Lo que dejó el 28 de junio y la necesidad del diálogo
La ciudadanía dijo basta.
Basta del discurso único, de mesianismos; basta de querer construir con acusaciones, con engaños y con antinomias. Sin dudas, los argentinos reconocieron que hay otra alternativa, que otro modelo es posible y que no vale la pena renunciar a la esperanza de tener un país mejor.
Ese fue el mensaje, un clarísimo mensaje.
Sin embargo, los funcionarios del gobierno nacional parecen no haber acusado recibo del encargo que dejó públicamente suscripto el sufragio popular. Los últimos cambios en el gabinete nacional y las declaraciones que se han realizado al respecto desde el oficialismo dan la pauta de que tanto la primera mandataria como sus colaboradores han ignorado lo que el pueblo quiso decir.
El país atraviesa un nuevo devaneo económico. Existen muchísimos asuntos que la gente necesita que sean resueltos en forma urgente, que no pueden esperar, que necesitan ser abordados en forma mancomunada cuanto antes. Necesitamos políticas a largo plazo. Hay que buscar consensos y puntos de vista en común sobre asuntos esenciales y vitales, tanto a nivel político como a nivel económico.
Hay que ser realistas.
Es necesario garantizar la gobernabilidad y al mismo tiempo ocuparse de resolver los temas argentinos más apremiantes. Cada uno de aquellos que hemos abrazado la política como vocación debemos examinar nuestro trabajo para saber qué hace falta y en qué podemos mejorar, más allá del gobierno, distrito, cargo o partido al que cada uno pertenezca.
Por esta razón, es necesario, más que nunca, lograr una adecuada visión común de aquellos puntos elementales para el resurgimiento de la República, sin por eso renunciar a los legítimos principios partidarios. En este sentido, desde el espacio político al cual pertenezco estoy convencido de que las crisis son oportunidades y que a pesar de las ocasiones desaprovechadas todavía hay otro modelo.
Y hay otro camino. Sólo es cuestión de decidirse a empezar a caminarlo.


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