Febrero 2, 2012 | Por angelesycaos | # Enlace permanente
Existen en la actualidad dos modelos de parejas que reúnen las condiciones para que un hombre y una mujer puedan coexistir en un vinculo llamado familia. En el cual se encuentren el proyecto de tener hijos, una casa, una casa quinta y las vacaciones todos los años. Un proyecto a largo plazo, ver crecer a los nietos, el asado de los domingos con toda la familia y el final de los días en una lápida compartida como una cama matrimonial.
La primera pareja que puede llegar a estas expectativas, es cuando el hombre se somete a la mujer de puertas a adentro. Cuando el hombre acepta de manera explícita o implícita los lineamientos de su pareja, muchas veces consensuado en objetivos comunes, que por ser comunes o básicos, la conflictividad es menor. Los objetivos clásicos son la casa, la educación inicial de los hijos, eventos sociales inherentes a los hijos y a la pareja. Pero en cada decisión donde el acuerdo no aparezca, donde la lógica del pensamiento entra en conflicto, donde digamos que la copa esta media llena, media vacía, o alguien diga que la copa es fea, o es un vaso o simplemente no tengo sed. Estamos en una situación sin solución donde alguien tiene que tomar una decisión. Ver estas variantes en el caso de la de la copa no es un juego de palabras, es saber que hay miradas diferentes. La disyuntiva está a cargo de las piernas en “V”, o visto desde otro punto, la palabra convicción lleva V corta. Y hombre se escribe con B larga.
A este tipo de parejas la podemos dar la categoría de bien constituida o familia típica. La mujer tiene claro el rumbo y se pone a timonear el barco. El hombre se pone de su lado y acepta ser guiado.
Nuestro segundo caso es donde el patrimonio económico del varón es muy importante comparado con las expectativas de la mujer. Es una situación más sencilla. Compra y hace lo que yo quiero y después cómprate y hace lo que vos quieras. Y nunca te olvides que la plata es tuya y los hijos son míos.Y tampoco te olvides que si nos abandonas es por culpa de una calentura con tu secretaria.
Dentro de los dos casos, el marido sometido o el marido con mucha plata, vemos que las decisiones discutibles rondan en los temas de la apariencia social de la mujer, donde el hombre está incluido como adorno social y la lucha por el bienestar emocional de los hijos e hijas.
Con las variables que estamos jugando podemos encontrar otro tipo de parejas.
Una mujer económicamente superior al hombre. Esto dura mientras el amor perdure, o aceptar la existencia de los perros con dos patas. Y cuando la fortuna de la mujer es exorbitante, aparece en escena el espécimen bonito, jovencito, hombre, renovable y apto para las fotos de las portadas de revistas, o simplemente para las rondas de amigas en redes sociales o en la peluquería.
El cuarto caso que nos queda, es cuando el hombre con profunda fe cree en el concepto de la autoridad machista. Es el caso mas desgraciado, donde los golpes, las vejaciones y la muerte están presentes. Donde hay un claro final, la cárcel, el alcoholismo o el abandonado. Y la única oportunidad de conseguir una nueva pareja, es si el mensaje esta entendido. Y si no hay suerte con la segunda, la tercera tratara de hacer que lo entienda. O sos sometido, o no sos nada.
Por último aparece una situación mixta, una pareja que por los devenires de la situación económica se arranca con un aporte mayoritario de uno de los cónyuges y de pronto se invierte la situación. Una relación totalmente caótica y difícil de llevar, que ni el más grande amor la salva.
Como epilogo de las parejas, podemos decir con toda la buena intención que la situación del marido sometido es el concepto de la familia ideal. El hombre debe olvidarse un poco de sus aspiraciones personales y aceptar los cuestionamientos de su pareja por más que no los entienda. Poniendo como bandera de lucha el dialogo y la tolerancia.
Enero 27, 2012 | Por angelesycaos | # Enlace permanente
La democracia es el modelo de gobierno que permite a las personas diferentes poder coexistir pensando en anhelos distintos. Muy diferenciados. Los partidos políticos son el sustento de la vida democrática. Las instituciones aportan un orden armónico. Y la ambición de los pequeños grupos son la solides de la estructura. También tenemos los detractores del sistema los pensamientos utópicos.
En la sociedad habitan dos bandos bien definidos, el egoísmo es el límite que los divide. La escala de valores de los seres humanos es seccionada por ese bisturí en cortes muy diferenciados. Separa, disgrega y acomoda pensamientos de forma de poder justificar sus acciones para los demás y para si mismo. El egoísmo domina y crea argumentos sólidos relacionados con los derechos individuales y en un grado más amplio con la familia y las minorías fuertes.
También ayuda a ese cirujano, la diferencia que deja ver la naturaleza, conductas masivas muy distintas. Algunos pueden realizar unas actividades mejor que otros. Este concepto lo definimos como grado primitivo de las personas.
