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FELICIDAD

MENSAJE DEL DIA 22 de Diciembre de 2009


Mensaje de la Pizarra de Prashanti Nilayam

OM SRI SAI RAM
El ser humano jamás logrará la felicidad dando rienda suelta a los sentidos. El hombre permite que sus acciones sean guiadas por la mente — un simple manojo de pensamientos y deseos — en lugar del intelecto, que puede discernir, indagar y analizar. Mientras la mente sigue ciegamente cada capricho y fantasía, el intelecto ayuda al ser humano a identificar su deber y responsabilidad. Dos cosas son esenciales para una vida feliz: Dhaanya y Dhyana — Dhaanya, o granos, para el sustento del cuerpo; y Dhyana, o contemplación en el Señor, para fundirse en Su gloria.

SRI SATHYA SAI BABA

FELICIDAD

MENSAJE DEL DIA 03 de Diciembre de 2009


Mensaje de la Pizarra de Prashanti Nilayam

OM SRI SAI RAM
El ser humano tiene que entender que él mismo es la causa de su propia felicidad o tristeza, y que todo lo que busca o ama no es por ello en sí, sino por él mismo. Por lo tanto, a través de una profunda indagación tiene que entender su propia naturaleza. Dándose cuenta de la naturaleza efímera de todos los objetos mundanos, el hombre debe reconocer que la felicidad perdurable sólo puede lograrse desarrollando amor por Dios. No condeno la felicidad mundana. Me alegro cuando la gente es feliz. Pero por favor, no crean que esa felicidad es permanente.

SRI SATHYA SAI BABA

BIENAVENTURANZA

-PENSAMIENTO DEL DIA – 16 DE NOVIEMBRE 2009

Únicamente siguiendo la senda del amor pueden experimentar ventura. Así como el mero enunciado de los platos de un menu no puede calmarles el hambre, tampoco, a menos que digan palabras dulces y lleven a cabo acciones sagradas, podrán disfrutar de la dulzura de la vida ni ser felices. Todos ustedes son hijos de la inmortalidad y encarnaciones de la bienaventuranza. Se debe a que han emergido de la ventura el que busquen retornar a ese Origen, la dicha. Al igual que el pez nacido en el agua no puede vivir fuera de ella, también el hombre ansía la felicidad, en dondequiera que esté y en lo que sea que haga. El hombre está inquieto hasta que no retorna a la dicha de la cual ha emergido. La verdadera bienaventuranza no se encuentra en este mundo. Mantengan su mente siempre en Dios – sólo entonces tendrán paz y felicidad.

Sathya Sai Baba

Traducido de la pizarra de Prasanthi Nilyam.

PENSAMIENTOS: “La Felicidad es unión con dios”

Los pájaros, las bestias y otras criaturas están interesadas en disfrutar las cosas externas. Tan sólo el hombre está dotado de la capacidad para discriminar entre lo transitorio y lo permanente, y para buscar lo que es perdurable, controlando sus sentidos, renunciando al apego al cuerpo perecedero y a los objetos efímeros del mundo fenoménico. Es la conciencia dentro del cuerpo físico la que le permite al hombre gozar de los placeres derivados de los objetos que experimenta a través de los sentidos. Una vez que se haya realizado esta verdad, se hará evidente la naturaleza divina de la conciencia. Entonces, cada acción podrá ser considerada como una ofrenda a lo Divino. Entonces, el trabajo será transformado en adoración.

PENSAMIENTOS: “Felicidad”


En el pasado, los reyes adquirían riquezas y propiedades. ¿Podían retenerlas para siempre? La riqueza no es permanente. Jamás podrá redimir al hombre. La riqueza no otorga nunca una felicidad permanente. La riqueza espiritual es la verdadera riqueza. El hombre no es capaz de gozar de una genuina felicidad debido a su codicia por el dinero. Y, sin embargo, sigue deseando con vehemencia el dinero. Es indudable que el dinero es necesario, mas debería serlo dentro de ciertos límites.

