us ‘0 which is not a hashcash value.

ali1
Junio 9, 2011, 1:39 am, Reportar este Comentario ali1 dijo

Creo que Lulias y Brigomaglos son dos personas que si se lo proponen, podrían cambiar su mundo conocido. Pero los rondan fantasmas, dioses y quien sabe cuántos más. Excelente, Walter, me encantó.

Doble U

Ali: te devoraste cada uno de los capítulos y eso me gustó.
Ambos están rodeados de una nebulosa rara, llena de rostros y almas, dioses y magia… no se como terminará esto, espero me sorprenda a mi mismo.
Besos y Gracias.

Doble U

Lita: gracias, me pregunto cuantos posteos habrá un miercoles… ¿5? ajaj.
En cuanto a que sea libro… no te quepa la menor duda que lo pensé, solo que debería extenderse mucho más… bueno, quien sabe, ¿no?.
Besos y chas gracias

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