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DIOS

PENSAMIENTO DEL DIA – 18 DE NOVIEMBRE 2009

El hombre anda en busca de Dios y está inquiriendo en la naturaleza de la Divinidad. Siendo que Dios está dentro de él, ¿en dónde está la necesidad de ir en Su búsqueda? Ante todo, el hombre debiera empeñarse por entender su verdadera naturaleza que es Sathyam, Jnanam y Anantham (verdad, sabiduría e infinitud). Dios ha provisto al hombre con los Vedas y otras escrituras para abrir sus ojos a la verdad de que es esencialmente divino. En este mundo, cada hombre está dotado de verdad, rectitud y amor. El hombre es la encarnación de Sath, Chith y Ananda (Ser-Conciencia-Dicha). Estos atributos son en verdad divinos.

Sathya Sai Baba

Traducido de la pizarra de Prasanthi Nilayam.

EL DÉCIMO HOMBRE.


Eran diez amigos. Todos ellos eran muy ignorantes. Decidieron ponerse de acuerdo para hacer una excursión.

Querían divertirse un poco y pasar un buen día en el campo. Prepararon algunos alimentos, se reunieron a la salida del pueblo al amanecer y emprendieron la excursión. Iban caminando alegremente por los campos charlando sin cesar entre grandes carcajadas. Llegaron frente a un río y, para cruzarlo, cogieron una barcaza que había atada a un árbol. Se sentían muy contentos, bromeando y chapoteando en las aguas. Llegaron a la orilla opuesta y descendieron de la barcaza.

¡Estaba siendo un día estupendo! Ya en tierra, se contaron y descubrieron que solamente eran nueve. Pero, ¿dónde estaba el décimo de ellos? Empezaron a buscar al décimo hombre. No lo encontraban. Comenzaron a preocuparse y a lamentar su pérdida. ¿Se habrá ahogado? ¿Qué habrá sido de él? Trataron de serenarse y volvieron a contarse. Sólo contaban nueve. La situación era angustiosa. Uno de ellos se había extraviado definitivamente.

Comenzaron a gimotear y a quejarse.

Entonces pasó por allí un vagabundo.

Vio a los hombres que otra vez se estaban contando. El vagabundo descubrió enseguida lo que estaba pasando.

Resulta que cada hombre olvidaba contarse a sí mismo. Entonces les fue propinando una bofetada a cada uno de ellos y les instó a que se contaran de nuevo. Fue en ese instante cuando contaron diez y se sintieron muy satisfechos y alegres.

*El Maestro dice: El décimo hombre no era una nueva adquisición.

Siempre estuvo allí, como el Ser que reside dentro del ser humano. Nunca ha estado ausente. En cuanto se disipe la ofuscación de la mente será percibido.

EL BARQUERO INCULTO

Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:

–Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?

–No, señor -repuso el barquero.

–Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.

Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:

–Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?

–No, señor, no sé nada de plantas.

–Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.

El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:

–Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas.

?Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?

–No, señor, nada sé al respecto.

No sé nada de estas aguas ni de otras.

–¡Oh, amigo! -exclamó el joven-.

De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:

–Señor, ¿sabes nadar?

–No -repuso el joven.

–Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.

*El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría*.

QUE NADA NOS APARTE DE NUESTRA PROPIA NATURALEZA

“¡Manifiesten el poder que reside en el esfuerzo realizado por uno mismo! No recurran a la débil estratagema de imitar a otros. Absorban, en cambio, las buenas cualidades que esos otros puedan poseer. Plantamos una semilla en la tierra. Luego la proveemos de lo que necesita: agua, aire y abonos. La semilla germina, produce un brote y termina por convertirse en un inmenso árbol. Podrán observar que no se convierte en tierra ni en abono, ni en aire, ni en agua. Hace uso de todos ellos, pero se mantiene en lo que es su propia naturaleza y crece hasta convertirse en un árbol.

