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CARÁCTER

MENSAJE DEL DÍA 22 DE NOVIEMBRE DE 2009

OM SRI SAI RAM

El fin de la sabiduría es la libertad. El fin de la cultura es la perfección. El fin del conocimiento es el amor. El fin de la educación es el carácter. Todos tenemos el deseo de adquirir estas cuatro cualidades, es decir sabiduría, cultura, conocimiento y educacion, y alcanzar sus fines, o sea libertad, perfección, amor y carácter. Pero los estudiantes se deben dar cuenta de que si estas cualidades no son bien utilizadas, ellos no pueden ser llamados estudiantes. Como estudiantes y futuros ciudadanos de este país, ustedes tienen la responsabilidad de formar el futuro de este país. Pongan sus corazones en el recto camino, escuchando atentamente a las personas de eminencia y experiencia.

SRI SATHYA SAI BABA

Traducción de la pizarra de Prashanti Nilayam

EL BUSCADOR

PENSAMIENTO DEL DIA – 16 DE OCTUBRE 2009

El peregrino habrá de atravesar e ir más allá de los vastos eriales de los deseos mundanos, superar las tupidas y fangosas espesuras de la ira y el odio y salvar los riscos del ego y la malevolencia para que pueda llegar a relajarse en las verdes y lozanas praderas de la armonía y el amor. Habiendo llegado a convertirse en amo de sus enemigos internos, debe descansar en el silencio de su propio corazón, una vez acalladas todas las inquietudes de su ámbito interior. Cuando el buscador se establece así en la serena calma de su más profunda conciencia, se encenderá por sí misma la llama de la sabiduría. En ese momento, el buscador se da cuenta que es uno con el Universo, que él es el Indivisible Brahman.

Sathya Sai Baba

Traducido de la pizarra de Prasanthi Nilayam.

SABIDURÍA

PENSAMIENTO DEL DIA – 15 DE OCTUBRE 2009

El Jnana (conocimiento) no significa el mero relacionarse con libros. No es tampoco saber mundano. Únicamente la persona que haya reconocido que lo individual no es distinto de lo universal es un real Jnani (hombre de sabiduría). La verdadera sabiduría consiste en la percepción de la unidad del individuo con el Samasthi (conjunto colectivo). ¿Cómo podría un hombre que no es consciente de su calidad de humano reconocer la Divinidad dentro de sí mismo? Por ende, el primer requisito será el reconocimiento por cada cual de su esencia humana.

Sathya Sai Baba

Traducido de la pizarra de Prasanthi Nilayam.

SI HUBIERA TENIDO UN POCO MÁS DE TIEMPO

Con algunos ahorros, un hombre de un pueblo de la India compró un burro joven. La persona que se lo vendió le previno de la cantidad de comida que tenía que procurarle todos los días.

Pero el nuevo propietario pensó que tal cantidad era excesiva y comenzó a restar comida día a día al pollino.

Hasta tal punto disminuyó la ración de alimento al asno que, un día, el pobre animal amaneció muerto. Entonces el hombre comenzó a gimotear y a lamentarse así:

–¡Qué desgracia! ¡Vaya fatalidad! Si me hubiera dado un poco más de tiempo antes de morirse, yo hubiera logrado que se acostumbrase a no comer nada en absoluto.

*El Maestro dice: Como este hombre son algunos negligentes y “avaros” buscadores espirituales: quieren conquistar la Sabiduría sin ningún ejercitamiento espiritual.

EL BARQUERO INCULTO

Se trataba de un joven erudito, arrogante y engreído. Para cruzar un caudaloso río de una a otra orilla tomó una barca. Silente y sumiso, el barquero comenzó a remar con diligencia. De repente, una bandada de aves surcó el cielo y el joven preguntó al barquero:

–Buen hombre, ¿has estudiado la vida de las aves?

–No, señor -repuso el barquero.

–Entonces, amigo, has perdido la cuarta parte de tu vida.

Pasados unos minutos, la barca se deslizó junto a unas exóticas plantas que flotaban en las aguas del río. El joven preguntó al barquero:

–Dime, barquero, ¿has estudiado botánica?

–No, señor, no sé nada de plantas.

–Pues debo decirte que has perdido la mitad de tu vida -comentó el petulante joven.

El barquero seguía remando pacientemente. El sol del mediodía se reflejaba luminosamente sobre las aguas del río. Entonces el joven preguntó:

–Sin duda, barquero, llevas muchos años deslizándote por las aguas.

?Sabes, por cierto, algo de la naturaleza del agua?

–No, señor, nada sé al respecto.

No sé nada de estas aguas ni de otras.

–¡Oh, amigo! -exclamó el joven-.

De verdad que has perdido las tres cuartas partes de tu vida.

Súbitamente, la barca comenzó a hacer agua. No había forma de achicar tanta agua y la barca comenzó a hundirse. El barquero preguntó al joven:

–Señor, ¿sabes nadar?

–No -repuso el joven.

–Pues me temo, señor, que has perdido toda tu vida.

*El Maestro dice: No es a través del intelecto como se alcanza el Ser: el pensamiento no puede comprender al pensador y el conocimiento erudito no tiene nada que ver con la Sabiduría*.

SIGUE ADELANTE!!!

Un leñador estaba en el bosque talando árboles para aprovechar su madera, aunque ésta no era de óptima calidad. Entonces vino hacia él un anacoreta y le dijo:

–Buen hombre, sigue adelante.

Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a despejar la bruma matutina, el leñador se disponía para emprender la dura labor de la jornada. Recordó el consejo que el día anterior le había dado el anacoreta y decidió penetrar más en el bosque. Descubrió entonces un macizo de árboles espléndidos de madera de sándalo. Esta madera es la más valiosa de todas, destacando por su especial aroma.

Transcurrieron algunos días. El leñador volvió a recordar la sugerencia del anacoreta y determinó penetrar aún más en el bosque. Así pudo encontrar una mina de plata. Este fabuloso descubrimiento le hizo muy rico en pocos meses. Pero el que fuera leñador seguía manteniendo muy vivas las palabras del anacoreta: “Sigue adelante”, por lo que un día todavía se introdujo más en el bosque. Fue de este modo como halló ahora una mina de oro y se hizo un hombre excepcionalmente rico.

*El Maestro dice: “Sigue adelante”, hacia tu interior hacia la fuente de tu Sabiduría. ¿Puede haber mayor riqueza que ésta?*

SABIDURÍA

Cuentan que un hombre llegó a la conclusión de que vivía muy condicionado tanto por los halagos y aceptación de los demás, como por sus críticas o rechazo.

Dispuesto a afrontar la situación, visitó a un sabio. Éste, oída la situación, le dijo:

“Vas a hacer, sin formular preguntas, exactamente lo que te ordene. Ahora mismo irás al cementerio y pasarás varias horas vertiendo halagos a los muertos; después vuelve”.

El hombre obedeció y se fue al cementerio donde llevó a cabo lo ordenado. Cuando regresó, el sabio le pregunto:

“¿Qué te han contestado los muertos?”

“Nada, señor; ¿cómo van a responder si están muertos?”

“Pues ahora regresarás al cementerio de nuevo e insultarás gravemente a los muertos durante horas”.

Cumplida la orden, volvió ante el sabio, que lo interrogó:

“¿Qué te han contestado los muertos ahora?”

“Tampoco han contestado en esta ocasión, ¿cómo podrían hacerlo?, ¡están muertos!

“Como esos muertos has de ser tú. Si no hay nadie que reciba los halagos o los insultos, ¿cómo podrían éstos afectarte?”