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Abuelos sin descanso. Triste realidad de Paraguay

400 mil adultos mayores no gozan de ingresos jubilatorios ni pensiones en Paraguay. A pesar de la edad, siguen en actividad, aunque el dinero nunca les alcanza. Así viven.

Colomba Grudis tiene 80 años y nunca cobró una pensión. Es soltera, vive sola y paga un alquiler de 250 mil guaraníes al mes.
Tiene una hija que está en España, donde la situación laboral de los paraguayos, lejos de mejorar, empeora con el tiempo. Muchos de ellos vuelven a su tierra, cansados.
Igual, desde allá, la hija manda dinero para que su mamá pueda sostenerse económicamente. Esa es la principal fuente de ingresos de Colomba, porque su trabajo como vendedora de artesanías en la calle Palma no es muy redituable, ya que la afluencia de turistas no es la misma, según cuenta.
En un largo tablón ubica los pantalones, manteles, camisas y blusas de lienzo que compra de las productoras de Villarrica, Carapeguá y Yataity, para revender. “Si voy a vivir de esto, me voy a morir de hambre”, dice. Son cerca de las cuatro de la tarde, y doña Colomba aún no ha vendido un solo producto.
“Hoy no vendí nada. Ayer, en cambio, recaudé más de 300 mil guaraníes. La venta es así. Un día te va bien y al día siguiente nada”. Unos minutos después se acerca un hombre argentino y le pide una remera XXL para su padre. Así, la primera y la última ganancia de la jornada es de 40 mil guaraníes.
Como ella, hay miles de otros adultos mayores, históricamente desprotegidos por el Estado. Las cifras lo confirman: de las 500 mil personas de más de 60 años en Paraguay, 400 mil no gozan de ingresos ni jubilatorios ni pensiones. De estas, 32 mil se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad, de acuerdo con el Consejo de Adultos Mayores de Asunción (CAMA).
Más allá de su evidente fortaleza física y de un sentido del humor siempre presente, Colomba admite que, a esta altura de su vida, le gustaría poder descansar. Todos los días, durante los últimos 33 años, la calle Palma es su segundo hogar. Ahí llega a las seis de la mañana y se retira 12 horas después.
Según el estudio Orientaciones Políticas para la Reducción de Desigualdades en el Paraguay, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), debido al restringido desarrollo y cobertura de programas de jubilaciones y pensiones, 5 de cada 10 personas de 60 años y más aún se encuentran económicamente activas en el mercado laboral, trabajando en su mayoría en actividades independientes.
Lo justo
César Palacios tiene 73 años y trabaja como cambista en una esquina de la calle Palma desde 1972. “Lo que gano no es suficiente para mantenerme, aquí apenas se gana para el puchero. Lo justo y necesario. Y hasta ahora nadie se acercó a nosotros para informarnos qué hacer”, dice. La tarde ya casi se iba y él había generado una ganancia de 20 mil guaraníes.
Como todos los de su edad, sigue esperando una ayuda, a pesar de que asegura que seguirá trabajando “hasta que Dios diga basta”.
Si bien el Congreso aprobó recientemente una ley para beneficiar a las personas de la tercera edad con una pensión equivalente a la cuarta parte del salario mínimo, aún no está definido el mecanismo de registro para los beneficiarios.
Según Ariel Miño, de la Dirección de Adultos Mayores de la Secretaría de Acción Social (SAS), la institución encargada de realizar los pagos, a partir de mediados del año que viene, es la Dirección General de Pensiones No Contributivas del Ministerio de Hacienda.
El caso de María Genoveva Centurión, secretaria general del CAMA, es distinto. Ella no cobra una jubilación después de aportar durante 30 años, porque uno de sus empleadores no tributó por 10 años.
Al igual que doña Colomba y don César, ella sigue en actividad. Hace trabajos artesanales, como decoración y cortinados. Vive con tres hermanos mayores, un varón y dos mujeres de más de 70 años. El varón es el único que tiene una jubilación. “Sigo intentando conseguir lo que me corresponde, hasta ahora sin éxito”, dice.
Aunque no tiene hijos, escucha que muchas compañeras tienen familias separadas por la falta de oportunidades. Algunos viajaron a otro país. Hay ancianos dependientes, sumidos en la impotencia, agobiados y sin esperanza. “Hay otras que están enfermas, sin medicamentos, por no poder adquirirlos”.
Explica que los adultos mayores que no se encuentran en situación de pobreza cuentan en un 58 por ciento con jubilación y cobertura médica. En comparación, apenas el cinco por ciento de la población de adultos mayores pobres tiene algún tipo de seguridad en caso de enfermedad.
Sumidos en la inseguridad económica, los abuelos del país no descansan, ante la frustración de encontrarse al margen de sus derechos como ciudadanos. Ellos depositan su esperanza en que se hagan efectivas las promesas.
Texto: Alejandra Vázquez
avazquez@uhora.com.py


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