Ojalá también ustedes vivan como ese árbol; cierto es que tenemos mucho que aprender de otros. No hay por qué negar este hecho. Los que se niegan a aprender de otros no son sino necios. Pueden aprender de otro todo lo que ayude a promover su avance espiritual. Asimilen de ellos todo lo que puedan de acuerdo con los lineamientos para su propio progreso establecidos en la senda moral. Deben vivir como ustedes mismos y no como otros. No permitan que nadie los aparte de su naturaleza innata. Manténganse inmersos en su Dios según ustedes mismos lo imaginen y lo sientan, en la dicha que brota de su propio corazón y en el solaz que obtienen de su práctica espiritual. Si hubiera alguien que tratara de desviarlos, sean cuales fueren los planes que tramaran o las argucias que emplearan, ¡resistan! No se nieguen a sí mismos esa conciencia divina ni ese éxtasis supremo. Echen abajo las barreras que se interpongan en el camino y que impiden el libre fluir de tanta dulzura y tanta fuerza. Limpien los canales por los que fluyen y ábranlos. Así podrán seguir su curso libremente. Es la voluntad de Sai que se lleve a cabo este Sadhana, para vitalizar la vida diaria de cada ser humano. Deben vivir como ustedes mismos.”

Sathya Sai Baba

NOS CONVERTIMOS EN AQUELLO QUE CREEMOS SER


La ignorancia es la base de las falsas interpretaciones y los errores conceptuales.

Hay un punto que debemos entender y al que hemos de adherir con firmeza siempre. Si una creencia no se sostiene de manera inalterable, de día y de noche, no se la podrá utilizar para alcanzar la victoria.

Cuando una persona afirma que es baja y deleznable, y que sus conocimientos se están reduciendo, llegará a volverse baja y deleznable y sus conocimientos se reducirán. Nos convertimos en aquello que creemos ser. Nosotros somos los hijos de Dios Todopoderoso, dotados de poder, gloria y sabiduría supremos. Somos hijos de la inmortalidad. Cuando nos mantenemos en estos pensamientos ¿cómo podríamos alguna vez ser míseros e ignorantes? La real naturaleza del hombre es suprema, debemos estar siempre conscientes de esta verdad.

Nos convertimos en lo que son nuestros pensamientos. Los pensamientos respecto a la validez del mundo objetivo y el valor de los placeres que pueden obtenerse de él, pese a emanar desde el desconocimiento, nos configuran desde dentro. La razón por la cual estamos encerrados en este molde reside en la ausencia de cuatro requisitos: 1) la atención puesta en el logro o progreso espiritual; 2) una fe sin vacilaciones; 3) la devoción y 4) la gracia de Dios. Con uno de ellos que falte el hombre no podrá alcanzar la experiencia de la suprema beatitud del Absoluto.

Los interrogantes de ¿cómo emergió el Cosmos, de dónde se originó? se pueden asimilar a los de la historia de la cuerda que en la penumbra parecía ser una serpiente. ¿Cómo apareció la “serpiente” en la “cuerda” y causó terror? Allí sólo existía la cuerda; la serpiente se le superpuso debido a la penumbra del atardecer, a causa del intelecto defectuoso del observador, vale decir, debido a la ilusión creada por el razonamiento. En otras palabras, la ignorancia es la base de las falsas interpretaciones y los errores conceptuales.

En la penumbra del atardecer, la falsedad se superpone a la Verdad. La serpiente se visualiza en la cuerda tirada en el camino. El engaño de la ilusión afecta a la conciencia y tuerce el intelecto, de modo que los hombres olvidan su naturaleza, que es Bienaventuranza o dicha extática y se imponen a sí mismos las limitaciones de la individualidad. Acogen la creencia de que la felicidad es algo externo a ellos y se encuentra en el mundo físico, y se enredan en la rueda de nacimiento y muerte, en el móvil, cambiante e inquieto mundo.

De hecho, no hemos sido creados, no estamos limitados, ni reducidos, ni atados.

