Agosto 24, 2008 | Por animateamanejar | # Enlace permanente
¿Qué sucede cuando alguien que ya obtuvo su licencia de conducir, no puede salir a manejar a la calle? ¿Por qué se interrumpe el proceso de aprendizaje y no se puede seguir progresando? ¿Por cuestiones subjetivas (miedos, inhibiciones)? ¿Por fallas en el método de enseñanza? Posiblemente haya una combinación de estas cuestiones.
Cuando hablamos de miedo a manejar, la lógica, la práctica y la experiencia adquirida, dejan su espacio a la sensación de pérdida de control y a la idea de no ser capaz de desenvolverse con solvencia en el tránsito, invadidos por creencias negativas y apocalípticas que no tienen correlato con la realidad.
A partir de mi formación profesional y articulando aportes de la psicología y la pedagogía me aboqué a diseñar un proceso práctico que tuviera en cuenta todas las variables. El objetivo principal del proceso no es entonces lograr destreza o habilidad en el manejo, sino que esto se logrará como consecuencia de la pérdida del miedo, lo cual es el eje central de todos los encuentros con las personas que atraviesan este proceso.
Cabe destacar que si bien creé un dispositivo con un diseño más o menos estructurado, resulta fundamental no perder de vista la singularidad de cada pasante (pasante: persona que atraviesa por el proceso de pérdida del miedo a conducir), en consecuencia también es diferente el tipo de orientación, intervención o contención que se puede llegar a brindar en cada caso.
Si bien a nivel discursivo manifiesto aparecen similitudes en cuanto a los motivos o razones que generan temor a manejar en la calle, o incluso en cuanto al objeto temido, existen diferencias internas que son irrepetibles, por lo tanto en este aspecto no hay fórmulas a conocer de memoria o reglas fijas sobre qué decir o no decir por parte del orientador del proceso, sino un discurso o intervenciones que se van construyendo durante el aprendizaje – orientación. Las intervenciones verbales sumadas a la práctica que le permita ir adquiriendo nuevas destrezas, propician que en el recorrido del proceso se vayan perdiendo paulatinamente los temores; esos pequeños aprendizajes que se van logrando permiten que los miedos limitantes se vayan transformando en posibilidades o potencialidades. En este sentido, la intervención discursiva por parte del orientador es el componente singular y una instancia imprescindible para producir cambios.
Julio 3, 2008 | Por animateamanejar | # Enlace permanente
El término que define a las fobias relacionadas con el movimiento que afecta a distintas formas de viajar es AMAXOFOBIA. Toma su nombre de dos palabras griegas, fobia (miedo) y amaxo (carro, carruaje). Pero en los casos que nos ocupan existe miedo sólo a conducir automóviles y en general no abarca otras formas de viajar (como pasajero, o en otros vehículos). No hay que confundirla con el respeto lógico que impone la circulación en la vía pública como conductor, sino que el tráfico se percibe como algo amenazante y la conducción genera niveles de estrés y ansiedad desproporcionados. ¿Es posible denominar de una manera diferente estos temores? Por ahora, llamémosla fobia a conducir automóviles.
Dentro de la gran cantidad de fobias existentes o conocidas, el miedo a manejar lo podemos ubicar dentro de las que se denominan fobias específicas. La característica esencial de la fobia específica es un miedo más o menos intenso y persistente a objetos o situaciones claramente discernibles y circunscriptos. La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad. En la mayoria de las ocasiones el estímulo fóbico es evitado, si bien a veces puede experimentarse, aunque con sumo termor. El diagnóstico de fobia específica es correcto sólo si este comportamiento de evitación, miedo o ansiedad de anticipación en relación con el estímulo fóbico interfiere significativamente con las actividades cotidianas del individuo, con sus relaciones laborales o sociales, o si la existencia de esta fobia provoca malestar evidente. El individuo experimenta un temor marcado, persistente y excesivo o irracional cuando se encuentra en presencia de objetos o situaciones específicos o bien cuando anticipa su aparición. El objeto del miedo puede ser la propia anticipación del peligro o daño inherente al objeto o situación, por ejemplo, el individuo puede temer viajar en avión debido al miedo de estrellarse, puede temer a los perros por miedo a ser mordido o puede temer conducir un coche por miedo a tener un accidente, es decir que la ansiedad puede presentarse como respuesta a un estímulo que se presenta como una fantasía o un pensamiento. El temor a conducir se manifiesta de manera similar a la de cualquier fobia específica, esto es a través de sensaciones displacenteras como sudoración, taquicardia o temblores, como dije anteriormente puede ser durante la experiencia misma de manejar en la calle, o solamente imaginando la situación de conducir; pensamientos en los cuales aparecen imágenes catastróficas o ideas irracionales como pueden ser la visulización de accidentes; y conductas, ya sean de evitación o escape, que se pueden mostrar de modo manifiesto o sutil o también conductas de búsqueda de seguridad, como por ejemplo ir acompañado.
Sin embargo, dentro de la gran cantidad de gente que tiene miedo a manejar podemos diferenciar a aquellos que están totalmente imposibilitados de ponerse al volante y otros que logran manejar en alguna ocasión pero con sensaciones sumamente displacenteras o que sólo pueden hacerlo en circuitos callejeros muy acotados o que cuando se modifican ciertas variables externas (climáticas, de recorrido, del vehículo, etc.) ya no lo pueden hacer. Es necesario entonces hacer una distinción dentro de lo que son los temores a conducir.
Pero más allá de los nombres que le podamos dar, el miedo a manejar es una situación superable en la mayoría de los casos. Hasta la próxima.
Lic. Omar Leonardo Alzugaray