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Más de mil muertos por gatillo fácil bajo los pseudo gobiernos de los Derechos Humanos

En los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, se ha matado a más de mil jóvenes por medio del gatillo fácil y la tortura. Un pibe ha sido asesinado cada día y medio. Desde la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) denunciaron que la magnitud de la represión no tiene punto de comparación con ningún otro de los gobiernos constitucionales instaurados a partir de 1983.

A continuación, el archivo de casos de la represión estatal, presentado por CORREPI:

El índice de muertes a manos del aparato represivo del estado ha sido siempre creciente desde que confeccionamos el Archivo (1996). Se manifiestan en especial las siguientes modalidades:

1- El fusilamiento o gatillo fácil “propiamente dicho”, la mayoría de los casos motivado por la “pinta” de la víctima (joven y pobre) y en ocasiones respecto de quienes son sospechados de haber cometido delitos, aun hechos menores como arrebatos, o que huyen sin poner en riesgo a terceros luego de un delito consumado o tentado. Es evidencia flagrante de que las políticas de mano dura y tolerancia cero, que consisten en la ejecución extrajudicial sumarísima, se aplican cotidianamente, al amparo del consenso social obtenido por las campañas mediáticas para legitimar estos homicidios. Se continúa verificando en algunas zonas -como el conurbano bonaerense o algunas zonas de la Ciudad de Buenos Aires- el accionar de escuadrones de la muerte que ejecutan operaciones de “limpieza social” fusilando metódicamente adolescentes en conflicto real o presunto con el sistema penal;

2- La muerte de personas privadas de su libertad, sea en unidades carcelarias o en comisarías, presentadas oficialmente como inverosímiles suicidios por ahorcamiento o en incendios. Mendoza, Santa Fe, Buenos Aires y Santiago del Estero, se destacan en este “rubro”, que nuevamente ocupa el segundo puesto, secundando al gatillo fácil como modalidad de exterminio sistemático. Muchos de estos casos son, lisa y llanamente, hechos de tortura seguida de muerte;

3- La muerte de transeúntes o terceros provocada por el desprecio por la vida humana por parte de los funcionarios policiales, que priorizan a cualquier precio la captura de un delincuente real o presunto aunque ello implique poner en peligro a personas ajenas al hecho;

4- Los asesinatos en el marco de la protesta social, en marchas, movilizaciones y cortes de ruta, que suman 52 desde 1995.

5- Los asesinatos en el marco de causas fraguadas para “hacer estadística” y exhibir una eficiencia muy lejana a la real; los hechos resultantes de otros delitos cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad, y los hechos de corte privado, por discusiones familiares o laborales, que son literalmente “liquidados” por el funcionario público usando su condición de tal. 6- Se reconfirma la constante participación policial en delitos comunes, vendiendo información, proveyendo zonas liberadas, proporcionando armas o interviniendo directamente en la organización de robos tipo comando, tráfico de drogas y autos robados, secuestros extorsivos, etc., incluso a veces como parte de “operaciones de prensa” para ganar prestigio desbaratando los ilícitos que ellos mismos generan, o para ganar espacios en sus disputas de poder internas.

CANTIDAD DE CASOS DURANTE LAS DOS GESTIONES KIRCHNER

El gobierno de los Kirchner, en conjunto, lleva más de mil muertos por el gatillo fácil y la tortura en 66 meses de gestión. Desde el 25 de mayo de 2003 a la fecha, el matrimonio presidencial, el ministro Aníbal Fernández, sus fuerzas de seguridad, y los gobiernos provinciales y las fuerzas provinciales, nos han matado un pibe día por medio. Dieciséis por mes. No hay parangón para esa cifra en ninguno de los gobiernos anteriores desde 1983, y la tendencia se mantiene, al punto que hoy, con el Archivo 2008 cerrado al 30 de noviembre, ya son cuatro los casos ocurridos en el corriente mes de diciembre, que serán publicados con la actualización de 2009.

Presagiábamos, al presentar el Archivo 2007 al mismo tiempo que se inauguraba el nuevo gobierno, que habría más represión este año. Doce meses después, los números del archivo y la realidad cotidiana dicen que no nos equivocamos entonces, ni lo hacemos ahora, al augurar mayor represión para el futuro inmediato.