“No soy feliz, no tengo alegría, quiero esto, debo ganar aquello”; ansias de esta clase constituyen al individuo. Esta actitud es lo medular de la ignorancia. De modo que si buscan destruir la ignorancia que separa e idiotiza, debe cambiarse esta actitud y cultivarse la convicción de “Yo soy la encarnación de la felicidad, Yo soy el Uno”. La persona que mantiene la primera de estas actitudes es el ser de conocimiento individualizado y la que mantiene la segunda posee la sabiduría universal.

En verdad, nosotros somos la ignorancia en tanto sintamos que nos encontramos esclavizados. De hecho, no hemos sido creados, no estamos limitados, ni reducidos, ni atados. La arraigada creencia de que “hay un Cosmos que me contiene a mí junto con otros similares buscadores de felicidad; en esa búsqueda encuentro alegría y pesar, y me enfrento al nacer y al morir” constituye la ignorancia fundamental. Nuestra indagación no debería dirigirse hacia lo obvio y lo superficial. Una investigación así nos conducirá únicamente a creer en algo que no es lo real. Nos hará olvidar que es nuestra mente la que ha generado este programa de proporciones cósmicas y nos lo presenta como verdad. Resulta realmente extraño que este inmenso Cosmos dependa, en último término, de que “yo” lo reconozca o no como tal. “¡Si sientes que está allí, estará allí. Si sientes que no está, no estará allí!” Esto significa que debemos ahondar profundamente en este proceso de la mente del hombre. ¿Existe alguna ocasión en la que nuestra afirmación resulte en la existencia de una cosa, y nuestra negación, en su desaparición?

El sentir o el pensar son capaces de crear la serpiente y también de destruirla. La afirmación crea, la negación destruye.

Una indagación por este camino revelaría, sin duda, la verdad. Cuando se ve la cuerda en la oscuridad, ya sea por equivocación o por ignorancia, surge la serpiente y aparece en su lugar, desplazando la verdad de la cuerda. Y, por alguna razón, cuando se sabe la verdad y el observador siente “no es una serpiente, no es más que una cuerda”, la serpiente desaparece, porque no era más que una falsedad. Vemos, entonces, que el sentir o el pensar son capaces de crear la serpiente y también de destruirla. La afirmación crea, la negación destruye. Ambos son procesos mentales que pueden clasificarse como pensamientos.

Aunque existen diversos niveles y grados, todos estos no son más que pensamientos. ¿De dónde emergen? ¿son libres para surgir de manera espontánea? La respuesta para estos interrogantes es: “Nuestro intelecto sigue la huella de nuestras actividades”. Los pensamientos surgen en concordancia con el apego que uno desarrolla y los resultados que uno anticipa respecto a sus acciones.

La educación sin sabiduría, la mera sabiduría carente de discernimiento, la acción sin discreción, la erudición desprovista de perspicacia, el poder no justificado por méritos, las declaraciones no basadas en la verdad, la adoración sin el sustento de la devoción, una persona carente de sentido común y de carácter, un estudiante no dotado de humildad y un discurso que no llega a inspirar, todo ello no sirve a ningún propósito útil.

De todas las formas del saber, el conocimiento de uno mismo es el soberano. Sin lograrlo, uno no puede gozar de paz alguna. Aunque uno pueda llegar a tener renombre y lograr reconocimiento en el mundo, no llegará a experimentar la felicidad sin el conocimiento de sí mismo. El conocimiento del Atma, el conocimiento de Dios y el conocimiento espiritual son todas expresiones que connotan aquella sabiduría que promueve la plena conciencia de la realidad. El conocimiento de uno mismo representa aquel aspecto que, al ser adquirido, hace que se sepa todo lo demás.

El saber profundo sobre el mundo circundante no nos puede dar una paz perdurable y absoluta; sólo el conocimiento de uno mismo puede ayudarnos a cruzar el mar del sufrimiento, de modo que todos deberían empeñarse en lograr este “Conócete a ti mismo”.

El sol de la sabiduría alborea dentro de un corazón puro. Y el nacimiento de esta sabiduría eleva al hombre al estado de Dios.

Bhagavan Sri Sathya Sai Baba