La felicidad se manifiesta no cuando se satisfacen los deseos,

sino cuando son controlados. “Sai Baba”

LA FELICIDAD

Se reunieron todos los dioses y decidieron crear al hombre y la mujer; planearon hacerlo a su imagen y semejanza, entonces uno de ellos dijo: Esperen, si los vamos a hacer a nuestra imagen y semejanza, van a tener un cuerpo igual al nuestro, fuerza e inteligencia igual a la nuestra, debemos pensar en algo que los diferencie de nosotros, de no ser así, estaríamos creando nuevos dioses compañeros!.
Debemos quitarles algo, pero, qué?.
Después de mucho pensar uno de ellos dijo: !Ya sé!, vamos a quitarles la felicidad, pero el problema va a ser dónde esconderla para que no la encuentren jamás.
Propuso el primero: Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo; a lo que inmediatamente repuso otro: No, recuerda que les dimos fuerza, alguna vez alguien subirá, y la encontrará, y si la encuentra uno, ya todos sabrán donde está.
Luego propuso otro: Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar, y otro contestó: No, recuerda que les dimos inteligencia, alguna vez alguien construirá un tunel por el que pueda entrar y bajar, y entonces la encontrará.
Uno mas dijo: Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra, y le dijeron: ¡No!, recuerda que les dimos inteligencia, y un día alguien construirá una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la descubrirá, y entonces todos tendrán felicidad y serán iguales a nosotros.
El último de ellos, era un dios que había permanecido en silencio escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás dioses, analizó en silencio cada una de ellas y entonces rompió el silencio y dijo: Creo saber donde ponerla para que realmente nunca la encuentren, todos voltearon asombrados y preguntaron al unísono: Dónde?
La esconderemos dentro de ellos mismos, estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.
Todos estuvieron de acuerdo, y desde entonces ha sido así, el hombre se pasa la vida buscando la felicidad sin saber que la trae consigo.

LOS MAESTROS

Esto es lo que los rishis (sabios) de la antigua India enfatizaron de manera constante: “Vivan juntos, respétense; no dejen que las semillas de envidia y odio crezcan y ahoguen la clara corriente de amor”; ésa es la plegaria que han enseñado a los niños de su tierra.

Su enseñanza ha sido la de la unidad, la divinidad, la caridad, en pensamiento, palabra y obra desde el primer aliento hasta el último. Si los maestros transmiten esta herencia sin cambiarla ni disminuirla a los hijos de su tierra, su futuro como país glorioso estará asegurado.

Los maestros no deben sacar excusas, basadas en consideraciones materiales, para eludir o evitar su tarea esencialmente espiritual de educación. Deben soportar las pruebas y tribulaciones con tranquilo contento y hacer su trabajo aún más eficientemente, para que Dios los recompense y la sociedad aprenda a reverenciarlos más todavía por su sacrificio.

El mundo honra al hombre que soporta las penas con alegría mucho más que a aquel que disfruta desvergonzadamente.

En esencia, los años de vida no son sino un corto espacio de tiempo, un descanso en una posada del camino, un drama escenificado en un escenario improvisado, una burbuja en las aguas. Durante esta hora fugaz, les ha sido dado a unos pocos compartir esta dorada oportunidad de impartir instrucción, de inspirar devoción e instilar valor en el niño en crecimiento. Es necesario que hagan su trabajo bien como una adoración, como una ofrenda a Dios, y serán ampliamente recompensados con alegría, paz y descanso.

Hoy en día los maestros no están conscientes de la nobleza de su profesión, y la sociedad se ha vuelto ingrata. Los niños y jóvenes toman como dioses y guías a las estrellas de la pantalla; aprenden profunda y peligrosamente de las películas, de las historietas de horror, de los libros de crímenes. No se les implanta desde temprano en la vida ningún sentido de los valores; son arrastrados por el torrente de trivialidad. El maestro es impotente testigo de esta tragedia, pues no tiene fortaleza ni resistencia que impartir, ningún ideal que implantar, ningún entusiasmo que transmitir. Si sólo el maestro estuviera imbuido de las lecciones de los libros sagrados, podría, por medio del precepto y del ejemplo, conducir a los niños por el camino de la paz y la felicidad.

Claro está que el hombre y la sociedad deben complementar sus esfuerzos y nutrir las impresiones que él es capaz de comunicar. El maestro debe trabajar en una atmósfera de amor y verdad, no de odio y falsedad. Él debe andar entre los niños feliz y contento, no enojado y serio; sólo entonces es que puede irradiar amor.

Ninguna cantidad de consejos y de exhortaciones puede hacer que el maestro se eleve al estado pleno de su profesión. Él mismo debe mejorarse; no puede ser mejorado por presiones o persuasiones externas. Ellos pueden haber asumido esta profesión por varias razones, pero no son relevantes ahora. Una vez que se han unido a esta gran asociación de maestros, deben esforzarse por justificar la confianza puesta en ellos y servir a los mejores intereses de los niños confiados a su cuidado por padres que esperan lo mejor de ellos.

