LA FE OBLIGA AL SEÑOR

Hace mucho tiempo, había un pequeño templo de Krishna (encarnación divina que vivió hace 5000 años en India) en el pueblo de Govardhana, India. Un pobre brahmán tenía un solo hijo, un niño de seis años, que se regocijaba siempre con las historias de Krishna y con el relato de Sus juegos milagrosos. Una tarde fue a las riberas donde pastaba el ganado, y al ver el templo y la imagen de Krishna en el interior, sintió que era el Señor mismo, y le rogó que saliera y jugara con él a la luz de la luna. Aunque el sacerdote cerró las puertas al atardecer, Krishna salió y, tomados de la mano, caminaron por los campos bajo la plateada y fresca luz.

Krishna llevaba su flauta y, sentado sobre una roca, empezó a tocarla para el deleite del niño. Después de unas horas, Krishna volvió junto con su amigo, y sin que este lo notara desapareció dentro del templo, volviendo a su sitio en el altar, donde podía ser visto desde afuera a través de una grieta en la puerta.
El niño no podía soportar el dolor de separarse de su divino compañero de juegos y pasó la noche llorando junto a las puertas del templo. A la mañana siguiente, sus padres y el sacerdote lo encontraron ahí, dormido. Los padres comenzaron a regañar y golpear al pequeño por haberles causado una gran aflicción, pero el sacerdote los detuvo:
-¡Miren la estatua de Krishna! – gritó.
Para su horror, vieron que sangraba como consecuencia de los golpes. A partir de ese momento, dejaron que su hijo fuera al templo todas las noches. Dios nunca abandona a quienes lo llaman con verdadera fe.