Arjuna dijo a Krishna en una ocasión: “Cumpliré con tus mandatos. “Me guiaré por lo que tú digas”. Fue entonces cuando el Señor le dio a Arjuna la promesa: “Centra tus pensamientos en mí, sé mi devoto, adórame siempre y yo te aseguro que me alcanzarás”.

Sigan los ideales

En estos días hay muchos que creen ser devotos, pero no se comportan como verdaderos devotos. Lo que se debe hacer es transformar en acción lo que uno dice, sólo así es uno apto para ganarse la gracia del Señor. No es de ningún beneficio ofrecer adoración a Dios como Dios. Uno debe entender los ideales que Dios en su forma humana ha establecido para la humanidad y vivir de acuerdo con ellos. Los valores humanos deben fortalecerse. La mera forma humana sin cualidades humanas no tiene valor. Sólo practicando los valores humanos, puede un individuo volverse un verdadero humano.

El hombre deriva su nombre de la posesión de una mente. La mente es un manojo de buenos y malos pensamientos. Cuando el hombre llena su mente con pensamientos buenos y puros, se vuelve puro y lleva una vida pura. La moralidad se basa en la buena conducta. Las actividades sagradas, puras y beneficiosas constituyen la conducta correcta, y es tal conducta la que hace florecer la excelencia humana.

El hombre debe antes que nada desarrollar su fe en Dios y, sobre la base de esa fe, debe luchar para vivir según los ideales que Dios, en su forma humana, nos ha dado tanto en forma de preceptos como por el ejemplo.

En la actualidad, a pesar de los enormes progresos hechos en ciencia y en tecnología, el hombre sufre por falta de paz y de seguridad. La verdadera paz sólo puede obtenerse por medios espirituales. No hay otro modo de alcanzarla.

Viviendo en sociedad, tienen que entender la interacción entre el individuo y la sociedad. Es un continuo proceso de dar y recibir. El individuo contribuye con la sociedad y obtiene beneficios de ella. Esta interacción se puede entender por medio de un episodio de la vida de Einstein, el gran científico.

El ejemplo de Einstein

En el condado donde vivía Einstein vivía una joven que andaba mal en matemáticas y que había reprobado varias veces la materia. Una amiga le sugirió que fuera a ver al profesor Einstein, el gran matemático, que él la ayudaría a entender bien la materia. La muchacha se acercó a Einstein y él de muy buena gana aceptó darle clases todos los días. La muchacha se sintió muy agradecida y llena de confianza por la atención de Einstein. La madre de la chica, que había observado que ésta iba diariamente a la clase, sentía que la chica estaba haciendo perder el tiempo a Einstein al pedirle que le enseñara matemáticas elementales. Un día, la madre de la chica fue a casa de Einstein y se disculpó con él, porque su hija le estaba quitando su valioso tiempo. Einstein le dijo: “No piense que yo sólo estoy enseñando matemáticas a su hija; yo estoy aprendiendo muchas cosas de ella al mismo tiempo que le doy clases”. Einstein estaba consciente de que muchas personas que sobresalen en una materia pueden tener falta de conocimiento de las cosas cotidianas o de sentido común. Aunque él era un gran científico, no desdeñaba el aprender algunas cosas de una chica de escuela. Esta disposición para aprender de cualquier persona o de cualquier fuente es la verdadera señal de grandeza.

Einstein daba mucha importancia a las compañías que uno tiene. Decía: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Si ustedes se asocian con gente buena, se vuelven buenos; si andan con personas malvadas, se vuelven malos.

La vida humana es un gran regalo de Dios. Debe ser valorada como tal y vivirse con propósitos sagrados.

Sai Baba