Sólo necesitan seguir las huellas de los grandes maestros del pasado que transmitieron su riqueza espiritual a las generaciones siguientes. Ellos fueron estudiantes hace algunos años y, naturalmente, como maestros tratan de conformar sus métodos y maneras de acuerdo con los lineamientos empleados por sus maestros. Quizá se aproximen a los ideales de que hablé ahora, o quizá no, pero su deber es morar en la realidad interna y descubrir la fuente de alegría que está allí para que la exigente tarea de moldear a los niños en hijos dignos de Dios, sea para ellos un trabajo de recreación altamente grato y recompensador.

Su carácter es la mejor herramienta para la profesión que han escogido; su conocimiento es sin duda valioso, y se puede disculpar si no es totalmente perfecto, pero el carácter debe ser ciento por ciento perfecto.

EL ARBOL DE LOS DESEOS

Un viajero iba en su ruta; después de una cierta distancia estaba cansado a causa del calor del verano. A un lado del camino había un gran árbol, y se sentó junto a él para descansar bajo su sombra. Cuando descansaba en esa fresca sombra, se puso muy contento. Entonces se dijo a sí mismo:

“Pude encontrar un lugar muy fresco, ¡qué afortunado sería si pudiera tener un vaso de agua fresca aquí también!”. Instantáneamente apareció un jarrón con agua. Después de tomar el agua, pensó: “Ahora ya sacié mi sed, pero cuán feliz sería si hubiera una buena cama aquí, pues este suelo es muy duro y áspero”. De inmediato apareció una suave cama. Entonces pensó: “Ni en mi casa tengo una almohada ni una cama así. Si mi esposa estuviera aquí y viera esto, ¡qué feliz sería!”. Instantáneamente también apareció su esposa. El la vio y pensó: “¿Es ella mi esposa o un demonio? ¿Irá a comerme?”. Apenas hubo dicho esto, cuando ella se lo comió. El árbol bajo el cual estaba sentado era el árbol que cumple todos los deseos. Cuando el viajero se sentó bajo ese árbol, cualquier cosa buena que pensó, la obtuvo de inmediato. Pero cuando pensó en cosas malas, también éstas llegaron a él. Este mundo es una parte del mundo de los deseos. Están sentados bajo su sombra. Si piensan mal, el mal les sucederá y, si piensan bien, el bien llegará a ustedes. Por lo tanto, cuando sus pensamientos, sus sentimientos y sus acciones son puros, el árbol de los deseos del mundo les dará las cosas buenas que desean. Tanto el bien como el mal vienen solamente de sus corazones, nunca vienen del exterior. Es por eso que desde el comienzo deben tener sus corazones tan puros como sea posible.

Sai Baba.

VIVIR EN ARMONÍA

La armonía es la combinación exacta de varios elementos que integran una unidad. La primera armonía es de cada uno consigo mismo, el alineamiento coherente de pensamiento, palabra y acción en su forma interna. Luego, armonía es comprensión con el grupo familiar, donde cada integrante, desde la benevolencia, aporta su amor para la unidad y para proyectos comunes. La armonía está dada también en la unión fraternal de los vecinos que comparten un mismo lugar geográfico. Siguiendo esta progresión, podemos extender el ámbito de la armonía al universo.

La armonía comienza desde lo interno. Jamás puede haber armonía en un grupo humano si quienes lo integran no la han logrado antes. Esta armonía significa simplemente pensar sólo lo bueno, decir sólo lo bueno y hacer sólo lo bueno.

¿Y qué es lo bueno? Lo bueno es la manifestación pura del espíritu, lo divino que hay en todos y cada uno. Por ser divina, nuestra naturaleza es pura y, por lo tanto, buena.

Los pensamientos son estimulados desde los sentidos, pero generados por la mente en forma continua y permanente, entremezclándose buenos, malos y regulares, influyéndose por emociones, ansiedades, por otros pensamientos, tristes, esperanzados, amorosos, egoístas, temerosos… Ante esa variedad inmensa de pensamientos, los sentidos nos van sumiendo, en forma alternada, en estados de alegría, tristeza, esperanza, desesperanza…

Cuando expresamos pensamientos negativos, podemos producir escándalo y hacer que nos marginen. A veces, por eso, no somos coherentes con las palabras y no decimos lo que pensamos. Decimos aquello que más nos conviene.

