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LIMPIEZA INTERIOR

Mensaje de la Pizarra de Prashanti Nilayam
28/02/2010

OM SRI SAI RAM

La comida que queda sin ser consumida por mucho tiempo se pone rancia y emite mal olor. De la misma manera, cuando nuestras culpas no son corregidas tienen un impacto negativo sobre nuestras propias vidas. Debemos persistir en el proceso de limpieza interior, ya sea mediante nuestros propios esfuerzos o prestando atención al consejo de aquellas almas en simpatía con la nuestra, que han tenido éxito en limpiarse a sí mismas. Si no lo hacemos, tal como el plato de comida que se deja de lado demasiado tiempo, nuestra vida comenzará a degenerar.

 
Food when left unconsumed for long becomes stale and emits foul smell. So too, when our faults are not corrected, they will have a negative impact on our own lives. We must persist in the internal cleansing process, either by our own efforts or by heeding to the advice of those sympathetic souls who have succeeded in cleansing themselves. If we do not do it, like the plate of cooked food left aside too long, our life will begin to degenerate.

 

 

safe_image— BABA

EL BUSCADOR

PENSAMIENTO DEL DIA – 16 DE OCTUBRE 2009

El peregrino habrá de atravesar e ir más allá de los vastos eriales de los deseos mundanos, superar las tupidas y fangosas espesuras de la ira y el odio y salvar los riscos del ego y la malevolencia para que pueda llegar a relajarse en las verdes y lozanas praderas de la armonía y el amor. Habiendo llegado a convertirse en amo de sus enemigos internos, debe descansar en el silencio de su propio corazón, una vez acalladas todas las inquietudes de su ámbito interior. Cuando el buscador se establece así en la serena calma de su más profunda conciencia, se encenderá por sí misma la llama de la sabiduría. En ese momento, el buscador se da cuenta que es uno con el Universo, que él es el Indivisible Brahman.

Sathya Sai Baba

Traducido de la pizarra de Prasanthi Nilayam.

SIGUE ADELANTE!!!

Un leñador estaba en el bosque talando árboles para aprovechar su madera, aunque ésta no era de óptima calidad. Entonces vino hacia él un anacoreta y le dijo:

–Buen hombre, sigue adelante.

Al día siguiente, cuando el sol comenzaba a despejar la bruma matutina, el leñador se disponía para emprender la dura labor de la jornada. Recordó el consejo que el día anterior le había dado el anacoreta y decidió penetrar más en el bosque. Descubrió entonces un macizo de árboles espléndidos de madera de sándalo. Esta madera es la más valiosa de todas, destacando por su especial aroma.

Transcurrieron algunos días. El leñador volvió a recordar la sugerencia del anacoreta y determinó penetrar aún más en el bosque. Así pudo encontrar una mina de plata. Este fabuloso descubrimiento le hizo muy rico en pocos meses. Pero el que fuera leñador seguía manteniendo muy vivas las palabras del anacoreta: “Sigue adelante”, por lo que un día todavía se introdujo más en el bosque. Fue de este modo como halló ahora una mina de oro y se hizo un hombre excepcionalmente rico.

*El Maestro dice: “Sigue adelante”, hacia tu interior hacia la fuente de tu Sabiduría. ¿Puede haber mayor riqueza que ésta?*

VIVIR EN ARMONÍA

La armonía es la combinación exacta de varios elementos que integran una unidad. La primera armonía es de cada uno consigo mismo, el alineamiento coherente de pensamiento, palabra y acción en su forma interna. Luego, armonía es comprensión con el grupo familiar, donde cada integrante, desde la benevolencia, aporta su amor para la unidad y para proyectos comunes. La armonía está dada también en la unión fraternal de los vecinos que comparten un mismo lugar geográfico. Siguiendo esta progresión, podemos extender el ámbito de la armonía al universo.

La armonía comienza desde lo interno. Jamás puede haber armonía en un grupo humano si quienes lo integran no la han logrado antes. Esta armonía significa simplemente pensar sólo lo bueno, decir sólo lo bueno y hacer sólo lo bueno.

¿Y qué es lo bueno? Lo bueno es la manifestación pura del espíritu, lo divino que hay en todos y cada uno. Por ser divina, nuestra naturaleza es pura y, por lo tanto, buena.

Los pensamientos son estimulados desde los sentidos, pero generados por la mente en forma continua y permanente, entremezclándose buenos, malos y regulares, influyéndose por emociones, ansiedades, por otros pensamientos, tristes, esperanzados, amorosos, egoístas, temerosos… Ante esa variedad inmensa de pensamientos, los sentidos nos van sumiendo, en forma alternada, en estados de alegría, tristeza, esperanza, desesperanza…

Cuando expresamos pensamientos negativos, podemos producir escándalo y hacer que nos marginen. A veces, por eso, no somos coherentes con las palabras y no decimos lo que pensamos. Decimos aquello que más nos conviene.

Cuando nuestro ego es atacado, atacamos. Cuando nos adulan, hablamos dulcemente y actuamos en función de parámetros que la sociedad marca como normales, o enmarcados dentro de las leyes. Fijamos así una línea: más allá de ella reinaría la ilegalidad.

Ante tan enorme discrepancia entre pensamiento, palabra y acción, la armonía interna se nos aleja cada vez más. Primero de nosotros, luego de nuestra familia, de nuestro barrio… Progresivamente, la armonía se aleja así cada vez más del mundo.

Busquemos la armonía en nosotros mismos. Somos merecedores de vivir en ella. Además de darnos la oportunidad de vivir, el Señor nos ha dado también la de vivir en armonía. Limpiemos progresivamente las cizañas que crecen en el terreno del amor para que en él se abran las maravillosas flores de la comprensión, la solidaridad…

Nuestra mente puede ser un hermoso vergel que sólo da cabida a pensamientos amorosos que perfuman nuestra vida. Reguémoslo con el agua de la constancia, enriquezcámoslo con el abono de meditaciones, pensamientos elevados y prácticas espirituales. Cuando ese vergel, ya florecido, se proyecte con fuerza hacia el exterior a través de palabras amorosas y comprensivas y de acciones puras y solidarias, la armonía reinará en cada uno de nosotros y generaremos una poderosa fuerza hacia nuestros hermanos. Al percibirla, ellos intentarán emularnos y harán florecer en si mismos el maravilloso vergel que genera la Divinidad.

No permitamos que los hechos externos ni las conductas de los demás alteren nuestra armonía. Recordemos que somos manifestaciones divinas, puras y bellas. Ahí comenzará una felicidad capaz de proyectarnos definitivamente a la bienaventuranza.

Vivamos en armonía. El Señor se encargará de utilizarnos como maravillosos instrumentos al servicio de la humanidad