El fuerte crecimiento de la implementación de la política represiva ha contado, además, con un expreso aval público por parte de las más altas cabezas gubernamentales en los últimos tiempos. Fue la presidenta en persona quien, indignada, gritó: “No puede ser que la policía detiene, detiene y detiene, y la justicia libera, libera y libera”. Desde el célebre “Hay que meter tiros por la espalda” de Carlos Ruckauf, no recordamos un incentivo más explícito para aplicar el gatillo fácil.

MODALIDADES

Del estudio de los datos objetivos surge como una de las conclusiones que, como dice CORREPI, “no hay purga que pare el gatillo fácil”, ni se puede atribuir superficialmente la continuidad y profundización represiva a “resabios de la dictadura, a “desbordes individuales” o a “planes de estudio inadecuados con poca formación en DDHH”. Es significativa la cantidad de hechos protagonizados por “nuevos cuadros” de las estructuras que, una y otra vez, han sido reformadas, purgadas, descabezadas, capacitadas y sometidas a cursos y talleres de DDHH, muchas veces dictados por dirigentes de ONGs que apuestan a la posibilidad de la “democratización” del aparato represivo del estado. Los que creen que es posible “democratizar” o “desmantelar” el aparato represivo, sin cambiar al mismo tiempo el estado, son como aquella rana que confió en que el escorpión dejaría de lado su naturaleza, lo subió sobre su lomo, y terminó en el fondo del río.

También es constante, aunque con una incidencia muy menor en el total, el número de hechos que podemos denominar “intrafuerza” o “intrafamiliar”, es decir, episodios en los que víctima y victimario resultan camaradas de una misma fuerza, o parientes. Se comprueba así que los integrantes del aparato represivo del estado utilizan, para dirimir sus conflictos personales, sus “internas” y hasta sus problemas conyugales o familiares, los métodos, herramientas y recursos que el estado pone a su disposición para cumplir su fin institucional.

Pero no sólo con la represión preventiva nos castiga este gobierno. La represión selectiva, dirigida a la misma clase trabajadora cuando ya se ha comenzado a organizar, está también en plena forma. Si Néstor Kirchner terminó su mandato con dos muertos en la protesta social, Luis Cuéllar (2003) y Carlos Fuentealba (2007), su esposa ya tiene el primero de su gestión, Juan Carlos Erazo, el trabajador del ajo asesinado a golpes por la policía mendocina durante una huelga. Presos políticos, represión a cuanta manifestación se produzca (salvo que sean las del “campo” contra el gobierno, o del gobierno contra el “campo”), militarización de ciudades y lugares de trabajo, uso permanente y creciente de patotas sindicales o grupos de choque del PJ, son sólo algunas de sus vertientes.

Por último, es necesario destacar la persistencia, como política de estado, de la sistemática aplicación de tormentos a personas legal o ilegalmente detenidas, que en muchos casos ocasiona la muerte del torturado. Una parte significativa de las muertes en cárceles y comisarías corresponde a torturas seguidas de muerte, pese a lo cual no llegan a una docena las condenas en todo el país por ese delito. Paralela y complementariamente al uso habitual de métodos de tortura como el apaleamiento, el submarino seco (”bolsita”) o la picana eléctrica, el aparato judicial es reacio a calificar hechos obvios de tortura como tales, porque esa figura legal señala con más claridad que ninguna otra la responsabilidad institucional. Jueces y fiscales, así como compiten por quién usa más tipos alternativos (apremios, severidades o vejaciones), todos excarcelables, y que permiten poner rápidamente en la calle a los torturadores, agudizan su inventiva para caratular escandalosamente “homicidio preterintencional en concurso con vejaciones”, o bien “homicidio calificado en concurso con apremios”, clarísimos casos de tormento seguido de muerte. Mucho menos aplican la figura que alcanza a los superiores jerárquicos por la facilitación de la tortura. Nada más claro, para entender esta permanente política judicial en el marco del conjunto de las políticas represivas del estado, que el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, dictado este año 2007, en el caso del comisario de la PFA René Jesús Derecho. Se juzgaba un hecho puntual de tortura, cometido en 1988 por el funcionario en una comisaría. La Corte decidió que, como “en democracia” la tortura no puede considerarse sistemática, se trataba de un delito individual ajeno a la categoría de crimen estatal. Por ende, tampoco era un delito de lesa humanidad. Con ese razonamiento, resolvieron los cortesanos que la acción penal estaba prescripta, liberando al funcionario de toda responsabilidad penal.

