Al caballo con cariño
El caballo fué uno de los grandes partícipes en gestas heróicas y batallas decisivas de la historia, como “Bucéfalo” que era montado por Alejandro Magno en sus batallas o “Incitatus”, el caballo que el Emperador romano Calígula nombró Senador y por que no también en leyendas, como “Pegaso”, el caballo de Zeus o el Caballo de Troya aunque este fuera de madera.
“Babieca”, “Tornado”, “Plata” y “Rocinante” han sido montados imaginariamente por cientos o miles de personas que han jugado a emular a sus dueños, ya sea siendo “El cid campeador”, “El Zorro”, “el LLanero Solitario” o “Don Quijote”.
El lejano Oeste aún seguiría siendo lejano si sus cow-boys no hubieran tenido un compañero fiel en la conquista. Los gauchos hubieran pasado penurias arriando vacas con la sola ayuda de un perro y sin su potrillo preferido. San Martín no hubiera cruzado los Andes en su caballo blanco.
Sin ellos, las niñas no tendrían su “pequeño pony” para peinar y los chicos no tendrían palos de escoba para montar. Bueno, en todo caso si los tendrían pero solo los usarían para barrer y no para galopar.
Fué siempre repetado por sus servicios, no por nada miles de estatuas en el mundo entero son reflejo fiel del servilismo y compañerismo que lo unía a su dueño ya sea montándolo o arrastrando su arado.
Pero pasó el tiempo y el caballo dejó de ser un juego. Lamentablemente la mayoría de los caballos actuales no son tan afortunados. Porque incluso, para un caballo fiel, debió haber sido afortunado el poder morir en el campo de batalla llevando a su compañero en la última batalla. O ser llorado por su amo cuando no pudo pasear más en su lomo.
Porque hoy, día tras día, sin jugar un papel en la historia, son partes de una historieta de maldad y abuso. No basta con hacerlos caminar sobre el cemento de nuestras ciudades, muchas veces sin herraduras y arrastrando enormes pilas de escombros. No basta con pegarles en el lomo para que crucen más rápido un semáforo en rojo que no respetaron. No basta que los rebenques de hoy en día se hayan transformado en cadenas. El pasto de su comida hoy en día es basura y agua, cuando hay agua. Las yeguas recorren preñadas decenas de calles haciendo esfuerzos bestiales, como buena bestia que es, hasta decir basta y morir pariendo un potrillo que será vendido, canjeado, reventado a palazos para seguir en la rueda de la vida que les toca, llevar basuras. Cinchadas y castigos a un animal noble por naturaleza y triste por destino.
- 3 Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


San Martin no cruzó los andes en caballo. Lo hizo en camilla, sumamente enfermo y dicha enfermedad acentuada por la altura y el frio. Más bien, lo cruzó a lomo de mula, pero casi se muere. Lo que hace más grande la gesta ya que se jugó la vida en el cruce nomás, no solo en las batallas. Te quedaste con la imagen del poster del Billiken gay!
Saludos!