Cuando nuestro ego es atacado, atacamos. Cuando nos adulan, hablamos dulcemente y actuamos en función de parámetros que la sociedad marca como normales, o enmarcados dentro de las leyes. Fijamos así una línea: más allá de ella reinaría la ilegalidad.

Ante tan enorme discrepancia entre pensamiento, palabra y acción, la armonía interna se nos aleja cada vez más. Primero de nosotros, luego de nuestra familia, de nuestro barrio… Progresivamente, la armonía se aleja así cada vez más del mundo.

Busquemos la armonía en nosotros mismos. Somos merecedores de vivir en ella. Además de darnos la oportunidad de vivir, el Señor nos ha dado también la de vivir en armonía. Limpiemos progresivamente las cizañas que crecen en el terreno del amor para que en él se abran las maravillosas flores de la comprensión, la solidaridad…

Nuestra mente puede ser un hermoso vergel que sólo da cabida a pensamientos amorosos que perfuman nuestra vida. Reguémoslo con el agua de la constancia, enriquezcámoslo con el abono de meditaciones, pensamientos elevados y prácticas espirituales. Cuando ese vergel, ya florecido, se proyecte con fuerza hacia el exterior a través de palabras amorosas y comprensivas y de acciones puras y solidarias, la armonía reinará en cada uno de nosotros y generaremos una poderosa fuerza hacia nuestros hermanos. Al percibirla, ellos intentarán emularnos y harán florecer en si mismos el maravilloso vergel que genera la Divinidad.

No permitamos que los hechos externos ni las conductas de los demás alteren nuestra armonía. Recordemos que somos manifestaciones divinas, puras y bellas. Ahí comenzará una felicidad capaz de proyectarnos definitivamente a la bienaventuranza.

Vivamos en armonía. El Señor se encargará de utilizarnos como maravillosos instrumentos al servicio de la humanidad

LA OPCION DE LA FELICIDAD

“¡OH señor!, cuando la felicidad que nos invada sea producto de los objetivos de éste mundo, haz que nos olvidemos de esos objetivos irreales y muéstranos el camino hacia la felicidad perenne”.

Si somos tan sagaces, ¿por que no somos felices?. Por que aún no hemos fabricado la visión que apoye una realidad tan maravillosa. “La felicidad se elige”.

En la actualidad encontramos todo tipo de comodidades y atavíos para deleitar cada uno de nuestros antojos. Nuestra consciente inventiva no tiene límites, sin embargo, la visión interna que nos impulsa parece ser muy anticuada. Vivimos con una turbación diaria mientras canalizamos nuestros temores a través de las enfermedades, las drogas, el alcohol, el suicidio, las violaciones y el asesinato. Todo cambió; no obstante, nada es diferente, sólo hacemos mejor la guerra y nos hemos vuelto mas sofisticados en el arte de embotar los sentidos ante lo que no deseamos ver.

“¿Que quiere decir felicidad?”. Algunos llaman felicidad a un sentimiento de satisfacción, comodidad, realización y paz interior. Otros se refieren a la alegría, el entusiasmo o la comunión. La sensación de felicidad puede ser única para cada uno de nosotros; sin embargo, sabemos cuando la alcanzamos. Podemos observar ciertas características habituales por ejemplo, no juzgamos. La felicidad nos acerca en vez de apartarnos, pero, por encima de todo, la felicidad convierte al amor en algo tangible.

La desdicha nos dispersa, disminuye el vigor, desgasta las energías y nos hace llevar a cabo una interminable variedad de actos contraproducentes. La guerra, el terrorismo, las violaciones, la adicción a las drogas, el abuso de los niños y las úlceras de estómago son un fiel testimonio de la desdicha.

Ninguna otra energía puede tener mayor impacto sobre el planeta que la alegría y el bienestar que emanan de una persona verdaderamente feliz y afectuosa. Cuando tomamos el compromiso de crear un nuevo mundo en paz, por dentro y por fuera, la información se vuelve irrelevante. Pero tenemos que comenzar por algún lugar…con alguien, ¿por qué no contigo, conmigo, y con todo aquel que decida buscar la felicidad con fuerza y pasión?.

