Autitos chocadores

La sensación de inseguridad que se siente al transitar por la calle, sea uno peatón o conductor, es total y no precisamente estamos hablando sobre ser víctimas de hechos delictivos.

La inoperancia del gobierno para hacer cumplir las leyes de tránsito, el desconocimiento de algunos conductores y transeúntes de estas leyes o peor aún, la intencionalidad de transgredirlas hacen una odisea el hecho de caminar o conducir diariamente por nuestras calles o rutas.

Está prohibido circular sin casco pero cada tanto vemos al padre, la madre, el tutor y el encargado, el bebé en brazos entre ambos padres, el hermanito del medio arriba del manubrio y el más grande colgado del guardabarros (pero con casco, que le queda grande y no sirve para nada) emulando uno de los equipos de la brigada azul de la Policía Federal (que viejo me siento)…

Con lo difícil que es manejar un auto en días de niebla y lluvia, algunos kamikazes salen en moto, circulan por calles que están en reparación y llenas de barro tornando resbaladizo el camino. Muchas de las veces estas motos están sin luces o con luminosidad nula o defectuosa. Si no se caen por fuerza del viento, pierden el control por motivo de la lluvia o son llevados por delante por otro vehículo al no ser visibles por efectos del meteoro.

Estacionar en doble fila parece que está permitido siempre y cuando uno encienda las balizas. En realidad, las balizas encendidas permiten hacer cualquier maniobra por peligrosa que sea. Desde charlar con un viejo amigo que está en la vereda y con el conductor desde arriba del auto estando estacionado del lado donde circulan los demás, hasta ir media cuadra marcha atrás para evitar dar un rodeo de 3 cuadras para retomar la calle a la que se quería llegar.

Circular por la izquierda mirando vidrieras o mujeres, hablar por celular o tomando mates está permitido siempre y cuando nadie le diga nada. Si alguien osara a reprocharle algo, uno puede putear, mandar a lavar los platos (si la otra persona fuera una dama) o directamente querer irse a las piñas. Parece que no se entiende que uno no quiere que el otro vaya más rápido sino todo lo contrario, que vaya más despacio aún si quiere, pero que lo haga por la derecha.

Después de esquivar 3 bicicletas que van una al lado de la otra haciendo piruetas y abarcando media calzada, frenar ante la alocada carrera y posterior encierro de 2 motos delivery, al taxista que todo lo sabe y que si no pasa él primero, aunque haya un cartel de ceda el paso, pare, baje, mire y escuche, cuidado con los trenes o un dudoso semáforo rojo-amarillento, después de esquivar el colectivero que frena para levantar un pasajero dejando el culo del colectivo tapando la calle así no se le adelanta ningún automóvil y por último, dejar pasar a los transeúntes que cruzaron por la mitad de la calle total ellos son peatones, si después de todo eso, Ud. Llega sin estrés a su casa, no lo dude, deberá salir nuevamente a buscar quien sabe qué cosa o a quien para que al final y al cabo su día esté completo y quiera colgar los guantes y hacer compras desde casa, trabajar por internet o vivir en el campo.

Pero le advierto, esta última alternativa tampoco es la solución. Tarde o temprano deberá salir a la ruta y cruzarse con la caravana de tractores a 2 por hora, con el camión cargado de soja-trigo-cebada-centeno o quien sabe que porquería que vale más que un camión de caudales lleno pero que no le alcanza para comprar un bonito Scania 90 en adelante o similar porque anda en uno que parece un Fiat 600 modelo 71 con acoplado.

Entonces vuelve a la ciudad y la vida al aire libre que llevo en el campo durante un par de semanas lo ha transformado en otro ser. Ama salir a caminar y vende el auto para hacer de su garaje un gym con todos los chiches. Sale a correr al parque pero en la pista de atletismo hay patinadores, rollers, blogers y demás nerds que le hacen cambiar la rutina de salir a correr por salir de shopping. Para poder ir de compras deberá cruzar una calle en el microcentro, con autos que quieren doblar pero que no pueden, con autos que quedan en la bocacalle y que si no pasan ellos no pasa nadie y con los puestos de mercadería copando la vereda que obligan a uno a hacer piruetas sobre el cordón. Y parece que volvimos al aire libre, estamos haciendo trekking. La única diferencia es el notorio cambio del aire puro de la montaña por el enviciado del camioncito recolector de la basura que despide más humo que Chernobyl y que seguramente no tiene la inspección técnica vehicular hecha…


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