En relación a las muertes en las comisarías, cabe destacar también que la gran mayoría de las personas que luego fallecen, no estaban detenidas por delitos y a disposición de un juez, sino que habían sido víctimas de arrestos policiales para establecer identidad (averiguación de antecedentes) o contravenciones y faltas, probando así que estas facultades de las fuerzas de seguridad para detener personas arbitrariamente son clave para brindar la ocasión para la tortura. El estado hace una defensa irrestricta de las normas que permiten a las policías detener indiscriminadamente “sospechosos”, cuyo perfil siempre coincide con lo que ellos mismos describen como “morocho, joven y de barrios conflictivos”. Esa defensa institucional de las faltas, contravenciones y la averiguación de antecedentes llega al punto de mantener incumplida la sentencia de la Corte Interamericana de DDHH en el Caso Bulacio que ordenó a la Argentina, hace más de cinco años, derogarlas por ser contrarias al Pacto de San José de Costa Rica.

Creamfiels y Zizek: dentro del mundo globalizado


“La música repercute en el cuerpo, late. Las bolas de espejos reparten rayos al azar. Las luces hipnotizan. Los Dj, responsables de 60 mil almas ensimismadas, llevan la música a picos máximos de tensión”, afima Joako.
Para García Canclini , más allá de la modalidad de incorporación a la globalización de cada Estado-Nación, este nuevo escenario, nos obliga a una revisión de la escena sociocultural que, entre otros elementos incluye la redefinición del sentido de pertenencia e identidad, “organizado cada vez menos por lealtades locales o nacionales y más por la participación en comunidades transnacionales o desterritorializadas de consumidores”. En todo caso, asistimos a la reconfiguración de los espacios y al redimensionamiento de las intensidades que se ofrecen a la identificación. Y al nacimiento de nuevas culturas híbridas, incluyentes de temporalidades modernas y premodernas, para el caso latinoamericano .
Este impacto de bienes y mensajes provenientes de una cultura globalizada, afecta directamente a los generados en las regiones o naciones a las que se pertenece, a consecuencia de lo cual, aquí y allá los adolescentes bailan al compás de Hernan Cattaneo o los Chemicals Brothers sin distinción. Al grupo de sujetos que participa de la Creamfields, los atraviesa una fuerte mediatización, más allá de su acceso diferenciado a los bienes.
Esta característica es, con un nivel menor de espectacularizacion, compartida por las fiestas Zizek. De esta forma, el sentido de pertenencia e identidad, se organiza a través de lealtades supranacionales, que aparecen mezcladas con figuras locales, en desmedro de las nacionales.
Se trata de una hibridación cultural que no deja de tener en su centro la propia experiencia vivida, pero ahora, tensada por un horizonte planetario de sentidos. La mundialización de las comunicaciones, que ha globalizado la circulación de bienes simbólicos, impacta directamente en la subjetividad proponiendo modas, imágenes, formas de ser y consumos de marcas y emblemas, que definen el lugar de cada uno en la sociedad.
Estimulados al extremo por la publicidad y la propaganda, la tensión que resulta de la oferta del “mercado de bienes para la juventud” y la posibilidad de acceso real a tales bienes, impacta en mayor medida en los jóvenes de la Creamfields. Son ellos quienes no logran fácilmente sustraerse a sus imágenes seductoras, más allá del hecho cierto de que los mismos jóvenes re-inventan y dotan de nuevos sentidos a los bienes que se les ofrecen.
En el caso de los jóvenes que asisten a las Zizek, existe una constitución colectiva movida por ideas de cambios macro (aunque no radicales como las de antaño). De alguna manera, estos sujetos intentan escapar a la productivista, individualista, asediado por pequeños relatos que procuran dar sentido las vidas más acuciadas por la necesidad y amenazadas por la exclusión.
A pesar de estas diferencias, en ambos casos la “socialidad” se sustenta en la acción de una “comunidad emocional”, y rituales de emociones compartidas. Esto es el resultado del desplazamiento de la sociedad del trabajo y la producción hacia una sociedad del consumo. Podría resumirse en “Dime qué consumes y te diré quien eres”.