Podemos facilitar la búsqueda de la felicidad y tener acceso a atajos al tomar decisiones sencillas e implementarlas como una práctica diaria. Tales decisiones favorecen nuestra actitud en cada situación… cada día de nuestra vida. ¡No es un proceso mágico!, al dejar de idolatrar a la felicidad y al amor, los convertimos en opciones alcanzables.

Podemos empezar por reconocer que ya tenemos práctica en crear felicidad personal. Lo hacemos todo el tiempo con pequeños y significativos detalles. Lo llamamos “la felicidad a través de la música, la lectura de un buen libro, el visitar a alguien a quien queremos”. Nos otorgamos a nosotros mismos esa sensación de felicidad. Sin embargo, lo que generamos y sentimos no tiene nada que ver de forma directa con el estímulo exterior y si tiene que ver con la opción de la felicidad que provocamos dentro de nosotros. Lo que descubrimos es que podemos acceder a ese mecanismo interno como si fuera una elección o como una decisión completamente autogenerada, sin requerir un apoyo externo como la música, la lectura o el visitar a alguien. Podemos ser felices sin ninguna razón… La felicidad es una razón suficiente en sí misma.

No nacimos desdichados, aprendimos a ser desdichados. Y por añadidura nos convertimos en expertos de la enseñanza y el refuerzo de la desdicha. Salvamos la situación con detalles aparentemente insignificantes, pero perdemos otra vida en beneficio de la desdicha. La desdicha resulta de algunas opiniones y criterios que elegimos y que podemos cambiar.

Si tenemos el poder de hacernos sentir incómodos y furiosos a nosotros mismos, entonces también debemos tener el poder de darnos a nosotros mismos la experiencia del alivio y la paz mental. En vez de ser víctimas emocionales de las circunstancias o de culpar a otras personas por lo que hacemos y sentimos, podemos tomar el mando. Nosotros elegimos nuestro estado mental.

Los pequeños detalles que nos hacen sentir bien no nos proporcionan la felicidad. Nosotros mismos nos otorgamos esa felicidad al provocarla en nuestro interior.

Hemos comprobado que las personas felices, son mucho más afectuosas, solidarias y abiertas consigo mismas y con los demás. Ser feliz podría ser, en verdad, la receta más pertinente para tratar las cosas que nos preocupan a la mayoría de nosotros, en un entorno global, familiar o personal.

Muy a menudo nos esforzamos por cambiar el mundo cambiando a los demás. Nos concentramos en soluciones externas a problemas que pueden parecer tan abrumadores y complejos que cualquier esperanza razonable parece remota. “¿Qué puedo hacer?”, nos preguntamos desesperanzados. “Sólo soy una persona”.

Basta que una persona cambie, se vuelva más feliz, toque a otra en un gesto de amor y de paz, para que el mundo se convierta en un lugar más pacífico. Si cada uno de nosotros se reconoce como una entidad en una red entrelazada de interacciones (como amante, padre, amigo, hijo, hermano, compañero, ciudadano, etc.) entonces nuestra evolución va a causar innumerables ondas, como la piedra que se arroja a un estanque. Nuestra capacidad de cambio nos permite crear una diferencia verdaderamente profunda en el mundo.

Cuando una persona se vuelve más feliz, el cambio de actitud altera la dinámica de cada interacción que esa persona tiene con los demás y por lo tanto hace impacto en una vasta trama de relaciones humanas entrecruzadas. En vez de descartar esa fuente de poder en ti, en mi o en cualquier otro individuo, ¿podemos aprovecharla para crear una diferencia?.

Cuando somos desdichados y contemplamos la felicidad, al mismo tiempo nos inspira deseo y temor. Aunque la mayoría experimentamos la felicidad como un fugaz acontecimiento, vemos con recelo la posibilidad de la felicidad permanente. De alguna manera, en nuestra imaginación, la felicidad continua y una mente aturdida van juntas, irónicamente, es la desdicha, y no la felicidad, la que limita la percepción y nubla la visión. Prescindir de la desdicha es la única y más significativa actividad que podemos emprender en el esfuerzo por agudizar la mente e intensificar la habilidad del pensamiento. Aunque podamos buscar la felicidad por sí misma, también podemos observar que cuando estamos sosegados y cómodos, nuestra claridad aumenta profundamente y nos mantenemos flexibles y valerosos.

