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transexual

sábado 8 de agosto de 2009

Tiri, ti… trans-ANA ISABEL ESPINOSA


ANÁLISIS

Más o menos por estas épocas de verano, mi familia se escapaba a Málaga a pasar un mes, alquilábamos un apartamento a pie de playa o buscábamos un camping, pero siempre por la misma zona que rondaba Estepona, Torremolinos y Marbella.

Eran días de sol y playa, adobados por las salidas nocturnas, con cines de verano que no pisábamos, con las carnes quemadas por el salitre y los cabellos aún con el olor a jabón y mar, mezclados en un inconfundible aroma que se te metía en los tuétanos y treinta años después allí seguía, agazapado entre los recuerdos, emergiendo en las noches veraniegas, solo era la luz del día empezar a descomponerse, en el horizonte.
A mí me gustaba el verano, igual que odiaba que mis amigas se reunieran en la alameda con los libros vírgenes y rígidos, aún sin el trasiego del tacto humano sobre sus lomos, para comentar lo poco o nada que había de español en el libro de francés, del curso siguiente que nos acosaba el alma.

Me gustaba el cambio, la novedad, el trasiego de maletas y bolsas y los nervios de mi madre, pero lo que más me gustaba de todo era llegar y que se hiciera de noche, porque a la mágica nocturnidad de estar fuera de tu casa con pocos años, se unía el que salías y veías cosas muy diferentes, gente muy distinta a ti y te creías mayor.
Un año, tomamos la costumbre de cenar en un chiringuito a pie de playa, regentado por mujeres que se partían los lomos en la cocina, para después pasar a trabajar sobre una tarima, dando una vez más el callo, imitando a la Pantoja, a Rocío Jurado…a todas ellas. La comida era buena y el espectáculo genuino y maravilloso, el precio era pagable, así que qué más se podía querer, por lo que volviamos una noche y otra y otra…En ese tiempo, pude conocerlas, las veía a través de mis ojos infantiles, con pespuntes ya de la mujer que sería después, como corrillo de niñas felices y atareadas en su trabajo, sudadas y machacadas por el calor, que no quitaba la brisa que llegaba de la playa, ni el cansado ventilador que colgaba del techo de la cocina, aceitadas señoras en plena trasformación de serlo, con ropas , pero sin mamás, aún siliconadas, que sacaban provecho a lo que los demás llamábamos vacaciones, labrándose un invierno, a base de freír buen pescado y servirlo, con una sonrisa en los labios.

Cuando llegaba una determinada hora, empezaba el espectáculo y los delantales volaban y los micrófonos llamaban a La Cariá, a la Clara o a la Reina y nos mostraban como las mariposas, que es el fin de un gusano de seda subirse a lo más alto y volar hasta las estrellas. Solo que a mí me entristecía verlas dar vueltas y sentirse faraonas por un minuto de la tarima de madera, porque comprendí que hasta las jerarquías eclesiales de los trans, tienen sus envidias y rencillas, justo el día que apareció una trans completamente hecha, reasignada, como dicen ellas, y subiéndose al escenario que habían sudado otras, se puso estática y difusa, elfa consentida, dueña de su belleza, de pechos exuberantes, cuerpo perfecto y cara de muñeca, mientras mis niñas trabajadas, como la pobre Cenicienta, se quedaban en un segundo plano, oscureciéndose las miradas en torno a ellas, eclipsadas por la llegada de la usurpadora, que no bailaba, ni cantaba, ni servía ensaladas, ni raciones de pecaito frito.

La vida puede que dé muchas vueltas , pero el corazón escoge y yo escogí ese día a mis reinas, a sus delantales impolutos, a pesar de la fritangas y el currelo, sin tener mamas de silicona, ni labios de seda, porque ser mujer y parecerlo son dos cosas muy diferentes, y ser mujer se nace y va haciendo con el tiempo, con cuidar de ti y de los tuyos, con trabajar con esfuerzo, con pagarte las operaciones con sudor de tu frente e hincharte de hormonas, pagadas con tu poco salario y las escasas propinas, de esa España afranconada de estampas de postalillas. Ser mujer es un trasiego, que se hace a cada paso que damos, a cada decisión, a cada empeño, pero hay que saber que sobre todo, ser mujer se lleva en el pecho, no en las mamas, sino en los sentimientos.