Los jóvenes de las Zizeks adquieren una condición juvenil, ciertamente diferenciada de la de los jóvenes que asisten a la Creamfields, pero se trata de adultos menores sin juventud. Muchos de los habitué a las Zizeks habitan en hogares sólo con la madre (a veces, el padre) y numerosos hermanos, otros parientes y figuras cuasifamiliares. La ausencia del padre, dificulta la identificación con una figura paterna y su rol, e incluso afecta el campo de identificaciones posibles alrededor de la masculinidad. El rol femenino está mayormente marcado (de hecho, una de las figuras de las fiestas es Kumbia Queers –compuesto por mujeres-). Muchas veces la maternidad temprana, se inscribe en la posibilidad de cambiar su lugar en tanto sujeto, con una imaginaria que real perspectiva de construcción de nuevos sentidos, que las saquen de la posición de víctimas de las violencias a las que se ven sometidas en sus vidas.
Quienes muestran al cien por ciento que, en términos de Margaret Mead, estamos frente a una cultura “prefigurativa”, en la que son los jóvenes quienes enseñan a sus padres , son quienes asisten cada año a la Creamfields. Definitivamente se trata de un nuevo homo videns, cambia sus nociones de tiempo y espacio en relación a la cultura de los viejos sapiens de la palabra y el texto escrito. Es la primera generación de jóvenes videoformados, como diria Sartori .
Hay que reconocer que los usos sociales posibles de los aparatos que constituyen la tecnológica son diversos a la par que segmentados. Es decir, su consumo y apropiación. Para unos es la cumbia con elementos de electrónica y para otros el electro dance. Sin embargo, el mundo de la tecnología los atraviesa a unos y otros. Para un importante numero de habitués a las Zizek, la tecnología esta muy presente en su vida como tecnología invasiva aunque pobre en sus posibilidades, con un componente de interactividad reducido.
La Creamfields ya no es el evento que creció y rompió la matriz hasta convertirse en una jornada que reúne un hecho musical nuevo, esa característica novedosa ahora la posee las Zozeks. Sin embargo, mantienen viva la esencia de ocupar el espacio de un modo integral, de necesariamente ser escuchada por el cuerpo todo y no tan solo por los oídos. El sistema de luces complejo sigue acompañando a la música electrónica allí dónde esta se ofrece a los cuerpos juveniles, generando una inmersión sónica y lumínica en la que son los cuerpos los que sienten.
Quizás con más fuerza en la Creamfields, pero compartida por las Zizeks, se da la desaparición de la palabra. Hoy tiene fuerte incidencia lo gestual, lo paraverbal y lo corporal, produciendo nuevas formas de relacionamiento y formas de saber. Tanto en una como en otra, aparecen los tatoos, el piercing, implantes subcutáneos, el branding, la scarification, entre otros.
Sin embargo, no es radical la diferenciación con los jóvenes sesentistas hippies y otros alternativos, ya que en estos espacios de electro en diferentes versiones también se hace uso de numerosos collares y aros y pulseras, flores en los cabellos ellas y sombreros/ gorras. Es una mezcla de marcas que llevan a la constitución de un otro auténtico con accesorios que sirven disfraz de tiempo parcial -al cual se puede renunciar para volver a ser los mismos-.

BIBLIOGRAFIA
GARCÍA CANCLINI, Néstor; (1990). Culturas Híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Ed. Grijalbo. 1990.
GARCÍA CANCLINI, Néstor; (1995). Consumidores y Ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización. Ed. Grijalbo. 1995
MEAD, Margaret; 1970. Cultura y compromiso. Gedisa. España. 1997.
REGUILLO, Rossana, 1993. “Las tribus juveniles en tiempos de la modernidad”. En: Estudios sobre las culturas contemporáneas. Vol. V, Número 15; marzo de 1993. Universidad de Colima. México.
SARTORI, Giovanni; 1997. Homo Videns. La sociedad teledirigida. Taurus. España. Segunda edición 2001.


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