“¿Si fuéramos felices todo el tiempo, seríamos blando de carácter?”. Este es otro mito falaz acerca de la felicidad. El término “blando de carácter” describe a alguien a quien le falta iniciativa, energía y convicción; alguien que puede ser fácilmente empujado y presionado por los demás. Una persona así podría reprimirse con temor, obnubilar las sensaciones y vivir la vida sin una visión clara que las guíe. Estas características conforman el retraso de alguien dominado por el malestar. En contraste, la felicidad bulle con una visión optimista y esperanzada del universo. Libres del ancla de la desdicha, las personas más felices actúan con mayor decisión y energía. Incluso el abrazo suave, la sonrisa dulce y la plegaria susurrada pueden tener gran poder. La felicidad es el poder, es la autofacultación.

“¿Si fuéramos felices todo el tiempo, probablemente nunca nos moveríamos?“. A algunas personas les preocupa que la felicidad y el letargo vayan de la mano, como si las personas felices no tuvieran motivaciones para iniciar o participar en emprendimientos humanos. Según ellos, si la copa de la felicidad estuviera colmada, no tendrían ninguna motivación para hacer algo más. Las personas felices no dejan de moverse o de participar. Por el contrario, la felicidad acrecienta la versatilidad y la eficiencia. En vez de luchar contra los miedos y huir del dolor, reconocen con mayor claridad sus deseos y se mueven hacia ellos con facilidad.

“¿Si fuéramos felices todo el tiempo, seríamos insensibles?”. Con frecuencia hemos aprendido a asociar la felicidad con la superficialidad y la insensibilidad. Creemos que la desdicha es un signo de preocupación. Si alguien a quien amamos se siente triste, a menudo intentamos “hacernos cargo”, compartir su tristeza en nosotros para demostrar nuestra camaradería. Entonces lo que tenemos son dos personas tristes. Si alguien que amamos expresa la ira acerca de alguna injusticia, podríamos, de manera similar, exteriorizar ira para demostrar solidaridad. Entonces lo que tenemos son dos personas furiosas. Tal vez, si permanecemos felices podríamos intentar otras maneras de ayudar a alguien a moverse en su pesar. El compadecerse sólo apoya y amplifica la desdicha. De hecho, la felicidad podría ser la herramienta más sensible y útil con la cual ayudar a alguien que amamos en medio de una circunstancia difícil.

Emitir un juicio catastrofista y responder con desdicha puede frustrar los esfuerzos y la actitud de muchas personas que se preocupan en serio. Por el contrario, una repuesta desde la felicidad (sentirse cómodo y libre de juicios) puede resultar una herramienta muy facultativa, útil y compasiva.

La felicidad, tanto como las convicciones y visiones que la apoyan, tiene tanta sustancia como cualquier otra realidad física existente en el universo. El organismo humano no es simplemente un pedazo de carne inanimado al cual da vida el alma. Podemos hacer a un lado la visión antigua del cuerpo separado de la mente y remplazarla con una percepción más válida cuerpo-mente. Aunque se puso de moda ver al organismo humano como una serie de sistemas interrelacionados, recientes revelaciones científicas sugieren una relación cuerpo-mente más comprensivo y poderoso que cualquier otra que se haya concebido con anterioridad. Los pensamientos, y también los sentimientos asociados a ellos, tienen un componente material inmediato que cobra vida en todo el cuerpo y crea una red celular instantánea mucho más intrincada y completa que el duro alambrado del sistema neurológico. El acto de pensar tiene sustancia física y química visible que no están confinadas al cerebro sino que operan en todo el cuerpo. El cerebro no es la única morada del pensamiento, sino todo el cuerpo. Al crear pensamientos o al revisar los antiguos, cambiamos la fisiología del sistema total del cuerpo en un instante. La mente está en todos lados (ley hermética) y puede efectuar cambios drásticos y profundos con solo cambiarla.

Una semilla contiene la promesa de cientos de bosques. Del mismo modo, cada momento de nuestra vida está lleno de múltiples posibilidades que se proyectan en ese espacio-tiempo virtual que llamamos futuro. El que se conviertan o no en realidad depende de múltiples factores: algunos escapan a nuestro control, pero otros dependen muy directamente de nosotros.

Somos el resultado de lo que fuimos y de las ideas que alimentamos acerca de lo que seremos.

El futuro se empieza a construir desde el presente.

Una forma de medir los resultados de una vida es la capacidad de poner los propios valores al servicio de los demás.

