Posts etiquetados como ‘tango’

ALBERTO LYSY

Alberto Lysy, el maestro Alberto Lysy murió el 1 de enero de 2010.

Discípulo de Yehudi Menuhin y creador de la Camerata Bariloche, Lysy dedicó su vida a la música desde que a los 13 años dejó la escuela primaria para consagrarse al estudio del violín.

Un pequeño homenaje a Lysy. La grabación no es muy buena, pero vale la pena.

Alberto Lysy.

Otro músico que no hay que olvidar.

“ACOSTUMBRANDO”: Malyevados recrea aquella primera babel del tango

Es complicado definir el estilo de Malyevados. Coquetean con el tango, género en donde iniciaron su recorrido como grupo, pero incorporan por ejemplo, valses latinoamericanos, el fado y otros ritmos que lindan con el género. Canciones nuevas pero con aquella impronta tradicional que Malyevados invoca como referencia.
Malyevados está conformado por:
ALEJO VILLARINO, guitarra y voz, CLAUDIO RINALDI, guitarra y coros, SANTIAGO PEDRONCINI,trompeta, banjo, mandolina y ANTONIO OYUELA, bandoneón y coros.
Señores, en este lunes que comienza a avanzar, Malyevados y “Acostumbrando”.

“SYMPATHY FOR THE DEVIL”: Dicen que no existe, pero dicen que si…

Debayres y Rolling Stones. Tango y rock.
Si seguimos mezclando todo, en algún momento nos van a mandar al manicomio.
En el escenario del Cafetín Alas de Tango, Debayres, “Sympathy for the Devil”.
Buen fin de semana.

“MALENA”: Miguel de Caro, saxofón y tango

Miguel de Caro nació en San Telmo. Y tal como nos hace sospechar su apellido, es sobrino nieto de Julio de Caro.
Formado musicalmente en Buenos Aires, construyó un estilo propio en las Jams Session del mítico Bar Británico, en donde fue desarrollando una mezcla equilibrada de tango, jazz y world music.
Hoy y para cerrar la semana, escucharemos a Miguel de Caro interpretando “Malena”.
Que lo disfruten.

“DE VUELTA Y MEDIA”: Un viento así, furioso, como un Ventarrón

Suenan las guitarras mientras las calles de Buenos Aires relumbran de madrugada.
Suena como una tormenta de notas el Quinteto Ventarrón, poniéndole el sonido correspondiente a ese cemento mudo que intenta gritar pero no puede.
El Quinteto Ventarrón, “De Vuelta y Media” de Máximo Barbieri.

“BARRIO DE BELGRANO, CASERÓN DE TEJAS…”: Susana Rinaldi y José Colángelo, voz y piano

¿Hace falta más?

EL TANGO TIENE “OTROS AIRES”

Hoy, un lujo como sólo nos podemos dar en el Cafetín Alas de Tango.
La primera banda de tango electrónico de la que se tenga noticia, “Otros Aires”.
Desgranando desde el escenario su canción “Sin Rumbo”.
Que lo disfruten, y buen fin de semana.

LA QUIMERA DEL TANGO: ¿Así que el Tango era solemne, así, de cuello duro y gesto adusto?

Para desmentir esos chusmeríos de vieja que dicen:
“-Vió Doña Juana, el Tango ese es para llorar que quiere que le diga, para amarga está la vida, yo no le escucho un tango no le escucho”
Como estamos cansados de tanta maledicencia trajimos el antídoto perfecto.
“La Quimera del Tango” en vivo, en Vaca Profana, tocando un aire de milonga que se explica por sí mismo, “El Irritante”.
Ud. verá por qué se intitula así la pieza en cuestión.

“VI LUZ Y SUBI”: El Tango sigue latiendo…

Claro que a mucha prensa ilustrada y a ciertas academias le vendría bien que el tango dejara de molestar con tanta rumba y fandango. Que se quede quietito, engominado, con cara de prócer y arrumbado en un rincón. Listo para todo homenaje y a un paso del mármol.
Pero la cosa no es así.
Como el Tango y sus pertinaces cultores le siguen buscando la octava pata al gato, los resultados están a la vista.
Hoy en el escenario del Cafetín Alas de Tango, Narcotango. “Vi luz y subí”.
Eso marca la etiqueta en este espacioso living que es Buenos Aires.

LA MAGIA DEL BANDONEON: Para aquellos músicos callejeros…

LA MAGIA DEL BANDONEON

Para aquellos músicos callejeros

Mientras el tumulto derivaba en la entrada del Subterráneo, él caminaba por esa línea imaginaria que queda entre la vereda ancha y la vidriera ignorada de una financiera. Saco marrón raido, funyi gris y pantalón azul. Pese al sol que calentaba la mañana, una chalina a cuadros abrigaba su largo cuello.

Miraba cada baldosa como si en ella acechara un obstáculo insuperable. Y los pasos de esos zapatones marrones, gastados de tanto lustre eran vacilantes.

En una mano llevaba un banquito plástico y en la otra, la caja lastimada de un bandoneón. Buscó un lugar en el atrio en desuso de un eficio antiguo, en donde el alero lo protegía del sol, y afirmó las patas del banco.

Acomodó el faldón de su saco y se sentó. Abrió la caja y sacó un fuelle gastado, tan gastado como su figura de Quijote urbano. Con esfuerzo lo izó sobre sus piernas y colocó sus manos amorosamente sobre los costados, en donde las teclas esperaban por el hechicero.

Y entonces, sonó la música. Sonó la queja. No importó que algunas notas escaparan de la armonía, que los tiempos de ese tango tan conocido no coincidieran con los que todos recordamos.

No interesó en absoluto.

Sólo importaba la cara de ese anciano deshojado que ahora brillaba, mientras agitaba esa retorta de alquimista llamada Bandoneón.


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