YO SOY DATTATREYA

OM SAI RAM
Fotografía
“La Prueba y el Triunfo”
El narrar instancias acerca de cómo en cada momento Él le enseña simultáneamente a una cantidad de devotos con cada uno de Sus actos, sería como tratar de contar las estrellas del cielo. El Guru es una personificación de infinita sabiduría y paz y son innumerables las vías a través de las cuales Él imparte esta preciosa riqueza de paz y de saber. La siguiente anécdota, por ejemplo, les mostrará como Swami, asombrosamente, no sólo se reveló a Sí Mismo, sino que, al mismo tiempo, entregó un mensaje cuya profundidad no tiene paralelo.
“Estábamos esa tarde sentados en la sala ‘Poorna Chandra’ – dice Sri Ram, un ex estudiante Sai quien nos llevará por esta senda de recuerdos – “Las vacaciones de invierno habían comenzado y nosotros, los niños, estábamos en nuestro ‘Hogar’ viendo una película con nuestra Madre Sai. Era una filmación telegu sobre el Señor Dattatreya (la trinidad de Brahma, Vishnu e Ishwara en uno, según la mitología hindú). Con los ojos pegados a la pantalla, mirábamos a Karthaveerya-Arjuna ingresar a la ermita de su guru Dattatreya. (Karthaveerya, de acuerdo a la mitología, había sido enviado por su madre a visitar a Dattatreya, quien habría de ser su Guru).
Después de años de búsqueda, finalmente le había encontrado, al Uno, que sus padres decían habría de ser su Guru… su Dios. Mientras tomaba la ruta llena de espinas que conducía al Ashram del Guru, estaba cansado, aunque emocionado. Con cada paso que daba, sentía crecer la paz dentro de sí mismo. Al fin había llegado al final de su trayecto. … En realidad, el trayecto acababa de comenzar. …
‘¡Buen Dios! ¿Se supone que Él ha de ser mi Guru?’ Pensó que había llegado al sitio equivocado en busca de la persona equivocada. Todo el Ashram hedía a licor y a carne podrida. El Guru mismo también hedía. Rodeado por un hato de mujeres, ¡no se expresaba en el Sagrado lenguaje de los Vedas, sino en la grosera jerga de los picapedreros!
¿Era éste el gran Dattatreya del que su madre había hablado tan encomiosamente? Decididamente, no. Aunque el ebrio sirviente que atendía a su igualmente ebrio Señor le dijo que él era Dattatreya. Karthaveerya se acercó con las manos unidas…
¡splash!
Se levantó con dificultad, más mental que física, del charco de agua al que los asistentes de Dattatreya le habían lanzado. Atontado, estrujó su dhoti. La humillación era demasiada para soportarla. ¡El Guru hasta el que había llegado para Brahmajñana (la más alta sabiduría), prácticamente lo había echado del Ashram! ¿Qué tipo de Guru sería este individuo? Según dicen las escrituras, un genuino Guru, no descansa ni por cien nacimientos hasta que su discípulo no haya alcanzado la Realidad Última. Mas este Dattatreya lo había rechazado de buenas a primeras.
¿O no sería Dattatreya?
Nos pareció que se daba la misma película tanto en la pantalla como fuera de ella…
¿Cuántas veces Le quisimos pasar una carta, sólo para verle mirar hacia otro lado? ¿Cuántas veces nos hincamos a orar, sólo para verle ignorar nuestra plegaria? Pretende ‘ser sordo’ cuando Le hablamos, rechaza el pañuelo que Le damos y ni siquiera nos mira aunque estemos frente a Él todo el tiempo…
Así y todo, Karthaveerya resolvió mantenerse firme. Volvió a acercarse al Guru que continuaba sumido en el mismo letargo enajenado. Con fe, hizo caso omiso y comenzó a orar. Fue insultado, ridiculizado y hasta golpeado, mas no cedió. Este estado de cosas continuó y continuó…
Y entonces, repentinamente, el aire fue invadido por una maravillosa fragancia… las mujeres y los sirvientes ebrios se transformaron en rishis… y en lugar del grotesco Guru anterior se erguía una forma Divina y Resplandeciente. Dattatreya le sonrió a Karthaveerya y puso Su mano sobre la cabeza del discípulo. Con un simple toque le había conferido el Brahmajnana, la más alta sabiduría.
La pantalla quedó en blanco, porque la película había terminado. Bhagavan se levantó de Su asiento y fue traída una mesita con un micrófono. Esperamos casi sin respirar…
Su voz no resonó como un trueno, simplemente y sin aspaviento alguno, dijo:…“Yo soy Dattatreya”.

Miramos, boquiabiertos, a nuestro Guru… nuestro Dios… . Y agregó:
“El ponerles a prueba, Me gusta”.

(Ext. de un artículo de ‘Heart2Heart’)
Enviado por Ramchand Chugani – Kobe, Japón
Traducido por Herta Pfeifer- Santiago, agosto de 2006