La energía sigue al pensamiento. La imaginación se encarga de crear las formas y las corrientes de la vida las materializa.

Lo que ahora nos parece bueno para nuestro futuro, puede que a la larga no lo sea. Cuidado con lo que le pedimos al futuro, por que nos lo puede dar…

No es posible crearse un futuro a la medida, siempre hay factores que escapan al propio control.

Para que siempre suceda lo mejor, permitamos que las cosas ocurran sin tratar de forzarlas en nuestro propio beneficio. Las experiencias más difíciles suelen encerrar provechosas lecciones.

El poder creador está en nosotros, pero no es nuestro. Somos responsables de cómo y para qué lo usamos.

Nada ni nadie en éste mundo puede privarnos ni interferir en nuestra libertad interior. Y en ese espacio íntimo es donde se proyecta el futuro, mediante la elección de los pensamientos y los deseos que, sostenidos en el tiempo, acabarán por convertirse, finalmente, en realidad.

Construir el futuro es una tarea de todos. La realidad se construye desde dentro hacia fuera, y para que el cambio se produzca y se oriente en la mejor dirección para todos, primero debe operarse una transformación en nuestro propio y personal mundo interior.

Una crónica de los argumentos más comunes en torno al proceso de cambio que estamos experimentando globalmente refleja lo siguiente:

“Hay una necesidad compulsiva de ponerle la etiqueta de nuevo a todo”: “nueva era”, “nuevos paradigmas”, “nueva mentalidad “, “nuevas alternativas…” Lo nuevo vende y, quizá por eso, el uso y abuso del término. En realidad todas las grandes verdades están expresadas desde tiempos inmemorables. El valor real de lo “nuevo” radica en la capacidad de transformar lo viejo. Eso es renacer, renovarse, fluir. Si los seres humanos renacemos cíclicamente a lo largo de nuestras vidas, ¿Por qué no impregnamos conscientemente de la idea de renacimiento en cada una de las nuevas etapas que tenemos que afrontar, en lugar de aferrarnos a lo viejo?.

“El concepto clave es transformación”. Y la base de éste proceso es la consciencia. El cambio no puede producirse sin la evolución de la consciencia. -hablamos de evolución y no de revolución por que en lo espiritual las cosas se dan por evolución- Cuando el nivel de consciencia aumenta en un individuo o en una sociedad, se reorganizan todas las partes y el sistema entra en un orden mas elevado, llamado “despertar”. Y quien lo ha vivido, cambia radicalmente su actitud ante la vida e incorpora una nueva y más amplia visión de la realidad. Entra en un orden interno nuevo.

El valor de la solidaridad”. Algo obvio en el plano material, si queremos contribuir a la construcción de un mundo mejor, pero que también tiene su contrapartida en las esferas espirituales. Las antiguas escuelas esotéricas enseñaban que una persona solo puede subir un peldaño de la escala del conocimiento si ayuda a otro a alcanzarlo, y lo hace sin imposiciones, y sin fomentar ninguna relación de dependencia.

“Se necesita una urgente revisión de los patrones de pensamiento y de lenguaje” para que cristalicen en formas positivas de comportamiento. ¿Qué tal si renovamos nuestros viejos esquemas mentales y probamos a ver que sucede cambiando algunos conceptos y llevándolos a la práctica en la vida cotidiana? Probemos de ver que sucede si efectuamos los siguientes cambios:

- Cooperar en vez de competir.

- Aceptar en vez de rechazar.

- Comprender en vez de juzgar.

- Respetar en vez de agredir.

Creamos lo que creamos de nosotros mismo y de nuestras limitaciones, y por mucho tiempo que hayamos sostenido estas ideas, no importa. Ya es tiempo de renovarlas. Y recordemos que nosotros somos la promesa. Por que en nuestro interior está la semilla de un mundo mejor que puede empezar a crecer y a dar frutos en el espacio de nuestra propia vida. Recordemos que todo depende de la actitud interior. Estamos en un momento apasionante de la historia, tal vez en un punto de giro decisivo. Ahora, todo puede ser de otra manera. Las estructuras personales, sociales, económicas y políticas sobre las que gira la organización de nuestro mundo piden a gritos una renovación; después de cumplir su papel durante siglos. El viejo modelo se está quedando inservible, por que ya no es capaz de ofrecer las repuestas que la humanidad necesita. Pero las soluciones no vienen de fuera si nosotros cambiamos, el mundo cambia.