Con estas definiciones podemos hacer referencias a distintas ramas de la vida social y económica de un país, donde podremos apreciar como el egoísmo se pone de manifiesto transformando acciones dignas en situaciones económicas.
| Por angelesycaos | # Enlace permanente
Desde el comienzo de nuestras vidas nos formaron hacia un modelo de persona consensuado entre los modelos sociales y las perspectivas personales de nuestros padres o cuidadores a cargo. Día a día nos modelamos con las doctrinas recibidas en las escuelas tanto públicas o privadas, en ellas nos contaron sobre los hombres ilustres de la patria, los cuales dieron su vida para dejarnos un país digno. Un país con valores morales asociados con la libertad y la igualdad. Nuestros próceres lucharon por el derecho a la independencia de los pueblos, y amar el suelo donde uno nació. Nos regalaron la base de la casa grande.
En toda América latina y en todo el mundo existen esos héroes que son símbolo de la igualdad y la libertad. Y sembraron la base de una casa más grande. Tan grande como el mismo mundo.
Todo quedo plasmado en los libros. Y en ellos esta escrito que la historia, el crecimiento y la afirmación de las civilizaciones se concreto con las banderas de los ideales.
Estuvimos muchos años en la escuela aprendiendo a sentarnos, hacer fila ordenados, a pedir permiso, a cumplir con las tareas, a ser puntuales en los horarios, como ir vestidos, como comer, como vivir en comunidad, conocer nuestros deberes y derechos. Donde terminan nuestros derechos y cuando comienzan el derecho de los otros.
Mientras pasaban nuestros años de escuela, se nos fue mechando con doctrinas religiosas, sea cual fuera, con lineamientos generales comunes, el bien común, la tolerancia, el respeto, saber que existe un todo poderoso que nos escucha y nos mira como actuamos.
La mayoría de los argentinos pasamos por la religión católica, empezamos con el bautismo, la comunión, confirmación, el casamiento. Aprendimos los mandamientos y los repetimos tantas veces hasta sentirnos orgullosos de saberlos. Y se lo contamos a nuestros padres.
La religión nos regalo sueños. El clásico para las niñas es de llegar al altar de blanco para decirle si, al amor de su vida, su príncipe encantado.
El sueño de muchos chicos llegar a un crecimiento económico tal que lo consagra como el hombre de la casa, que mantiene a su amada esposa y a sus hijos.
Hoy en día decimos que son pensamientos arcaicos, pero hasta el día de hoy las muñecas son para las nenas y los autitos para los varones.
Pasaron años, años y más años, y seguían retumbando en las escuelas, en las iglesias, en las voces de nuestros mayores. Las palabras solidaridad, honestidad, comportamiento, la premisa de ayudar a los más necesitados, dar amor al prójimo, el respeto a los abuelos, la dedicación al trabajo, la dedicación al estudio, nos dijeron que la palabra vale más que cualquier contrato, el no mentiras, decir las cosas de frente, no usar las mentiras piadosas como moneda corriente, no desearle el mal a nadie, nos decían que la plata no es la forma de llegar a la felicidad. Pedir perdón, perdonar. Poner la otra mejilla.
Siempre nos dijeron no debemos ser egoístas, ambiciosos, holgazanes, vengativos, envidiosos, tirar la comida, beber de mas, comer de mas. Usar la amenaza para resolver los problemas habituales. Una frase clásica repetidas muchas veces era: “temes que compartir” no digas malas palabras, no contestes. Ya un poco más grande no contestes en caliente, trata de reflexionar, ver en qué parte sos responsable. Reconoce tus errores. Pedir disculpas.
La escuela, el entorno social y las creencias nos enseñaron lo que las leyes no regulan, nos enseñaron como se debe convivir en sociedad. Proclamaron que el único camino para que exista un mundo mejor, que pueda ser disfrutado por los hijos de nuestros hijos, tiene que estar delineado en base al amor y al respeto.
Y los años siguieron pasando. La vida nos llevo por distintos caminos, algunos pudieron llegar a los puertos que deseaban, otros quedaron y se acomodaron donde pudieron. Tuvimos hijos y les enseñamos lo mismo. Repetimos la historia.
¿Porque repetimos la historia? ¿Realmente creemos en todo esto? Respondo que si, se lo estamos enseñando a lo que más queremos en este mundo. Nuestros hijos.
¡Y ahora! que nos quedo de todo lo que aprendimos y enseñamos. En algunos parece que nada, se dieron cuenta que ser egoísta te da mejores cosas materiales y se pueden tapar muchas frustraciones. Ser un egoísta social permite que vean lo que tenes y hacia donde quieres llegar. Ser uno de los que mira desde arriba. Ser el ejemplo de los mediocres, el miserable más admirado. Un triste destino.
En el otro extremo puede haber alguien que murió en la cruz.
En el medio quedamos muchos y con eso se vive muy bien, con una sensación de felicidad, que algunos no lo pueden creer.
Poder vivir la vida en la forma más fácil y con mayores satisfacciones. Seguir lo que está bien, hacer eso que nos enseñaron, buscar las respuestas en nuestra niñez.
Por supuesto no todo sale bien, hay líos, errores, dolores de cabeza, desilusiones. En sí. Nos pasa como a todos, nada es fácil. Pero tenemos la convicción de estar viviendo en base a nuestras enseñanzas. Y lo mínimo que hemos aprendido es saber que se debe hacer y qué cosa es la que nunca haremos. Diferenciar entre el bien y el mal. Y que si hago muchas cosas malas no la compensó con la misma cantidad de cosas buenas.
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